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País

El presidente Petro pierde impulso en la calle

Un manifestante a favor del presidente Petro.

Si el Congreso aprueba la reforma laboral —aún falta el debate en la plenaria y la conciliación—, su propuesta de consulta popular quedará en duda, lo que lo obligaría a replantear su estrategia. Estas son las cinco razones del fracaso del paro nacional. Análisis.

Por: Armando Neira

El paro nacional promovido por el gobierno del presidente Gustavo Petro fracasó. El uso de esta herramienta social para presionar al Congreso en busca del aval necesario para convocar la consulta popular no tuvo éxito. Estas son las cinco razones por las que, en esta ocasión, los ciudadanos no acompañaron al mandatario.

1. El Congreso se movió

En el pulso entre el Ejecutivo y la mayoría opositora en el Parlamento, este último reaccionó. Al trabajar con disciplina y a contrarreloj en la aprobación del proyecto de reforma laboral —revivido también por el Congreso—, la tesis del presidente Petro sobre un presunto bloqueo institucional perdió fuerza.

Muchos ciudadanos que, por ejemplo, marcharon el 1° de mayo, argumentaban que el Congreso se había interpuesto como una “mula muerta” en el camino de las reformas sociales del mandatario, por lo que era necesario salir a respaldarlo.

Al comenzar la semana reinaba el escepticismo sobre el papel del Legislativo. Sin embargo, la Comisión Cuarta del Senado escuchó las tres ponencias radicadas. En consenso, la comisión se acogió a la ponencia mayoritaria, liderada por los senadores Juan Felipe Lemus (partido de la U) y Angélica Lozano (partido Verde), con 13 votos a favor y 2 en contra.

En el texto aprobado quedaron los dos puntos de mayor interés para el Gobierno: el recargo dominical y festivo al 100 por ciento y el inicio de la jornada nocturna desde las 7:00 p. m., incluyendo a las pequeñas y medianas empresas (mipymes).

Aun así, falta el paso por la plenaria del Senado y la conciliación con el texto aprobado en la Cámara. La iniciativa debe quedar lista antes del 20 de junio, fecha en que terminan las sesiones ordinarias del período legislativo. De no ser así, seguro, habrá un Petro recargado.

2. La calle tiene techo

No ha habido en la historia reciente de Colombia un líder con la capacidad de convocatoria callejera como Gustavo Petro. Cuando, de manera insólita, el entonces procurador general, Alejandro Ordóñez, intentó destituirlo de la Alcaldía Mayor de Bogotá, arrebatarle sus derechos políticos y excluirlo del escenario democrático, el actual presidente se subió al balcón del Palacio Liévano con micrófono en mano y comenzó un ritual diario: se dirigía a una multitud que vibraba con cada una de sus palabras.

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Aspecto de una manifestación política reciente en la Plaza de Bolívar de Bogotá. FOTO: Colprensa - Lina Gasca

Durante la posesión de Iván Duque, el 7 de agosto de 2018, Petro convocó de nuevo a sus seguidores a la misma hora para hacer contrapeso al discurso presidencial. En la campaña de las elecciones de 2022, realizó un centenar de manifestaciones masivas, incluso a pesar de amenazas de muerte. Usó chaleco blindado y estuvo rodeado por escoltas con escudos para dirigirse a las multitudes que lo aclamaban.

Ya en el gobierno, su entonces mano derecha, Laura Sarabia, anunció en su cuenta de X (antes Twitter): “¡Vuelve el presidente Petro al balcón!”. Y así fue. Al principio, las manifestaciones fueron auténticas expresiones de confianza. Con el paso del tiempo y el natural desencanto de los electores, desde Palacio se articuló una fuerza con la minga indígena y los sindicatos especialmente la Central Unitaria de Trabajadores, CUT y Fecode para mostrar mayor presencia.

Pero la emoción se ha ido diluyendo. Además, muchas personas están fatigadas. Según cifras de la Secretaría de Gobierno de Bogotá, en lo que va de este año se han registrado 640 movilizaciones en la ciudad, un promedio de cuatro por día. Comparado con el mismo período de 2023, cuando hubo 605 movilizaciones, hay un aumento del 5,4 por ciento. Con semejante frecuencia de protestas y demandas tan disímiles, es evidente que el recurso de la calle comienza a agotarse. “El tal paro total de Petro resultó un fracaso total. Tanto rueda el cántaro al agua…”, resumió el analista Juan Carlos Flórez.

3. ¿A quién representa realmente el pueblo?

“Yo soy el pueblo”, decía Jorge Eliécer Gaitán en el siglo pasado. En este, el presidente Gustavo Petro se reivindica como el auténtico representante del pueblo. Durante la campaña no hubo otro como él para sintonizarse con el pensamiento de buena parte de los colombianos, especialmente los sectores populares.

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“Los convoco a reunirnos en cabildo abierto en todos los municipios de Colombia, en la plaza, en donde puedan. Si llueve, bajo el techo del concejo municipal, para esperar y tomar decisiones, para debatir en asamblea permanente”, dijo el presidente Gustavo Petro. FOTO: Presidencia.

Ya no es lo mismo. Durante este miércoles y jueves se vivieron escenas inéditas: señoras con pequeños negocios, vendedoras de empanadas, obreros en bicicleta y estudiantes de universidades públicas enfrentaban a quienes intentaban imponer bloqueos, exigiendo que los dejaran trabajar o estudiar con normalidad.

No fueron los sectores que el presidente suele llamar oligárquicos, riquitos, blanquitos, fascistas o esclavistas, sino personas humildes que comienzan a sentir que ya el cariño no es el mismo.

Un diagnóstico que se escuchaba en foros y en los análisis de los medios de comunicaciones. Antes del paro, en los núcleos petristas se refutaba esta idea con el argumento de que la verdadera encuesta es la calle. Con lo sucedido, esta afirmación también perdió fuerza.

Una impresión que se suma a los sondeos cuyas cifras tampoco son favorables. En el promedio ponderado de las encuestas, Petro tiene entre un 28 por ciento y un 33 por ciento de favorabilidad, pero también entre un 70 y un 75 por ciento de desfavorabilidad. “Estaré dispuesto a cumplir la voluntad del pueblo”, dijo Petro desde China, cuando calificó como “un hecho dantesco” el que el Senado de la República le rechazara la proposición de consulta popular impulsada por el Gobierno. Ese pueblo, como se vio, está empezando a pedirle que rectifique.

4. El factor Racero

El gobierno del presidente Petro había sido hábil para imponer su relato y eclipsar los problemas. Pocas administraciones han enfrentado tantos escándalos originados por fuego amigo. Para otro presidente habría sido imposible encubrir hechos como tener a un hijo ante la justicia por apropiarse de fondos de campaña o a sus ministros del Interior y de Relaciones Exteriores acusándose públicamente, con audios incluidos, en los que el maltrato a la mujer es evidente. Pero la acumulación de escándalos finalmente pasó factura.

En la coyuntura actual, la gente dudó. Las denuncias de explotación laboral y tráfico de influencias contra el representante a la Cámara David Racero —expresidente de esa corporación y figura cercana al presidente—, en vísperas del paro nacional, afectaron la credibilidad del llamado.

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La Procuraduría General de la Nación ordenó la apertura de una indagación previa contra el representante a la Cámara, David Racero Mayorga, y el director del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), Jorge Eduardo Londoño Ulloa, por la comisión de presuntas irregularidades en la contratación de esta última entidad. FOTO: Colprensa

Incluso figuras del propio Pacto Histórico han señalado que hay que predicar con el ejemplo. Convocar una movilización en contra de quienes afectan a los trabajadores, mientras uno del mismo movimiento viola normas básicas de contratación, genera dudas razonables entre quienes estaban dispuestos a marchar.

“Presidente Petro: usted no puede refugiarse en una supuesta superioridad moral de la izquierda. Hay personajes intachables de izquierda. Y hay empresarios decentes. Su visión maniquea de unos seguidores suyos impolutos y unos adversarios esclavistas desalmados no solo es insostenible empíricamente, sino que tiene una raíz muy distante del Estado de derecho”, aseguró Humberto de la Calle.

Y mientras el presidente mantiene un tono confrontacional, desde los sectores que lo respaldaron en las urnas comienzan a criticar. “En este país toca hacer paro para que el Gobierno firme… y otro paro para que cumpla”, dice Richard Fuelantala Delgado, senador por la Circunscripción Especial Indígena.

5. Mentiras verdaderas

Los actores políticos mienten con frecuencia. Pero una cosa es engañar a los opositores y otra muy distinta es hacerlo con los propios seguidores y que estos se den cuenta.

El ministro del Interior, Armando Benedetti, fue uno de los principales responsables del fracaso de la consulta popular. No logró mantener el respaldo de miembros del propio Pacto Histórico, como Martha Peralta Epieyú, y, por si fuera poco, alegó que hubo fraude.

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Armando Benedetti, ministro del Interior; y Gustavo Petro, presidente de la República, en el cabildo abierto en Barranquilla.

Su reacción fue tan desmedida que intentó agredir al secretario del Senado, Diego González.

Al final de esa jornada, un fotógrafo de Semana, Guillermo Torres, captó en su celular una conversación con el presidente Petro sobre cómo convocar la huelga.

Petro, por su parte, en un consejo de ministros y en el cabildo abierto de Barranquilla, impulsó de forma clara la movilización. Ambos ahora toma distancia del paro. “Que Petro y Benedetti se hagan cargo del fracaso de la huelga nacional que convocaron y dejen de echarle la culpa al movimiento social”, afirmó Juan Sebastián López Mejía, abogado y profesor de la Universidad Externado.

La oposición, por supuesto, ha difundido videos que evidencian las contradicciones de Petro y Benedetti. El Gobierno enfrenta un desafío mayor: el creciente desencanto de sus propios votantes.

Por eso, durante estos dos días no se vieron movilizaciones políticas masivas, sino actos protagonizados por algunos encapuchados que, con facilidad, bloquearon sistemas de transporte como TransMilenio en Bogotá. Basta con un par de personas en la estación de la 170 y otra en la estación de Usme para alterar la movilidad y obligar a más de dos millones de personas a caminar. Estos elementos deberían ser analizados por un gobierno que prometió el cambio y al que, con urgencia, se le agota el tiempo.

“Este es un gobierno que tiene la capacidad para confrontar, para destruir, para dañar, pero no es capaz de construir. El presidente Petro es un maestro de las cortinas de humo”, dice el aspirante presidencial Sergio Fajardo.

Epílogo

En las últimas horas, el presidente Petro y el ministro Benedetti comenzaron a abrir la puerta a la posibilidad de retirar la convocatoria a la consulta popular si el Senado aprueba la reforma. “Se podría pensar en no hacer la consulta” si sale adelante la reforma, dijo Benedetti.

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Angélica Lozano | Crédito: Colprensa.

El Senado deberá debatir y votar la reforma laboral con criterio, pero tomando nota de que, aunque se hayan cometido errores en la Casa de Nariño, el presidente aún tiene la capacidad de retomar el rumbo y con más bríos.

Mientras tanto, en el ambiente gravita una idea arriesgada planteada por el Gobierno en las últimas horas: convocar por decreto la consulta popular, desconociendo la negativa del Senado y sin acudir a las autoridades judiciales, que son las encargadas de definir si tiene o no razón en las denuncias sobre presuntas irregularidades en la votación del 14 de mayo.

Petro alegará que actúa en defensa del pueblo. Es una frase tan impactante como incierta. Lo que está en juego es quién ganará el poder en 2026. Cierto o no, al presidente lo señalan de tener dificultades para ofrecer soluciones ante los problemas y de no saber ejecutar.

“Mientras el Senado aprueba en un solo día el tercer debate de la reforma laboral, el Gobierno llama a jornada de paro nacional y amenaza con convocar la consulta por decreto”, dice Luis Ernesto Gómez. “En 2026, los colombianos elegirán entre líderes que resuelven problemas y líderes que los crean”, concluye.

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