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Joseph Stiglitz, premio nobel de economía y profesor de la Universidad de Columbia.
Economía

“La derecha se ha apropiado de la idea de libertad”: Joseph Stiglitz, nobel de economía

En diálogo con CAMBIO, expresó sus críticas sobre el sistema económico actual y sobre el impacto que las políticas autoritarias tienen sobre la economía de hoy. Criticó a Trump, y también a Maduro, habló de Petro y aseguró que “la retórica es una cosa, pero lo que importa es la ejecución”.

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

En un festival en el que las figuras son escritores, poetas y apellidos de renombre en el mundo de las letras, el Festival Gabo, la estrella que más brilló fue la de un economista. “Es un rockstar”, afirmó el hombre encargado de la difícil tarea de que Joseph Stiglitz cumpliera su agenda en Colombia. El calificativo le hace justicia: gente joven y mayor hace fila para tomarse una foto con él o pedirle un autógrafo. Aunque hace ya 24 años ganó el nobel de economía por su teoría de información asimétrica en los mercados, Stiglitz sigue llenando auditorios a donde va. Bogotá no fue la excepción.

Con un aire despreocupado, tenis y bastón en mano, Stiglitz no da muchos rodeos a la hora de cuestionar con argumentos el sistema económico actual. A sus 81 años, nacido en un hogar judío en Gary, Indiana (Estados Unidos), Stiglitz es uno de los economistas más influyentes de las últimas décadas.

Como otro más de sus fans, el presidente Gustavo Petro publicó en sus redes sociales una foto junto a él. Sonriente, con su último libro en la mano, el mandatario lo llamó su amigo y admitió que “algo de sus ideas ha aplicado a la economía colombiana”.

Los libros y artículos académicos de Stiglitz son lectura obligatoria en las aulas de economía, mientras que sus teorías y postulados inspiran los discursos de más de un político. Stiglitz aboga por un estado participativo, al tiempo que ha sido crítico de la globalización, de lo que él llama “los fundamentalistas del libre mercado” y la desigualdad. Aunque fue el presidente del Consejo de Consejeros Económicos del presidente Bill Clinton, así como economista jefe del Banco Mundial, Stiglitz lleva años cuestionando la institucionalidad de los organismos internacionales occidentales.

El nobel estudió en el Amherst College e hizo su doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). También se formó en la Universidad de Chicago. Ha sido docente de varias de las principales universidades de Estados Unidos y actualmente es profesor de la Universidad de Columbia. En un mundo en el que muchos economistas pecan por ser pedantes a la hora de explicar modelos, conceptos y teorías económicas, este hombre, ante cualquier pregunta, sencilla o compleja, toma aire, respira y explica con paciencia.

Durante su paso por Bogotá, se sentó a conversar con CAMBIO. Habló sobre el impacto de las políticas de ultraderecha sobre la economía y la calidad de vida de las personas, el papel del estado en la construcción de una buena sociedad y expresó su opinión sobre algunos gobernantes latinoamericanos, entre ellos Petro. Cuestionó el sistema capitalista actual, hizo un llamado a recuperar el concepto de libertad y, sin pelos en la lengua, criticó a Donald Trump.

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Joseph Stiglitz, premio nobel de economía y profesor de la Universidad de Columbia. *Crédito imagen: CAMBIO / Laura Lucía Becerra Elejalde.*

CAMBIO: El mundo está atravesando un escenario geopolítico complejo, con desafíos como guerras, el cambio climático y problemas sociales aún sin resolver, a lo que se suma el resurgimiento de gobiernos de ultraderecha. En ese contexto, ¿cuáles considera las principales fallas del actual sistema económico global?

Joseph Stiglitz: Durante los últimos 45 años, el modelo económico dominante en Occidente fue el neoliberalismo y los fundamentalistas del libre mercado, bajo la creencia de que los mercados no regulados promoverían el crecimiento económico y que los beneficios se compartirían ampliamente. Ambas premisas resultaron ser erróneas. Y parte de mis investigaciones explican por qué las cosas salieron tan mal. Esto ha contribuido, como observamos, a la crisis de la desigualdad y a la crisis climática. En Estados Unidos también tenemos una crisis de salud porque no contamos con una provisión adecuada de atención médica; los pobres no pueden costearla.

El segundo problema fundamental es que el sistema económico global es más un reflejo del poder que de los principios. Aunque se habla de un sistema basado en el mercado, las reglas de ese sistema reflejan el poder de Estados Unidos y otros países avanzados, y la falta de poder de los países en desarrollo. Así, lo que tenemos es que un número relativamente pequeño de personas en los países avanzados escriben las reglas del juego.
Una de las cosas que digo en mi último libro es que esto enriquece a las empresas, pero no necesariamente a los trabajadores de los países avanzados. Refleja los intereses de personas poderosas, no los intereses reales de los países.

CAMBIO: En su último libro, The Road to Freedom, usted habla de la importancia de recuperar el concepto de libertad para los liberales y progresistas. Pero, ¿cómo percibe la apropiación que ha hecho la derecha de esta idea?

J.S.: La derecha se ha apropiado de la idea de libertad. Fueron lo bastante astutos como para darse cuenta de que a la gente realmente le importa la libertad. Pero como digo en mi libro, se apropiaron de la idea porque pensaron que se vendería bien. En Estados Unidos están los de la extrema derecha llamándose a sí mismos el “Freedom Caucus” (el grupo de la libertad). ¿Qué quieren decir? Libres para explotar, libres para aprovecharse, pero sin garantizar que los estadounidenses comunes tengan la libertad de desarrollar su potencial. Así que es la libertad de algunos, pero quitando la libertad de otros.

CAMBIO: ¿Cómo cree que se pueden mejorar los sistemas democráticos y económicos para el bienestar de los ciudadanos?

J.S.: Hay una cuestión crítica que he planteado y es que las reglas del juego son muy importantes. Los mercados no existen en el vacío, y la forma cómo estructuramos los mercados marca una gran diferencia. Si garantizamos la competencia, entonces los beneficios del progreso y la innovación se distribuyen. Pero si no lo hacemos, se forman monopolios, y esos beneficios van a parar a unas pocas personas en la cima.
En los libros de texto enseñamos que existe competencia, que reduciría las ganancias de los más acaudalados. Sin embargo, vemos personas enormemente ricas, como Elon Musk o Zuckerberg, y claramente la competencia no ha eliminado sus ganancias. Tienen poder monopólico. Esa es una falla fundamental en nuestro sistema de mercado.

CAMBIO: ¿Qué papel debe desempeñar el Estado para construir una buena sociedad?

J.S.: Una de las cosas fundamentales es asegurarse de que exista un mercado competitivo. Los niños no eligen a sus padres, algunos nacen en familias con escasos recursos. Una sociedad justa garantiza que todos los niños, sin importar quiénes sean sus padres, tengan acceso a educación, salud y nutrición, para que puedan desarrollar su potencial.

También hay bienes públicos: inversiones en investigación y desarrollo, infraestructura, educación pública o protección del clima. Necesitamos regulaciones para asegurar que los mercados funcionen y que la gente no se aproveche de los demás. Una sociedad realmente funcional necesita pesos y contrapesos, no solo dentro del gobierno sino también dentro de la sociedad.

CAMBIO: Si pensamos en la desigualdad, la pobreza, el aseguramiento en salud o la educación, todos esos son desafíos no resueltos en muchos países. ¿Qué políticas o enfoques considera más eficaces para abordar estos problemas?

J.S.: Diferentes países necesitan diferentes políticas, dependiendo de su nivel de desarrollo e historia. Una única solución para todos no funciona. Pero en la mayoría de las sociedades, proporcionar estos servicios a todos los ciudadanos requerirá cierto apoyo público. En muchas sociedades, las cooperativas, ONGs e iglesias pueden desempeñar un papel importante.

No se puede esperar que las empresas con fines de lucro brinden atención de calidad. El motivo de lucro significa tratar de lograr todas las ganancias posibles, recortarán costos y se aprovecharán. Entonces, el gobierno o la sociedad civil deben intervenir, con supervisión. Se necesita una mezcla de arreglos institucionales.

CAMBIO: Donald Trump ha sido elegido una vez más presidente de Estados Unidos. Su administración es conocida por sus políticas proteccionistas y su postura antiinmigrante. ¿Cómo cree que esta administración afectará la economía global y el orden internacional?

J.S.: En una palabra: terriblemente. Ha sido un desastre. Donald Trump es una persona cruel y que carece de empatía. Una persona normal se sentiría perturbada al separar a niños inmigrantes de sus padres. Él no. Una persona normal debería preocuparse por los pobres, especialmente por aquellos que lo son por mala suerte, que nacieron en un país pobre. Él heredó una fortuna y perdió gran parte, y aun así sigue siendo rico.

Estados Unidos debería pensar sus políticas comerciales y migratorias en función de cómo afectan a otros países. Cortar la ayuda exterior (USAID) fue indignante. Cientos de miles de personas morirán por lo que hizo, y Estados Unidos podría haberlo costeado fácilmente.

CAMBIO: América Latina no es la excepción al resurgimiento de gobiernos de derecha como Argentina o El Salvador ¿Cómo ve esta tendencia en la región?

J.S.: Está sucediendo en muchos países. Hay que pensar en el origen de estos problemas. Parte de esto es imitación. La gente imita a Estados Unidos, desafortunadamente. Pero hay dos factores grandes: la desigualdad y la inseguridad. Nuestro sistema económico no ha estado funcionando para grandes sectores de la población. Eso genera resentimiento. Las personas trabajan duro pero no ven resultados. La gente quiere un cambio. Ese cambio puede ir hacia la extrema derecha o la extrema izquierda.

Además, la inseguridad personal está creciendo en muchos países. La gente busca respuestas simples. Un hombre fuerte como Trump parece ofrecer respuestas, pero no las cumple. Su reforma tributaria, por ejemplo, fue un recorte para los multimillonarios a costa del sistema de salud para los más pobres, cuando la esperanza de vida en EE. UU. está disminuyendo.

CAMBIO: Por otro lado, en la región tenemos países que se inclinan hacia la izquierda, como Colombia. ¿Cree que este giro político puede ayudar a equilibrar el panorama o está contribuyendo a una mayor polarización?

J.S.: Depende. Una izquierda progresista y democrática, el tipo correcto de izquierda, puede ayudar a equilibrar. El presidente Lula en Brasil es un ejemplo. En su primera administración, redujo significativamente la pobreza y el hambre, luego subieron durante el gobierno de Bolsonaro, y Lula lo está haciendo de nuevo.

Si alguien puede ofrecer una visión distinta y cumplirla, eso es un contrapeso poderoso al autoritarismo. Pero algunos populistas de izquierda no son democráticos ni realmente progresistas. Maduro, por ejemplo, es un dictador autoritario, no un progresista. Así que etiquetas como “izquierda” y “derecha” no capturan completamente la realidad. La verdadera división es entre autoritarismo/fascismo y progresismo/socialdemocracia.

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El presidente Petro publicó en días pasados una foto con el nobel de economía. *Crédito imagen: x.com/petrogustavo*

CAMBIO: ¿Y qué piensa, por ejemplo, del presidente Petro?

J.S.: No he estudiado sus políticas lo suficiente como para comentar con certeza. Parece haber descontento con la forma en que ha implementado sus políticas. No basta con decir que uno está preocupado por la desigualdad, hay que implementar políticas que realmente la aborden y que promuevan el crecimiento a largo plazo. La retórica es una cosa, pero lo que realmente importa es la ejecución y transmitir eso a la realidad.

CAMBIO: El gobierno del presidente Petro se ha enfocado en fortalecer el gasto social, pero ha sido criticado por aumentar el déficit fiscal y la deuda. ¿Cómo se puede equilibrar la inversión en programas sociales con el manejo de las finanzas públicas?

J.S.: Toda sociedad tiene limitaciones y hay que trabajar dentro de ellas. Si se gasta demasiado ahora, toca pagar después. Es una ley fundamental. Yo no estoy en contra del endeudamiento, si es para inversión productiva. Las empresas se endeudan para crecer. Si se pide prestado para inversiones con buenos retornos, es sostenible. Pero si se pide prestado y no se gasta con sabiduría, se aumentan las deudas sin tener activos que lo respalden.

La mayoría de los países en desarrollo tienen muchos proyectos que pueden potenciar el crecimiento. Gestionar esto bien es difícil. Colombia, al menos en el pasado, tuvo un servicio civil fuerte y buena gobernanza. Eso contribuyó al crecimiento, incluso durante las épocas de conflicto. La preocupación es si esas fortalezas hoy se están debilitando. Se puede crecer de forma socialmente justa, y endeudarse, pero solo si se hace bien y se gasta en inversiones que aumenten el crecimiento y tengan una rentabilidad superior a la tasa de interés que se paga por la deuda.

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