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De la Calle fue jefe negociador de la delegación de gobierno durante el proceso de paz con las Farc y se presentó como candidato presidencial en 2018.
Poder

“Lo que más me preocupa es el renacimiento del odio”: Humberto de la Calle

Santiago Espinosa, rector del Gimnasio Sabio Caldas en Ciudad Bolívar y experto en educación, entrevista para CAMBIO al exsenador Humberto de la Calle sobre la crisis de la democracia, los procesos de paz y el papel de los educadores en esta encrucijada.

Por: Santiago Espinosa

Con sus luces y sus sombras, Humberto de la Calle ha estado detrás de las mayores apuestas democráticas de la historia reciente: la Constitución del 91 y el proceso de paz con las Farc. Hace unos días, De la Calle publicó su segundo libro de ficción, Muertes y Muertecitas, un recordatorio para los lectores de que detrás de este abogado manizaleño, lector aplicado y exministro de Estado, varias veces candidato presidencial, siempre estuvo el poeta nadaísta que buscaba una “libertad innegociable” en medio de los extremos. La democracia está en crisis y los procesos de paz también, y De la Calle ha dedicado su vida a ambas cosas. Por eso le preguntamos: ¿qué pueden hacer la educación y la cultura en estos momentos? y ¿cómo seguir educando para la paz?

CAMBIO: A usted le conoce todo el mundo, pero muchos no saben que antes del abogado y del político estuvo el escritor de Manizales que compartió sus andanzas con los poetas nadaístas. ¿Qué es lo que más recuerda de estos años? ¿Cómo ha vivido este regreso a su faceta de escritor?

Humberto de la Calle: Desde mi niñez tuve una vocación por la lectura y escritura que quedó como en estado de hibernación. Es la razón por la que he decidido no temer al ridículo, y publicar a estas alturas dos libros de ficción. Es la recuperación de algo que había quedado adormecido.

CAMBIO: Hace unos días se publicó Muertes y Muertecitas, “una colección de muertes absurdas e inverosímiles, basadas en hechos de la vida real”. Es su segundo libro de ficción, después de La inverosímil muerte de Hércules Pretorius. ¿Qué puede enseñarles la literatura a los políticos y los educadores? ¿Cuál es el papel de las artes en una democracia?

H.D.L.C: El papel de las artes en una democracia es multiforme, pero en todo caso es esencial. En mi experiencia con relación a la terminación de un conflicto armado, ha sido un instrumento muy útil. Una visión racional del pasado muchas veces se bloquea y, en cambio, el lenguaje literario, el teatro, las artes plásticas, tienen la capacidad de ir mucho más allá de un simple recuento.

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Humberto de la Calle renunció a su curul en el Senado en enero de 2025.

CAMBIO: Esta entrevista hace parte de un ciclo sobre educación. Si pudiera cambiar algo del sistema educativo colombiano, ¿qué es lo primero que cambiaría? ¿Qué consejos le daría al actual ministro de Educación?

H.D.L.C: Un ministro de Educación no debería limitarse al tratamiento de la infraestructura o de la cobertura. Esto se ha dicho muchas veces, pero en la práctica no se está cumpliendo. Tenemos un problema de calidad educativa que no se ha podido resolver. Quizás, por un esfuerzo muy grande de buscar la cobertura en el pasado, esto se hizo a costa de jornadas recortadas y de la supresión de determinadas orientaciones educativas que ahora nos están pasando factura. Como lo dijo en su momento la Misión de Sabios, presidida por Gabriel García Márquez, el Ministerio de Educación tendría que liderar, con sentido crítico, una expansión del conocimiento de la realidad social: la educación debería ser una especie de linterna de Diógenes que les permita a los estudiantes examinar su futuro y el de la Nación.

CAMBIO: Hablemos de sus maestros. ¿A qué profesora o profesor del colegio (o de la vida) recuerda con especial gratitud, y por qué?

H.D.L.C: Mi madre fue una educadora, y mi tía, que vivió con nosotros. Ellas dos, en las noches, nos leían fragmentos de novelas españolas. Allí estuvieron las primeras semillas de mi gusto por la literatura. Todos estos conocimientos quedaron consignados en la mente así uno aparentemente los olvide. Pero más que los conocimientos, fueron la formación del carácter. Ya en el bachillerato, en el Colegio de Nuestra Señora de Manizales, tuve el impulso de mi profesor de filosofía, el padre Aristizábal, que hizo un doctorado en el Vaticano. Él nos enseñaba a través de las “fuentes mismas”, y no de las referencias a otros textos. El padre Aristizábal contribuyó de manera significativa en mi formación. Y además hay que decir que, en mi caso, con una cierta dosis de rebeldía, esto me permitió ver más allá del muro, y salir de la burbuja en la que estábamos.

CAMBIO: Usted fue el líder negociador de un proceso de paz que ha sido un gran ejemplo en el mundo, a pesar de que su implementación no ha estado a la altura de las expectativas. ¿Por qué nos cuesta tanto construir sobre lo construido? Con relación a la implementación, ¿cuáles son los aspectos que más le preocupan?

H.D.L.C: Me acomete cierto sentido de frustración… Lo que se logró en esas conversaciones con las Farc, la guerrilla más poderosa del mundo, era algo definitivo para Colombia no solo en el aspecto más visible, el de la confrontación militar, sino en el de la creación de una hoja de ruta que aminorara las brechas profundas que dividen a la sociedad colombiana. Es una lástima que todo esto haya entrado en un cierto marasmo, incluyendo al presente Gobierno, que no se ha distinguido propiamente por la eficacia en la implementación. Más allá de los elementos materiales -la reforma rural integral, un plan de salud para el campo que nunca se implementó y que nos hubiera evitado la discusión actual sobre la salud-, más allá de todo eso, lo que más me preocupa es el renacimiento del odio. El odio está habitando todos los poros de nuestra sociedad, y ya no solo el que provenía de los sectores armados, sino de un gobierno que quiere dividir la Nación y generar cada vez más luchas, más desprecio, cada vez más descalificación a los que no están de acuerdo con él.

CAMBIO: En los tiempos de la negociación de La Habana, se habló mucho en los colegios de la cátedra de la paz. Las circunstancias del plebiscito -y de lo que vino después-, hicieron que los colegios quedaran un poco huérfanos, aunque los esfuerzos de la Comisión de la Verdad fueron notables para revertir esta tendencia. Soy el rector de un colegio de Ciudad Bolívar y, si usted tuviera que señalar tres cosas que podríamos hacer desde los colegios, específicamente en la educación para la paz, ¿cuáles serían?

H.D.L.C: Lo primero es desterrar la idea de que la violencia puede jugar un papel en la política. En segundo lugar, y de alguna manera ya lo dije, debemos desterrar de nuestro “disco duro” no solo las armas físicas, sino el odio. Por muy diferentes que sean los intereses, debemos aprender a convivir con la diferencia, a tener tolerancia con las ideas ajenas e inclusión de personas que piensen distinto. Eso está en la base de la superación del conflicto. Por último, es cierto que Colombia es un país extraordinariamente inequitativo: esta es una situación insostenible y realmente vergonzosa. Pero me parece que esto se logra de manera más sostenible a través de cambios progresivos, y no necesariamente a través de la destrucción de las instituciones, aún con aquellas que se han comportado de manera defectuosa pero que hay que ir cambiando paso a paso.

CAMBIO: Usted es un maestro en procesos de negociación. Después de casi tres años de gobierno, ¿cómo calificaría la paz total? ¿Qué aspectos positivos señalaría y qué aspectos considera que podrían revisarse?

H.D.L.C: Este Gobierno tuvo razón en entender que el conflicto que se discutió y se terminó en 2016, tenía unas características distintas a lo que viene desde entonces hasta ahora. En esa medida, la innovación era realmente necesaria; a mí no me parece que haya que criticar al Gobierno por buscar nuevos caminos, ni tampoco porque haya encontrado que una paz real tiene que pasar por la solución de los conflictos locales. A pesar de que la intención era buena, se han cometido muchos errores. Ha faltado método, e inicialmente hubo mucho 'adanismo', es decir, la creencia de alguien se comporta como si no hubiera habido nada antes, despreciando los esfuerzos anteriores. Recordemos que el Gobierno dijo que en tres meses acabaría el conflicto con el ELN, una enorme muestra de ingenuidad. La evolución (de la Paz Total) ha sido extraordinariamente negativa: ahora lo que vemos es una serie de conflictos localizados entre grupos ilegales. Algunos de ellos amparados por el cese al fuego, y otros no, como pasa en el Catatumbo. Es una situación inmanejable.

CAMBIO: Al tiempo que nos piden liderazgos fuertes (Trump, Bukele), las redes sociales parecerían imponer una democracia más participativa y plebiscitaria. En el caso de Colombia, estamos frente a una consulta popular sobre las reformas de este Gobierno, y la Universidad Nacional inicia un proceso de Constituyente Universitaria. ¿Cuál es su opinión sobre estos procesos de democratización? ¿Qué lecciones tendríamos que aprender del plebiscito de 2016?

H.D.L.C: La pregunta nos permite distinguir entre democracia participativa y democracia plebiscitaria. La democracia participativa busca corregir la idea de una democracia que solo se expresa a través del Congreso, y su propósito es vigorizar el ejercicio democrático incluso en los barrios, en las pequeñas comunidades, y poner a toda la sociedad en función de la defensa de sus derechos. En cambio, suelen llamarse democracias plebiscitarias a aquellas que se basan en un caudillo que, con un lenguaje populista, alegando una supuesta “conexión con el pueblo”, destroza la separación de poderes (los controles) y termina arremetiendo contra la justicia. Fenómenos como Trump y Bukele, e incluso lo que pasa aquí en Colombia, no nos proponen un camino razonable. Puede ser que la democracia misma esté en una fase de transición. Aún no logramos adivinar qué formas tendrá en el futuro.

CAMBIO: Dentro de unas semanas comienza la Feria del libro de Bogotá. ¿Cuáles son sus libros de cabecera? ¿Qué libro le recomendaría a un estudiante para que se enamorara de la lectura?

H.D.L.C: En el terreno de la ficción, yo recomiendo toda la obra de Ricardo Silva y la de Juan Gabriel Vásquez, especialmente Volver la vista atrás, de este último, que me parece una gran novela.

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