Ir al contenido principal
El presidente de Colombia, Gustavo Petro; el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Poder

Tras acusación de Trump a Petro de ser un ‘líder del narcotráfico’, ¿ahora qué sigue?

El presidente de Colombia, Gustavo Petro; el presidente de Estados Unidos, Donald Trump

El republicano equipara al mandatario colombiano con Nicolás Maduro. Crece la preocupación por el aumento de los aranceles a los productos nacionales, que hasta ahora son del 10 por ciento. ¿Cómo resolver la grave crisis abierta entre Washington y Bogotá? Análisis de CAMBIO.

Por: Armando Neira

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cruzó una línea impensable la mañana de este domingo al acusar a su homólogo colombiano, Gustavo Petro, de ser “un líder del narcotráfico que incentiva la producción masiva de drogas”, de tolerar su cultivo y, en consecuencia, anunciar que pondrá fin a las “ayudas y subsidios” al país para enfrentar este problema.

Se trata de un punto de inflexión en una relación en permanente enfrentamiento. Si continúa la guerra verbal entre ambos presidentes, solo habrá derrotados. A corto plazo, alguno podría anotarse una victoria, pero sería efímera frente a las graves consecuencias para ambos mandatarios y, sobre todo, para las sociedades de los dos países.

Hasta el sábado, Trump tenía en la mira a un solo enemigo en la región: Nicolás Maduro, quien usurpó el poder en Venezuela, a quien acusa de ser el líder del Cartel de los Soles, una organización criminal que irriga de drogas ilícitas a su país. Ahora equipara a Petro con él. “Usted es grosero e ignorante con Colombia”, le respondió el mandatario colombiano.

En la tarde del domingo, entre los gremios económicos y los sectores de la producción se percibía preocupación por la amenaza revelada por el senador Lindsey Graham, cercano a Trump, quien, tras conversar con su presidente, afirmó que este estaba decidido a imponer “importantes aranceles” a Colombia como parte de su estrategia en la lucha contra el narcotráfico.

Alocución del presidente Petro sobre Trump
Gustavo Petro, presidente de la República de Colombia. Foto: Presidencia - Juan Cano

Desde que asumió el poder, Trump ha demostrado su preferencia por el término “arancel” y lo ha aplicado sin titubeos, incluso contra potencias como China.

Según explicó Graham, Trump aseguró que golpearía “no solo a los narcotraficantes, sino también donde más duele: en el bolsillo”. Si esta amenaza se concreta, el impacto sería grave desde cualquier perspectiva. “Es correcto lo que dijo el senador Lindsey Graham”, dijo Trump desde el Air Force One en la noche. “Colombia está fuera de control”, aseguró.

El socio más importante

Estados Unidos es, de lejos, el principal socio comercial de Colombia. Las exportaciones alcanzan los 8.811 millones de dólares, equivalentes al 31 por ciento del total, según el DANE. En promedio, más de 3.000 empresas colombianas exportan cada año productos a ese país, lo que representa el 35 por ciento de las que venden al exterior, de acuerdo con la DIAN. Hasta ahora, los aranceles a Colombia están en un 10 por ciento, con algunos productos exentos. Lo que está en juego es de enorme trascendencia.

“Es realmente urgente bajarle la temperatura a este pulso”, dijo desde Nueva York Enrique Prieto Rivas, profesor de la Universidad del Rosario y visitante en la Universidad de Boston. “Lo sensato sería que, de parte y parte, los presidentes dejaran las discusiones en redes sociales y buscaran soluciones por la vía diplomática, a través de los embajadores, en honor a una relación que supera los 200 años de historia. Sin duda la salida debe ser diplomática”, afirmó en la noche de este domingo el ministro del Interior, Armando Benedetti.

Sin embargo, la solución no parece cercana y definitiva. La acusación de Trump contra Petro —a quien calificó de ser un líder “que incentiva la producción masiva de drogas, tanto en campos grandes como pequeños, por toda Colombia”— no solo es errónea, injusta e inoportuna para los propios intereses de la Casa Blanca. Es posible que haya sido una decisión unilateral sin el análisis del Departamento de Estado.

Se suma además a una serie de sanciones que, lejos de mejorar las relaciones, las han deteriorado con rapidez: la descertificación del país en la lucha antidrogas (aunque condicionada y con un señalamiento directo a Petro), la revocación de la visa del presidente y ahora el anuncio de suspender toda ayuda económica para atacar ese flagelo. Son páginas de un manual sobre cómo minar las relaciones bilaterales entre países.

“No hay ninguna evidencia que sugiera que Gustavo Petro, presidente de Colombia, sea un narcotraficante, ni esta es una forma aceptable o tolerable de tratar a un mandatario y, por extensión, a un país entero”, afirmó la internacionalista Sandra Borda.

Que Petro haya sido imprudente y provocador con su homólogo estadounidense no lo convierte en autor del delito que más profundas heridas ha causado al país. “Le recomiendo leer bien a Colombia y determinar en qué parte están los narcos y en qué parte están los demócratas”, replicó Petro al poderoso mandatario. Como se ha vuelto habitual, no duda en mostrar que está en las antípodas ideológicas de su homólogo estadounidense.

Soplan vientos de invasión

La diferencia es que este episodio ocurre en un contexto de extrema sensibilidad regional, en el que soplan vientos de invasión con la excusa de combatir a los narcos. Trump prometió a sus votantes en campaña frenar el tráfico de drogas hacia su país. Según datos del Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS, por su sigla en inglés), unas 100.000 personas mueren cada año en Estados Unidos por sobredosis, y la expansión del consumo de fentanilo se ha convertido en una epidemia.

Donald Trump en el Despacho Oval
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Reuters

En esa cruzada, Trump ha desplegado un asedio militar sobre Venezuela con varios buques de guerra y miles de infantes de marina pertenecientes al Grupo Anfibio de Despliegue Inmediato Iwo Jima, compuesto por los buques de asalto anfibio USS Iwo Jima, USS San Antonio y USS Fort Lauderdale.

Se trata de la mayor movilización militar de la primera potencia del planeta en el continente. Al principio se creyó que el objetivo era intimidar a Nicolás Maduro, a quien Trump acusa de liderar una auténtica mafia y de enviar a Estados Unidos a integrantes del Tren de Aragua para que cometan crímenes. Por su captura ofreció 50 millones de dólares, el doble de la recompensa que en su momento se ofreció por Osama Bin Laden.

Con el paso de los días, la tensión ha aumentado hasta el punto de que Trump reconoció haber autorizado operaciones de la CIA en el terreno. Hasta ahora las acciones han sido marítimas y aéreas; pasar al territorio sería un desafío de consecuencias imprevisibles.

Por lo visto, Trump no está jugando. Va en serio. Ello explicaría el despliegue de helicópteros de operaciones especiales de la Armada y el Ejército —modelos MH-6 Little Bird y MH-60 Black Hawk—, diseñados para inserciones rápidas, apoyo aéreo, reconocimiento y rescate en combate.

Maduro teme una invasión inminente. El análisis de imágenes satelitales y de vuelo confirma incursiones a menos de 145 kilómetros de la costa venezolana, sobre zonas marítimas próximas a plataformas petroleras y de gas.

El grave impacto de tumbar a Maduro

En esta línea, Petro, esta semana, hizo varios pronunciamientos. El miércoles, desde Puerto Asís (Putumayo), advirtió: “No soy amigo de las políticas del actual Gobierno de Venezuela, porque no lo reconocí. No voy allá. Pero sé qué puede pasar en Colombia, y esa sí es mi responsabilidad si allá caen misiles o, como se anuncia hoy, si empieza por tierra una actividad violenta de agentes de la CIA”.

Luego reiteró su tesis de que el Cartel de los Soles no existe. Ya anteriormente había dicho que los integrantes del Tren de Aragua son muchachos que necesitan “amor” y “oportunidades”. Así se lo expresó en abril a la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, en una reunión en Palacio. Ella contó después que se declaró desconcertada.

Embarcaciones de la Armada de Estados Unidos en aguas cercanas a Venezuela.
Embarcaciones de la Armada de Estados Unidos en aguas cercanas a Venezuela.

No fue la única. En Estados Unidos, varios analistas interpretan estas afirmaciones no como gestos producto de poca información, sino como provocaciones deliberadas. En Washington recuerdan que Petro ya se enfrentó a Trump al negarse a recibir deportados esposados y desautorizó el ingreso de un avión en pleno vuelo, el 26 de enero, en otro episodio de un domingo crítico para las relaciones bilaterales.

Aquello derivó en una crisis diplomática y en el llamado inmediato de los respectivos embajadores. Aunque la situación se resolvió en menos de 24 horas, los gremios empresariales advirtieron sobre las graves consecuencias económicas que habría tenido de prolongarse. Ese es el temor que se volvió a instalar ahora.

Más recientemente, Petro acusó a Trump de ser “cómplice del genocidio en Gaza ejecutado por Israel”. Aunque en Washington intentaron restarles importancia a sus comentarios hechos en su red social X, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York las tensiones volvieron a escalar. 

No por lo que Petro dijo en el recinto, sino porque salió a la calle con un megáfono a pedir a las Fuerzas Armadas estadounidenses que desobedecieran a su comandante en jefe “para seguir la orden de la humanidad”.

Ese episodio motivó la decisión de retirarle la visa. El Departamento de Estado calificó sus actos como “acciones imprudentes e incendiarias”. Parte del gabinete de Petro también renunció a su visa en solidaridad con el presidente, incluida la canciller Rosa Villavicencio, lo que complica los esfuerzos diplomáticos, pues si quien debiese encabezar el diálogo no puede viajar, todo queda en estos momentos en manos del embajador Daniel García-Peña.

Declaraciones “ofensivas y desobligantes”

Por ahora, el Ministerio de Relaciones Exteriores “rechaza las declaraciones ofensivas y desobligantes al presidente de los colombianos, Gustavo Petro Urrego, y la amenaza directa contra la soberanía nacional”. 

La Cancillería señaló que Trump plantea “una intervención ilegal en territorio colombiano —y advirtió que acudirá— a todas las instancias internacionales en defensa de la soberanía del Estado y la dignidad del presidente”.

La administración estadounidense, por su parte, ha dejado abierta la posibilidad de luchar contra el narcotráfico en cualquier territorio, incluso el de una nación extranjera. Petro denunció públicamente que Estados Unidos “violó la soberanía nacional y asesinó a un colombiano inocente. Era un pescador, no un narcotraficante”.

Con este ataque suman siete las acciones de Estados Unidos contra embarcaciones que, según Trump, transportaban droga. Estas operaciones han costado la vida a 30 personas.

Trump y Maduro.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos; y Nicolás Maduro. Foto: Reuters.

El último caso fue el de Alejandro Andrés Carranza Medina, un samario de 40 años conocido como ‘Coroncoro’, quien sí tenía antecedentes judiciales. Petro insistió: “La lancha estaba apagada, a la deriva y en aguas colombianas. Esperamos explicaciones del Gobierno de los Estados Unidos”. Desde Washington sostienen que la embarcación transportaba cocaína con destino a su territorio y que el ataque formó parte de una operación antidrogas.

El factor ELN

Otro elemento de tensión es el papel del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que mantiene campamentos en Venezuela y que, según se sabe, respondería militarmente ante una invasión para ayudar a Maduro.

“El 17 de octubre, bajo la dirección del presidente Trump, el Departamento de Guerra llevó a cabo un ataque letal contra un buque afiliado al ELN, organización designada como terrorista, que operaba en el área de responsabilidad del Comando Sur de los Estados Unidos (USSOUTHCOM)”, informó Estados Unidos.

“Las acciones de Trump son ilegales tanto bajo la ley estadounidense como bajo el derecho internacional”, explica Dorian B. Kantor, analista principal de Kantor Consulting, con sede en Washington y Bogotá. “No cuentan con autorización del Congreso y vulneran los principios básicos de proporcionalidad y distinción en el uso de la fuerza —consagrados en la Carta de la ONU y en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS)—, que exigen atacar solo objetivos militares y proteger la vida civil”, añadió.

Más allá de cómo se aclare este caso del ciudadano colombiano, existe ya una ruptura política abismal entre Petro y Trump. Estas tensiones se han acentuado porque el presidente colombiano asumió el rol de presentarse como contrapeso frente a la derecha y sus violaciones de la legalidad en Israel y en Estados Unidos. Sin embargo, también es cierto que carece del capital político necesario para enfrentarse de manera efectiva al líder republicano. Incluso en Colombia, la oposición está en desacuerdo con esa postura.

Lo cierto es que este guion no es nuevo en América Latina: el uso unilateral de la fuerza, justificado bajo la retórica de la “guerra contra el terrorismo”. Durante más de veinte años, Washington ha mantenido una guerra sin fronteras basada en un mandato ambiguo surgido tras los atentados del 11 de septiembre.

formación ELN
Estados Unidos informó que realizó un ataque contra el ELN, organización que acusa de narcotráfico. Este grupo tiene campamentos en Venezuela y se prepara para defender a Maduro en caso de una invasión. Foto: CAMBIO Colombia

Expertos coinciden en que la política exterior de Estados Unidos arrastra desde hace décadas una ‘sobremilitarización’ que ha fracasado reiteradamente en su lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. El problema es que ahora esa estrategia tocó las puertas de Colombia y justo cuando en el poder está aquí un mandatario que se quiere levantar como un líder global y allá, otro, que quiere imponer su autoridad en el planeta.

“(El narcotráfico) se ha convertido, con diferencia, en el mayor negocio de Colombia, y Petro no hace nada para detenerlo, a pesar de los pagos y subsidios a gran escala de Estados Unidos, que no son más que una estafa a largo plazo”, escribió Trump. “El principal enemigo del narcotráfico en Colombia, en el siglo XXI, fue quien descubrió sus vínculos con el poder político del país. Ese fui yo”, respondió Petro.

Asedio a la embajada de Estados Unidos

Eso en parte es cierto, pero también lo es que durante los últimos días se han realizado manifestaciones frente a la embajada de Estados Unidos en Bogotá, que se han saldado con al menos cuatro heridos. La más reciente ocurrió este viernes, cuando el Congreso de los Pueblos rodeó la sede diplomática y la atacó con flechas.

En Washington no ven este hecho como algo aislado, sino como el paso a la acción de la retórica oficial, ya que varios de los líderes del movimiento tienen vínculos con congresistas del Pacto Histórico, la colectividad de Petro.

“Petro, un líder poco reconocido y muy impopular, un bocazas sobre Estados Unidos, debería cerrar estos campos de exterminio —de producción de droga— de inmediato, o Estados Unidos se los cerrará, y no de manera amable”, insistió Trump en una frase cuyo eco se escucha aún diáfano en todos los sectores políticos.

Precisamente, todo esto ocurre en una etapa de máxima polarización política en Colombia. Aunque la campaña aún no ha arrancado formalmente, es evidente que el país ya está en modo electoral. Los actores políticos concentran sus discursos con la mirada puesta en las próximas votaciones.

congreso de los pueblos
Protestas convocadas por el Congreso de los pueblos. Créditos: Congreso de los pueblos

Eso se ha visto de manera clara en las últimas horas, desde cuando se hizo pública la acusación de Trump contra Petro: los líderes políticos se enfrascaron en agrias confrontaciones. Unos defendieron al mandatario de Colombia y calificaron de inadmisible el trato que le da el estadounidense; otros aplaudieron al republicano y lo respaldaron, al considerar que el líder de izquierda ha sido permisivo con las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas. Recordaron, por ejemplo, el ‘tarimazo’ en Medellín, donde compartió espacio con capos del narcotráfico a los que sacó de la cárcel, y el freno a las extradiciones.

“Si el proceso avanza, no hay extradición”, prometió Petro a Walter Mendoza, comandante de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), organización que se mueve como pez en el agua en zonas cocaleras y con quien mantiene negociaciones de reintegración a la vida civil. Para Petro es imperativo lograr la paz total, aunque eso moleste a Trump.

Desde Estados Unidos, sin embargo, creen lo contrario y muestran las cifras. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en su Informe Mundial sobre las Drogas 2025, sitúa a Colombia como el mayor productor de hoja de coca del mundo, con una extensión cultivada de 253.000 hectáreas. 

Son dos visiones de un problema que no deja de crecer y cuyo desenlace es incierto. “Trump y Petro son irresponsables y caprichosos”, concluye el analista Andrés Caro. “La diferencia es que Trump es poderoso y Petro no”.

Finalización del artículo

Comentar este artículo

Aún no hay comentarios

Temas en este artículo

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir artículo en redes sociales