
“Lo ocurrido con el sistema de salud constituye un crimen de lesa humanidad”: Juan Manuel Galán
Juan Manuel Galán, candidato por el Nuevo Liberalismo. Foto Pablo David.
El candidato a la Presidencia por el Nuevo Liberalismo está confiado en que puede dar la sorpresa en la Gran Consulta por Colombia. En diálogo con CAMBIO, habló también de su futuro tras las elecciones del 8 de marzo y de sus posiciones sobre temas como la paz total, el sistema de salud y el 'fracking', entre otros.
Por: Rainiero Patiño M.
Más allá de las posibilidades que le dan las encuestas, Juan Manuel Galán sigue firme en su carrera por llegar a la Casa de Nariño. El candidato del Nuevo Liberalismo confía en la regularidad que ha tenido su proyecto político en las mediciones y en lo que llama “una curva de crecimiento” de su campaña.
Galán es uno de los nueve candidatos, autodenominados de centroderecha, que se medirán en las urnas en la Gran Consulta por Colombia el próximo 8 de marzo. En entrevista con CAMBIO, el heredero de la bandera de Luis Carlos Galán habló de los acuerdos con sus competidores, de la situación actual del país en materia de seguridad y de otros temas polémicos como la paz total, el fracking, la fumigación de cultivos y el sistema de salud, entre otros.
CAMBIO: La última encuesta del Centro Nacional de Consultoría para CAMBIO le da a usted 2,5 por ciento de intención de voto en el total de candidatos presidenciales y 13 por ciento dentro de la Gran Consulta por Colombia. ¿Qué lectura hace a ocho días de las elecciones?
Juan Manuel Galán: Esa encuesta también muestra que hay alrededor de 40 por ciento de personas indecisas. Estos días son definitivos para que la gente defina su voto y para que sepan que hay una consulta presidencial y que deben pedir el tarjetón, porque no lo entregan automáticamente.
En la Gran Consulta por Colombia estoy defendiendo las ideas del liberalismo y del Nuevo Liberalismo, que han representado a una mayoría de colombianos: progreso social, justicia social, defensa de la vida, de la democracia y de la institucionalidad. Hoy estamos entrampados entre dos posiciones extremas, pero los liberales sí tenemos candidato presidencial.
CAMBIO: En la Gran Consulta hay nueve candidatos. ¿Firmaron todos acuerdos para respetar al ganador y apoyarlo en la primera vuelta?
J.M.G.: La historia dice que las consultas presidenciales las propuso el Nuevo Liberalismo para que el candidato no fuera escogido por convenciones amañadas, sino por los ciudadanos en las urnas.
En la Gran Consulta hay diversidad de trayectorias, pero nos une la defensa de la Constitución de 1991. Todos coincidimos en que es la hoja de ruta del país y que debe aplicarse y profundizarse, no reemplazarse para llevarnos a una dictadura constitucional.
El reto es romper el entrampamiento entre extremos y ofrecer opciones por convicción, no por obligación.
CAMBIO: ¿Cree que puede revertir las tendencias de las encuestas en esta última semana y puede ganar la consulta?
J.M.G: Tenemos una tendencia creciente que se siente en la calle. Hemos hecho una campaña cercana, conversando con la gente. Por ejemplo, en Soacha los comerciantes nos expresaron su angustia por la extorsión y los impuestos.
La política no es una carrera de velocidad sino de resistencia. Se necesita persistencia y perseverancia. Esta es la semana decisiva y dentro de la Gran Consulta hay una opción que representa las ideas del liberalismo.
CAMBIO: ¿Pero usted, a título personal, respetará los resultados de la consulta y apoyará al ganador?
J.M.G.: Sí. Cuando se propuso por primera vez la consulta presidencial, mi padre dijo que se respetaría la voluntad popular. Si es favorable, se asume la candidatura; si no, se acompaña a quien obtenga el respaldo.
Yo ya lo hice en 2022: apoyé a Sergio Fajardo en primera vuelta junto a Jorge Enrique Robledo. Respeto la voluntad popular.
CAMBIO: Hablemos de temas coyunturales y que han marcado la agenda de la discusión política: ¿Cuál es su posición frente a la paz total?
J.M.G.: Las estructuras actuales ya no son guerrillas con causa política, sino organizaciones criminales que viven del narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión, la trata de personas y la infiltración en la contratación pública.
La paz total ha significado expansión territorial y control económico de estos grupos. Propongo reactivar las órdenes de captura, suspender diálogos políticos colectivos y aplicar únicamente sometimiento individual a la justicia.
Si soy presidente, el 7 de agosto se acaba la paz total.
CAMBIO: ¿Cuál es su visión frente al reciente aumento del salario mínimo por parte del Gobierno y la posterior decisión de la Corte Constitucional?
J.M.G.: La mayoría de los trabajadores no gana salario mínimo porque está en la informalidad. Ese es el gran reto: más de la mitad de los trabajadores no tienen seguridad social ni inclusión financiera y formalizarse es costoso.
Además, la negociación es excesivamente centralista. En un país diverso, debería negociarse por territorios y sectores económicos. El aumento ya se decidió y hay que respetar los fallos judiciales.
CAMBIO: Otro de los temas importantes es la discusión alrededor del sistema de salud. ¿Cuál es su balance y qué propone?
J.M.G.: Lo ocurrido con el sistema de salud constituye un crimen de lesa humanidad: ha habido impacto masivo y sistematicidad. Se ha ideologizado el sistema y desfinanciado intencionalmente. Colombia tenía un modelo mixto público-privado que logró cobertura casi universal y protección financiera para familias vulnerables. Hoy hay pacientes que mueren por falta de medicamentos.
Por eso propongo: honrar las deudas del sistema, garantizar financiación suficiente de la UPC, incorporar tecnología para evitar exámenes redundantes, fortalecer el talento humano en salud y quitar la Superintendencia de Salud a redes corruptas que intervinieron y quebraron EPS. El modelo debe seguir siendo mixto, con regulación y control efectivos, pero desideologizado.
CAMBIO: En medio de unas relaciones geopolíticas bastante convulsionadas. ¿Cuál es su lectura y su propuesta internacional?
J.M.G.: El mundo vive un desorden que puede dar paso a un nuevo orden global. Colombia tiene ocho grandes oportunidades para materializar su riqueza: potencia energética, agricultura industrializada en el trópico, industria nearshore, inversión en infraestructura, proyectos de vivienda, promoción del turismo de naturaleza, minería estratégica e inclusión financiera.
Para lograrlo necesitamos estabilidad, reglas claras y superar la polarización. Un gobierno extremo no podrá gobernar.
CAMBIO: ¿Fracking sí o no?
J.M.G.: Sí. La tecnología permite hacerlo de manera segura ambiental y socialmente. Además, las comunidades deben ser socias de los proyectos, no solo receptoras de compensaciones.
CAMBIO: ¿Volvería a la fumigación masiva de cultivos ilícitos?
J.M.G.: El problema no son solo las hectáreas de coca. Sin insumos químicos no hay producción de cocaína. Se necesita una política inteligente que golpee las finanzas.
Propongo focalizar la inteligencia en lo financiero: UIAF, inteligencia policial y militar coordinadas para ir tras los contadores, las redes de lavado, los testaferros y la infiltración política. El narcotráfico ha sido también un proyecto político de control territorial.
CAMBIO: El escenario hoy parece indicar que se tendrá que decidir entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. ¿Qué piensa?
J.M.G.: Me niego a aceptar que el país esté condenado a escoger entre extremos. Las sociedades deben pensar más en ideas que en emociones. Nuestros pensamientos se convierten en palabras, actos, hábitos, carácter y destino.
Si los colombianos empezamos a pensar distinto, el país puede convertirse en algo distinto.
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