
La guardia pretoriana de los candidatos a la Presidencia
Paloma Valencia, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, candidatos a la presidencia. Fotoilustración: Kimberly Vega - CAMBIO.
Un enjambre de unas 200 personas trabaja sin tregua en cada una de las principales campañas. ¿Quiénes son los que les hablan al oído a los aspirantes? ¿Por qué son claves en la toma de decisiones de quienes tienen mayores opciones de gobernar Colombia a partir del 7 de agosto?
Por: Armando Neira
Como en los tiempos del emperador Augusto, los aspirantes a la Presidencia están rodeados por un grupo de personas de absoluta confianza, incondicionales, que duermen poco y que no solo están para ayudarles a cubrir todos los frentes de la campaña, sino también porque son quienes tienen el privilegio de hablarles al oído e influir en su toma de decisiones. Es la guardia pretoriana que, con sus acciones, busca la victoria y, en este caso, traza la línea de lo que sería un eventual mandato.
“Soy hija de la paz”, suele decir María José Pizarro, actual senadora por el Pacto Histórico y jefa de debate político del candidato Iván Cepeda. Lo hace no solo para reivindicar la memoria de su padre, Carlos Pizarro Leongómez —asesinado en un avión tras haber firmado la paz a nombre del M-19, guerrilla que comandaba—, sino como una reafirmación de una de las banderas que enarbola esta campaña: la búsqueda de una salida negociada a los conflictos.
El hasta hace poco senador David Luna es el vocero de la campaña de la aspirante Paloma Valencia. Ella, que tiene el respaldo de varios partidos y representa a una coalición, no cuenta, sin embargo, con lo que sería un jefe de debate al estilo tradicional.
Luna recuerda que, desde la creación de la Gran Consulta por Colombia, hubo dos reglas fundamentales. La primera: respeto mutuo, sin insultos y con propuestas. “Eso se cumplió al pie de la letra”, dice, como se vio en nueve debates, cinco de ellos televisados. La segunda: respeto al resultado. El ganador sería respaldado por los derrotados, quienes, además, se integrarían a las áreas que elaboran los planes de gobierno.

En este proceso ha habido dos bajas: Juan Carlos Pinzón (Verde Oxígeno), quien declaró que “lo electoral no lo comprende y ya no es su camino”, y Vicky Dávila (Valientes), quien anunció su regreso al periodismo. Los demás están en la campaña.
“Después del triunfo de Paloma y de haber designado a Juan Daniel (Oviedo), nos hemos convertido en voceros de esa candidatura”, dice Luna. Así ocurre con Juan Manuel Galán (Nuevo Liberalismo), Enrique Peñalosa (Verde Oxígeno), Aníbal Gaviria (La Fuerza de las Regiones) y Mauricio Cárdenas (Avanza Colombia).
“Recorremos el país casi siempre juntos, pero a veces individualmente, visitando barrios y localidades, dependiendo de donde no esté la candidata presidencial Paloma ni el candidato vicepresidencial Juan Daniel”, agrega el exsenador de Cambio Radical y exministro de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Todos le hablan al oído a la candidata, quien los escucha con atención, una virtud que ellos valoran. “Es muy receptiva a todos nuestros aportes”, señalan.
En el Congreso, Carlos Felipe Córdoba, excontralor, y el representante liberal a la Cámara Álvaro Monedero, son dos cuadros clave como operadores políticos para captar el apoyo de los congresistas, donde Paloma se mueve como pez en el agua.
Con la mirada en la costa Caribe
Como Luna, el liberal Mauricio Gómez Amín dejó su curul en el Congreso y ahora está en el frenesí de la campaña como el hombre que traza la línea en la candidatura de Abelardo de la Espriella.
Él, que era uno de los cuadros fuertes del Partido Liberal, dice que tomó esta decisión por la necesidad de “salvar a Colombia”, ya que, según su lectura, un triunfo de la “izquierda radical” sería una catástrofe para el país.
Aunque De la Espriella sostiene que ha conformado su campaña recogiendo a “los nunca”, una manera de decir que rechaza los apoyos de los partidos políticos, Gómez Amín conoce en profundidad cómo se mueven los hilos de estas colectividades. “Nosotros somos ‘los nunca’: los que nunca hemos vivido de la teta del Estado, los que nunca nos hemos robado un peso, los que nunca nos rendimos ni nos quedamos en la queja. Los que nunca hemos hecho politiquería”, dice.

Desde los cuarteles de De la Espriella se afirma que no es una campaña tan grande como pudiera pensarse, sino que está llena del fervor de la gente. “Esto es un movimiento popular, una fuerza popular”.
Tanto Gómez Amín como el propio candidato están sintonizados en un lenguaje y unos mensajes para llegar a un punto definido: la costa Caribe. Allí —consideran—, se vota por un candidato afín, con el que se identifiquen en el tono y en la “cheveridad”. Por eso creen que van a ganar allí. En las dos últimas elecciones, el candidato que perdió en la costa Caribe perdió las elecciones; por eso creen que esta región les dará el triunfo.
Es un concepto que manejan al unísono quienes le hablan al oído al candidato: Joaquín Gutiérrez, quien es además amigo personal del aspirante; Carlos Ríos, gerente de la campaña; Carlos Suárez, estratega; y también se escucha a dos hombres que antes estuvieron en orillas contrarias de la confrontación armada: Carlos Antonio Lucio, exmilitante del M-19, y el general Eduardo Enrique Zapateiro.
En los últimos días también se ha escuchado la voz del exsenador Rodrigo Lara, hijo del asesinado ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, quien ha dicho que, “observando el favor popular que está recogiendo Abelardo, como lo vimos en sus multitudinarias reuniones en Nariño, puede ganar en primera vuelta”.
Sin embargo, Lara aclara: “Yo no puedo atribuirme ese privilegio de decir que le hablo al oído a Abelardo. Yo soy simplemente un soldado en la campaña”.
El baile del exministro
La otra figura a la que se le presta atención es la de José Manuel Restrepo, exministro y exrector de varias universidades, quien aceptó ser su fórmula vicepresidencial convencido de que De la Espriella no es un candidato de extrema derecha. “Abelardo no es un ultra ni de extrema derecha. Si así fuera, yo no estaría aquí. Como él, creo en la economía social de mercado: tanto Estado como sea necesario y tanto sector privado como sea posible”.
Desde que arrancó la campaña, a Restrepo se le ha visto una faceta inédita: sumarse a los bailes de música popular a los que, en época electoral, recurren los candidatos para seducir al electorado.
Él lo toma con tranquilidad y dice que lo realmente vital es la parte programática. “Abelardo es, ante todo, una persona coherente. En ese valor nos identificamos mutuamente. Coincidimos en la importancia de ejercer la autoridad, porque el país la necesita para enfrentar, por ejemplo, la producción de hoja de coca. También coincidimos en que los procesos de paz recientes han sido un fracaso y hay que ponerles fin. Compartimos una visión sobre el carácter”.

Las campañas de Cepeda, Valencia y De la Espriella son las que más músculo tienen para competir. Víctor Solano es un experto en campañas políticas que le ha hecho un juicioso seguimiento a esta disputa.
“Las campañas —dice él— dependen mucho de la estructura y de los términos presupuestales”. Por eso explica que, aunque en ocasiones son muchas las personas que gravitan alrededor de los candidatos, en estos casos la situación se decanta por un primer círculo más pequeño, de entre tres y seis personas.
En estos son claves las fórmulas vicepresidenciales: Aida Quilcué, Oviedo y Restrepo, respectivamente. “Luego viene un staff de servicios que puede ser de entre ocho y quince personas. Y, si se suman roles administrativos y representantes en las regiones, se puede estar hablando fácilmente de un total de 200 personas, varias de ellas voluntarias o con acuerdos pro bono”, dice Solano.
Uribe vs. Petro
Aunque hay dos excepciones notorias cuya voz es determinante para la toma de decisiones: en el caso de Cepeda, el presidente Gustavo Petro; y en el de Valencia, el expresidente Álvaro Uribe Vélez. La comunicación de los candidatos con ellos, según varias fuentes, es fluida, constante y muy respetuosa.
“Petro es Petro e Iván es Iván”, dice el representante de la Unión Patriótica por Bogotá, Gabriel Becerra, otro de los hombres que le habla al oído a Cepeda. “Pero a ambos los une el bienestar real de los sectores menos favorecidos y la profundización de una democracia real”, explica.
En el caso de Paloma, ella abiertamente muestra que Uribe es el guía principal de su campaña. “Es mi papá políticamente”, sostiene. “Uribe —dice el analista Carlos Arias— es el dueño de la campaña de Paloma; es el dueño de su candidatura. Así lo ha hecho saber ella en diferentes escenarios y así lo deja ver también él. Sin embargo, y a pesar de que sigue dando la línea más gruesa en términos políticos, las recientes declaraciones del expresidente con respecto a los videos de cuentas cercanas o asociadas evidencian que está siendo asesorado mediáticamente”.
Para este experto, “en síntesis, Uribe sigue siendo el eje político e ideológico, pero el mensaje y la comunicación de la campaña están guiados por asesores extranjeros”.
De vuelta al campamento de Cepeda, la senadora Pizarro explica que, más allá de la estructura en la cúpula de la campaña, hay un trabajo intenso en las bases, en las calles, en las veredas. “Hay un reconocimiento del pueblo colombiano a los avances de este gobierno en la dignificación de la calidad de vida”, dice. “No solo en el sector campesino, con la reforma agraria, sino también en las Fuerzas Militares, con mejores salarios y condiciones para soldados y policías”, detalla.

Según sus cuentas, en total, tres millones de personas han salido de la pobreza y han mejorado su calidad de vida. “Por ello, creemos que el 31 de mayo los sectores populares y las clases trabajadoras respaldarán este proceso con su voto, como ya lo hicieron el 8 de marzo, consolidando mayorías en el Congreso para seguir profundizando el cambio”, asegura.
Está claro que la militancia del Pacto Histórico está cohesionada en su propósito de continuar en el poder. Sin embargo, este segmento político no es suficiente, por lo que necesita del centro para avanzar, como en 2022 lo hizo Petro. De ahí que Cepeda ahora también escuche al exministro del Interior Juan Fernando Cristo y al senador de los ‘verdes’ Ariel Ávila.
El costo de los errores
Los integrantes de la guardia pretoriana de las distintas campañas se juegan el todo por el todo por sus candidatos. Es un círculo cercano, privilegiado, que filtra la información, prioriza temas y ayuda a definir la estrategia, por lo que esa “primera línea” termina siendo determinante en el rumbo de la campaña.
La analista María Lucía Jaimes dice que son claves porque controlan aspectos fundamentales como el acceso al candidato, la agenda a la que asiste, la interpretación de la realidad que está sucediendo y la gestión del riesgo político; es decir, traducen encuestas y alertan sobre los costos políticos de cada decisión.
“En campañas tan competitivas como la actual, esa influencia puede marcar la diferencia entre crecer o estancarse, por lo que entender quién rodea a un candidato es casi tan importante como entender al candidato mismo”, dice ella.
¿Qué pasa si se equivocan los miembros de la guardia pretoriana en sus consejos a los aspirantes? El candidato puede cometer un error que, en esta recta final, cae con un margen de tiempo muy corto para levantarse.
Sergio Fajardo, uno de los aspirantes de centro, tiene a uno de los estrategas más costosos de estas elecciones: Antoni Gutiérrez-Rubí, español. Se dice que fue él quien le aconsejó no ir a una consulta y recurrir a acciones como la de sacar una escoba para “barrer” con los problemas.
En el primer caso, el exgobernador de Antioquia quedó al margen de la conversación; en el segundo, fue convertido en un meme por una imagen que recordaba la campaña de Regina 11, que servía más para ponerle color a las campañas que para ganar. Y eso es, precisamente, lo que buscan los candidatos: el triunfo.
Comentar este artículo
Aún no hay comentarios










