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País

“Duelen la estigmatización y la violencia de la extrema derecha y de los que fueron mis compañeros”: habla Victoria Sandino

Judith Simanca Herrera, mejor conocida como Victoria Sandino, habla con Ana Cristina Restrepo sobre un nuevo proyecto político, su estatus en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), y sobre sororidad y feminismo intrafilas y en la sociedad civil.

Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez

Judith Simanca Herrera, mejor conocida como “Victoria Sandino”, ya no tiene nada qué ver con Comunes. La mujer que representó a la guerrilla en las negociaciones de La Habana y trabajó durante dos años en la Subcomisión de Género con María Paulina Riveros, voz del gobierno colombiano, ha dicho no más a la dirigencia nacional del partido político que surgió después de dichos Acuerdos.

La política tierraltera, miembro de la guardia de Alfonso Cano (Comando central de las Farc, 1948-2011), fue una de las creadoras del llamado “feminismo insurgente” y ocupó una curul del Senado entre 2018 y 2022. En la misma semana que sustentó su tesis de grado (laureada) en Sociología, Victoria Sandino habló con Revista CAMBIO sobre Avanzar, su nuevo proyecto político, su estatus en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), reclutamiento de menores de edad; y sobre sororidad y feminismo intrafilas y en la sociedad civil. Por primera vez, aseguró públicamente que no conoció los hechos que rodearon el nacimiento del hijo de Clara Rojas, en pleno secuestro.

Esta es una conversación sobre mujeres y construcción de paz: una crítica implacable a la dirigencia de Comunes ―la acusa de bullying, señalamientos y estigmatización― y sobre todo a la implementación de los Acuerdos que, sin duda, les ha fallado a las mujeres en temas tan sensibles como el acceso a la tierra.

Ana Cristina Restrepo Jiménez: Usted acaba de sustentar su tesis de grado, ¿cuál fue su proyecto de investigación?

Victoria Sandino: Empecé a estudiar Sociología en la UNAD (Universidad Nacional Abierta y a Distancia), en Bogotá, estando en el Congreso de la República. Quise estudiar, siempre, Sociología. Agradezco a la UNAD que me haya dado esa gran oportunidad. Hice sustentación de mi tesis de grado que salió laureada, eso me motiva muchísimo, me alegra, me fortalece y vale la pena tanto sacrificio. La tesis se llama “De guerrillera a congresista: tránsito del escenario político armado al escenario político legal”. Este ejercicio se hace desde una metodología no muy usada en Sociología: la narrativa autobiográfica. Se hace desde la interseccionalidad, es una mirada del conflicto desde mi propia vivencia y percepción, todo el contexto de lo que ha sido el conflicto colombiano para una mujer negra, feminista, guerrillera, firmante de paz. Hoy seguimos en este trabajo de apostarle a la paz. Ha sido un ejercicio bien interesante desde el análisis sociológico y desde el análisis de una mirada de alguien que fue protagonista del conflicto colombiano.

A.C.R.J.: Devolvámonos un poquito en esa narración autobiográfica, su infancia e ingreso a las juventudes comunistas, ¿Cómo era Tierra Alta? ¿Cómo fueron su niñez y juventud?

V.S.: Nací en la zona rural de Tierralta, Córdoba, en una vereda que le llamaban Bejucal. Como a los ocho años de edad, tenemos el primer desplazamiento porque se presentaron combates. Nadie sabía nada de enfrentamientos de la guerrilla con el Ejército. Eso fue en el corregimiento de Callejas: ahí se produce el primer desplazamiento de la familia. Luego nos trasladamos hacia la zona rural de Palmira. En el centro urbano, desde que ingreso al bachillerato, por el activismo juvenil, por muchas circunstancias de estudio, de conocer cosas nuevas en el municipio, me vinculo a la Juventud Comunista. Luego conozco de manera consciente la presencia de la insurgencia de la guerrilla de las Farc, específicamente con lo que fue la creación, el lanzamiento de la Unión Patriótica, fuimos fundadoras, fundadores, allí en mi pueblo. Todo esto generó lo que ya conocemos, la violencia, el paramilitarismo se arraigó en el departamento de manera muy fuerte, lo que no es desconocido para el país.

A.C.R.J.: En esa época, ¿soñó con ser congresista, con estudiar una carrera? ¿Cómo cambia su vida con la reincorporación?

V.S.: En esa época ni soñé ni pensé que iba a ser ni guerrillera, ni congresista, pero estudiar, sí. Siempre tuve en la cabeza que iba a estudiar, yo estaba en el bachillerato, me gustaba. Al inicio del bachillerato no tenía como claridad qué carrera iba a estudiar, al finalizar sí pensé en estudiar incluso sociología, pero no pude; no pude en esos tiempos por el desplazamiento. Comencé estudiando periodismo porque se aproximaba mucho al análisis de las problemáticas sociales de las comunidades, y sobre todo quería tener una mirada distinta. Pude estudiar periodismo en Inpahu [Fundación Universitaria para el Desarrollo Humano, UNINPAHU] y después de eso me fui para la guerrilla. Pero pensar que podía ser congresista no, porque el activismo político no propiamente está ligado al ejercicio electoral. Siempre estuve alrededor de esto, pero no pensando que fuera parte directa del ejercicio electoral.

A.C.R.J.: ¿Qué ha sido para usted lo más duro de la reincorporación? ¿Siente miedo? ¿Cómo ha cambiado esa relación con la sociedad?

V.S.: Esto es muy contradictorio. Yo considero que lo más duro ha sido todo, pero al mismo tiempo lo más gratificante también ha sido todo. ¿Por qué es más duro todo? Los primeros años extrañaba mucho la colectividad, la sigo extrañando, la colectividad que tuvimos en la insurgencia, el carácter de pertenecer a un colectivo, con los compañeros y las compañeras, construir juntos y luchar juntos por una nueva sociedad. Ese trabajo colectivo, esa pertenencia, indiscutiblemente se extraña. La guerra en sí es muy dura, obviamente no es eso lo que extrañamos: muy difícil, sangrienta, cruenta; eso nos motiva a que no tengamos que repetir estos hechos. Ahora, aquí en la construcción de la paz, ha sido muy duro todo en el sentido, por ejemplo, de los incumplimientos. Y cuando hablo de los incumplimientos comienzo por el asesinato de nuestros compañeros y compañeras que fuimos firmantes de paz, que fuimos de filas, más de 400 compañeros y compañeras asesinadas. Eso no tiene ningún tipo de presentación, eso duele mucho: lo que pasó con la no implementación durante el gobierno pasado, incluso con el no compromiso de paz. En el caso del presidente [Juan Manuel] Santos, pudo haber hecho más para dejar toda la arquitectura de la implementación del Acuerdo perfectamente instalada. Tuvo dos años para hacerlo y realmente no tuvo la voluntad. En términos personales, obviamente que duelen la estigmatización, los señalamientos, la violencia en términos de la política, de la cual he sido objeto; esto no es solamente por los grupos reaccionarios de extrema derecha que se opusieron al Acuerdo, sino incluso por los que fueron mis compañeros en el pasado. Es un proceso muy doloroso que poco a poco vamos superando, que vamos avanzando en seguir aportando a la paz, al país, al ejercicio democrático de lo que tienen que ser las transformaciones que tanto anhelamos.

A.C.R.J.: Vamos con lo que no está funcionando (Humberto de la Calle Lombana y Juan Fernando Cristo lo expresaron en una carta dirigida al presidente Gustavo Petro). De acuerdo con algunas cifras del seguimiento de la Misión de Verificación de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el 49% de las mujeres excombatientes no cuenta con remuneración estable. Más de 1.600 dependen de ayudas para poder mantener sus proyectos. De 177 cooperativas mixtas, sólo 45 son lideradas por mujeres. Hay 17 organizaciones de excombatientes formadas por mujeres. De acuerdo con el Consejo Nacional de Reincorporación, 2.958 mujeres (el 35% de las reincorporadas) se dedican a labores de cuidado. 1.628 dependen de apoyos de programas de reincorporación, lo cual muestra fallas en esa transición. Recordemos ¿qué se habló en La Habana? ¿Qué es lo que está pasando con el enfoque de género?

V.S.: En materia de enfoque de género en la implementación del Acuerdo ha sido lo más rezagado. Usted daba esos datos puntuales en términos de las mujeres firmantes; de acuerdo también con los informes de la Misión y de la ARN [Agencia para la Reincorporación y la Normalización]. Actualmente nosotras somos 2958 mujeres que seguimos en el proceso de reincorporación; de los 13.000 y tantos, hay 8.208 hombres, si no me equivoco, y 2.958 mujeres. Eso significa que es un número bastante importante, más del 90 por ciento de las y los firmantes. No obstante todo lo que hemos tenido que vivir, seguimos apostando con esos datos que no son nada alentadores. Y esto no es únicamente para las y los firmantes, el enfoque de género es lo más rezagado que hay en la implementación del Acuerdo de Paz. Por ejemplo, en el punto uno: según datos, justo con el cumplimiento de los siete años de la firma, señalan que hay un rezago de más del 30 por ciento de incumplimiento en materia de salud, de educación rural, de vivienda, de agua potable… de todo este tipo de aspectos que son importantes. O la entrega de la tierra, no obstante ya lleva un año este gobierno, que ha señalado una voluntad específica en materia de redistribución de la tierra, de cumplir fundamentalmente con el punto uno [Reforma Rural Integral], pero ha sido un proceso tortuoso en particular para las mujeres: todavía siguen siendo invisibilizadas, no reconocidas en este ejercicio de construcción de paz, de aportar al desarrollo social, y en particular del desarrollo rural, con la entrega gratuita de la tierra para las mujeres, con la titulación de tierra para las mujeres, o incluso con los programas de desarrollo rural.

A.C.R.J.: La vena del conflicto en Colombia es la tierra. El acceso a la tierra y a la propiedad de las mujeres siempre ha sido una gran dificultad: según la Misión de Verificación de la ONU, 65 por ciento de las mujeres trabajan predios que no son propios, 1633 se encuentran en espacios rurales sin las herramientas para poder trabajar y gestionar la tierra. ¿Por qué es tan difícil históricamente el acceso de las mujeres a la tierra? ¿Por qué debe ser tratado de una manera diferencial?

V.S.: Cuando nosotros estábamos en la construcción del Acuerdo de Paz, siempre tuvimos la mirada de que la vocación de la mayoría de nuestros compañeros y compañeras era agropecuaria: esa fue una apuesta indiscutible. Iván Márquez hablaba de Ciudadelas de Paz, o sea de crear grandes conglomerados de población, tanto de firmantes, víctimas, población de la comunidad, gente que no tuviera tierra, para adelantar por ejemplo proyectos productivos. Nosotras, en particular las mujeres, hicimos una apuesta para que estuviéramos en ese escenario. ¿Por qué históricamente las mujeres no son poseedoras de la tierra? Porque lamentablemente en nuestro país, como en la región entera, me refiero a América Latina, a las mujeres no se les reconoce ese papel en la producción, sino en la reproducción de la vida; es decir, sostener la comunidad. Son mujeres las que alimentan, crían los hijos, la mano de obra; cuidan al marido, los animales, la huerta, el territorio, la naturaleza, el medio ambiente; ese rol no es reconocido, por lo tanto tampoco es remunerado; entonces, la tierra históricamente ha sido otorgada a los hombres, se titula a los hombres, y con un agravante: este conflicto, la violencia en general ha generado desplazamiento y, como la tierra no estaba titulada a nombre de las mujeres, muchos de los hombres se marcharon o fueron asesinados o desaparecidos, y las mujeres tuvieron que seguir adelante con sus familias, con los hijos, hoy sin la propiedad de la tierra, sin condiciones de vida digna. Eso es lo que hemos dicho desde los análisis feministas: el conflicto ha afectado a las mujeres de manera desproporcionada. Una de esas afectaciones es la no tenencia de la tierra, es la negación de la propiedad de la tierra, del trabajo y del ejercicio que hacen las mujeres en los territorios, es lo que se quiere cambiar con el Acuerdo de Paz. Éste establece que la tierra, en concreto en la Reforma Rural, que la tierra debe ser entregada de manera prioritaria, a las mujeres con vocación agropecuaria. Eso no se ha hecho.

A.C.R.J.: Es evidente que el Estado es patriarcal, pero quiero retomar unas declaraciones que dio usted en mayo de 2022 a la JEP, ante el magistrado Farid Benavides: usted contaba que las Farc eran profundamente machistas, con un trato muy duro con las personas de orientaciones sexuales diversas. Discriminaban. Hablemos de ese machismo que usted vivió en las Farc, ¿se arrepiente de las cosas que usted dejó de hacer o que vio y que no las detuvo cuando estaba en las Farc?

V.S.: Yo no considero que las Farc fueran especialmente machistas, eran, en su conjunto, como el resto de la sociedad: quienes nos vinculamos a la organización veníamos de la misma sociedad que no ha cambiado, incluso hoy. Es una sociedad que sigue siendo machista, que sigue siendo patriarcal, que sigue discriminando a las mujeres, a las diversidades en su conjunto. Quienes componíamos las Farc obviamente veníamos de esa sociedad, no éramos como una tacita de cristal. Por el contrario, en ese ejercicio creo que las Farc trataron de avanzar mucho a través de la norma, específicamente con lo que tiene que ver con las mujeres. A nivel normativo se señalaba que hombres y mujeres éramos iguales. El solo hecho de que las mujeres tuviéramos un arma, que cumpliéramos las mismas tareas, los mismos derechos, eso notaba unos niveles de igualdad. Como se dice hoy, de empoderamiento particular y especial. El problema fundamental era en la instancia de poder: ahí no estábamos las mujeres. Nunca, hasta el año 2015, hubo ninguna mujer en el Estado Mayor Central (EMC) y, por supuesto, menos en el Secretariado. El EMC siempre fueron hombres; treintaiuno, yo no sé desde qué conferencia (nueve del Secretariado, salían del EMC). Comento una anécdota: cuando estábamos en La Habana, creamos la Subcomisión de Género, con varios señores, incluso del Secretariado y de la dirección; cuando creamos la Subcomisión [que primero éramos cinco mujeres], quienes estaban en la Delegación de Paz en La Habana, planteaban: ‘Èso se va a convertir en un gueto, ¿cómo así que una comisión solamente de mujeres cuando en las Farc siempre hemos estado las mujeres y los hombres?’. La discusión política que pudimos abordar fue: ‘Ah, entonces qué bueno que ustedes reconozcan que es un gueto, porque el EMC y el Secretariado, históricamente fueron un gueto, porque siempre fueron hombres y no mujeres’. Es un ejemplo de cómo ha sido el machismo. Con respecto a las personas LGBTI, la explicación fue que no se podían permitir las personas LGBTI en las filas de manera oficial porque esto generaba conflictos internos. Esa era una razón de atraso cultural. No era que las personas no fueran LGBTI, que no fueran gais o lesbianas al interior de las filas, obviamente lo eran, solo que oficialmente no se permitía. No les permitían a nuestros compañeros y compañeras salir del clóset: la única medida era decir que ‘salían’, cuando descubrían a alguien y era súper evidente. En algunos lados, por ejemplo, donde yo estaba, en el Central, había compañeros gais y compañeras lesbianas. Yo siento que las compañeras lesbianas eran más toleradas. La medida era darles la salida: se les ‘licenciaba’, como se decía. Finalmente, frente a lo que usted plantea de qué me arrepiento, de qué no me arrepiento: yo no me arrepiento de nada en términos de mi rol, de mi actuar en la organización. Empezando porque no se trataba de lo que yo, como Victoria Sandino, permitiera o no permitiera. Al contrario, yo siento que de alguna manera tuve unas condiciones muy importantes, incluso diferenciadas, me tocó estar muchos años en la unidad de Alfonso Cano. Con Alfonso Cano, por lo menos, podía dar debates fuertes en la organización que le podía plantear a él, que no compartía hechos no solamente frente a las mujeres, sino muchos que tienen que ver con la vida cotidiana, guerrillera, con el comportamiento de alguno o de alguna de las compañeras; incluso de la dirección, más que de la gente, de la base. Siempre fue respetuoso frente a los debates que le planteaba. Yo estoy segura de que si esos debates hubiesen sido planteados en otro escenario, pues eso hubiese sido motivo de insubordinación. Recuerde que es una estructura militar y en ese sentido es jerárquica, lo mismo que el Ejército Nacional o que la Policía. Si un militar va a dar un debate, obviamente que no lo puede hacer porque pertenece a una estructura jerárquica; en ese sentido, es la institución la que determina y sobre todo quienes están por encima de esta institución, quienes determinan las políticas y los demás nos acogemos. Eso fue lo que nos tocó. En mi caso, sin dejar de dar esas discusiones, pude darlas con una persona que pudo escuchar y que muchas veces pudo tramitar incluso muchas de las observaciones que hice en ese momento.

A.C.R.J.: En medio de esta estructura jerárquica, ¿Cuál era el papel que ustedes, usted y algunas mujeres de las Farc, trataban de adelantar? Remitámonos al macrocaso 11 de la JEP [Violencia basada en género, incluyendo violencia sexual y reproductiva, y crímenes cometidos por prejuicio]: hay registros de violencia reproductiva que son especialmente dolorosos, abortos forzados, mujeres que fueron obligadas a entregar sus bebés recién nacidos. Usted misma reconoció ante la JEP, en mayo de 2022, que había reclutamiento de menores. ¿Qué tanto se discutían estos asuntos que vulneraban a mujeres y sobre todo a las más jóvenes? ¿Ustedes luchaban adentro de las Farc por esas jóvenes?

V.S.: El tema del reclutamiento no es nuevo, todo el mundo lo sabe. En la organización había una norma de reclutamiento a partir de los quince años: eso es menor de edad; pero son las condiciones de la guerra. ¿Que llegó gente antes, chicos y chicas antes de los quince? Seguramente que sí, eso no lo puedo reafirmar con tanta fuerza en este momento. Yo sé que llegaba gente muy joven porque el conflicto es otra cosa, hay que mirarlo con esa perspectiva. El conflicto colombiano ha sido cruento, brutal, ha dejado huérfanos a muchos niños y niñas, y muchas de estas personas no tenían ningún otro escenario donde recurrir, entre esos estaba la insurgencia, pero también las fuerzas militares. Aquí no hay que satanizar de quién lo hizo, quién no lo hizo, es el conflicto y como tal toca hoy responder, aportar a esta narrativa y eso es lo que muchos y muchas hemos venido haciendo en este caso del reclutamiento, de la vinculación a filas de personas a muy temprana edad. Frente a lo que a mí me han señalado y estigmatizado, porque aquí se generan matrices de opinión muy crueles, diría yo, la guerra no solamente se vive ahí en la confrontación armada; la guerra incluso más dolorosa se ha dado también a través de los medios de comunicación, de generar matrices de opinión. Yo soy una mujer feminista, históricamente he defendido el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos, uno de los derechos que creo que afortunadamente se reconoció el año pasado es el derecho a la interrupción voluntaria de los embarazos, que ha sido una lucha de las mujeres colombianas históricamente y fue una gran movilización en el año anterior. En la organización fue obligatoria la planificación y entiendo que no siempre porque, casi siempre, las mujeres tuvieron sus hijos cuando decidieron tenerlos. La gran mayoría considero que los tuvieron (y lo digo por los datos que presentaron la Universidad Nacional y ONU cuando se hizo la primera caracterización de las y los firmantes de paz). Mira lo que estás diciendo tú: que se les obligaba a entregarlos, excúsame: ¡no es cierto! Era cierta la planificación, era obligatoria, y es apenas lógico porque se está en una estructura en donde hay confrontación, allá no estábamos de paseo, ahí no estábamos de vacaciones, no estábamos de camping: era un conflicto y una confrontación que aún persiste. Cuando salían embarazos, es cierto lo que dijiste que a algunas mujeres se les obligó a interrumpir sus embarazos. Eso seguramente tendrán que responderlo estos mandos y la dirección de las FARC, todo este tipo de situaciones sería bueno que lo dijeran siempre en este escenario. Habría que revisar también cuáles han sido las declaraciones del Secretariado, se está hablando si no me equivoco del caso 07 [Reclutamiento y la utilización de niñas, niños y adolescentes en el conflicto armado]. Lo concreto es que se presentaron hechos y han sido más visibilizados en esta etapa, las compañeras las mujeres han venido expresando ‘sí, a mí me obligaron a abortar’, ‘yo no estaba segura pero me dijeron que tocaba por las circunstancias, yo lo hice’. Lo que no es cierto es el tema de obligar a dejar los hijos: eso no es así, eso no aporta a la construcción de la paz que estamos haciendo en este escenario muchas mujeres.

A.C.R.J.: Pero hay casos como el de Clara Rojas, quien tuvo que entregar a su hijo, lo tuvo que dejar con una familia de campesinos, cuando estaba secuestrada. Si usted mira algunos de los testimonios que presentan en el macrocaso 11 de la JEP, ahí se comenta: hubo casos en los que obligaban a las mamás a entregar a sus bebés, no puedo asegurar si fue sistemático pero sí sucedió. Usted se ha reconocido como feminista y es una de las creadoras del “feminismo insurgente”, ¿cuáles eran esos mecanismos de resistencia y sororidad cuando estaban las Farc activas para que estas atrocidades no sucedieran?

V.S.: Quiero contarle algo que no lo he dicho antes: primero, por mucho tiempo yo no supe nada de lo que tenía que ver con Clara Rojas. Sí que fueron retenidas [Clara Rojas e Ingrid Betancourt], cuando se hizo este proceso de retención de políticos, pero eso no pasó en la unidad donde yo estuve, de Alfonso Cano. En este tiempo nunca supe, nosotros no sabíamos que Clara Rojas tuvo un bebé, hasta que se dio la noticia de que iban a entregar el hijo. Cuando sale la noticia pública yo no lo supe, no lo supe en ese tiempo ni tampoco después. Nadie en la guerrilla nos dio explicaciones. Esto se debe dar explicación a tanto a Clara como a la JEP, es allí donde la dirección nacional de las Farc debe dar esa explicación. Cuando se supo de la noticia, de las discrepancias fuertes fue increpar a Alfonso Cano: no me cabía en la cabeza cómo era posible que hubiesen tenido al niño, sobre todo que hubiesen dicho que lo iban a entregar y terminaron no entregándolo… por las circunstancias que haya sido porque yo no las entendía en ese momento, no las conocía. Fue muy fuerte de mi parte con él, porque con él se podía hablar, se le podía manifestar toda esta emocionalidad, eso yo nunca lo he contado. Si algo me indignó profundamente fue justamente que ese hecho en particular: yo no tenía ni la más mínima idea de que una mujer que estaba en cautiverio hubiese tenido un hijo. Máxime después que salen con todo este cuento. Cuando me dijiste que habían obligado a dejar los hijos, pues pensé en las mujeres de filas y ahí digo: muchas compañeras nuestras se quedaron criando sus hijos y eso no pasó nada; otras, por su voluntad regresaron, tuvieron sus hijos y retornaron a las filas. Eso lo planteamos en La Habana: ese es un aprendizaje de lo que pueden ser futuros acuerdos de paz en el cual deben tenerse en cuenta esas necesidades particulares de las mujeres. Muchas mujeres dejaron sus hijos con familiares, con personas amigas; cuando las mujeres han retornado hoy, en estos siete años, muchas no encontraron a sus hijos. Hoy persiste una gran dificultad para que las mujeres puedan tener ese reconocimiento, que las madres que fueron otrora guerrilleras puedan tener ese reconocimiento de maternidad. ¿En qué sentido? en que por las situaciones de seguridad, los hijos fueron registrados con otros apellidos, con los apellidos de las personas cuidadoras. Hoy en día, a pesar de que esos padres adoptivos naturales quisieran hacer el registro de sus hijos con la nueva madre, o sea con la madre que estuvo en la insurgencia, eso no se ha podido lograr, lo que nosotros llamamos familias extendidas, ¿extendida en qué sentido? en que era su madre biológica, y que eso fue clarísimo para nosotras las mujeres, reconocer que ella también hacía parte de la vida de esa persona, incluso si son menores o ya mayores de edad. Esto no ha sido posible, ese es un asunto que planteamos en La Habana, pero que no tuvo ningún eco de parte del gobierno; y yo siento que tampoco la dirigencia de la FARC le dio la suficiente connotación, por lo tanto no quedó en nada. Hoy, estas mujeres siguen luchando para que sus hijos sean reconocidos o para encontrar a sus hijos. Esto es un asunto de las mujeres: la mayoría de los compañeros que fueron guerrilleros tuvieron hijos, incluso con mujeres de la comunidad, y con estos hijos no pasa nada porque ellos están allí: regularmente pues lo tuvo la madre, lo crio la madre o la familia. El problema fundamental ha sido para las mujeres que fueron guerrilleras.


Fact-check sobre entrega forzosa de hijos e hijas de las guerrilleras, de acuerdo con el macro caso 11:

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*Leer texto completo de la JEP en: *


A.C.R.J.: ¿Cuál es su estado actual ante la JEP?

V.S.: Normal, no solamente ante la JEP. Yo tengo la amnistía, pero ante la JEP, ante la Comisión de la Verdad, ante la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, ante todas las instancias que ha creado el Acuerdo, pero sobre todo ante la sociedad colombiana he tenido toda la disposición siempre, y ante las víctimas, de estar ahí, de estar de frente, de estar acompañando, de estar dispuesta a trabajar conjuntamente para que avancemos en la construcción de la paz, en la reconciliación. Las veces que la JEP me ha llamado, he estado con toda la disposición. Hubo un ruido el pasado 4 de octubre, le pedí rectificación a la JEP y no lo hizo: yo tenía una audiencia el 4 de octubre, en el caso 07 y los abogados del Partido Comunes hicieron una solicitud de aplazamiento de las audiencias de sus comparecientes. La JEP, de manera creo yo abusiva, lo digo con respeto con la institución, pero este tipo de hechos no pueden seguir pasando: no hizo ninguna referencia a que fue el Partido Comunes el que específicamente planteó la suspensión de las audiencias, porque habían recusado a la magistrada de ese caso [los abogados de Comunes recusaron a la Magistrada Lily Andrea Rueda Guzmán, investigadora del caso de reclutamiento de menores, por un supuesto prejuzgamiento basado en que, en una actividad con víctimas, apareció en imágenes abrazada con las víctimas. La JEP rechazó la petición de apartar a Rueda del macrocaso]. Yo tengo una abogada, que además es una abogada feminista y que está a honoris causa (sic) [Ad honorem], realmente yo no tengo defensa del Sistema Integral no porque yo salí de Comunes y decidí no tener esa defensa, no por los abogados es por los Comunes. Mi abogada es una gran mujer, el caso es que ni mi abogada ni yo en lo personal hicimos solicitud de aplazamiento. Sin embargo, la aplazaron y ni siquiera me notificaron a mí por correo ni nada, la notificación la recibimos vía redes: la JEP puso por las redes que se había suspendido mi audiencia por solicitud de aplazamiento y por recusación a la magistrada. Nosotras no hicimos nada, ni mi abogada ni yo, hicimos nada parecido. Eso hubo un despliegue en los medios de comunicación señalando que yo no quería acudir a la audiencia y, por el contrario, por supuesto que no es así. Hemos pedido rectificación de la JEP y no la dio. Esperamos que nos llamen y que, cuando sea, ahí estaremos. Que hagan la rectificación porque siempre hemos tenido la disposición.

Aclaración de la JEP: “La recusación es un mecanismo procesal en donde quien la interpone busca separar el juez del proceso, por diferentes causales. Su efecto inmediato y automático es la suspensión de todo el proceso, hasta que no se resuelva. Por ello tuvimos que suspender las audiencias que ya estaban citadas previamente, una de ellas la confinación de la versión de la señora Victoria Sandino. Y no podemos convocar a nuevas audiencias hasta que el asunto no se resuelva. Esta es la decisión por la cual aplazamos la audiencia, que fue notificada formalmente a la señora Sandino y a su abogada el 29 de septiembre, por la misma vía que notificamos todas nuestras decisiones, a través de Secretaría Judicial”:

anexo jep vitoria sandino by CAMBIO on Scribd

A.C.R.J.: ¿Cuál es su relación hoy con Comunes?

V.S.: Ninguna. Yo siempre he tenido discusiones internas, ya le expresaba cuando estuve con el camarada Alfonso Cano, con la gran ventaja para mí de que era un hombre absolutamente ecuánime, político, que entendía las razones y podía asumir y dar los debates. Cuando llegamos a La Habana seguimos dando esas discusiones porque en este caso, usted mencionaba el feminismo insurgente, fue una decisión de las mujeres: nosotras creamos a nivel interno de la delegación de paz una comisión de género. Esa comisión no siempre contó con la aprobación de la dirección de las Farc, eso generó muchos debates internos no solamente con la gran dirigencia sino también con los que estaban ahí en la delegación, que regularmente eran hombres, mandos de los distintos frentes y de los distintos bloques. Se fue profundizando esta discusión interna, sobre todo luego de la firma del Acuerdo de Paz, en materia de implementación, del rol que ha cumplido esa antigua dirigencia en cumplimiento y en el trabajo y por la paz; en apoyar, en acompañar los procesos de los compañeros y compañeras en los territorios, al punto que hoy la mayoría de las y los firmantes no hacen parte de Comunes. Esos son debates políticos muy fuertes que tuvimos, los debates políticos los reflejaron en violencia política, específicamente hacia mí. La violencia política no es solamente la negación o el aislamiento, sino que eso causa también otras dificultades, con estigmatizaciones, con señalamientos, con bullying, con una cantidad de hechos que son tremendamente dolorosos y que se supone que quienes están haciendo el tránsito a la vida legal, y quienes vienen y quienes han dirigido todo este conflicto deberían apostar por una profundización de la democracia. Era apenas mínimo que ese debate político se pudiera dar al interior de la organización y no con la estructura jerárquica de siempre.

A.C.R.J.: Ese activismo político, toda esa fuerza política que tiene usted, ¿desde dónde la está ejerciendo?

V.S.: La militancia política no termina. Muchos salimos de Comunes, no digo que seamos tan grandes, un grupo de compañeros y compañeras firmantes, y otros no firmantes, constituimos un movimiento político social que le llamamos Avanzar. El activismo político lo seguimos haciendo desde Avanzar, incluso muchos compañeros participaron en las elecciones locales anteriores, con avales de otros partidos, porque no tenemos el aval: esa fue también parte de la discusión con los Comunes, pedimos la escisión, un ejercicio similar al que hizo por ejemplo el Polo Democrático con Dignidad, el partido del señor [Jorge Enrique] Robledo, pero no fue posible. La mezquindad política de estos señores es mayúscula. Así que nosotros seguimos en el activismo político, tenemos un candidato muy fuerte, por ejemplo, a la alcaldía de Fonseca, Guajira, con el compañero Benedicto González [Benedicto de Jesús González Montenegro, del Movimiento Político Colombia Humana], quien ha tenido mucha estigmatización, ataques. De hecho, se repiten las elecciones el 17 de diciembre [hoy] por todos esos hechos corruptos, violentos, en el ejercicio de las elecciones pasadas del 29 de octubre.

A.C.R.J.: Si usted estuviera al frente de todas las mujeres del que se hace llamar Estado Mayor Central de las disidencias de las Farc, ¿usted que les diría?

V.S.: Yo no solamente [les diría] a ellas, a las compañeras o a las mujeres pues del ELN, a las mujeres que están en todos los grupos ilegales hoy, lo digo con todo esto que el gobierno ha planteado de la paz total: lo primero es que nosotras podemos contribuir a resolver el conflicto o sea, tenemos que aportar. Colombia no puede seguir en la guerra, en la violencia; yo entiendo que aquí hay causas que no han cesado, la violencia no ha cesado, pero podemos contribuir. Es el momento de apostarle a ello como sociedad colombiana. En estos escenarios de diálogo, las mujeres deben tener una voz directa ahí: eso es importante, es fundamental que ellas tengan esas voces, su voz propia, la voz de ellas.

A.C.R.J.: ¿Usted confía en que este, el que se llama el gobierno del cambio, va a ser generoso con el resto de la implementación del proceso de La Habana, que la paz total no hará un choque?

V.S.: Más que una confianza es una apuesta. Yo apuesto porque se implemente. El presidente de la república lo ha dicho, su voluntad política. Eso ya es significativo: la voluntad política para el cumplimiento del acuerdo es fundamental. Si aquí queremos apostarle a la paz total, eso comienza por la implementación del acuerdo de paz de 2016. En ese sentido, las condiciones de ahora son absolutamente distintas a las condiciones de hace más de hace cinco años, por ejemplo, cuando el presidente que ganó [Iván Duque Márquez] fue con la consigna de hacer trizas los Acuerdos; pues éste lo ha hecho con la consigna de cumplir, de implementar el Acuerdo. Y en eso, creo yo, se viene avanzando.

A.C.R.J.: ¿Tiene sentido la lucha armada, señora Sandino?

V.S.: Mire, yo no soy quién para decir, yo no estoy descalificando a nadie, lo que yo sí creo es que Colombia en su conjunto tiene que pasar la página de la violencia. La opción de seguir matando, mandándonos entre colombianos y colombianas, y no lo digo por quienes están alzados en armas, con el término que sea, ni califico eso, aquí el gobierno le ha llamado “grupos rebeldes y no rebeldes”, eso no lo estoy discutiendo. Lo que estoy diciendo es: la violencia, el uso de las armas no es el camino para Colombia.

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