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País

Las dificultades del presidente Petro para armar un gabinete ganador

Gustavo Petro, presidente; Yannai Kadamani (Cultura), Gustavo García (Interior) y Antonio Sanguino (Trabajo)..

Petro cambia a su equipo de colaboradores para “lograr mayor cumplimiento en el programa ordenado por el pueblo”. Su objetivo, además, es mantener la gobernabilidad y garantizar que el progresismo conserve el poder en 2026. ¿Tiene la munición suficiente para enfrentar estos desafíos?

Por: Armando Neira

El Gobierno va muy mal. El diagnóstico es del propio presidente Gustavo Petro, quien en el consejo de ministros televisado afirmó que de los 195 compromisos adquiridos con los colombianos, solo se han cumplido 49. Con estos datos, él mismo sentenció: “El informe de incumplimiento es fatal. Me da vergüenza. El presidente es revolucionario; el Gobierno, no”.

Ese fue su argumento para anunciar: “He solicitado la renuncia protocolaria a ministras, ministros y directores de departamentos administrativos. Habrá algunos cambios en el gabinete para lograr mayor cumplimiento en el programa ordenado por el pueblo”.

En este proceso, renunciaron figuras del bloque más crítico, quienes cuestionan la presencia del controvertido Armando Benedetti en el gabinete. Entre ellos se encuentran políticos con una trayectoria de izquierda, precisamente aquellos a quienes el jefe de Estado calificó como “sectarios” en el consejo de ministros.

Entre los funcionarios que empacaron maletas están Alexander López (Planeación Nacional), Jorge Rojas (DAPRE) y Susana Muhamad (Ambiente), además de Gloria Inés Ramírez (Trabajo), Juan David Correa (Cultura) e Iván Velázquez (Defensa). Gustavo Bolívar (Prosperidad Social) dijo que esperaba conversar personalmente con el presidente para irse.

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Yannai Kadamani Fonrodona, encargada del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes

A cuentagotas, y desde la distancia el presidente ha ido ajustando su equipo de trabajo, con el que deberá enfrentar dos desafíos adicionales:

  1. Convencer al electorado de que su gestión merece que el progresismo continúe en el poder y así lo ratifique en las urnas en 2026.
  2. Mantener la gobernabilidad, un reto quizás más urgente e importante.

En el consejo de ministros el mensaje que le llegó a la gente es el un gobierno desordenado, sin un plan de acción concreto para responder con políticas públicas precisas al país y con un jefe que exhibe un discurso deshilvanado, largo, con citas imprecisas, y para quien los responsables de la mala gestión son sus colaboradores. La culpa es de los músicos y no del director.

Tras ese consejo, el presidente viajó al exterior. Mientras tanto, en Colombia los escándalos no cesaron como las revelaciones de la Fiscalía de las andanzas de Nicolás Petro y del ingreso de dinero a la campaña, revelado por CAMBIO, por parte de Diego Marín, alias Papá Pitufo, el “zar del contrabando”, un negocio que mueve 8.500 millones de dólares al año.

La sensación del vacío de poder

Al margen de esto, la sensación en buena parte de la ciudadanía es la de un vacío de poder en varias áreas. En materia de seguridad, por ejemplo, la crisis en el Catatumbo, Chocó y Cauca da la impresión de que el sector defensa está sin dirección. La oposición ha aprovechado esta circunstancia para insistir en su tesis de que no solo no existe una estrategia de seguridad, sino que, más grave aún, el Gobierno ha limitado la capacidad de acción de las fuerzas armadas.

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Juan Fernando Cristo fue reemplazado por Gustavo García Figueroa, quien era su viceministro.

En el sector salud ocurre algo similar. Es muy posible que Guillermo Alfonso Jaramillo continúe en su cargo, pero no solo los opositores, sino también asociaciones de médicos y pacientes, consideran que el deterioro en esta área ha sido evidente.

En el terreno político, las deficiencias quedaron en evidencia durante las atropelladas sesiones extraordinarias convocadas exclusivamente para discutir la reforma a la salud y en las que solo se aprobaron siete artículos en dos días. Allí se hizo patente la fragilidad del Ejecutivo, representado por un ministro del Interior, Gustavo García Figueroa, quien se acaba de lanzar al agua en medio de semejante turbulencia, y por un Jaramillo que se muestra desafiante hasta con la Corte Constitucional.

De hecho, el exministro Alejandro Gaviria lo cuestionó por su postura frente a la orden del alto tribunal sobre el reajuste de la Unidad de Pago por Capitación (UPC). “Le está tomando el pelo a la Corte Constitucional, lo que tiene consecuencias sobre la salud en Colombia.”

Así está la situación a un año y cinco meses de que el presidente Petro deje la Casa de Nariño. Y a solo un año de las elecciones parlamentarias, una prueba de fuego en donde los electores premiarán o castigarán al Pacto Histórico, en particular; y a la izquierda, en general.

Un gabinete inestable

El remezón ministerial, precedido por varias salidas anunciadas con anticipación, deja de paso en evidencia la inestabilidad de alto gobierno. En los 30 meses que han transcurrido de esta administración, han pasado 45 funcionarios por los 19 ministerios. Es posible que con los nuevos nombramientos la cifra llegue a 51. Con los que ya llegaron, ¿podrá el presidente Petro articular un equipo ganador? ¿Tienen ellos la suficiente experiencia para darle la pelea a la oposición que se mostrará más dura?

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El presidente Gustavo Petro y Armando Benedetti.

Tras el consejo de ministros en directo, las cosas no han fluido como se esperaba. Los analistas consideran que Petro perdió una semana valiosa al embarcarse en una gira por países árabes, en lugar de atender los asuntos internos. No solo estuvo en una cumbre de inteligencia artificial de menor relevancia que la realizada en París en esos días, sino que al irse su mensaje fue de cierto desdén ante la magnitud de los problemas.

Y sobre la mesa están vigentes las dificultades que no dan espera. A esto se suma que los plazos formales para la aprobación de algunos de los proyectos emblemáticos del Gobierno, están en el filo de la navaja. Desde la segunda mitad de este año, la mayoría de los legisladores comenzará a enfocarse en sus campañas para la reelección o para apoyar a sus sucesores, lo que reducirá aún más la atención en el debate legislativo.

Petro habló de abrir su gobierno pero al marcharse quedó la sensación de que mientras él salía Armando Benedetti se atornillaba y lo ponía a girar a su alrededor. Nadie sabe con precisión por qué el presidente se la ha jugado así por este camaleónico personaje, lo cierto es hasta ahora los dolores de cabeza que le ha provocado son mayúsculos.

El presidente, sin embargo, aún tienen un margen de maniobra para avanzar. El analista político Gabriel Cifuentes considera que en este propósito, Petro buscará una combinación de factores en el gabinete que a estas horas está diseñando: “No creo que haya una decisión radical en un solo sentido. No será un gabinete puramente técnico ni uno eminentemente político. Habrá una combinación. Permanecerán quienes, por distintos criterios, no tengan aspiraciones electorales para 2026 y quienes hayan mostrado resultados”.

La hora de los viceministros

Además, señala que algunos ministerios serán ocupados por viceministros para evitar empezar procesos desde cero, especialmente en carteras con grandes apuestas de gobierno en marcha. Sin embargo, queda por definir quién asumirá Defensa, un ministerio clave que atraviesa una profunda crisis y que requiere una figura con conocimiento y experiencia.

También se especula sobre qué sucederá con Vivienda y Transporte, dos ministerios altamente codiciados debido a la cantidad de recursos y proyectos que manejan en las regiones. Hasta ahora, desde Palacio extraoficialmente se ha dejado saber que el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (MinTIC) que quedará en manos del Partido de la U.

En definitiva, dice Cifuentes, lo que se observa es una recomposición ministerial que incluirá figuras con perfil técnico para ejecutar los proyectos más importantes, pero también un fuerte componente político para mejorar la relación con los partidos en el Congreso y, en última instancia, para preparar el terreno de cara a la campaña de 2026.

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Una imagen del consejo de ministros televisado en directo.

En esta línea, es muy posible que en las carteras permanecerán quienes, por distintos criterios, deban quedarse. Es decir, aquellos que no tengan interés en postularse en las elecciones y, por lo tanto, no busquen inhabilitarse, así como quienes hayan mostrado buenos resultados.

Por ejemplo, sería difícil pensar que el ministro de Comercio (Luis Carlos Reyes) o la ministra de Ciencia y Tecnología (Yesenia Olaya) sean removidos, ya que, además, son carteras que no suelen ser tan atractivas políticamente.

Otro grupo de ministros tendrá un perfil más político, con mayor margen de maniobra para el presidente. Un caso es la llegada de Antonio Sanguino a Trabajo. Más allá de lo que se dice sobre la entrada del “claudismo” al gabinete, lo cierto es que llega una persona cercana a la dirigencia del Partido Verde, como Carlos Ramón González (exDapre y amigo personal del presidente) y Carlos Amaya (gobernador de Boyacá), quien ha ido recuperando su poder político.

Sanguino apoyó al presidente Petro durante la campaña y tiene una historia política similar a la suya. Además, su experiencia como senador y concejal le permitirá desenvolverse con soltura en el ámbito político, facilitando el diálogo con sectores afines al gobierno. En su contra, tiene un proceso penal por un presunto hecho de corrupción cuando fue concejal en Bogotá.

Todos con la mirada en el 2026

El experto en comunicación política y docente de la Universidad Javeriana, Carlos Arias, considera que si bien ya se han modificado los rostros de varias carteras, aún no hay certezas sobre cómo será el recambio ministerial en su totalidad. Pero él identifica dos tendencias:

  1. Ministros jóvenes o activistas, sin conocimientos técnicos sólidos ni experiencia, pero cercanos al presidente y a sus principales aliados.
  2. Ministros que representan partidos de coalición, no necesariamente tradicionales, pero clave para el proyecto político de 2026.

Según Arias, esta segunda categoría incluiría figuras del Partido Verde -como es el caso de Sanguino- e incluso del Partido Liberal y el Partido Conservador, aunque no necesariamente de sus sectores más distantes del Gobierno.

Por su parte, la analista política María Jimena Escandón sostiene que está claro que: “Varias carteras aún están en proceso de negociación bajo la gestión de Armando Benedetti”.

En este trayecto, hay dificultades, advierte ella. La principal es el impacto reputacional para quienes se sumen a un gobierno con una imagen desgastada y cuestionada por casos de corrupción. La segunda es consolidar logros y sacar adelante los proyectos de cada sector porque desde el momento en el que presidente mostró los puntos que se han cumplido y los que no, es natural que la ciudadanía lleve nota de estas cifras.

En este sentido, Benedetti, un operador político experimentado, seguramente encontrará figuras dispuestas a priorizar sus intereses personales, viendo en un ministerio un logro aspiracional, a pesar del incierto panorama político y de la crisis institucional que atraviesa el país.

No es fácil, sin embargo, buscar ministros altamente capacitados en este contexto. La analista María Lucía Jaimes advierte que asumir un ministerio en la actualidad implica un alto costo político, debido a la situación fiscal del país y al bajo porcentaje de cumplimiento del Plan Nacional de Desarrollo. A estas alturas, concluye ella “nadie quiere quedar marcado por el desgaste del gobierno”.

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