
“Reíamos para no rendirnos”: colombianas de la Flotilla Global Sumud contaron cómo fueron los días tras la interceptación de Israel
Luna Barreto y Manuela Bedoya navegaron 35 días con la Flotilla Global Sumud, en un intento de llevar ayuda humanitaria a Gaza. En el mar enfrentaron bombardeos, ataques y la interceptación por parte del ejército israelí. De regreso a Colombia, contaron lo que vivieron, reflexionaron sobre Palestina como reflejo del sur global y destacaron la fuerza que nace de los movimientos sociales.
Por: Valentina Giannini
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“Palestina nos ha ayudado tantísimo a todos, más de lo que nosotros podríamos ayudar a Palestina, porque Palestina construyó estos espacios donde podemos encontrarnos”, expresó Luna Barreto, una de las colombianas que se embarcó en la flotilla que pretendía llevar ayuda humanitaria a Gaza y que fue interceptada por Israel.
Durante los últimos dos años, en los que la violencia y la ocupación de los territorios palestinos se intensificó, Luna ha sido testigo de la resistencia del pueblo y de su deseo de existir desde la libertad. “He estado viviendo muy cercanamente estos dos años de genocidio, la experiencia y la realidad palestina. Mi pareja, que hoy está presente, Amer, es refugiado palestino en Jordania. Él me ha acercado a los procesos, a las infancias, y he escuchado de ellos qué pasa en Palestina”, contó la activista colombiana en una rueda de prensa poco después de su regreso a Colombia tras la detención por parte de las fuerzas militares israelíes.

Ese espíritu de lucha y sensibilidad sociales fue lo que probablemente la juntó con Manuela Bedoya, defensora de derechos humanos y de las víctimas del conflicto armado, y con Ledys Sanjuan, activista, feminista y coordinadora en tierra de la delegación colombiana del movimiento global a Gaza. Las tres se unieron, junto con otros colombianos, con el propósito de crear un movimiento proPalestina en el país.
El encuentro antes de la flotilla: la marcha global a Gaza
Hace apenas cuatro meses, Manuela, Luna y Ledys se conocieron durante la marcha global a Gaza, una movilización que reunió en El Cairo, el 12 de junio, a cientos de personas que buscaban llegar hasta el paso de Rafah, donde en ese momento permanecían parados cerca de 3.000 camiones con ayuda humanitaria para los palestinos. Desde octubre de 2023, ese cruce, que es el único entre Egipto y la Franja de Gaza, había sido cerrado por Israel con el apoyo del gobierno egipcio, impidiendo el ingreso de alimentos, combustible y medicinas para el enclave.

“Era un momento donde había que tomar acción porque la fase cinco de hambruna era inminente, ahora es una realidad”, contó Ledys. En ese momento, Manuela, Luna y Ledys intentaron cruzar la Franja de Gaza, sin embargo, no pudieron siquiera salir de El Cairo. “Nos reprimieron violentamente”, recerdaron.
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Tras es intento, decidieron quedarse en Egipto para acompañar a los refugiados que habían logrado escapar de Gaza en los primeros meses del asedio. “Estuvimos en El Cairo haciendo procesos de acompañamiento a palestinos que están en este momento refugiados, y lo que nos encontramos fue una población que había salido en la primera etapa del genocidio como pudo (…) muchos de ellos están de manera ilegal, la mayoría no pueden trabajar, no tienen acceso a la salud, y los niños llevan desescolarizados por lo menos dos años”, contó Manuela.
“Si no vamos por tierra, nos vamos por mar. Nos vamos por mar o por donde haga falta”, Manuela Bedoya, activista por los derechos humanos y el genocidio en Palestina.
“Nos fuimos muy frustradas por no haber podido abrir el paso, pero eso nos llevó a pensar y a coger más fuerza. Dijimos: ‘Si no vamos por tierra, nos vamos por mar. Nos vamos por mar o por donde haga falta’. Asentamos nuestro cuerpo, nuestras ideas y empezamos lo que sería el proceso de la flotilla”, contó Manuela.
El viaje de la Flotilla Global Sumud: navegar hacia Gaza
El 31 de agosto de 2025 Manuela Bedoya, Luna Barreto, Elisa Charpentier y Mauricio Morales zarparon desde Barcelona, con más de 400 personas de 43 países, y pusieron su cuerpo y su vida en el mar para intentar llevar ayuda humanitaria y romper el bloqueo impuesto por Israel. Desde tierra, Ledys Sanjuan y Juan Villalobos acompañaron y resguardaron la misión como parte de la delegación.

Para Luna, que vive en un país “donde miles de palestinos permanecen exiliados, silenciados y vigilados”, ver el apoyo al momento de zarpar fue profundamente conmovedor. “Recibir todo ese amor fue muy duro, porque ese amor no lo quería para mí, sino para mis allegados palestinos en territorio. Sentía que eran ellos quienes merecían este homenaje a sus vidas”, contó.
Durante las primeras semanas, la flotilla enfrentó múltiples obstáculos. Elisa y Mauricio tuvieron que abandonar la misión. Mientras tanto, Manuela y Luna continuaron a bordo de su barco, HIO, durante 35 días en mar abierto.

El primer momento crítico se dio en Túnez, cuando los barcos Alma y Family, los dos más grandes de la flotilla, fueron atacados. Durante los días siguientes, la misión sufrió alrededor de 13 atentados con explosivos en aguas internacionales, todos de carácter intimidatorio. “Una vez se ocultaba el sol, cualquier cosa podía pasar (…) Además de los ataques explosivos, también hubo incidentes químicos”, añadió Luna.
A pesar de haber superado una serie de atentados, a tan solo 16 millas náuticas de la costa de la Franja de Gaza la flotilla fue finalmente interceptada por las fuerzas armadas israelíes. Los militares tomaron control de los más de 40 barcos, incluido en el que viajaba Greta Thunberg, que transportaban alimentos, suministros médicos y otros artículos esenciales.
Dos colombianas se encuentran entre los voluntarios a bordo de los barcos que integran la flotilla internacional Global Sumud, interceptada por Israel. La misión tenía como propósito llevar alimentos, medicinas y suministros humanitarios de urgencia a Gaza.… pic.twitter.com/1kIVgO4iCh
— Cambio (@estoescambio) October 1, 2025
La detención en altamar y los militares israelíes
En la madrugada del 2 de octubre de 2025, la embarcación HIO, donde se transportaban Luna y Manuela, fue una de las últimas en ser controlada por el ejército de Israel. De acuerdo con las colombianas, esa noche el capitán estaba empeñado en llegar a Gaza, por lo que trató de todas las formas posibles esquivar el buque de guerra que se les venía encima.
“Nuestro capitán maniobraba y hacía lo posible para esquivar, entonces fue una intervención que para nosotros duró dos o tres horas”, relató Manuela. Durante ese tiempo, los barcos Alma y Sirius fueron los primeros en ser interceptados, mientras los veleros más pequeños quedaban en espera.

A lo largo de la toma del barco hubo amenazas y se les apuntó con armas. Así mismo, contaron que los militares dañaron y rayaron los botes, e incluso tiraron comida y ayuda humanitaria al mar. “Nosotras repetíamos: somos civiles, no estamos armadas”.
“Cuando entró el militar yo estaba enfrente del volante; había tomado el puesto del capitán, y miré de frente a ese soldado. Con miedo, con mucho miedo, no voy a mentir. La gente me pregunta: ‘¿No sentiste miedo?’ Algunos dicen que no. Yo sí sentí miedo, claro. Pero con todo y ese miedo, asumimos el valor de hacer este gesto”, Manuela Bedoya.
Las mujeres relataron que los soldados israelíes ingresaron a los barcos golpeando, insultando y humillando a los activistas. “Nos nos pegaban, nos insultaban”, recordaron. Mientras tanto, los militares bailaban, cantaban y tomaban fotografías en las embarcaciones recién asaltadas. Posteriormente, los tripulantes fueron obligados a arrodillarse dentro de una cuadrícula formada con paneles negros: “Nos metieron ahí, nos arrodillaron, nos ataron con unas esposas de plástico que apretaban muy fuerte”, contó Manuela.
Según dijeron, el momento más difícil fue cuando amaneció y ya no veían ningún barco alrededor: “Fue horrible ver esos seis hombres llenos de armas en la proa y nosotros arrodillados, el capitán navegando hacia donde no era Gaza, y vernos destruidos físicamente”.
Los días en las celdas bajo la vigilancia israelí
Ya en el territorio palestino ocupado, las colombianas pasaron siete días secuestradas en las mismas celdas, y usando las mismas pijamas que los presos palestinos en Israel.
“Nos metieron en una jaula humana, pequeña, de tres metros por dos, donde nos dejaron durante horas”, relataron. Así mismo, contaron que a las mujeres musulmanas que también estaban detenidas las obligaron a quitarse el hiyab. “Una de ellas estaba llorando y nosotras tratábamos de cubrirla con lo que teníamos, las vendas, los sacos, era una forma de protegernos entre nosotras”. A pesar de atravesar violencias físicas y psicológicas y de que les quitaran sus pertenencias, las colombianas no desfallecieron.

Así se refirió Manuela a sus días en las celdas bajo la custodia israelí: “Nuestras celdas hablaban. Tenían nombres, tenían fechas (…) Había un dibujo en la cama, de color, donde había un hombre y una mujer juntos y abajo también estaba esta misma mujer con un bebé en su regazo, y yo pensaba, ¿qué soñaría la persona que dibujó aquí cada noche?”
“Fue ese tema de sonreír y de mantener la moral alta, y de cantar y de danzar y de bailar, lo que desarmó completamente a un ejército sionista, porque ellos no soportaban vernos reír, a pesar de todo lo que estaban haciendo. Y entonces yo entendí que esa era un arma más fuerte que un fusil”: Manuela.

A pesar del hambre, la sed, el calor y el encierro, las mujeres resistieron. “Seguíamos cantando, haciendo pasarelas con las pijamas, bailando, haciendo yoga. Era mostrar al mundo que no solamente estuvimos sometidas a un proceso de maltrato, sino que usamos ese privilegio para luchar por quienes no podían hacerlo”.
Aunque ya regresaron a Colombia, las colombianas son enfáticas en recordar que aún hay más de 400 niños que siguen en las mazmorras. “Jaulas humanas. Eso fue lo que nosotras vimos. Ahí fue donde nos metieron. La diferencia es que hoy estamos aquí por una sencilla razón y es porque no somos palestinas”, dijo Manuela en la rueda de prensa.

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