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País

La guerra por las calles de Cúcuta: la reorganización de las bandas criminales

La aparición de cuerpos desmembrados se ha convertido en algo común en el área metropolitana de Cúcuta. Foto de archivo.

La capital de Norte de Santander y su área metropolitana viven una difícil situación de seguridad, con asesinatos, desmembramientos y ataques a las autoridades. Análisis.

Por: Rainiero Patiño M.

Los trabajadores de la empresa de servicios públicos de Cúcuta dieron la alerta alrededor de las 12 de la noche del pasado jueves 29 de mayo. Mientras recogían la basura en una calle frente a la Cárcel Modelo, hallaron una cabeza humana dentro de una nevera de icopor. Junto a la cava fue hallado un mensaje dirigido a algunas de las bandas criminales que operan en la ciudad.

La escena resume de manera macabra la situación de seguridad que vive la capital de Norte de Santander y la amenaza que se cierne sobre muchos cucuteños, incluidos los funcionarios del centro penitenciario, entre ellos su director Ronald Ugarte, por los constantes ataques de los grupos criminales.

La de esta semana no ha sido el único desmembramiento en Cúcuta en los últimos meses. El pasado 27 de febrero, personas que transitaban por el canal Bogotá, cerca de la calle 11, entre los barrios Cundinamarca y San Miguel, reportaron el hallazgo de una cabeza y otras partes humanas dentro de otra nevera de icopor.

La investigación determinó que se trataba del cuerpo de Sixto Ferney Rojas Montalvo, un hombre oriundo de Bogotá, quien habría llegado a Cúcuta en compañía de otros tres hombres con el fin de organizar una fundación para rehabilitación de adictos en condición de calle.

En las semanas posteriores, las autoridades capturaron a tres personas que estarían relacionadas con el crimen. Aunque la muerte de Rojas no parece tener relación con el accionar de bandas criminales de Cúcuta, por lo menos es una muestra de la degradación y violencia que inunda la ciudad.

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Algunos de los cuerpos han sido hallados en canales de la ciudad por ciudadanos. Foto Tomada de Redes Sociales.

Según el Instituto de Medicina Legal, el departamento de Norte de Santander cerró el 2024 con 561 muertes por homicidio. 303 de estas muertes violentas ocurrieron en Cúcuta, 274 eran hombres y 29 mujeres.

Y el listado del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal de México ubicó a Cúcuta en el puesto 39 entre las 50 ciudades más violentas del mundo, con una tasa de 36 homicidios por cada 100.000 habitantes. En 2023, la ciudad había ocupado el puesto 43 del mismo ranking.

Un repaso reciente

La grave situación de violencia que vive Cúcuta, tristemente, no es nueva. Pero, analistas e investigadores, como Wilfredo Cañizares, de la Fundación Progresar, dicen que se puede hablar de un punto de quiebre desde el año 2016, con el cierre de la frontera y el rompimiento de relaciones del Gobierno nacional con Venezuela.

Desde ese momento empezó un pico de ascenso, que en el Observatorio de Derechos Humanos de Progresar denominaron “un caos criminal”, lo que trajo el desarrollo de una serie de economías ilegales alrededor de la crisis migratoria, la aparición de una multiplicidad de bandas criminales y el fortalecimiento de otras estructuras que hacían vida en Norte de Santander y, específicamente, en el área metropolitana de Cúcuta.

Ese escenario tuvo un pequeño descenso con el restablecimiento de las relaciones de los gobiernos, porque debilitó las estructuras que tenían posicionamiento a lo largo de la frontera.

A esto se sumó otro factor, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) le declaró la guerra a todas las bandas en los territorios limítrofes, señalando a muchas de ellas de ser paramilitares o aliados de paramilitares, incluyendo a Los Rastrojos, que estaban operando en el municipio de Puerto Santander, en el área metropolitana de Cúcuta.

Y el tercer factor que influyó en el descenso de la violencia fue la crisis cocalera en el Catatumbo, que duró dos años. Esto se dio a raíz de la salida de los cárteles mexicanos de Jalisco Nueva Generación y de Sinaloa. Para entender el fenómeno, hay que tener claro que Cúcuta siempre ha sido “el patio trasero del Catatumbo”, porque su dinámica de violencia se refleja de manera directa y la ciudad funciona como una zona de lavado de activos o economía subterránea de todas las actividades criminales de esa región, principalmente el narcotráfico.

Esa cercanía del centro urbano de Cúcuta y su área metropolitana (Villa del Rosario, Los Patios, San Cayetano, El Zulia y Puerto Santander) con el Catatumbo se refleja en la presencia violenta de grupos armados ilegales como el ELN, el EMC de las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo.

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Ever Carreño, alias Porras, líder de la banda criminal conocida como La Familia P o Los Porras. Foto difundida por las autoridades.

Según el informe Mapa del delito: inventario de organizaciones delincuenciales en aglomeraciones urbanas en 2023, de la Fundación Pares, unas 20 organizaciones tenían “injerencia en la regulación de los mercados de la criminalidad y el control social y territorial” en Cúcuta.

De estos, tres corresponden a Grupos Armados Organizados -precisamente las tres organizaciones más fuertes a nivel nacional-, seis son Grupos Delincuenciales Organizados (GDO) -entre los que destacan organizaciones como Los Pelusos, AK47 y Los Porras- y 11 son Grupos de Delincuencia Común Organizado (GDCO) que funcionan que tienen un alcance barrial.

La lista completa es: ELN (Frente Urbano Carlos Germán Velazco Villamizar), las Disidencias Farc (Frente 33), Clan del Golfo, Los Pelusos (EPL), AK 47, Los Alemanes (Los de Saúl), Los Rastrojos, Los Porras o Familia P; Los Lobos, Los Pulpos, Los del Gordo, Los del Burro, Los del Noño, Los Comba, La Línea (Autodefensas Unidas de Colombia y Venezuela), Los Causa, El Hampa, Los Bacanes, Los de Carlos Pecueca, Los de Piojo y Los Invisibles

La reconfiguración

Esos 20 grupos identificados por Pares y otros más pequeños tenían injerencia durante los días de los cierres de frontera, según señala Cañizares. Pero, según su análisis, a partir del año 2024, en Cúcuta se ha venido presentando un proceso de reconfiguración criminal. En medio de esto, algunas estructuras desaparecen, otras se unen o son absorbidas.

Lo clave es que las nuevas estructuras se asentaron en el área metropolitana y cambiaron su forma de obtener ingresos: ya no es producto de la red de trata o del cobro por el cruce de un paso informal de frontera, sino que se dedican a actividades como la extorsión, el microtráfico y el secuestro.

Esa nueva configuración se ha concentrado en unas cinco o seis estructuras criminales, que muchas veces trabajan en alianza. En el tema del microtráfico, por ejemplo, el Clan del Golfo, o autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia, viene actuando como articulador, ya que tiene poder y se sigue expandiendo desde su llegada al corregimiento de Palmarito en el año 2020.

A eso se suman sus negocios y alianzas para extorsiones y secuestros, por ejemplo, con Ever Carreño Corredor, alias Porras, un peligroso criminal líder de la banda Familia P y quien está preso en La Picota de Bogotá. “Es un personaje que en los últimos dos años ha tenido un crecimiento desbordado de hombres, de control sobre la distribución de la droga y del cobro de extorsiones”, dice Cañizares.

Los Porras, revela Pares, es una estructura delincuencial que nació en el año 2010, en la comuna 8 de Cúcuta, bajo el liderazgo de Carreño. Comenzó como un grupo de microtráfico y luego se convirtió en una de las principales redes de tráfico de estupefacientes de la ciudad y se ha extendido a las comunas 7 y 9.

Los Mexicanos es otra de las bandas que ha ganado poder reciente en Cúcuta. Aunque su cabecilla, Juan Carlos Acevedo Hernández, alias Jota, está en la cárcel La Picaleña, de Ibagué, esta organización mantiene un crudo enfrentamiento con Los Porras.

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Ever Carreño, alias Porras, líder de la banda criminal conocida como La Familia P o Los Porras. Foto difundida por las autoridades.

Por otro lado están Los AK-47, una banda que a pesar de haber recibido algunos golpes de las autoridades, parece cada vez reaparece con más fuerza, más armas, más hombres y dominio de territorios.

Los AK-47 también son conocidos como Los Alemanes, Los Nazis o Los de Saúl, debido al nombre de su cabecilla, Jhoswar Saúl Hernández Sanabria. Tenían como centro principal de operaciones la Comuna 1, aunque también ha hecho presencia en la Comuna 9, y se dedica a la extorsión y tráfico de estupefacientes. La estructura, de acuerdo reportes de las autoridades, sería un brazo del Tren de Aragua que opera en Cúcuta. Según Pares, ha tenido alianzas con Los Porras y Los Lobos.

Otras bandas nuevas y más pequeñas están focalizadas, según Cañizares, como Los 9 milímetros, que controlan varias zonas de Cúcuta, con la distribución y negocio de ollas en la comuna 6. También está la estructura conocida como Los Chamorros, muy ligada al tema paramilitar.

“Hay un elemento en esta reconfiguración que es muy complicado para que las operaciones de la Fuerza Pública den resultados y son las complicidades y la corrupción. Sobre todo con bandas como Los Porras, en los que sabemos que hay sectores que trabajan de la mano de la Policía Metropolitana, los tienen (a los agentes) en la nómina”, advierte Cañizares.

La proliferación de nuevas bandas y su reorganización, según explica la Fundación Progresar, también ha disparado los casos de extorsión en Cúcuta, “porque ahora mismo pagan desde 5.000 pesos los vendedores informales, hasta 50 millones los comerciantes del Centro Comercial Alejandría, por ejemplo”.

Ahora el punto más alto de la cruel guerra que se vive en las calles de Cúcuta parecen ser los casos de desmembramientos. Aunque Cañizares dice que no es una práctica nueva en la ciudad y que “está ligada a disputas o ajustes alrededor del tema del narcotráfico, principalmente”. Por lo que, no es raro que el caso más reciente pueda ser un mensaje para miembros de las bandas que están en la cárcel de la ciudad, otra guerra que merece un capítulo aparte.

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