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Una pareja de adultos mayores sonríe mientras comparte tiempo de calidad
País

La nueva geografía de la edad: Bogotá se divide entre un sur joven y un norte más envejecido

Un análisis de la Universidad Nacional con datos del Dane revela una transformación demográfica profunda en Bogotá: los niños y jóvenes se concentran en su mayoría en el sur, mientras que los adultos mayores predominan en el norte y el centro.

Por: Juan David Cano

La capital está experimentando una transformación silenciosa que redefine sus fronteras internas. Para 2035, Bogotá tendrá casi tantos adultos mayores como menores de 17 años, una señal clara de que la ciudad avanza hacia un envejecimiento acelerado. Este cambio, impulsado por la reducción de nacimientos, hogares más pequeños y una esperanza de vida creciente, ya se refleja en el mapa urbano: mientras el sur de la ciudad mantiene una población joven, el norte se consolida como territorio de adultos mayores.

Julieth Andrea Parra Hincapié, especialista en Análisis Espacial de la Universidad Nacional, analizó esta tendencia y explicó que esta transformación tiene implicaciones que van mucho más allá de las cifras. “Más allá de que seamos más adultos mayores, el problema es cómo respondemos como sociedad y como ciudad. Si no hay entornos asequibles, seguros y pensados para distintas edades, se profundiza la segregación etaria y aumentan los riesgos de aislamiento, especialmente en una etapa de la vida en la que el apoyo social es esencial”, explicó.

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Imagen de referencia | Crédito: Colprensa

De acuerdo con cifras del Dane, Colombia pasó de tener un 9,2 por ciento de personas mayores de 60 años en 2005 a 15,9 por ciento en 2024. Bogotá marca incluso un ritmo más rápido: su índice de envejecimiento llegó a 72 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años, superando holgadamente el promedio nacional.

¿Dónde está la mayoría de jóvenes y dónde vive la mayoría de adultos mayores?

Debido a esta marcada diferencia que produce la capital, Parra decidió analizar más de 2.700 secciones censales del Censo Nacional de 2018, lo que permitió trazar una radiografía detallada de la distribución por edades en la ciudad. La fotografía resultante muestra dos realidades muy distintas:

  • Localidades del sur y el suroccidente (Bosa, Usme, Ciudad Bolívar y San Cristóbal) concentran niños y adolescentes y, a la vez, los mayores niveles de pobreza multidimensional y menor oferta de servicios urbanos.
  • Localidades del norte y el centro (Chapinero, Teusaquillo, Barrios Unidos, Chicó y Usaquén) tienen más población mayor y está asentada en barrios consolidados, con mejor acceso a parques, centros culturales, bibliotecas y servicios públicos.

La investigadora señala que esta brecha no solo responde a factores demográficos, sino también económicos y habitacionales. Los hogares jóvenes, con ingresos más bajos y tamaños mayores, terminan desplazados hacia zonas periféricas con menos equipamientos como hospitales, parques y centros de bienestar, mientras que los adultos mayores permanecen en viviendas amplias y tradicionales del centro y el norte, muchas de ellas difíciles de adaptar a nuevas dinámicas familiares.

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Adultos mayores | Crédito: Colprensa

“En el norte de la ciudad, la estimación indica que más adultos mayores permanecen en barrios tradicionales, con viviendas grandes y consolidadas, mientras que los hogares jóvenes, más numerosos y con menores ingresos, se desplazan hacia zonas periféricas en donde los costos son más bajos, pero también hay menos servicios”, asegura.

¿Una ciudad que no mezcla generaciones?

El estudio también evaluó la accesibilidad y ‘co-accesibilidad’, es decir, la posibilidad de que distintas generaciones coincidan en los mismos espacios públicos. Los resultados evidencian una ciudad segmentada:

  • En los sectores con más adultos mayores, especialmente en el centro-nororiente, la co-accesibilidad es baja: hay parques y equipamientos, pero no generan encuentros intergeneracionales.
  • En el sur, en cambio, donde predomina la población joven, la mezcla potencial entre edades es mayor, pese a la limitada oferta de servicios.

Parra advierte que esta separación tiene efectos sociales profundos. “El debate no pasa por eliminar la concentración etaria, sino por evitar que esta se traduzca en aislamiento. Tener grupos concentrados facilita planificar servicios, pero cuando las generaciones viven completamente separadas se rompe el tejido social. El intercambio entre edades es fundamental para fortalecer la empatía, el aprendizaje mutuo y el sentido de comunidad, aspectos que no se logran si cada grupo habita su propio fragmento de ciudad”, dice.

El mercado de vivienda, un factor clave en la segregación por edad

La investigación revela que la estructura del mercado inmobiliario refuerza la separación etaria. Barrios donde predomina las viviendas propias como Chapinero o Teusaquillo, tienden a concentrar adultos mayores y dificultan la llegada de nuevas familias jóvenes. Entonces, la falta de vivienda flexible o de proyectos que integren grupos variados contribuye a perpetuar esta división.

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Adultos mayores disfrutan de un momento de descanso en un parque. Crédito: Ministerio de Salud.

Para la especialista, sumar unidades pequeñas, vivienda para arriendo y proyectos que incentiven la mezcla generacional serían pasos esenciales para equilibrar la composición de los barrios. “Una ciudad amigable con las personas mayores también es una ciudad mejor para todos. Necesitamos barrios en donde los mayores puedan permanecer, pero en donde también se reciban nuevas generaciones; más parques, bibliotecas y redes peatonales que faciliten el movimiento y la interacción cotidiana”, explica.

Retos para una ciudad que envejece

Las conclusiones del estudio apuntan a una necesidad urgente: incorporar criterios intergeneracionales en la planificación urbana. Entre las recomendaciones están:

  • Fortalecer redes peatonales seguras y continuas.
  • Diseñar vivienda adaptable a distintos ciclos de vida.
  • Ampliar parques, bibliotecas y centros comunitarios que favorezcan el encuentro entre edades.
  • Integrar la política de cuidado a una visión territorial, respondiendo a las necesidades de una población mayor cada vez más numerosa.

Parra enfatiza en que Bogotá debe prepararse para un escenario donde más de un millón de personas superan los 60 años y la tendencia sigue al alza. “Es urgente fortalecer el sistema de cuidado con una visión territorial. Durante una década invertimos en la primera infancia, ahora debemos pensar en el cuidado de la vejez, en cómo acompañar a quienes serán mayoría en pocos años”, señala.

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