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Refaat Alathamna, médico palestino-bolviano.
Internacional

Un médico que logró escapar de Gaza con sus cinco hijos cuenta cómo es sobrevivir al genocidio

Refaat Alathamna, médico palestino-bolviano, sobrevivió junto a sus cinco hijos los dos años de asedio genocida de Israel en Gaza. Créditos: cortesía Refaat Alathamna.

El anestesiólogo palestino-boliviano Reefat Alathamna le cuenta a CAMBIO cómo sobrevivió al genocidio en Gaza y cómo es vivir en un lugar peor que el infierno durante dos años y con cinco hijos a cargo.

Por: Juan Francisco García

Al terminar la entrevista con CAMBIO, el doctor y anestesiólogo Refaat Al Athamna encendió un cigarrillo que aspiró como si no hubiera en el mundo un placer más grande. “En Gaza me era imposible fumar uno de estos, pues había que pagar hasta 50 dólares por un solo cigarrillo”, dijo. Nos lo cuenta desde Jordania, su primera parada después de huir de la Franja de Gaza tras dos años de sobrevivir al genocidio atroz del Gobierno de Israel y sus cómplices. 

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Antes de despedirnos, con timidez y picardía, se asomó ante la cámara una de sus cinco hijas para decirle algo en árabe. “Están felices porque han vuelto a probar comida con sabor a algo. Durante el conflicto, por un huevo criollo, si es que se da el milagro de encontrarlo, debes pagar hasta ocho dólares. Durante los últimos dos años hemos vivido sin comer pollo, carne y pescado. Mis hijos van un año y medio sin ir al colegio, viviendo entre las ruinas y el estruendo de los misiles, un día tras otro”. 

La familia nuclear de Refaat está en Jordania y a salvo gracias al apoyo de la organización Hola Gaza, que además de velar por su supervivencia material desde que el genocidio se puso en marcha y cerraron las fronteras, agitó hasta lo imposible a la opinión pública para exigir la mediación –tardía y negligente– del Gobierno de Bolivia, la segunda nacionalidad del doctor y adonde irá a parar junto a los suyos para intentar rehacer su vida. 

Atrás dejaron dos años colmados de un dolor y una crueldad inconmensurables que jamás podrán quitarse del todo del cuerpo y de la psique. Atrás quedaron su casa en ruinas, sus carros destruidos, nueve desplazamientos forzados, sus días en campamentos hacinados, los centros de ayuda humanitaria en los que la fuerza militar israelí le dispara a sangre fría a los gazatíes más hambrientos, los amigos y familiares asesinados, sus padres, sus doce hermanos con sus hijos… atrás queda un pueblo en hambruna, su pueblo, que sigue abandonado al exterminio y que el doctor promete no abandonar jamás. “Estoy recuperando energías para seguir luchando por la causa palestina”, dice, como un juramento susurrado. 

CAMBIO: Quiero empezar por lo bueno. Sé que usted está a salvo y por fuera de Gaza gracias a la labor humanitaria liderada por la española Lorena Wanderlust y su organización, Hola Gaza. ¿Cómo se siente con respecto a estos gestos de esperanza en medio de la atrocidad del genocidio?

Refaat Alathamna: Después de dos años viviendo en un infierno, gracias a Dios y con la ayuda de Lorena, primero desde España y luego desde Egipto, logramos escapar. Ella nos ayudó con las redes sociales, los videos, las campañas de recaudación y con todo el proceso de evacuación. Fue gracias a Lorena que nos llegó el apoyo de la embajada de México en Palestina/Israel y de los representantes de Bolivia en Egipto y Jordania. Bajo su organización de ayuda humanitaria participaron amigos en muchas partes, en América Latina, en México: ha sido impresionante. 

Es por ellos que por fin nos llegó el momento de estar por primera vez seguros, lejos de los bombardeos, los ataques, el bloqueo y la falta de absolutamente todo. Tomamos la decisión de huir principalmente por mis niños, que no han tenido colegio hace más de un año y medio y que lo han perdido todo; además de su escuela, han perdido sus amistades, sus juegos, todo lo perdimos de un día para otro. 

CAMBIO: En sus redes sociales ha registrado los primeros momentos de estar bajo un techo a salvo, la primera comida normal al margen del asedio de bombas, drones y carencia que han signado su cotidianidad en los últimos dos años. Pero, ¿cómo está usted? ¿Ha podido descansar? ¿Cómo se expresan los traumas que deja un genocidio en un ser humano? 

R.A.: En el lugar en el que estamos a veces pasan autos o motos que por la velocidad generan un sonido fuerte. Estos ruidos se nos confunden con los ataques de los misiles que durante los últimos dos años cayeron sin cesar sobre nosotros. Casi todos los días escuchábamos misiles caer, hasta reconocer, por el sonido, los diferentes tipos de aviones y misiles con los que nos bombardeaban. Lo que vivimos es demasiado para cualquier ser humano. 

Ahora, de a poco, estamos tratando de recuperarnos. Hemos logrado dormir algo más tranquilos y comer algo con sabor: llevábamos mucho tiempo sin comer pollo, carne o huevo. Gracias a Dios hemos podido disfrutar de lo que en Gaza es imposible. Y bueno, estamos algo mejor, y poco a poco nos estamos recuperando y agradezco a todos los que estuvieron con nosotros todo ese tiempo y a Dios por estar aquí.

CAMBIO: Aunque hoy por fin puede comer y dormir a salvo, en Gaza quedaron sus hermanos, sus padres, los amigos y colegas. ¿Cómo fue despedirse de su familia que hoy sigue bajo el asedio genocida de Israel y qué mensaje le deja a las organizaciones humanitarias para que no se olviden de los millones de palestinos que siguen teniendo al infierno como cotidianidad en Gaza?

R.A.: No pude despedirme adecuadamente, pues la situación era terrible y cada uno estaba en su carpa buscando el pan del día y tratando de asegurar lo básico para su familia. Apenas pude despedirme rápidamente de mis padres y de algunos hermanos; con otro hermano solo pude hablar por teléfono. 

Refaat le enseña a montar bicicleta a sus hijos.
Un año y medio sin colegio duraron sus hijos gracias a la ocupación y el exterminio propulsado por Israel en Gaza. Nos contó que aprendieron a montar bicicletas entre los escombros y el estruendo de los bombardeos. Créditos: cortesía Reefat Alathamna.

Salí por mis niños, para asegurarles un futuro y algo seguro, pero esto no fue abandono. Aunque estoy fuera, me comprometí a seguir ayudando. Ahora que aseguré a mis niños, lucharé por la causa de Palestina. Este sufrimiento tiene que terminar, porque no es justo que sigan los ataques, el bloqueo y la ocupación. Levanto la voz por quienes siguen sufriendo y seguiré apoyando, aunque la situación siga siendo muy difícil y la justicia no llegue.

CAMBIO: ¿Cómo se explica que haya seres humanos que sigan obedeciendo las órdenes de bombardear ciudades, niños, ancianos, médicos, hospitales y escuelas? Israel volvió a matar a cien civiles en un ataque después de anunciar el cese al fuego

R.A.: Primero hay que entender que Palestina lleva décadas sufriendo. Desde 1948, Palestina fue ocupada por Israel gracias a la intervención de potencias como Gran Bretaña y Francia, que regalaron gran parte de nuestro territorio para establecer una colonia, el Estado de Israel, diseñado para desestabilizar la zona por intereses económicos, tanto de Israel como de países europeos y de Estados Unidos.

Lo mismo han hecho en Irak, Libia y Siria: buscan destruir esos países para apropiarse de las riquezas, como el gas que ahora abunda en el Medio Oriente y el mar Mediterráneo. Quieren seguir ocupando territorios y haciendo negocios a costa de vidas palestinas, sin importar que esa tierra es nuestro país y tenemos derecho a la independencia.

A pesar de eso, la injusticia sigue dominando. Vemos que casi todos los pueblos del mundo, desde América Latina hasta Europa, se han levantado contra esa injusticia. Toda la gente siente impotencia de no poder hacer mucho, pero sí ha favorecido visibilizar las matanzas y el mundo ha visto la falsa democracia de Europa, la mentira de Israel y Estados Unidos, que no son humanos: sólo les interesa el dinero y sus intereses, y no les importa seguir matando a niños y mujeres, como se ha evidenciado.

CAMBIO: Hace una semana usted padecía y registraba en redes sociales la cotidianidad de ser víctima de un genocidio. ¿Cómo era un día suyo en Gaza?

R.A.: En Gaza todo está destruido: colegios, hospitales, universidades, calles, avenidas, los sistemas eléctricos y sanitarios. Apenas el 8 o 10 por ciento de la infraestructura sigue de pie, pero no alcanza para tanta gente. Somos más de dos millones de personas viviendo esta situación.

La ocupación de Israel ha expulsado a mucha gente de sus hogares hacia zonas muy limitadas, en condiciones muy malas y en donde teníamos que buscar agua y comida todos los días, algunas veces sin éxito. No hay gas ni gasolina, así que teníamos que comprar madera, cuyo precio siempre está al alza. Estuvimos más de año y medio cocinando a fuego, no hay nada simple allá. 

Ruinas en Gaza.
Solo el 8 por ciento de la infrastructura en Gaza sigue en pie. Escasean el agua, la luz, el gas y la gasolina. Se cocina a fuego. Se vive entre velas, ruinas y temor. Crédito: cortesía Refaat Alathamna.

Y lo que más duele es el terror y la pérdida de muchos seres queridos, porque todos los días llegan malas noticias sobre amigos o vecinos. Nunca pudimos descansar durante esos dos años, que serán parte de nuestra memoria para toda la vida. 

CAMBIO: Oír su relato, a miles de kilómetros de distancia y a salvo, me hace sentir mucho dolor y miedo. ¿Cómo se explica que su pueblo siga en pie?

R.A.: Lo primero es la fe. Religiosamente, se habla de que Israel iba a tener ese poder y hacer incluso más masacres. La gente ya lo sabía como una profecía, como algo escrito que iba a pasar, y quienes tienen fe saben que deben resistir por creencia.

La otra parte es la dignidad, porque es nuestra tierra y tenemos que defenderla; siempre que haya una ocupación, va a haber resistencia. La gente palestina lleva años probando esa resistencia, pues no es la primera vez que Israel intenta el exterminio. Ya antes expulsó a más de cinco millones de palestinos, que hoy están desperdigados en América Latina y en países árabes, muchos de ellos expulsados bajo masacres y terror, víctimas que apenas lograron escapar.

Refaat anestesiólogo.
El doctor Refaat estudió medicina en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en donde vivió por más de 10 años hasta hacerse ciudadano. Los hospitales en los que trabajó en Gaza fueron bombardeados por las fuerzas militares de Israel. Créditos: cortesía Refaat Alathamna

Así que en definitiva tenemos mucha experiencia con lo que planea Israel y cómo planea hacerlo, y lo único que nos queda es resistir para sobrevivir. Quien sale de Palestina sabe que pierde todo, hasta sus derechos, pero quienes siguen dentro resisten porque tienen raíces muy fuertes. Las raíces de los palestinos en Palestina son muy profundas, y a pesar de todo lo que están haciendo contra el pueblo de Gaza, seguimos en pie. Tengo de fe que saldremos victoriosos.

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