
‘Estuve chuzado por la Dirección Nacional de Inteligencia’: entrevista a David Luna
¿Quién quiere ser presidente? En la serie de entrevistas de CAMBIO a los candidatos que participarán en las consultas del 8 de marzo, el exsenador David Luna habla sobre la recta final de la Gran Consulta por Colombia, sus propuestas en seguridad, salud y reforma política y el futuro de la coalición de nueve candidatos de centro y centroderecha.
Por: Mateo Muñoz
La campaña de David Luna ha sido una de las más audaces de los candidatos que compiten en la Gran Consulta por Colombia. Aun así, y a pesar de ser uno de los fundadores de esa coalición de centro con tintes de derecha, las encuestas no lo favorecen. El exsenador de Cambio Radical se ha mantenido en los últimos lugares en intención de voto y no ha logrado despegar luego de los debates de esta recta final.

Sin embargo, la perseverancia de Luna se ha mantenido hasta el final. Su larga trayectoria política le ha enseñado que de cada elección se aprende y algo se gana. Parece estar compitiendo más tranquilo que nunca, sin mucho que perder y bastante por ganar. El candidato garantiza que le “cargará la maleta” a quien gane y es un convencido de que el reemplazo de Gustavo Petro saldrá del grupo que ayudó a fundar a finales del año pasado.
CAMBIO: Hace unos seis meses nos vimos allá en su sede de campaña. Recién usted estaba empezando este camino. ¿Qué balance hace de estos meses intensos de campaña?
David Luna: Lo primero, hubo un objetivo que se cumplió: salir a buscar firmas por todo el país. Recogimos 1.300.000 de ellas y fuimos la campaña con mayor porcentaje de firmas válidas, lo cual me llena de orgullo y de agradecimiento con los equipos. Lo segundo, en ese momento, yo le dije a usted: ‘quiero participar en una consulta porque la gente está pidiendo unidad’. Por ese entonces ya estaba conversando con varias personas a quienes les gustaba esa idea. Y quiero confesarle que no me imaginé que tantos fueran a sumarse.
Ha sido una carrera de resistencia y no de velocidad y espero ser el elegido. Pero si no lo soy, tenga la absoluta seguridad que le voy a cargar la maleta a quien lo sea.
CAMBIO: Las encuestas no lo favorecen y usted ha sido muy sincero en eso. Hace unos meses dijo en una publicación que se sentía ‘como un culo’. Ahora, en esta recta final, ¿cómo toma esas mediciones de opinión?
D.L: Yo no peleo con las encuestas: yo creo que son la foto del día y esa foto evidentemente hay que saberla leer para trabajar más o para tomar mejores decisiones. Si bien es cierto que yo no lidero las encuesta en la Gran Consulta, sí me llena de mucha emoción que ese espacio ha venido subiendo en el posible número de personas que la votarán.
Estoy convencido que de la Gran Consulta va a salir el próximo presidente. Insisto, yo creo ser la persona para liderar este equipo, pero si no lo soy, dejo colgadas a las vanidades, el ego y estoy listo a acompañar a quien gane.
Yo siento que estamos demostrando que es posible construir equipos a largo plazo.
CAMBIO: ¿Qué quiere decir?
D.L: Que quizás acá puede haber una seguidilla de victorias. Es decir, hoy gana uno, mañana ganará otro. La idea es que podamos trabajar a largo plazo y eso me parece que que tiene un significado valioso.
CAMBIO: ¿Qué lo hace usted distinto respecto a sus otros compañeros de consulta?
D.L: Esa es una pregunta difícil de responder. Uno, estoy haciendo la campaña más feliz de mi vida, precisamente porque hemos logrado generar cohesión. Dos, entiendo que la gente de pronto diga que los debates son muy aburridos porque no hay sangre, no hay pelea, como solía pasar en el circo romano.
Tres, siento que estamos lanzando un mensaje de que hay identidad en muchas cosas, pero hay otros temas que nos diferencian. Y voy a decirle cuáles. Yo soy un liberal, un demócrata. Uno de mis primeros actos como presidente en materia política sería proteger frontalmente a la oposición. No solamente para que pueda opinar, sino para que pueda hacer política. Soy un tipo que cree que la seguridad es un derecho fundamental y que hay que ser absolutamente firmes para contrarrestar a las organizaciones criminales. Pero también he participado y he creído en procesos de diálogo y en procesos de paz.
Y también soy un tipo que viene de la tecnología y creo que si Colombia no entiende que hay que montarse al bus de la tecnología, vamos a perder una última oportunidad que nos queda verdaderamente de progresar.
Finalmente, yo tengo diálogo político. A mí no me da ni pena, ni temor, ni aburrimiento hablar con el que piensa distinto a mí.
CAMBIO: ¿Por qué no se logró que Claudia y Fajardo llegaran a la Gran Consulta?
D.L: A Sergio Fajardo le insistí telefónica y personalmente. En algún momento alcancé a decirle: “Si necesita que alguien se baje para que entre usted, yo estoy listo a bajarme”.
Lo de Claudia López era distinto porque ella había dicho inicialmente que no quería ir a una consulta. Después dijo que esta consulta se le parecía a la del uribismo, cosa que no es cierta porque yo no soy uribista, yo no soy del Centro Democrático. Acá lo que hay es una generación conversando, que entiende que más allá de las peleas de Uribe, Samper, Santos, Pastrana y Petro, nosotros representamos una forma distinta de ver las soluciones.
CAMBIO: En noviembre pasado, usted dijo que esto era una consulta de la centroderecha y sin jefes políticos. Pero ahora con Paloma Valencia ahí dentro, ¿no cree que hubo una contradicción?
D.L: Fue una decisión nuestra creyendo que había que zanjar unas heridas. Estamos demostrando que esta es una generación que puede conversar y que no tiene que cargar con las heridas. Hoy es Paloma Valencia quien está liderando las encuestas, pero ¿qué tal que no fuera ella sino yo quien estuviera punteando? Estoy seguro de que Paloma mantendría su palabra y apoyaría al que al que ganara.
Dicho eso, voy a cumplir mi palabra, voy a acompañar a Paloma si ella es la ganadora, pero creo que es una equivocación estratégica pensar, por ejemplo, que su vicepresidente sea Uribe. Yo creo que tiene que abrir el espectro.
CAMBIO: Usted dice que se debe abrir el espectro hacia el centro, pero todavía hay actores hacia la derecha como De la Espriella. ¿Cómo ve ese escenario en el que gane Paloma Valencia y haya una alianza en segunda vuelta con el abogado?
D.L: Paloma, por razones éticas, pero también por razones legales, no se puede retirar antes de la primera vuelta. Nosotros vamos a ir con el que gane la consulta hasta primera vuelta.
Por ejemplo, Roy Barreras tampoco se puede bajar antes de la primera vuelta. Entonces, que dejen de meterle los dedos en la boca a los ciudadanos.
El que seguramente pues tendrá mucho que decidir es un tipo como Fajardo, pues podrá tomar decisiones diferentes.
CAMBIO: Hablemos ahora de propuestas. ¿Qué piensa hacer para solucionar el lío de la salud?
D.L: El sistema de salud tiene tres características. Por un lado están los pacientes. Por otro lado, los médicos, las enfermeras, el personal de salud. Y, finalmente, está la financiación. Para resolver eso no se requiere ninguna ley, todo está escrito. Lo que se necesita es entender que hay que soportar el principio básico del sistema, que es la solidaridad. Nadie en Colombia tiene plata suficiente para pagar un tratamiento de cáncer, que puede costar 500, 800, 1.000 millones de pesos. Y eso, ¿quién lo soporta? Los que pagan más ayudan a quienes pagan menos o a los que son del régimen subsidiado. Entonces, en ese sentido usted necesita tomar varias decisiones.
La primera: hay plata guardada en el banco que se llama ADRES y con esa plata hay que tratar de sanear la gran deuda que se tiene con el sistema. La segunda: es necesario crear un consejo asesor de pacientes con voz y con voto. Son los pacientes los que saben dónde se roban los medicamentos, por qué no dan las citas, por qué las largas filas.
Tres: el sistema de medicamentos tiene que ser, guardadas las proporciones, como el sistema de cualquier otro bien y servicio que usted compra y vende.
Cuatro: es fundamental que al personal médico se le pague oportunamente, porque de lo contrario ese talento lo estamos perdiendo y está abandonando el país. Entonces, son una serie de decisiones que van todas de la mano, pero acá hay algo innegable: es un sistema con mil equivocaciones.
CAMBIO: Según le entiendo, su objetivo principal no es tramitar una reforma en el Congreso, sino reformar y arreglar con lo que hay …
D.L: Totalmente de acuerdo. Hay dos cosas que yo no haría como presidente arrancando mi mandato: presentar una reforma tributaria porque no hay espacio político, y dos, presentar una reforma a la salud porque claramente lo que hay escrito permite mejorar el sistema.
CAMBIO: ¿Y cómo sanear las finanzas sin una reforma tributaria?
D.L: Hay tomar tres decisiones contundentes que no necesitan una nueva ley. Uno, un adelgazamiento del Estado que permita ahorrar 50 billones de pesos. Si usted logra en cuatro años generar esos ahorros, puede sacar al país eventualmente de la crisis que estamos viviendo. Dos, hay que encender las locomotoras minero-energética, de construcción y de infraestructura. Y tres, es fundamental de alguna otra manera atraer inversión.
Para lograrlo, usted necesita un factor externo que es la seguridad y va a ser esencial desde el punto de vista estratégico.
CAMBIO: ¿Reduciría el número de ministerios?
D.L: Yo arrancaría reduciendo el aparato burocrático por competencias. Por ejemplo, las vías terciarias las hace el DPS, el Invias, las alcaldías, las gobernaciones, la fuerza pública, pero adicionalmente algunas entidades como el Ministerio de Educación o el Ministerio de Salud. Usted tiene que concentrar esa competencia en un único establecimiento. Eso permite reducir un muy importante número de personal.
También creo que hay que cerrar un montón de embajadas que no están generando ninguna utilidad para el país.
CAMBIO: Usted fue uno de los congresistas que que le metió el diente al tema de la Dirección Nacional de Inteligencia. ¿Qué encontró y qué hacer con este aparato de inteligencia del Estado?
D.L: Una de mis prioridades es proteger a la oposición, tanto en su pensamiento político como en su seguridad física. Lamentablemente en estos últimos años no pasó. Yo le hice un debate al hoy prófugo de la justicia Carlos Ramón González, demostrando que había intervenido comunicaciones, que había hecho seguimientos a miembros de la oposición, a militares retirados y a periodistas.
Y a las pocas semanas se me metieron a la casa. No a robar: se metieron a asustar, pero no quedaron tranquilos con eso. Después se metieron a la casa de la persona que lideraba mi unidad técnica legislativa y después a mi oficina. Esas tres denuncias duermen en estos momentos en la Fiscalía. No sabemos nada de ellas. Ese aparato de inteligencia más la Unidad de Inteligencia Financiera fueron puestas al servicio de un Gobierno para perseguir a quienes pensaban distinto.
No es el primer Gobierno que lo hace, es cierto, pero viniendo de donde viene Petro, no ha debido permitir eso bajo ninguna circunstancia.
CAMBIO: ¿Usted se siente ‘chuzado’ en este momento?
D.L: Yo no sé si en este momento lo estoy, pero sí lo he estado. Y sí lo he estado porque la propia gente de la Dirección de Inteligencia me lo advirtió y me lo demostró. En este momento no lo sé. No he vuelto a hacer los exámenes a mis aparatos de comunicaciones.
CAMBIO: Toquemos el tema de seguridad. ¿Qué hacer con los grupos armados: negociación o sometimiento?
D.L: Yo soy un liberal y un defensor de la Constitución del 91. Pero a las cosas por su nombre. El ELN, el Clan del Golfo, las disidencias dejaron de ser grupos guerrilleros. Ellos no buscan quedarse con el poder ni ocupar la Casa de Narino. Son unos grupos narcotraficantes, son bandas de ‘traquetos’ y ellos lo que están haciendo no es nada distinto que abusando de lo que se llama el delito político.
A los grupos narcotraficantes hay que perseguirlos y judicializarlos, pero además condenarlos. Si alguno se quiere someter, bienvenido, porque el sometimiento es una opción, pero ello no se va a dar si no hay presión. Yo no soy de derecha extrema, ni milito en el Centro Democrático, pero no podemos decirnos mentiras: hay unos grupos mafiosos que están doblegando a la sociedad.
Pero me parece que hay que entender que esto no se resuelve solamente con operaciones militares. Creo que que esto es garrote y zanahoria y la zanahoria representa inversión social pura y dura y el garrote representa ejercer control territorial.
CAMBIO: ¿Por qué la gente debería votar por usted?
D.L: Quiero servirles como presidente. Tengo 50 años, estoy casado con Lauri, soy papá de Julieta, que tiene nueve, y de Alejandro, que tiene seis. Llevo 28 años en el servicio público sin una investigación, sin una sanción, sin un escándalo de corrupción, ejecutando de manera correcta sus impuestos.
Creo que llegó el momento de resolver los problemas de Colombia que tenemos desde hace 40 años de una manera distinta. Usando la tecnología, pero también usando el sentido común, la sensatez, y tomando decisiones con base en la evidencia. Y lo más importante, comprendiendo que llegó el momento de poner de acuerdo a la sociedad en algo más allá del apoyo a la Selección Colombia.
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