
Cambiar el discurso para competirle a Cepeda y atajar a De la Espriella: la idea de Oviedo que no está convenciendo al uribismo
La sorpresa política del 8 de marzo no está negociando asuntos cosméticos. El eje de las condiciones para ser fórmula de Paloma Valencia radica en el tema que ha trasnochado al uribismo en la última década: el Acuerdo de Paz. La actitud de Oviedo no cayó bien el uribismo, que debe decidir si quiere ceder en sus líneas rojas.
Por: Mateo Muñoz
El aterrizaje de Juan Daniel Oviedo, quien parece estar volando muy alto por su sorpresiva votación el 8 de marzo, como fórmula de Paloma Valencia, se está convirtiendo en una miniserie de suspenso que promete finalizar en menos de 24 horas. Lejos de ser una adhesión de trámite, el fichaje del exdirector del Dane es un verdadero quebradero de cabeza para la senadora uribista y su partido, a quienes el maná no les cayó del cielo, sino que está en un paquete distinto y a un precio muy alto.
Oviedo rompió todos los techos que le daban los pronósticos de encuestadoras y analistas. Sacó 1,2 millones de votos sin maquinaria, estructura ni partido. Opinión pura y dura forjada a punta de autenticidad, sentido del humor, pragmatismo para reconocer los logros del Gobierno Petro y una faceta light que hizo olvidar su paso por la administración Duque.
Aunque su votación no tiene código de barras, es factible pensar que provino de un electorado de centro que se siente huérfano por la ausencia de Fajardo de las consultas y una aspiración de Claudia López que, a juzgar por las votaciones, no ha convencido del todo. Para reforzar esa imagen, llegó una ayudita por coincidencia: Abelardo de la Espriella hizo mofa de su orientación sexual y ante esto la solidaridad de los competidores de Oviedo fue total.
Ahora, montado como el padre adoptivo de una votación de centro y centroderecha, Oviedo es el plan A para hacer dupla con Paloma Valencia. Los vaticinios más optimistas los muestran como el ‘yin y el yang’: Valencia, la de derecha; Oviedo, el moderado. Ella, la de los partidos y la institucionalidad; él, quien se encargue del votante más joven y menos disciplinado. Para todos y todas que se opongan al continuismo del Gobierno Petro habría espacio, excepto para el radicalismo encarnado en Abelardo de la Espriella o Santiago Botero.
En el papel, un dúo inevitable, pero en la práctica, una pareja dispareja.

¿Un acuerdo sobre otro acuerdo?
A Oviedo no se le ocurrió poner una condición más difícil para tramitar en el uribismo que comprometerse a implementar el Acuerdo de La Habana. La oposición a las concesiones que acordó el Estado con la extinta guerrilla de las Farc durante el Gobierno Santos ha sido la razón de ser del Centro Democrático, su ‘_casus belli_’, la bandera de banderas que le alcanzó para poner presidente en 2018.
Para el exdirector del Dane es indispensable superar las discusiones que llevan una década y garantizar que lo acordado se cumpla al estar dentro del bloque de constitucionalidad:
“Es importantísimo que el país encuentre aquí una oportunidad para dejar de revolver temas del pasado [...] si vamos a iniciar cuatro años más revolviendo temas que ya hacen parte de nuestro bloque de constitucionalidad sería perder el tiempo”, dijo Oviedo a la salida de su primera reunión cara a cara con Valencia para cocinar la fórmula.
Contrario a lo que esperaban los periodistas que se apostaron afuera del edificio de Paloma, en ese encuentro no hubo ni un sí, ni un no. De hecho, en los planes de ninguno de los dos estaba salir de allí con humo blanco. El objetivo del encuentro era poner en la mesa del café las líneas rojas de cada uno. Allí se dieron cuenta que la única diferencia sustancial está en el espinoso tema del Acuerdo de Paz.
Esta no ha sido la causa mayor del exdirector de la Dane en su corta vida política, pero, como creyente de los datos, se aferra a los análisis hechos por su equipo de campaña sobre las opiniones y el perfil de quienes lo siguen en redes sociales. Estos señalan, por un lado, que la oposición a los acuerdos de paz resta y no suma, y que aquellos que probablemente votaron por Oviedo no encajan en la base uribista que abraza las ideas del miedo al castrochavismo y la ‘entrega del país a las Farc’.
De hecho, en ese grupo no solo están los votantes de Oviedo sino también los de otros excandidatos que participaron en la Gran Consulta por Colombia pero que, en su momento, acompañaron al Acuerdo de La Habana. ‘Soy liberal y defensor de los diálogos para alcanzar la paz’, le dijo David Luna a CAMBIO días atrás.
Pero, por otro lado, el temor de Oviedo apunta a subirse a una candidatura que inevitablemente termine en la misma foto de segunda vuelta con Abelardo de la Espriella, a quien ha llamado ‘populista de derecha’. De hecho, la Gran Consulta nació como un cordón sanitario para aislar la candidatura del abogado y ofrecer una alternativa opositora menos controversial.
“Tenemos que buscar cómo planteamos una alternativa al populismo de izquierda que no sea el populismo de derecha, el de ‘refundemos la patria’ (ademán del saludo militar)”, dijo Juan Daniel Oviedo.
El electorado emocional, poco disciplinado y moderado de Oviedo le cobraría una adhesión incondicional a Valencia en elecciones futuras, como la de la Alcaldía de Bogotá en 2027. El exconcejal sabe que tiene la llave de un nuevo centro tecnócrata, menos acartonado que Fajardo, pero no por ello dispuesto a abrazar sin más a símbolos de radicalización ideológica. Su máximo sacrificio sería el de aparecer en la misma tarima con Álvaro Uribe.
Justamente, para el expresidente tampoco es fácil ‘tragarse el sapo’ de aceptar a Oviedo como fórmula de su candidata después de ceder con el tema del Acuerdo de Paz. Por ello, estas horas han sido un ida y vuelta de mensajes entre Valencia y el expresidente, así como discusiones entre la nueva bancada del Congreso.
Uribe ya marcó una línea enigmática a través de sus redes sociales horas antes de la reunión entre Paloma y Oviedo. Si bien abrió la puerta a escuchar otras voces dejó claro que no se deben traicionar los principios:
“Es necesario entender los nuevos tiempos, escuchar con atención y respeto las ideas diferentes sin abandonar los principios que nos guían”, escribió Uribe.
Para algunos en el Centro Democrático esa fue una advertencia a Paloma de no ceder más allá de lo permisible. “No vamos a posar de algo que no somos por recoger a Oviedo: hay otras posibilidades menos costosas en identidad”, dijo un senador uribista elegido el pasado 8 de marzo. En esa línea parece estar Paloma luego de su conversación con el exdirector del Dane.
‘El aprecio por Juan Daniel es de siempre, pero la decisión de la Vicepresidencia debe tener en cuenta muchas más cosas [...] ni yo quiero que él se vuelva otra persona ni yo me voy a volver otra persona. No voy a cambiar por moda’, declaró Paloma al finalizar el encuentro.
Por ejemplo, Valencia ha sido una de las críticas más férreas de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), a la que intentó reformar con proyectos de ley en el Congreso que buscaron fortalecer las garantías procesales, equilibrar el tratamiento entre comparecientes y brindar mayor seguridad jurídica a los miembros de la fuerza pública.
Luego, en horas de la tarde, Uribe volvió a enviar otra señal de humo, aunque más contundente: “Paloma es firme, coherente, no oportunista, busca consertar (sic). La atacan por La Habana y por mí”, escribió el exmandatario. El enfriamiento parece ser tal, que incluso otras figuras de la Gran Consulta ya lanzaron ideas de alternativas. Por ejemplo, Vicky Dávila, cercana a Uribe Vélez, dijo que se debería considerar a Juan Manuel Galán.
Además, en el Centro Democrático también se ha dejado volar la imaginación para pensar en otros nombres. Por ejemplo, el senador Carlos Meisel propuso a la represente del Partido Verde, Katherine Miranda.
En cuestión de horas se sabrá si el binomio Paloma-Oviedo se consolida para disputar seriamente el cupo que queda para primera vuelta o si el uribismo decide mantener su identidad, así implique sacrificar competitividad en la contienda.
Comentar este artículo
Aún no hay comentarios










