
Umbral y cifra repartidora: ¿cómo se asignarán las curules en el Congreso en 2026?
El Pacto Histórico es la primera fuerza política en el Legislativo con 66 congresistas: 25 senadores y 41 representantes a la Cámara
En las próximas elecciones legislativas, no basta con obtener miles de votos para asegurar un escaño para el periodo 2026-2030. Conozca cómo funciona el complejo sistema que definirá la reconfiguración del Congreso tras la jornada electoral del próximo 8 de marzo.
Por: Jonathan Beltrán
En las elecciones a Congreso, el éxito en las urnas no siempre se traduce de forma automática en una curul en el Senado o en la Cámara de Representantes. A diferencia de los comicios presidenciales, donde el ganador de la contienda se define por mayoría simple, la reconfiguración del Capitolio se define mediante fórmulas, umbrales y sistemas de repartición de escaños.
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Para estas elecciones legislativas se presentarán diez listas abiertas y seis cerradas, una distinción que influye directamente en la asignación de las curules. En las listas abiertas, los votantes eligen directamente a los candidatos de su preferencia. En contraste, los partidos definen previamente el orden de los aspirantes en listas cerradas para que los escaños se asignen según esa disposición inicial.
En ese contexto, ni el umbral definitivo ni la cifra repartidora se conocen antes de la jornada electoral. Ambos dependen del total de votos válidos y solo se consolidan con el escrutinio oficial, cuando se corrigen posibles inconsistencias y se suman los formularios que no entraron en el preconteo. Sin embargo, las más recientes encuestas muestran que los partidos Pacto Histórico, Centro Democrático, Liberal y Conservador lideran la intención de voto.
¿Qué es la cifra repartidora y por qué es clave en las elecciones a Congreso?
La cifra repartidora es la calculadora invisible del Congreso. Cada voto que se consignará en las urnas el próximo 8 de marzo se transforma en una proporción de curules según un sistema matemático llamado método D’Hondt, que busca que el número de escaños de cada partido en el Senado y en la Cámara sea un reflejo fiel de sus resultados en la jornada.

Felipe Botero, director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes, explicó a CAMBIO que los votos de los partidos que superen el umbral se dividen sucesivamente con el objetivo de generar cocientes para cada organización. Estos cocientes se ordenan de mayor a menor, y los escaños se asignan a los más altos hasta completar todas las curules disponibles para cada corporación.
En las elecciones de 2022, la cifra repartidora para Senado quedó en 144.013 votos, por lo que esa cifra representaba una curul para cada una de las colectividades que superaron el umbral. El Pacto Histórico recibió 2,8 millones de votos y obtuvo 20 escaños, mientras que el Partido Conservador, con 2,2 millones de votos, logró 15 escaños. La cifra repartidora también muestra cómo los partidos más pequeños se ven limitados: el último en superar el umbral, el Partido Mira, se quedó con apenas cuatro curules tras alcanzar 584.800 votos.

La cifra repartidora para 2026 se perfila como la llave que definirá cuántas curules obtiene cada partido. Si la tendencia de alza en la participación y en el censo electoral se mantiene, cada escaño podría requerir entre 145.000 y 160.000 votos, lo que significa que incluso movimientos con cientos de miles de votos deberán organizar su estrategia para concentrar apoyos y maximizar su representación.
Con la cifra repartidora como modelo vigente, cada voto cuenta y la diferencia entre obtener uno o varios escaños más puede depender de pequeños márgenes. En las pasadas elecciones, el Pacto Histórico recibió 2,3 millones de votos y se quedó con 16 curules en el preconteo. No obstante, llegó a 20 escaños luego de que el escrutinio permitiera establecer que la colectividad recibió 528.105 sufragios adicionales que no se habían contabilizado inicialmente.
¿Cómo funciona el umbral electoral y por qué podría definir el futuro de candidatos y partidos?
El umbral electoral es la línea que separa a quienes entran en la repartición de curules de quienes quedan fuera del Capitolio. No importa cuántos votos reciba cada candidato: si su partido o movimiento no alcanza ese mínimo, pierde toda posibilidad de representación. En la práctica, esto puede dejar fuera del Congreso a figuras con muchos votos individuales, mientras que otros candidatos con menos apoyos propios podrían obtener una curul si su partido supera la barrera.

Frey Muñoz, subdirector de la Misión de Observación Electoral (MOE), explicó a CAMBIO que para el Senado el umbral corresponde al 3 por ciento de los votos consignados a nivel nacional. En las elecciones de 2022, se registraron 16,9 millones de sufragios válidos, por lo que solo los partidos que obtuvieron más de 509.709 votos superaron la barrera fijada para la asignación de curules.
Para la Cámara de Representantes, el cálculo cambia porque no se realiza sobre la base de la participación nacional, sino por cada circunscripción. Primero se obtiene el cociente electoral, que resulta de dividir el total de votos válidos en cada territorio entre el número de curules disponibles. Esa cifra sirve como referencia para repartir los escaños.

Si en la circunscripción se eligen más de dos representantes, los partidos deben alcanzar al menos el 50 por ciento de ese cociente electoral para poder participar en la asignación de curules. Si solo se disputan dos escaños, el requisito baja al 30 por ciento del cociente. Y en los casos en que hay una sola curul, como la de los colombianos en el exterior, el escaño es obtenido por la lista que obtenga más votos.
“Los partidos que no alcanzan el umbral no solo quedan excluidos del reparto de curules, sino que pierden la personería jurídica, que les permite avalar candidaturas y acceder a financiación estatal. Por eso, aun cuando un candidato sea el más votado en su circunscripción, puede quedarse sin curul si su colectividad no supera el número de votos mínimo”, explica el subdirector de la MOE.
¿Qué riesgos plantea el modelo actual y cuáles partidos podrían quedarse sin personería en 2026?
El exregistrador Alfonso Portela explica que el umbral fue diseñado para reducir la fragmentación y obligar a los partidos a consolidar bases reales de apoyo. Sin embargo, en la práctica también ha dejado por fuera a colectividades que representan a cientos de miles de votantes. En 2022, por ejemplo, varias listas al Senado no lograron superar la barrera y sus votos –más de un millón en conjunto– no tuvieron ningún efecto en la distribución de curules.

Felipe Botero, director del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, sostiene que ese efecto excluyente fortalece a las fuerzas más grandes y eleva el costo de competir en solitario, especialmente para movimientos nuevos o con presencia regional limitada. Por eso, el sistema ha incentivado fenómenos como las coaliciones estratégicas para superar el umbral y evitar desaparecer ante un eventual resultado adverso.
“Las elecciones de 2026 son decisivas en este sentido: varios partidos beneficiados por esa vía judicial tienen el amparo garantizado solo hasta este ciclo electoral. Nuevo Liberalismo, Salvación Nacional y Verde Oxígeno, entre otros, deberán superar el umbral por sus propios medios o perder definitivamente su personería jurídica”, advierte Botero.

La MOE detalla que, ante el riesgo de quedarse por fuera del escenario político, partidos pequeños han optado por integrarse a una de las seis coaliciones que presentaron listas conjuntas al Congreso. No obstante, esas coaliciones solo son permitidas si los movimientos que las integran no recibieron más del 15 por ciento de los votos válidos en la elección anterior para la misma corporación, una condición que busca evitar que las fuerzas grandes utilicen esta figura para ampliar artificialmente su representación.
En ese escenario, 2026 no solo definirá la nueva correlación de fuerzas en el Congreso, sino también la supervivencia de varias colectividades. Si la participación vuelve a crecer y el umbral se acerca al rango proyectado de entre 510.000 y 540.000 votos, la competencia será aún más exigente para los movimientos sin maquinaria a nivel nacional. En la noche del escrutinio se repartirán curules y se conocerá qué partidos seguirán teniendo voz propia y cuáles quedarán, al menos por ahora, fuera del mapa político.
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