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Nicolás Maduro, ejército
El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino, ha reiterado que su país está preparado para la lucha armada
Internacional

La extracción de Nicolás Maduro: ¿una nueva era para la región?

Ramón Jimeno analiza para CAMBIO los efectos de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el panorama petrolero con Estados Unidos y las consecuencias que esto puede traerle a Colombia.

Por: Ramón Jimeno

Tras la extracción de Maduro empieza la lenta y difícil tarea de constituir un equipo capaz de gobernar Venezuela, además, con la potencia para reformular el Estado y reactivar la economía petrolera. Los obstáculos en esa tarea son enormes. Las acciones militares, políticas y económicas que se necesitan para consolidar un ejecutivo funcional que cumpla el objetivo de redireccionar el Estado venezolano, son muchas.

Lograr estabilidad es indispensable para iniciar la nueva era. Esto exige diálogos y voluntad para llegar a acuerdos entre las facciones con poder en los bandos. Dentro del chavismo-madurismo y la oposición hay divisiones y matices frente al camino a seguir. Unos se odian por la ideología, otros se volvieron enemigos cuando les quitaron recursos, oportunidades o patrimonios, o fueron víctimas de la paranoia del gobernante que se inventaba enemigos para asegurar su permanencia en el poder. Muchos acabaron en las cárceles, exiliados, empobrecidos, perseguidos o colaborando con el enemigo. En ese contexto, pasar del odio a la reconciliación para formar un gobierno de transición, como el que necesita Venezuela, es complejo.

Aplaudir o llorar

Washington, a pesar de Trump, no tiene el control del gobierno y, por lo tanto, no se puede conservar o mantener lo que no se tiene. Quitar a la cabeza del gobierno abrió la competencia para heredarlo. Los sectores moderados del chavismo entienden que les toca encontrar fórmulas para iniciar otro tipo de gobierno con el beneplácito de Marco Rubio, el artífice de la extracción de Maduro.

¿Pero cómo alinear un equipo de gobierno de transición que incluya a las dos grandes fuerzas del país mientras se realizan las nuevas elecciones? Por desaparecer a Maduro no desaparece el chavismo. Como tampoco desapareció la oposición al evitar que María Corina Machado ganara las elecciones. Las dos partes se odian, pero están obligadas a cogobernar la transición, una misión de alta política para la cual ninguna está preparada.

A Washington le importa que se respetan sus derechos sobre el petróleo y que China, Rusia e Irán pierdan a Venezuela como punto de apoyo. La politiquería chiquita y local tiene sin cuidado a Rubio y su equipo. Por supuesto, algunos de los aspirantes al poder intentarán seguir al mando, como lo expresa su vicepresidenta, pero no se ve solidez en este tipo de aspiraciones que parten de una legitimidad revocada de hecho con la intervención.

Además, con la fuerza militar chavista golpeada y desarticulada, su principal sostén se desvanece. La bravuconería de la resistencia armada ante el invasor quedó en palabras. En cambio, el aparato clientelista que creó el chavismo en tres décadas subsiste como fuerza y no va a desaparecer como no desapareció la izquierda chilena, ni la brasileña, ni la uruguaya, ni la boliviana tras las dictaduras que les impuso Washington.

La apuesta

La primera apuesta de Estados Unidos fue lograr la salida negociada de Maduro. De allí los meses que tomó el proceso y los pasos que dio hasta la extracción. El equipo de Trump tiene claro que el problema no era capturar a Maduro sino lograr una transición para el control de las reservas petroleras, activar este negocio y espantar del continente a sus adversarios.

Los estrategas de Washington entienden que sus últimas experiencias intervencionistas han sido costosas e inconvenientes. Irak, Libia, Afganistán, no dejaron los resultados que esperaban, no por falta de la estupidez que Trump les atribuye a sus antecesores, sino porque no lograron consolidar gobiernos para garantizar las transiciones. Fueron inversiones perdidas, y no quieren repetir ese resultado en Venezuela.

Washington espera que tras la extracción de Maduro sectores del chavismo entiendan que tienen la oportunidad de integrarse a la nueva era para sobrevivir. Pero también contemplan desactivar los sueños de una resistencia armada siguiendo los modelos de Irak, Libia, Afganistán que tanto daño le hicieron.

Washington cree ahora que es poco probable que el chavismo intente una resistencia armada. La destrucción del arsenal y de gran parte de la infraestructura militar durante los cortos y precisos bombardeos del 3 de enero, inutilizaron gran parte de la estructura militar. Dejaron a sus fuerzas militares humilladas, enardecidas, y sin voluntad de combate.

Además, financiar una guerra de resistencia exige recursos que el chavismo no tiene y menos sin el control de la precaria economía petrolera actual. Las potencias enemigas de Estados Unidos están muy lejos, ocupadas en sus propios conflictos para sumarse a una guerra de desgaste, en la que tienen poco que ganar.

Gozar la riqueza petrolera también cuesta

La tarea de la estabilización es importante porque reconstruir el aparataje productivo petrolero de Venezuela tomará por lo menos una década y enormes inversiones.

Volver a producir 3 millones de barriles diarios de petróleo, o más, implica renovar equipos e instalaciones que fueron descuidados y abandonados y exige construir nuevas instalaciones y capacidades. Por mucho afán y capital que ponga el empresariado norteamericano, los procesos no se pueden acelerar. El control militar y político es indispensable para comenzar la reconstrucción de la industria petrolera.

Los ciudadanos venezolanos que tienen la expectativa de mejorar su calidad de vida con la transición también se pueden frustrar. Más si muchos de los 8 millones de emigrantes deciden volver más rápido de lo esperado como lo desea Trump. Las fuentes de trabajo de la industria petrolera se generan poco a poco, y la base de trabajadores venezolanos con experiencia en el sector desapareció en estos 28 años. De manera que la oferta de mano de obra y de talento especializado que se requiere para reactivar el sector debe formarse de nuevo.

A pesar del destronamiento de Maduro, el país seguirá pasando dificultades económicas por un buen tiempo. De la alegría de los antichavistas se puede pasar a la amargura del triunfo, cuando las élites antichavistas y proestadounidenses confirmen que tampoco tenían una fórmula mágica para sacar al país de la pobreza a corto o mediano plazo.

Colombia en la frontera

La activación de la economía petrolera significaría importantes oportunidades para la economía colombiana. Por una parte, se podría activar el anhelado gasoducto para aliviar el déficit que se avecina de este combustible. Pero de todas formas jalonaría la producción de bienes y servicios que el país está en condiciones de proveer a una renaciente economía venezolana. Hay que recordar que la balanza comercial bilateral fue de 10.000 millones de dólares anuales en los noventa.

El efecto más serio para el país es que el equipo Trump tratará sin pudor alguno de afectar las elecciones para garantizar la derrota del petrismo. El país tendrá a una potencia moviendo hasta la última ficha para impedir que la izquierda repita gobierno.

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