
COP16: ¿un tiempo que ya pasó?
Ha pasado una semana desde que se inició la COP16, en Cali, Colombia. La ciudad y su alcalde, Alejandro Eder, cumplieron: seguridad y reconciliación. También ha brillado la ministra de Ambiente y presidenta de la COP, Susana Muhamad. Pero aún nada se decide. Carrera contra el tiempo.
Por: Olga Sanmartín
De alguna manera, todos lo percibimos. El tiempo está pasando más rápido; o mejor, en la misma unidad de tiempo, están pasando mayor cantidad de sucesos. “Ya el matemático y lingüista Alfred Korzybski –escribe la antropóloga e historiadora Alexandra Bejarano– había observado en los años treinta del siglo pasado que la cantidad de información se venía duplicando a un ritmo exponencial. Usando el año 1 d.C. como punto de partida, notó que tomó unos 1500 años para que el conocimiento humano se duplicara por primera vez, lo que coincidió con el apogeo del Renacimiento. La siguiente duplicación ocurrió en solo 250 años, hacia 1750, y para 1900, el conocimiento había crecido ocho veces desde el punto de partida de la medición. Siguiendo esta idea, Terence McKenna (filósofo e historiador) ha señalado que 'podemos propagar esa tendencia hacia el futuro y ver que llegará un día en que experimentaremos más cambios en una hora que en los últimos veinte o treinta mil años (...) un lugar donde las reglas normales se quiebran'”.
La Conferencia de las Partes (COP) nació hace unos 30 años, y desde entonces se han llevado a cabo 16 COP, incluida esta, la 16, que vivimos en Cali, Colombia. En cada una de ellas se han firmado una serie de protocolos y compromisos por parte de los 196 países que han ratificado el acuerdo para tomar acciones para frenar la devastación de la vida diversa en el planeta, y que “propenden por la conservación de la biodiversidad, el uso sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa de los beneficios resultantes de la utilización de los recursos genéticos”. O sea, que conserven la vida en todas sus formas. La meta para 2030 es que al menos el 30 por ciento de los recursos biodiversos deben estar protegidos. Sin embargo, hemos caminado a destiempo. Mientras que la pérdida de biodiversidad crece de manera exponencial, dándole la razón a Terence McKenna, las acciones para detenerla parecen correr a paso de tortuga, como en el año 1 d.C.
Hasta el momento, ninguna meta se ha cumplido. Hace dos años, en la COP15, que tuvo lugar en Montreal, Canadá, en 2022, los países se comprometieron a crear un marco global de 23 metas para frenar la pérdida de la biodiversidad, y acordaron que en la próxima COP, la 16, presentarían un plan para ser implementado en cada país. Hasta hoy solo 35 de los 196 países que forman parte del convenio han presentado las metas del Marco Kunming Montreal, guía sobre lo que debe hacerse de aquí a 2030 para disminuir la pérdida de especies y ecosistemas, o sea para conservar la biodiversidad de la que depende el ser humano, y no al contrario. Estados Unidos, un gigante de la contaminación, hasta el momento no ha ratificado los acuerdos de la COP pero manda una suerte de comitiva para “evaluar” lo que sucede en cada encuentro, no se sabe muy bien para qué.
Colombia se incluye en los países que han incumplido con la tarea; solo cinco días después de iniciada la COP 16, de la que es anfitriona, presentó un plan. El viceministro de Ambiente, Mauricio Cabrera, anunció seis metas nacionales, 30 acciones estratégicas, 89 indicadores y dio funciones a 15 de los 19 ministerios y a todas las regiones. Y advirtió que para cumplir con las metas, se necesitarán al menos 76,5 billones de pesos de hoy a 2030. El gobierno de Iván Duque dijo haber logrado proteger parte de los ecosistemas marinos y de las áreas terrestres, pero este nuevo compromiso abarca ecosistemas de agua dulce. “Se trata de algo catalítico”, señaló Catalina Góngora, líder de Política Pública de The Nature Conservancy (TNC), a El País América.
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Una apuesta ambigua
Ha sido ganadora con méritos suficientes la ministra de Ambiente y presidenta de la COP 16, Susana Muhamad, quien ha insistido en la creación del fondo para la repartición de beneficios de recursos genéticos, “que están en bases de datos digitales, y que sería el primer hito de la COP 16, porque abre el camino para que el sector privado mundial contribuya económicamente a través de mecanismos multilaterales, cuando se beneficia de los recursos que tienen los países”.
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Este ha sido un tema de primer orden en la agenda, pero no el único: la visión global de las mujeres cuidadores de la biodiversidad, plasmadas en la Declaración de Inírida, es otro asunto que ha tenido prioridad, así como la inclusión de los pueblos afrodescendientes en el convenio de biodiversidad.
Y el prioritario: la recuperación del Amazonas y su declaración como ser “sujeto de derechos”, lo que podría rescatar de la tragedia a un ecosistema que está cerca de llegar al punto del no retorno; la tragedia global. No puede olvidarse que Colombia es el segundo país más biodiverso del mundo, a pesar de todas las economías lícitas e ilícitas que atentan contra la biodiversidad.
Otras metas destacadas son: la creación del Fondo para la Vida y la Biodiversidad, que cuenta con un presupuesto de 4 billones de pesos destinados a la conservación natural; ampliar las áreas protegidas del 24 al 34 por ciento; crear 500.000 empleos en bioeconomía; restaurar 19 millones de hectáreas en riesgo ambiental, reducir el tráfico de fauna en un 50 por ciento, y tener el portafolio de inversión de 160 billones de pesos, enfocado en la descarbonización y la reactivación económica.
Sí pero no

También han saltado a la vista las protestas por las evidentes incongruencias del gobierno: isla Gorgona y la inexplicable defensa que la ministra Susana Muhammad hace frente a la implementación de una base militar en isla Gorgona, santuario del Pacífico, lo cual se traduce en una masacre medio ambiental. La permisividad del gobierno frente a las licencias mineras en páramos como Santurbán; la permisividad en la caza de tiburones; la iniciativa de exportación de carne a la china que exige una sobreproducción de ganado, el impulso de la siembra de aguacate, que ya genera una tragedia medio ambiental: la ausencia de pedagogía frente a la ley de prohibición de algunos plásticos desechables (el plástico es el plan B de los petroleros), etcétera.
La otra COP
Mientras en la Zona Azul se decide la vida planetaria en un espacio cerrado y manejado por la ONU (una especie de embajada), donde al final se toman decisiones verdaderas, en la Zona Verde hay esperanza. Diversidad de culturas y saberes del Pacífico colombiano y también del interior, de los llanos y el altiplano colombiano, nunca antes vistas en un mismo escenario, hacen presencia al unísono en el Valle de Cauca, en Cali, y despliegan sus saberes frente a toda suerte de paseantes y turistas.
A destacar, la interesante y completísima agenda académica, organizada por el Instituto Humbolt y la Alianza de Bioversity International y el CIAT, en la que han participado doce universidades y varias organizaciones no gubernamentales. Una amplísima participación desde lo científico, lo social y lo cultural. Eventos, encuentros, discusiones, oratorios, divertimentos, charlas, entrevistas, exposiciones, conciertos, bailes… Un mar que no puede navegarse en dos semanas.
Ya, en turismo, en marca país, ganó Colombia, ganó el alcalde de Cali, Alejandro Eder, que en una carrera maratónica, logró que una ciudad estigmatizada por la anarquía y el desorden, se convirtiera en un lugar amable para recibir a cientos de turistas de todo el mundo. No solo eso. Mostrar una biodiversidad cultural y étnica, alegre, unida, a pesar del discurso de odio que ha tenido que capotear durante todo su año de gobierno: indígenas, afro, campesinos y ciudadanos urbanos hemos celebrado en armonía total. Los mayores logros, posicionar su discurso reconciliador y garantizar la seguridad en Cali, donde no era posible caminar sin miedo. El alcalde logró su cometido, poner la ciudad en el mapa mundial y, con ello, a Colombia. Ganaron las comunidades étnicas, ganaron los ciudadanos del común. Ganaron los visitantes. La próxima semana se medirán otras fuerzas.
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