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Angelika Helberger, la primera mujer en comandar un avión de pasajeros en Colombia.
País

“Me echaron por parir”: la historia de la primera mujer en volar un avión comercial en Colombia

Angelika Helberger Frobenius, nacida en una familia aristocrática de Fráncfort y nieta del importante etnólogo Leo Viktor Frobenius, llegó a Colombia en 1959 con 19 años, fue actriz, modelo, azafata, reportera ecológica, vendedora de huevos, activista de los derechos reproductivos de las mujeres, sindicalista y madre cabeza de familia. Y la primera mujer en comandar un avión en el país. Les contamos la convulsa y apasionante historia que atravesó para lograrlo.

Por: Juan Francisco García

A mitad de los años sesenta Angelika Herbelger Frobenius se armó de valor y fue hasta la oficina de Avianca en el centro de Bogotá para hacerse atender por Juan Pablo Ortega, su entonces presidente. Mirándolo a los ojos, disimulando los temblores de la voz, le contó su propuesta con firmeza: que quería que la compañía le pagara el curso de piloto comercial y se comprometiera a contratarla como copiloto de uno de sus aviones DC-3. En reciprocidad, Herbelger pagaría los gastos asumidos por Avianca, mes a mes, con su sueldo.

Después de un silencio largo y una estruendosa carcajada, impactado por la temeridad de la alemana de ojos tan verdes que enunciaba sus planes con la fuerza de una premonición, Ortega le dio su palabra: “Si usted vuelve con su licencia de piloto comercial en el bolsillo, le prometo que la ayudo a que efectivamente entre a volar”.

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Angelika Helberger en una sesión de fotos de cuando fue modelo antes de decidirse por volar. Créditos: cortesía Marvan Szekely Helberger

PC I468 fue el número de identificación aérea con el que volvió a golpear su puerta, años después, cuando por fin sorteó los obstáculos del camino hacia el cielo y se hizo paso entre el machismo aberrante de la industria aérea, los malabares financieros para completar las horas de vuelo y la burocracia sin cuartel para nacionalizarse y homologar su cartón de bachiller (que casi no recibe por no saber recitar, de memoria, nuestro himno nacional).

Para acelerar los trámites de nacionalización que las autoridades aéreas exigían a los pilotos extranjeros, irrumpió en la oficina de Virgilio Barco, entonces alcalde de Bogotá, para ocuparse personalmente de que su secretaria consiguiera la firma del certificado. Hizo lo mismo en el despacho de Relaciones Exteriores, con Alfonso López Michelsen a la cabeza, cuando le informaron que el doctor estaba demasiado ocupado para concluir el trámite. Se sentó a tejer en la sala de espera con el ademán de las abuelas a las que nada ni nadie logra impacientar. Diez minutos después, la secretaria de Michelsen apareció con la firma.

Después de varias reuniones insípidas en las que el presidente de Avianca se las ingenió para desoír su promesa, rendido ante la obstinación de Helberger, Ortega le informó que en la Sociedad Aeronáutica de Medellín (SAM) había cuatro vacantes disponibles. El cupo, eso sí, se lo tenía que ganar.

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La Sociedad Aeronáutica de Medellín: cielo e infierno

Cuando estaba por terminar los exámenes técnicos de ingreso, esta vez como copiloto de los aviones DC-4 –según escribió en Sola contra el mundo, la autobiografía que le publicó Penguin Random House en marzo de 2015–, el abogado de la empresa la llamó para informarle que los pilotos, en grupo y escandalizados por el hipotético ingreso de una mujer a sus cabinas, habían firmado una carta amenazando con renunciar. ¿Y a dónde se van a ir?, fue la respuesta con la que Helberger zanjó el asunto. “Se conocían dos clases de mujeres: con las que se casa uno y con la que uno se divierte. Otra cosa, impensable”, escribió.

Sola contra el mundo, ardiendo en fiebre, fue la mejor en los exámenes finales de vinculación y el instructor de vuelo, que hizo todas las argucias a su alcance para rajarla, no pudo sino certificar que la colombo-alemana podía volar un DC-4 al derecho y al revés. El 2 de septiembre de 1970, la Sociedad Aeronáutica de Medellín y Angelika Helberger Frobenius celebraron el primer contrato de una mujer copiloto en Colombia.

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Contrato entre SAM y Angelika Helberger viuda De Chand, el primero en celebrarse entre una mujer y una compañía aérea en Colombia.

Tras firmar el contrato, se fue a vivir a Medellín para encargarse, desde el Olaya Herrera, principalmente de la ruta Medellín-San Andrés–Miami–San Andrés–Medellín. Fue gracias a las rutas domésticas –a Cúcuta, a El Bagre, a Planta Rica– que aprendió a esquivar los obstáculos inéditos en las pistas de los pueblos y ciudades intermedias, como aquel burro adormilado y gris que su tripulación estuvo a punto de atropellar en Planta Rica, Córdoba.

En su libro, los recuerdos de sus primeros vuelos están marcados por el asombro, la gratitud, las nuevas amistades y un romance febril. Y por el contrabando exitoso de unas brújulas compradas en Miami e ingresadas al país por Cartagena que, aunque pasaron inadvertidas para la Aduana, le valieron la carta de despido de la compañía por una denuncia trapera de un piloto con quien había tenido encontronazos.

En la carta, firmada por el jefe de personal de SAM, Orlando Arias Valencia, el 14 de agosto de 1974, se lee: “El trato dado por usted al capitán García y el hecho de haber introducido una caja de cartón en el comportamiento hidráulico del avión en ese mismo vuelo cuando regresaba de Miami al país, constituye justa causa legal y reglamentaria para dar por terminado su contrato de trabajo, lo cual estamos haciendo a partir de la fecha de forma unilateral y sin indemnización”. El contrabando, sobre todo de whiskhy, era una práctica común entre los pilotos.

Casi dos meses después, el 8 de octubre –según Helberger gracias a la presión que ejerció por ella el empresario Fabio Echeverri Correa–, SAM la reintegró a la nómina, pero con la condición de que aceptara entrar 12 escalafones por debajo en la jerarquía de la organización: “lo que mostraba, a las claras, que lo menos que toleraban era que yo pudiera ser comandante algún día”.

La batalla entre Helberger, SAM y Avianca por el justo reconocimiento de la piloto en el escalafón jerárquico de las compañías fue una constante. CAMBIO conoció varias cartas que la mujer envío a los directivos para pedir explicaciones por el incumplimiento sistemático para ascenderla en razón de su antigüedad y experiencia.

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Reclamo formal de Helberger por el incumplimiento en su promoción en el escalafón jerárquico de las compañías SAM y Avianca.

Para la fecha del reintegro, la nacida en Fráncfort sabía pilotear DC-3, DC-4 y el Lockheed Electra –el Rolls-Royce del aire en ese momento–, competencias absolutamente inéditas para una mujer en los años setenta. Pero el coctel de -convulsa-sindicalista-hermosa-indócil en un entorno tan machista, patriarcal y rancio se le convirtió en el infierno que previó desde que vio las miradas inquisidoras y crueles con las que sus compañeros aceptaban, envenenados, compartir tripulación con ella. Infierno exacerbado por su actitud desafiante ante los abusos de altos directivos, pilotos y colegas que no desperdiciaban oportunidad alguna para acosarla con reiteradas invitaciones e insinuaciones íntimas.

El 4 de julio de 1977, por recortes de personal en SAM, Helberger fue trasladada a Avianca, con el mismo contrato, para entrenarse como copiloto del novedoso jet Boeing 727. Allí, el infierno se haría peor y peor.

“Me echaron por parir”

A Kira Helberger, su segunda hija, la tuvo al poco tiempo de su llegada a Avianca producto de un romance con el instructor de tierra del Boeing 727 que le asignó la compañía. En principio fue un embarazo subrepticio, hasta que después del quinto mes, físicamente no le fue posible seguir con las simulaciones de vuelo ni disimular la creciente barriga que yacía por debajo del uniforme diseñado por el sastre de la compañía. Volvió a funciones dos meses después de un parto con muchas complicaciones para, de nuevo, sorprenderlos a todos con un rendimiento sobresaliente en el entrenamiento –directamente en el avión, pues ya no había tiempo para la etapa de simulación–. El 29 de enero de 1977 fue copiloto, por primera vez, del Boing 727 de Avianca.

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Reconocimiento oficial de Avianca para Helberger por su primer vuelo como copiloto del Boing 727.

De bienvenida –escribe en Sola contra el mundo–, le hicieron saber que gracias a ella y a su embarazo deshonroso la compañía había decidido negarle el ingreso a varias mujeres que habían pasado de la mejor manera los exámenes de vinculación. En represalia por la queja por discriminación impuesta por Helberger ante la presidencia de la compañía, para ponerla a prueba, según ella, la trasladaron a Bogotá. En donde quedó embarazada de Marvan, su segundo hijo; lo que desató la furiosa embestida machista de los directivos de la empresa.

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Entrevista de Angelika Helberger ante un medio independiente después de su despido sin justa causa.

Uno de los capitanes de entonces, de apellido Ardila, le informó con mucha inquietud que la investigación interna de Avianca había arrojado que Helberger no tenía marido fijo, y que estaban consternados por su resistencia a tomar pastillas anticonceptivas después del primer embarazo en la compañía. El jefe mayor, el capitán De la Cruz, le preguntó con seriedad de padre cuidador que si era cierto que el hijo que venía en camino tenía un padre distinto al de su primera hija. El médico de la empresa se sumó al horror de sus patrones y le preguntó en voz alta si acaso no era consciente de lo duro que es la vida como para seguir pariendo impunemente.

El 15 de abril de 1980, todavía en los primeros tres meses de lactancia, recibió la carta de despido sin justa causa. La echaron, como lo dijo muchas veces, por parir.

El pleito con Avianca

En razón de que el despido de Helberger por parte de Avianca se dio cuatro días antes de que cumpliera su periodo de lactancia, la copiloto demandó a la compañía con la consigna de recuperar su trabajo por violar los artículos 239 y 240 del Código Sustantivo del Trabajo vigente a la fecha, que establecían que no se podía despedir a ninguna trabajadora por “motivo de embarazo o lactancia”, periodo que cubre hasta los tres meses posteriores al parto, y que en caso de que se quisiera hacerlo, se debía contar con la autorización del “inspector del Trabajo, o del alcalde municipal en los lugares en donde no existiere tal funcionario”

En la demanda, además, Helberger exigió que el despido fuera declarado nulo y que se le reintegrara a su cargo bajo el argumento de que Avianca había desatendido la octava cláusula de la Convención Colectiva de Trabajo de Sintrava (Sindicato Nacional de Trabajadores de Avianca), que no permite despedir sin justa causa a los trabajadores que hayan trabajado de forma continua durante ocho años o más.

El fallo del Juzgado Segundo Laboral del circuito de Bogotá, que conoció este medio, absolvió a Avianca de ambas exigencias bajo los argumentos de que, la ley no contempla reintegrar a las personas que han sido despedidas sin justa causa, sino que tienen derecho a una indemnización económica (que nunca recibió); y, sobre la cláusula del sindicato, dijo que no era procedente porque Helberger estaba, en el momento de los hechos, suscrita a dos sindicatos al mismo tiempo.

En una de las audiencias del caso, la representante legal de Avianca afirmó que el despido de la copiloto no tuvo que ver con el embarazo, sino con un “tremendamente bajo rendimiento en sus funciones”, así como con repetidos actos de indisciplina y problemas relacionales con sus colegas. La defensora de Avianca afirmó ante el juzgado que desde el 4 de julio de 1977, cuando ingresó, hasta el 15 de abril de 1980, cuando fue despedida, la copiloto voló 570 horas, mientras que sus compañeros (hombres todos), en el mismo lapso, volaron un promedio de 4.000.

Sobre sus dos embarazos, la defensora argumentó que “igualmente conviene indicar que durante el mismo lapso de tiempo la capitana estuvo incapacitada 280 días y fuera de línea por razón de los dos embarazos 126 días y si a esto se suman los 90 días de vacaciones a los que de acuerdo con la reglamentación tenía derecho, es fácil deducir que los días laborados por la señora Helberger fueron mínimos”.

Fe de erratas y hacer memoria, 45 años después

Aunque la ley le dio la razón a Avianca y desestimó las exigencias económicas y laborales de Angelika Helberger Frobenius, ya no se puede poner en duda que la colombo-alemana fue la pionera de las mujeres al mando de aviones comerciales en Colombia. Así mismo, conviene dejar en claro que fue despedida durante el periodo de lactancia y sin justa causa, según lo aceptó la representante legal de Avianca durante el pleito, 45 años atrás.

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El certificado con el que la Aeronáutica Civil de Colombia reconoce a Angelika Helberger como la pionera en volar en el país.

Si bien es evidente que fue una empleada problemática, que incurrió en actos disciplinarios graves, lo realmente relevante de su historia es la tenacidad, la rebeldía y la determinación con las que forjó el espacio para las mujeres en un entorno diseñado y manejado exclusivamente por hombres y para hombres –y profundamente machista–. Su paso por la compañía, sin lugar a dudas, aceleró la realidad de mujeres al mando de aviones comerciales, lo que no hubiera sido posible sin su carácter indócil, determinado y desafiante. Son las mujeres como Helberger, incómodas para el discurso corporativo y “de hacer país” las que a lo largo de la historia han logrado resquebrajar las estructuras más rancias del patriarcado.

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Angelika Helberger celebra su cumpleaños. Créditos: cortesía Marvan Szekely

El 23 de junio, publicamos la historia de Maribel Porras, reconocida por Avianca como la primera mujer piloto de la compañía. Aunque su historia es fascinante y merece todos los reconocimientos, es inexacto seguir nombrándola como pionera en el país. La primera mujer en comandar un avión, así en el escalafón haya quedado como “copiloto”, se llama Angelika Helberger Frobenius, que comprometió el cuerpo y la psique para hacerlo.

*Amablemente, sobre este caso, Avianca le respondió a CAMBIO que, efectivamente, reconoce que Angelika Helberger precedió a Maribel Porras en una tripulación de la compañía. Sobre el pleito entre Helberger y Avianca, respondieron que la compañía “ganó el caso tras haber surtido el debido proceso”.

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