
Los glaciares en Colombia van a desaparecer para finales de este siglo: este es el impacto que tendría en el país
Los glaciares tropicales se están derritiendo como nunca antes, la nieve y el hielo están desapareciendo de las montañas colombianas, a un ritmo por el que a finales del siglo no quedarán glaciares en Colombia.
Por: Manuela Cardozo
Durante los últimos 120 años el área de glaciares en Colombia se ha reducido 90 por ciento, según cifras del Ideam. De los 14 glaciares que existían a principios del siglo XIX, hoy solo quedan seis. Las otras ocho perdieron su capa nevada progresivamente, hasta que no quedó nada. Hoy son páramos, paramillos o volcanes.
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Sin embargo, los picos nevados que quedan también pueden tener sus años contados. A causa de la emergencia climática y el calentamiento global, el Ideam predice que su nieve también va a desaparecer en las próximas décadas, o incluso alrededor del año 2050. Solo entre 2021 y 2022 Colombia perdió el equivalente a 156 canchas de fútbol en áreas nevadas.
Hoy, solo las sierras nevadas de Santa Marta y El Cocuy o Güicán, y los nevados del Ruiz, el Tolima, el Huila y el Santa Isabel, todavía tienen algo de nieve.
Glaciares tropicales
Específicamente, los glaciares colombianos se denominan glaciares tropicales o ecuatoriales, por su especial posición cerca de la línea del ecuador, un fenómeno extraño porque es la zona del planeta que más se calienta. A pesar de ello, Colombia alberga el 45 por ciento de todos los glaciares tropicales del mundo, según el Ministerio de Ambiente, una cifra que resalta su importancia global en este tipo de ecosistemas.

Estos glaciares se forman con la acumulación de la nieve a grandes altitudes, a medida que cae esta se compacta y forma hielo. No obstante, la posición en la que se encuentran los glaciares tropicales, los hace más susceptibles al cambio climático.
Aunque la población en Colombia altoandina no dependa del agua glaciar, sí depende del agua potable del bosque altoandino y el páramo. Si el derretimiento de los glaciares indica algo es que estos ecosistemas también están cambiando y pueden estar en riesgo. Los glaciares tropicales constituyen el 10 por ciento de la superficie terrestre y son las mayores reservas de agua dulce del mundo, conteniendo aproximadamente el 75 por ciento, según la Alianza Clima y Desarrollo.
En los años ochenta, Colombia contaba con 89 kilómetros cuadrados de masa glaciar, hoy solo quedan 33 kilómetros cuadrados. Lo que es más preocupante es que se pierden entre el 3 por ciento y 5 por ciento de esta cobertura glacial al año, a este paso el país se quedará sin glaciares para finales del siglo, como dice el Ministerio de Ambiente.
Desaparición de los glaciares que quedan
Teniendo en cuenta acontecimientos recientes, está claro que los seis nevados que quedan pueden convertirse pronto en cuatro o cinco, ya que se espera que el volcán nevado de Santa Isabel y el nevado del Cocuy desaparezcan pronto, como dice Parques Nacionales Naturales.
Solo en 2024 el glaciar Conejeras, una parte emblemática del Santa Isabel se derritió completamente después de que aumentaron las sequías y el calor. Cabe añadir que el Santa Isabel es el nevado más inestable del país por lo que Jorge Luis Ceballos, ingeniero geógrafo y glaciólogo colombiano, predijo que pronto va a desaparecer.


“La aceleración ha sido muy fuerte en los últimos diez años, antes se esperaba que se vieran situaciones críticas solo hasta 2050, sin embargo, solo entre 2023 y 2024 tuvimos este Niño y el glaciar Conejeras, del Santa Isabel, desapareció. Lo que era un volumen de hielo casi igual a una represa en un año desapareció, contra todas las expectativas y el entendimiento que teníamos”, afirma Juan C. Benavides, PhD y profesor del departamento de Ecología y Territorio de la Pontificia Universidad Javeriana.
También, el Ideam predijo que la sierra nevada de El Cocuy, la masa glaciar más grande del país, se va a extinguir en las próximas décadas. Los glaciares de esta sierra van a empezar a fraccionarse y dejarán de ser una sierra continua para ser más una colección de fragmentos de hielo más pequeños y vulnerables.
Factores que aceleran el derretimiento
En parte, lo anterior se debe a que la temperatura de la Tierra ha aumentado en un promedio de 0,06° grados Celsius por década desde 1850, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. Lo anterior desestabiliza el equilibrio ambiental y provoca un derretimiento masivo de los glaciares, que necesitan una temperatura permanente por debajo del punto de fusión del hielo, 0ºC, para conservarse.
No solo el calentamiento global afecta el derretimiento de los glaciares, cosas como el hielo negro y el turismo también influyen en su desaparición.
Particularmente, los incendios forestales generan cenizas y partículas que pueden viajar grandes distancias y depositarse sobre los glaciares. Esto oscurece la superficie del hielo, lo que hace que absorba más radiación solar en lugar de reflejarla como lo haría un hielo limpio, que es blanco o transparente
“El hielo negro se produce por incendios. La ceniza se deposita sobre los glaciares y los derrite mucho más rápido. Normalmente, el hielo es blanco y transparente y funciona como un espejo: cuando el sol le pega, refleja casi toda la radiación y no se calienta. Pero cuando es negro absorbe más radiación, por eso el hielo negro se calienta, se derrite mucho más rápido, 20 veces más rápido. Ese hielo negro se produce por incendios, cuando hay incendios en las regiones de la Orinoquia o en la Amazonia o en las regiones de los Andes en los páramos, esa ceniza es transportada, se deposita sobre los glaciares y lo derrite muy rápido”, dice el doctor Benavides Duque

Por otro lado, el turismo genera una considerable huella de carbono, ya que muchas personas viajan largas distancias para contemplar los glaciares en lo que consideran su “última oportunidad de verlos”. Sin embargo, con el paso de las personas por el hielo se “producen erosiones o surcos en la superficie del glaciar, lo que facilita que el hielo se degrade con el tiempo”, como advierte el doctor Benavides.
Una prueba del cambio climático
“Los glaciares no son especialmente importantes en términos de servicios ecosistémicos, pero sí como símbolos del cambio climático”, señala el doctor Benavides.

La considerable reducción de los nevados es una alerta sobre el acelerado avance del cambio climático. Debido a que los glaciares son particularmente sensibles al calentamiento global, su derretimiento es una prueba de la respuesta del planeta a los cambios en los niveles de gases de efecto invernadero.

“Si esto les está pasando a los glaciares, imagínese lo que les está pasando a los páramos y ni siquiera lo vemos. Son señales que nos indican que algo está pasando”, dice Benavides.
¿Qué se pierde con la desaparición de este ecosistema?
En Colombia, la extinción de los nevados no compromete la seguridad hídrica de las poblaciones aledañas, como menciona Benavides, son más importantes las cuencas hidrográficas y la precipitación. Así, la agricultura y el acceso al agua de las poblaciones que viven cerca de los glaciares no se verá comprometida con su eventual desaparición.
Aun así, la extinción de estos ecosistemas de alta montaña no solo afecta el paisaje, su marcha representa una pérdida cultural gigante.
“Nosotros valoramos naturalmente estos ecosistemas porque representan parte de nuestra identidad. Usted dice a cualquier niño que dibujen una montaña y la dibujan con un pico nevado. Por esto hay una iniciativa importante que busca preservar un poquito esa historia. Por eso se están recolectando unas muestras, unos cubos de hielo del Santa Isabel para transportarlos y preservarlos como parte de ese recuerdo histórico y ese símbolo de nuestro país”, dice Benavides
¿Qué pasa cuando un glaciar desaparece?
Más allá de la pérdida del hielo, los glaciares dejan una huella en el paisaje y en la historia del planeta. Benavides explica que su retroceso no solo transforma los ecosistemas, sino que también guarda pistas clave sobre el pasado climático de la Tierra.
“Cuando un glaciar desaparece, las plantas comienzan a colonizar ese espacio, y otros ecosistemas lo reemplazan. Eso ha ocurrido antes: en el fondo de muchos glaciares se han encontrado restos de vegetación que existían antes de que el hielo los cubriera. Los glaciares avanzan y retroceden. De hecho, el inicio del Holoceno, la era geológica en la que vivimos, coincide con una fase de calentamiento global hace unos 10.000 años. Ese cambio permitió que muchas regiones se volvieran habitables para los humanos y que surgiera la agricultura”, dice Benavides.

El hielo de los glaciares funciona como una auténtica máquina del tiempo: encierra información sobre millones de años de evolución y conserva en su interior organismos congelados y huellas del clima del pasado.
“Estudiar los glaciares antes de que desaparezcan nos ayuda a entender las condiciones climáticas del planeta en los últimos 20.000 o 30.000 años”, explica Benavides, “algunos dirán: ‘Eso ya lo sabemos por otros registros’. Pero lo cierto es que no lo sabemos de nuestro propio país”.
¿Qué se puede hacer frente a la desaparición de los glaciares?
La respuesta no es sencilla, y en muchos casos puede ser desalentadora. Aunque el impulso natural es conservar lo que se está perdiendo, los expertos advierten que, en el caso de los glaciares tropicales, las posibilidades de evitar su desaparición son muy limitadas.
“El planeta ha tenido ciclos naturales de enfriamiento y calentamiento. Los glaciares han dominado la Tierra en el pasado y también han desaparecido antes”, explica Benavides, “La única forma de conservarlos sería cambiando el clima global. Cualquier acción local es como tomar pastillas para los síntomas de una gripa sin curar la enfermedad: apenas se detiene el tratamiento, la enfermedad sigue su curso. A menos que pudiéramos sostener esas acciones durante 500 o 600 años, que es lo que tardaría la Tierra en volver a un clima más o menos estable, estamos luchando contra lo inevitable. Y es poco realista pensar que un alcalde va a mantener un programa de conservación glaciar con presupuesto municipal durante medio milenio”.

En ese contexto, lo más sensato parece ser un cambio de enfoque. Como plantea el glaciólogo Jorge Luis Ceballos, lo único que podemos hacer es adaptarnos, estudiarlos y dejar un registro para las nuevas generaciones que no los van a poder ver.
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