
Tiempos de cambio en Guatemala. Desafíos y resistencia ante la marea anticorrupción
El 14 de enero, Bernardo Arévalo será el nuevo presidente de Guatemala si no impiden que asuma el poder. Su enfoque anticorrupción amenaza a una arraigada mafia que ha controlado la contratación estatal, desarrollada a partir de las dictaduras corruptas. El reto para el próximo mandatario es grande. Análisis de Ramón Jimeno.
Por: Ramón Jimeno
El 14 de enero deberá posesionarse el nuevo presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, si las leguleyadas de los conspiradores fracasan para impedir que asuma el poder anulando las elecciones. Arévalo fue elegido de manera sorpresiva por una ciudadanía dispuesta a desmantelar la mafia de la contratación estatal que se apoderó del estado guatemalteco. Empezó la carrera presidencial con un discreto 5%, pasó a segunda vuelta con menos del 15% y ganó con un arrollador 60%. La sorpresa de la mafia incrustada en el poder fue enorme.
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Enseguida empezaron la tarea de impedir que el restaurador les arrebate el negocio a los mercaderes de la política. Aunque se posesione, harán todo lo que puedan para neutralizar sus acciones. Los sectores políticos y empresariales corruptos de Guatemala tienen una larga trayectoria en la defensa de sus intereses. Hicieron evidente que el deber ser de la nueva clase política es enriquecerse cobrando peajes. No frenan las actividades económicas sino las copan, las encarecen, extorsionan para extraer los porcentajes extras para sus bolsillos. Es un ecosistema que corrompe a parte del empresariado, aisla al que no gusta de robar y paga a funcionarios para que no hagan su tarea. No hay depredadores de los corruptos.
En parte, la estructura que montaron en Guatemala surgió de la herencia de las dictaduras corruptas que lucharon contra el comunismo durante varias décadas. Usando las artimañas de la guerra sucia sin control alguno, esos combatientes corruptos se enriquecían con parte de la ayuda militar de Estados Unidos y con la usurpación de bienes a los enemigos. Se volvió una cultura natural. Algunos dictadores como Ríos Mott confundieron con intención los bienes públicos con los privados para hacer una sola bolsa común que ellos administraban.
Con los años, el modelo se perfeccionó. La eficiencia se debe a la aplicación de nuevos conocimientos de las prácticas mafiosas en la contratación estatal. En la construcción, en las obras de infraestructura, en la prestación de servicios, la sobretasa es un honor. Han consolidado un poder dentro del estado difícil de erradicar, que les permite neutralizar los intentos de control, de depuración, de sanción. Controlan la presidencia de la república, infiltran las entidades claves y garantizan la impunidad para disfrutar de sus utilidades ampliando el círculo de los beneficiarios. Es un modelo que se reproduce con facilidad una vez se controlan puestos en las entidades clave y se desbaratan los esfuerzos por erradicarlos.
El sorpresivo triunfo de Arévalo con la bandera de la anticorrupción descolocó otra vez a las mafias. Otra vez porque en Guatemala es tan evidente el deterioro ético y moral de la democracia que los intentos por reversarla son recurrentes. El ministro de Defensa de Colombia, Iván Velásquez, encabezó hace unos años uno de los esfuerzos impulsado por la ONU, con poderes supranacionales. Logró importantes avances y hasta llevar a la cárcel a uno de los presidentes que lideraba las mafias. Pero, al final, los mercaderes ganaron, lograron sacarlo del cargo y acabar el esfuerzo.
Así es que el reto de Arévalo es grande. Otra vez los mercaderes de la política guatemalteca amenazan al que se atreve. Ni se han rendido ni se rendirán hasta hacer todo lo posible porque fracase. Frenar la corrupción es una tarea que tiene malos augurios cuando la democracia se ha distorsionado y ha sido tomada por quienes ven al estado como fuente de riqueza. Arévalo habla de crear un sistema nacional contra la corrupción, sin que lo haya diseñado aún. Pero dice que va más allá de restablecer el control y el funcionamiento del sistema judicial, y se basa en el apoyo y la intervención de la ciudadanía. Los expertos consideran que se necesita mucho más que esa voluntad abstracta.
Arévalo por lo demás es una figura interesante. Es en cierto sentido el retorno del reformismo, en un nuevo esfuerzo de restauración democrática. Nació en Uruguay durante el exilio de su padre, que hizo parte del gobierno reformista del coronel Jacobo Árbenz.
El de Árbenz fue uno de los primeros gobiernos derrocados por la CIA en América Latina, porque les estorbaba a los negocios de las United Fruit Company. El padre de Arévalo fue responsable de la creación de entidades de seguridad social y de un régimen laboral que garantizaba los derechos a los trabajadores. A la United Fruit le molestó que hiciera una reforma agraria que amenazaba los costos de su negocio bananero. Movió las cuerdas del poder en Washington e inspiró el golpe argumentando que Árbenz era un comunista. Lo bombardearon -como sigue de moda- hasta que renunció y voló al exilio con sus coequiperos.
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De manera que Arévalo hijo sabe de lo que es capaz la oposición corrupta que le quiere cerrar el paso al ejercicio del poder. Solo que ahora Washington está con él, no con los malos de siempre. También Arévalo sabe que el respaldo de organizaciones ciudadanas e indígenas es fundamental para frenar a los mafiosos. Así que la ciudadanía está movilizada desde el día del triunfo para defender los resultados. Tienen cercada a la fiscal y a sus secuaces, aunque simbólicamente, porque estos insisten en anular las elecciones con base en acusaciones de tercera. Es un pulso desigual y sucio que tiende a ganar al menos temporalmente el presidente electo.
Arévalo cree que logrará gobernar. Que será exitoso en destruir el modelo de tomarse la riqueza pública gracias a las distorsiones de la democracia. El presidente electo aspira a consolidar una coalición parlamentaria (su partido es uno de 16) para destruir el entramado que le impide a Guatemala buscar un mejor destino. Los conspiradores aspiran a prolongar el manejo amañado de la contratación pública. Está por verse si la quema de los diablos el día de las velitas tiene consecuencias. En Guatemala la tradición popular es hacer figuras de diablos para quemar la noche del 7 de diciembre. Hicieron decenas de diablos con los rostros de la fiscal que lidera la mafia y la quemaron como a cualquier diablo. Habrá que ver si el exorcismo tiene efecto.
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