
Una plazoleta como instrumento de paz: la resistencia de Miranda, Cauca, contra la guerra
Imagen de la inauguración de la Plazoleta de la Paz en Miranda, Cauca. Foto Cortesía Fontur.
CAMBIO llegó hasta este municipio del norte del Cauca, por años agobiado por el conflicto armado, pero donde sus habitantes dicen estar dispuestos a seguir luchando por la dignidad y el desarrollo de su territorio.
Por: Rainiero Patiño M.
Las calles, plazas y gentes de Miranda (Cauca) arrastran años de memoria histórica y de lucha. Desde aquellos cuentos coloniales, no escritos, que hablan del paso de Simón Bolívar por el pueblo, hasta los días de reorganización territorial y disputas internas, pasando por los tiempos más cercanos del recrudecimiento del conflicto armado. Todos, por supuesto, con la fuerza inagotable de sus habitantes por una vida digna y segura.
Con su ubicación estratégica entre las cordilleras Central y Occidental, más el peso de una fama injustamente relacionada solo con el horror y la violencia causados por el mal uso de la hoja de coca, Miranda es un ejemplo vivo de la resistencia en nombre del amor a la tierra y el poder de la naturaleza.
Para sus habitantes, como sucede en otras regiones golpeadas del país, la vida es una lucha diaria. Por eso, la inauguración de la Plazoleta Regional de la Paz en pleno centro del pueblo es más que la construcción de una obra. Es, para muchos, un símbolo de esperanza. Donde antes predominaba el silencio y el miedo, ahora hay una posible excusa para las risas de los niños, el trabajo y el encuentro de sus más de 32.000 habitantes. Un escenario para el encuentro ciudadano, la cultura y el turismo.
Rico en recursos naturales y una poderosa cultura, como resultado de la mezcla en sus calles de las comunidad indígena nasa, afrodescendientes y mestizos provenientes de diferentes regiones del país, los mirandeños se autodefinen como “una pequeña Colombia donde caben todos”.

Coca por café, cacao y turismo
La tierra roja de Miranda es un símbolo de la región que, rica en minerales y esparcida por sus 19.959 hectáreas, representa el 0,6 por ciento de la extensión del departamento del Cauca. Con un territorio que va desde los 950 hasta los 4.100 metros sobre el nivel del mar, tiene la ventaja de ser tierra bendita para todo tipo de cultivos, ya que cuenta con zonas que van desde áreas de sub-páramo a llanos o áreas planas, con una excelente topografía para manifestaciones agrícolas y el desarrollo de las fincas tradicionales.
Con estas condiciones geográficas favorables, el municipio le ha apostado al reemplazo de los cultivos ilícitos, principalmente de hoja de coca, por amplias zonas de café y cacao. Y otras áreas destinadas para el etnoturismo.
Los primeros resultados ya se pueden sentir y probar, como el caso del Café Aromo, un producto especial que es el resultado del trabajo cooperativo de campesinos y emprendedores del pueblo. Un logro que ya tuvo su debut internacional al ser el café que llevó la delegación colombiana a los pasados juegos olímpicos de París.

Otros proyectos que destacan incluyen el de la finca El Paraíso, una hacienda tradicional caucana que resguarda los secretos del paso del libertador Simón Bolívar en sus viajes entre Buga y Caloto. O el del trabajo de recuperación del Cerro de las Tres Cruces de la familia Isoto, un grupo liderado por Flor y sus nueve hermanos, miembros de la comunidad nasa, que trabajan por mantener uno de los atractivos turísticos de Miranda. Y, por otro lado, están los emprendimientos de productos naturales como la planta de chocolate Chocotonga, en la vereda La Munda, en donde Yulieth Cuenca y Yoliman Beltrán trabajan con el cacao especial de los campesinos de las veredas cercanas.
Cada uno tiene su historia de lucha y resistencia. Por ejemplo, la madre de Flor compró las tierras del cerro hace 30 años, pero falleció en 2010, en el mismo año en que hubo un fuerte recrudecimiento del conflicto armado en el Cauca. Eso, sumado a los cambios del clima, hicieron que la familia tomara un nuevo rumbo.
“A nosotros nos daba mucho miedo la guerra, y por eso dijimos que teníamos que cambiar ese hecho. Preferimos limpiar y organizar este hermoso lugar para volverlo turístico. Y como medio de mejorar la economía de la misma familia. Hoy el lugar es un sitio de peregrinación obligado durante la Semana Santa y casi todos los fines de semana sube gente a visitarlo”, cuenta Flor.
El proyecto de la plaza
Para los habitantes de Miranda, la nueva plazoleta representa mucho más que un espacio físico: es una oportunidad para el encuentro, el trabajo y la reconstrucción del tejido social. María Teresa, una emprendedora local, siente que les devuelve la esperanza: por ahora “tenemos dónde mostrar lo que hacemos, recibir visitantes y sentir orgullo por nuestro municipio”, dice.
La obra, según las cifras institucionales, tuvo una inversión de 14.933 millones de pesos. El diseño y la financiación del 82 por ciento del proyecto estuvo a cargo del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, con la coordinación de Fontur. La Alcaldía de Miranda aportó el 18 por ciento restante y desempeñó un rol crucial en la coordinación comunitaria y la articulación.

En total, la Plazoleta Regional de la Paz cuenta con un área de 7.615 metros cuadrados, con un superficie cubierta de 2.845 metros y otra al aire libre de 4.768 metros. Entre sus espacios se destacan una cancha múltiple, un pabellón, el teatrino, un boulevard, las zonas de comercio, las áreas de descanso y juegos infantiles, concebidos para promover la convivencia, la cultura y la integración comunitaria.
Durante su ejecución, la obra generó 220 empleos entre directos e indirectos, y con su apertura se proyecta la creación de 55 nuevos puestos de trabajo que pueden dinamizar la economía local, fortalecer el turismo y consolidar a Miranda como un punto de encuentro para la cultura, el desarrollo y la paz, en una zona neurálgica del país.
En el evento de entrega estuvo liderado por la vicepresidenta de la República, Francia Márquez Mina; el alcalde de Miranda, Walter Zúñiga Barona; el gobernador encargado del Cauca, Darío Almario Bravo; el director de Desarrollo, de Fontur, John Moreno; y alcaldes locales y representantes del sector cultural y empresarial de Miranda.
Un punto para la memoria
El pabellón y el teatrino son hoy un espacio abierto para la memoria del pueblo y de sus vecinos del norte del Cauca. Una exposición permanente de imágenes y relatos cuentan la historia reciente del municipio, las luchas de sus habitantes y los recuerdos de quienes han tenido que vivir y sufrir el conflicto armado.
De ahí que la vicepresidenta resaltó el valor de la obra como un símbolo de transformación, como un punto de encuentro entre la memoria, la cultura y la esperanza de un país que quiere avanzar hacia la reconciliación.
“Esta es una obra muy importante para la región, desde aquí se promoverá la paz, pero también estamos abriendo caminos para el arte, la cultura, el encuentro en familia y en comunidad. Este departamento merece vivir en paz. No van a silenciarnos con la violencia”, señaló Márquez.

La ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Morales Rojas, también destacó el significado de esta obra para el territorio y el mensaje de esperanza que encarna. “El nombre de Miranda resuena con la fuerza de un pueblo que resiste y que nos enseña que la paz no es una tregua, sino un proyecto de vida. Por años, esta tierra ha estado atribulada, pero ante el acecho de los violentos, ustedes han respondido con resiliencia y resistencia”, sostuvo la ministra.
Y para Félix Ojeda, gerente General (e) de Fontur, esta obra es una muestra de que el turismo también construye y deja de ser una promesa para convertirse en una herramienta real de desarrollo, convivencia y futuro”.
La plaza nueva, que para muchos de los colombianos puede ser vista como una obra más de cemento, para los mirandeños es el símbolo de un nuevo camino, a pesar de que por momentos a sus calles y veredas vuelven los días del miedo y de las balas. Pero, por eso, Flor Isoto dice que poco a poco hay que ir saliendo adelante, que no se pueden quedar en la misma guerra de antes y que donde antes había solo hoja de coca hoy hay mucho café, yuca, cacao y plátanos, las nuevas siembras que, dice, espera “hagan florecer al departamento del Cauca de otra manera”.

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