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Clara López, Juan Carlos Esguerra, Iván Marulanda y Rainiero Patiño, de CAMBIO.
País

“La Constitución de 1991 devolvió el poder a los ciudadanos”: Iván Marulanda

Clara López, Juan Carlos Esguerra, Iván Marulanda y Rainiero Patiño, de CAMBIO

En el panel ‘La Constitución del 91: logros, límites y deudas’ del foro ‘Una Constituyente: ¿para qué?’, realizado por CAMBIO, la senadora Clara López y los exconstituyentes Iván Marulanda y Juan Carlos Esguerra analizaron las virtudes y los desafíos que enfrenta la Carta Magna.

Por: Armando Neira

Basta echar un vistazo a los titulares de los viejos periódicos para ver aquella Colombia convulsionada de finales de los años ochenta: el narcoterrorismo desatado por Pablo Escobar, la confrontación armada de las guerrillas que salían de las selvas y tocaban las puertas de las ciudades, los partidos políticos responsabilizándose mutuamente de las tragedias cotidianas y, entre tanto, los ciudadanos perplejos sin saber qué hacer.

“El gran logro de la Constitución de 1991 fue que le devolvió el país a la gente”, dijo en la mañana de este jueves el exconstituyente Iván Marulanda durante el panel ‘La Constitución del 91: logros, límites y deudas’ del foro ‘Una Constituyente: ¿para qué?’, realizado por CAMBIO. En este también participaron el exconstituyente Juan Carlos Esguerra y la senadora del Pacto Histórico Clara López Obregón. La conversación estuvo moderada por el periodista Rainiero Patiño, de CAMBIO.

Durante la charla, los tres invitados se mostraron defensores de la actual Carta. Esguerra y Marulanda fueron más enfáticos en afirmar que el país no está para lanzarse en este momento a un proceso constituyente, propuesta que impulsa el oficialismo y que –a juicio de Esguerra– no se sabe para qué serviría y que, según Marulanda, podría facilitar que el caudillismo se aferre al poder. “Esto sería un retroceso histórico”, coincidieron.

Por su parte, la senadora López Obregón, una de las lideresas del Pacto Histórico, se mostró abierta a la propuesta porque considera que no hay que temer a la participación ciudadana. Recordó, por ejemplo, que cuando fue alcaldesa mayor de Bogotá vivió algunas de las manifestaciones más grandes registradas en la ciudad. Sin embargo, el “pueblo” se expresó de manera tranquila y con conciencia política. “Yo no soy anticonstituyente; soy promotora de la movilización de la ciudadanía”, sentenció.

López aseguró, además, que hay que dejar atrás los temores derivados de la polarización, pues “esta polarización es de cúpulas”, mientras que los ciudadanos del común esperan soluciones para que Colombia “no siga siendo el país más desigual del mundo”.

Los avances institucionales

En la charla se destacaron los avances que trajo la Carta Magna, como la tutela y herramientas institucionales como la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, la Corte Constitucional e incluso el Consejo Superior de la Judicatura.

“Yo destacaría dos aspectos que me parecen fundamentales: uno sobre lo que fue el proceso constituyente mismo y otro sobre lo que ha significado la Constitución del 91. A mi modo de ver, lo más importante es que modificó el sentido mismo de la palabra ‘Constitución’”, dijo Esguerra.

Juan Carlos Esguerra. Foto: Manuela Cardozo - CAMBIO
Juan Carlos Esguerra. Foto: Manuela Cardozo - CAMBIO

El también exministro de Defensa explicó que antes se entendía la Constitución como un texto político que definía el Estado: afirmaba su existencia, establecía su estructura, reconocía derechos y creaba mecanismos de control. Pero el centro de gravedad seguía siendo el poder y la política.

Para él, la Constitución de 1991 cambió ese centro de gravedad: lo desplazó del poder hacia la persona humana. Recordó que esto está señalado en el artículo primero, cuando habla del respeto por la dignidad humana, y en todo el Título I, además de otras normas que desarrollan esa idea: el derecho a una vivienda digna, el valor del trabajo, la educación, la seguridad social, la salud, entre otros. Todo ello trasladó el foco de lo político hacia la dignidad de la persona. “Y eso es fundamental”, añadió.

En la conversación, los invitados subrayaron que antes del texto de 1991 los procesos habían estado dominados por una vertiente política que imponía su visión del Estado sobre la otra. Eran cuerpos constituyentes hegemónicos, controlados por el vencedor de una guerra civil o de un episodio político.

Un país en un recinto

La Constitución del 91, en cambio, tuvo el enorme mérito de incluir a todos los sectores; nadie se quedó por fuera. Fue elegida popularmente y reunió desde expresidentes de la república hasta el entrenador de la Selección Colombia, por mencionar dos ejemplos. “Recuerdo que el primer día me preguntaba qué iba a salir de esa diversidad”, anotó Esguerra.

Agregó que lo más valioso es que de esa diversidad surgió una Constitución producto del consenso en lo fundamental. Fueron muy pocos –no más de cinco– los puntos decididos a voto limpio. Todo lo demás se resolvió gracias a la existencia de tres copresidentes que lideraban las bancadas y facilitaban los acuerdos.

Los tres presidentes de la Asamblea eran Antonio Navarro, de la Alianza Democrática M-19; Horacio Serpa Uribe, del Partido Liberal; y Álvaro Gómez Hurtado, del Movimiento de Salvación Nacional, de ideario de derecha. A pesar de sus diferencias ideológicas, cada uno buscó tender puentes para construir en equipo un país mejor.

¿Qué unía a los 70 constituyentes de la época? Esguerra y Marulanda recordaron que todo empezó cuando, tras la instalación, en la madrugada, cantaron al unísono el himno nacional. “Como decía el doctor Esguerra, a veces se preguntaban qué iba a salir de esa mezcla tan heterogénea –tan ‘rara’– de todos los actores presentes. Hoy, cuando se observa en perspectiva, sostiene que la Constitución es un organismo vivo, surgido de la conciencia colectiva. Nadie puede adjudicarse su autoría; fue el resultado de una evolución ciudadana frente a las realidades del país y de sus instituciones”, se dijo en el panel.

Una sociedad contra la pared

Se recordó que la población colombiana se encontraba cada día más arrinconada, indefensa, frustrada y sin esperanza, porque la organización del país no ofrecía salidas. Tras una larga cadena de guerras –desde las civiles del siglo XIX hasta la violencia bipartidista y las guerrillas–, la ciudadanía resolvió que era necesario un acuerdo político para arreglar por las buenas lo que nunca había podido resolverse por las malas.

“Lo que se expresó en esa Constituyente fue la voluntad de buscar un camino desde la conversación”, dijo Marulanda. La diversidad era grande, pero predominaba el interés por construir un camino institucional que incluyera a todos, sin violencia. Esa fue una diferencia radical frente a constituciones anteriores, surgidas de victorias militares y, por tanto, excluyentes. La de 1991, en cambio, fue democrática y popular.

Clara López Obregón. Foto: Manuela Cardozo - CAMBIO
Clara López Obregón. Foto: Manuela Cardozo - CAMBIO

En la charla se recordó que la campaña previa para ser electo constituyente también fue particular: no se hablaba de obras públicas, sino de los valores que debían fundar la nación y de los sueños de la gente. La votación no fue muy grande porque no había clientelas; se apelaba a la razón y al imaginario del país.

Cada constituyente llegó con un mandato ciudadano. En las sesiones, dos o tres de ellos explicaban en intervenciones breves por qué estaban allí. Esa práctica generó transparencia sobre lo que cada uno representaba y fomentó una voluntad de consenso.

López Obregón recordó la emoción vivida durante la elaboración del texto, cuando sintió que se producía un cambio radical: el poder se desplazaba desde las altas instancias hacia la ciudadanía. La soberanía dejaba de residir exclusivamente en la discrecionalidad del Congreso y se objetivaba en los instrumentos de participación y en la Corte Constitucional.

¿Qué se puede mejorar?

Pero, ¿sirvió el nuevo texto para hacer un país mejor? ¿Qué pasó? La senadora explicó que la Constitución es un cuerpo vivo que debe interpretarse de manera integral. Recordó que en los primeros diez años la efectividad de los derechos no dependió de la ley, como había previsto la Carta, sino de la tutela y de la Corte Constitucional, que empezó a consolidar los derechos en la sociedad a través de sus decisiones.

Debido a esta transformación, insistió en que el Congreso aún no comprende que la soberana es la Constitución y en que los gobiernos tampoco han entendido plenamente el papel de la Corte, guardiana del texto constitucional.

López relató que circulaba en la Constituyente un folleto de Ferdinand Lassalle titulado ‘¿Qué es una Constitución?’, en el cual se advertía que la Constitución era una hoja de papel que solo podía hacerse cumplir si los factores reales de poder la respaldaban.

Recordó el fracaso de la Constitución de Weimar, pese a ser una de las más democráticas de su tiempo. Por eso afirmó que Colombia debe evitar que los factores reales de poder socaven la Constitución de 1991.

Pese a estas dificultades, defendió el carácter progresista y humanista de la Constitución de 1991, que trasladó el eje del poder hacia la dignidad humana y dotó a la ciudadanía de herramientas para exigir sus derechos. Añadió que hoy hay que plantear soluciones creativas para responder a los desafíos enormes que enfrenta la sociedad colombiana. “Los municipios tendrán, si acaso, para pagarle el sueldo al alcalde. Viven exclusivamente de una miseria de transferencias y, en esos territorios, no hay ni mercado ni Estado”, afirmó.

Por eso consideró que es responsabilidad del Estado asegurar las condiciones materiales mínimas para que la representación democrática sea efectiva.

Recordó también el fenómeno de la parapolítica y cómo más del 30 por ciento del Congreso terminó investigado y condenado gracias a las instituciones. Sin embargo, advirtió que no se debe caer en triunfalismos.

Democracia y participación

Esguerra contó al auditorio y a los miles de seguidores que seguían la transmisión por las redes sociales de CAMBIO que la Constitución del 91 buscó reemplazar la vieja democracia representativa por una realmente participativa. Antes, los ciudadanos solo se comunicaban con el poder cada cuatro años, mediante elecciones. La nueva Constitución creó múltiples instrumentos de participación: la iniciativa legislativa ciudadana, los referendos, la revocatoria del mandato, las consultas populares y, por supuesto, la tutela.

Recordó que la acción de inconstitucionalidad ya existía desde 1910, pero la Constitución del 91 permitió que cualquier ciudadano –el más humilde– pudiera interponerla para cuestionar una ley y hacer que un tribunal anulara normas contrarias a la Constitución.

Iván Marulanda. Foto: Manuela Cardozo - CAMBIO
Iván Marulanda. Foto: Manuela Cardozo - CAMBIO

La tutela –añadió– es un mecanismo inmediato para proteger derechos fundamentales cuando no existe otro instrumento. Relató cómo, a través de tutelas, se han protegido niños víctimas de violencia intrafamiliar o jóvenes expulsadas injustamente del colegio por quedar embarazadas. La tutela permitió que el ciudadano común pudiera hacerse oír y defender sus derechos de manera efectiva.

Reconoció, no obstante, que ha habido abusos, especialmente cuando se ha utilizado la tutela como herramienta política, por ejemplo, para interferir en el nombramiento de autoridades universitarias. Subrayó que la tutela fue creada para proteger derechos fundamentales, no para corregir decisiones administrativas o judiciales que cuentan con otros mecanismos de control.

Finalizó afirmando que los derechos fundamentales no se limitan a los enumerados en la Constitución, sino que han crecido con el tiempo, como el derecho al libre desarrollo de la personalidad, esencial para que cada persona defina su proyecto de vida.

El panel concluyó con una reflexión sobre el uso adecuado de los mecanismos de participación y la necesidad de que estos fortalezcan la democracia y no la distorsionen.

“Claro –cerró el moderador–, la Constitución del 91 buscó, ante todo, darle voz efectiva a la ciudadanía y abrir canales reales de participación. Ese sigue siendo el reto: que estos mecanismos se utilicen para fortalecer la democracia y no para desvirtuarla”.

Finalización del artículo

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