
Gustavo Petro, un rehén de tono desafiante
El presidente Gustavo Petro.
El presidente atraviesa uno de los momentos más difíciles de su mandato. El ministro del Interior, Armando Benedetti, dijo en la noche de este lunes que el mandatario iba a cambiar el lenguaje para buscar consensos políticos en medio de la crisis provocada por el atentado contra Miguel Uribe Turbay. Hasta militantes del Pacto Histórico, como María José Pizarro y Gustavo Bolívar, le piden bajar la temperatura a sus palabras. Análisis.
Por: Armando Neira
Hasta ahora y a la espera de un próximo trino, el presidente Gustavo Petro se veía aislado en una burbuja impermeable a las voces que le piden moderar su lenguaje confrontacional hacia sus contradictores. Estas provienen desde los cuatro puntos cardinales. El Departamento de Estado de Estados Unidos, que lo observa con desconfianza, líderes del Pacto Histórico, como la senadora María José Pizarro y el aspirante presidencial Gustavo Bolívar, quienes le profesan un afecto genuino desde hace años.
Mientras aumentan las voces que le exigen hacer una pausa urgente, dado su rol como uno de los principales responsables del clima de polarización y porque ostenta el cargo más importante del país, tras el atentado contra el senador y aspirante presidencial del opositor Centro Democrático (CD), Miguel Uribe Turbay –quien depende de un milagro para salvar su vida–, hay expectativa si el mandatario seguirá con el mismo libreto iniciado meses después de asumir el poder.
Por qué se sumergió en una postura que contradice dos de sus discursos más emotivos y que en su momento fueron calificados como históricos. Primero, el 19 de junio de 2022, cuando fue electo y, ante una multitud que celebraba en el Movistar Arena de Bogotá, dijo que reconstruiría el país con “la política del amor, con cambios no para vengarnos” ni para “construir más odios, ni para profundizar el sectarismo en la sociedad colombiana”, sino “precisamente para dejar el odio atrás”.
Y para lograr esto aseguró: “No vamos a utilizar el poder en función de destruir al oponente, significa que nos perdonamos (...), significa que esa oposición bajo los liderazgos que quieran será siempre bienvenida en el Palacio de Nariño. (...) Nunca habrá persecución política, ni persecución jurídica; solo habrá respeto y diálogo”.
Las palabras que se llevó el viento
Luego, el 7 de agosto de ese mismo año, en la Plaza de Bolívar de Bogotá, durante la jura de su mandato, afirmó que iba a tender puentes de inmediato: “Dialogaré con todos y todas, sin excepciones ni exclusiones” por lo que anunció “un gobierno de puertas abiertas para todo aquel que quiera dialogar”, y porque, entre otras razones, “no se gobierna a distancia, alejado del pueblo y desconectado de sus realidades. Todo lo contrario: se gobierna escuchando”.

Así que anunció la puesta en marcha de “mecanismos y dinámicas para que todo colombiano se sienta escuchado en este Gobierno”.
Con el paso de los meses y ante el lento avance de sus reformas sociales en el Congreso, el presidente Petro abandonó ese talante conciliador, para pasar primero a las descalificaciones y luego a los insultos, hasta llegar, incluso, a negar la condición de seres humanos a sus contradictores.
Así escaló sus agresiones a unos rivales políticos a los que ya había llamado “nazis”, “fascistas”, “vampiros”, “mafiosos”, “esclavistas” e incluso “bestias”. Cuando al senador Alirio Barrera, también de la oposición, se le murió su caballo Pasaporte por una mordedura de culebra, dijo: “Sintió tanta bestialidad encima que prefirió morirse”.
Tras el archivo de la reforma laboral, acusó a los congresistas de “esclavistas, explotadores, señores del feudo, dueños de siervos y de esclavos que en Colombia no van a encontrar a nadie”.
En esa línea, este primero de mayo desenvainó la espada del Libertador Simón Bolívar y se dirigió a los congresistas diciendo “Libertad o muerte”, “HP esclavistas”, mientras señalaba que varios parlamentarios tenían las “manos untadas de sangre”.
Todo esto ocurrió en un marco en el que Angie Rodríguez, directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre), ondeaba, a su lado, la bandera negra, roja y blanca de la “guerra a muerte” de Simón Bolívar.
Unos trinos desafortunados
Horas antes del atentado contra Uribe Turbay, Petro escribió: “¿Vas a llevar, Miguel Uribe, como tu abuelo, ¿a 10.000 colombianos a la tortura para frenar al pueblo? Ya no podrás, el pueblo se ha decidido”, porque el senador había dicho que la consulta popular no iba.

También contestó con otro trino contra una opinión del senador, atacado por un niño sicario, cuando este hizo su exposición en la Convención Bancaria: “¡Dios mío! ¿El nieto de un presidente que ordenó la tortura de 10.000 colombianos, hablando de ruptura institucional?”.
Ante esto, la doctora en sociología Olga L. González, de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, terció para decirle al primer mandatario: “Por favor, otra vez: los delitos de sangre NO existen. Y este trino de Petro es muy desafortunado. Él, como jefe de Estado, no debe hostilizar a sus rivales, sean políticos o periodistas”.
Luego, en su alocución, le envió un mensaje en árabe a la víctima, un hecho que también fue rechazado por varios analistas políticos al considerar que nada tiene que ver con la situación.
El punto no es que él provenga de una familia que llegó hace más de siglo y medio a Colombia, sino que es un aspirante presidencial de la oposición, nacido en Bogotá, con mamá bogotana, que en ese momento luchaba por su vida.
Moderar el lenguaje
En medio de esta sensación de dolor y desazón, las voces que piden a todos los actores políticos moderar el lenguaje han ido en aumento. Buena parte de estos llamados se dirigen de manera directa al presidente Petro, no solo porque él simboliza la unidad de la nación, sino porque cada palabra suya tiene un enorme poder de amplificación ahora también por grupos de activistas pagados por el erario.
Incluso hay quienes le atribuyen un grado de responsabilidad política por lo sucedido. “Estados Unidos condena en los términos más enérgicos posibles el intento de asesinato del senador Miguel Uribe”, dijo el senador republicano Marco Rubio. “Esta es una amenaza directa a la democracia y el resultado de la retórica izquierdista violenta que proviene de los más altos niveles del Gobierno colombiano”, argumentó el responsable de la política exterior de ese país.

“Este tipo de tragedias deben aprovecharse para unir al país, para atemperar el lenguaje, ese lenguaje que se ha dado sobre odios y agresiones y que lleva a agresiones físicas”, dijo, por su parte, el expresidente Juan Manuel Santos.
Sergio Fajardo, aspirante presidencial, le exige al presidente respeto en la manera que se comunica con sus ciudadanos y en la forma que ejerce el poder. Para el exgobernador de Antioquia, al no hacerlo, él mismo termina levantando muros que le impiden gobernar de una mejor manera.
Una reunión sin partidos
De hecho, en las últimas horas esto quedó en evidencia con el llamado que hubo para ir a Palacio a buscar salidas a la crisis del momento que atraviesa el país. El Gobierno nacional convocó a todos los partidos, pero el encuentro no contó con la presencia de la mayoría de las colectividades que, al contrario, se unieron para no reconocer al presidente Petro ni al ministro del Interior, Benedetti, como garantes del proceso electoral que inicia.
El pronunciamiento fue firmado por los partidos Centro Democrático, Conservador, Cambio Radical, Liberal, Mira, ASI (Alianza Social Independiente), Partido de la U y Colombia Justa Libres. Es decir, el abismo abierto hoy parece ser mayor.

“El miedo, la incertidumbre, la polarización y el avance descontrolado de la criminalidad han afectado gravemente la vida nacional, generando inseguridad en todos los ámbitos de nuestra sociedad”, agregaron en un texto estas colectividades.
Además, aseguraron que, lejos de mitigar esta crisis, “el Gobierno del presidente Petro parece empeñado en agravarla. Su persistencia en exacerbar la polarización, fomentar el enfrentamiento, desconocer la institucionalidad, señalar a opositores y descalificar a quienes disienten profundiza la fractura social y política que nos consume”.
Los llamados al presidente han llegado incluso de líderes que le tienen un genuino afecto y que lo han acompañado en su ideario político desde hace años y que lo defienden con convicción.
Las voces del Pacto Histórico
La senadora María José Pizarro, hija del también asesinado por la violencia política Carlos Pizarro Leóngómez, es una de ellas. Dice que por eso es el momento de la reflexión y de desterrar los “discursos de odio de la política”, e incluye en su petición al presidente Petro.
“Hacemos un llamado a nuestras bases políticas, influenciadores y a los medios de comunicación para que al unísono rechacemos de manera contundente mensajes de odio y empecemos a amplificar las voces que están llamando por un momento de reflexión nacional”, dijo la congresista que también aspira a ser la candidata de la izquierda en 2026.

Cuando se le preguntó si esta petición también iba dirigida al presidente Petro, ella respondió que por supuesto.
En la misma línea se expresó el también líder del Pacto Histórico y aspirante presidencial Gustavo Bolívar, quien señaló que Colombia atraviesa una oleada de odio inusitada y pidió responsabilidad a todos los actores políticos y mediáticos.
“Yo entiendo que todos, y en esto hago un mea culpa, debemos desescalar la violencia verbal, especialmente en redes sociales y medios. Ese discurso de odio nos está llevando a escenarios peligrosos”, aseguró.
El llamado de la canciller
En una línea similar, pero sin mencionar al presidente Petro se movió la canciller Laura Sarabia, quien públicamente pidió “no más violencia desde el discurso de redes sociales, no más violencia en el maltrato por la diferencia de ideas, no más violencia que nos distancie del objetivo de hacer la paz”.

“Desde nuestra esquina, este atentado es un llamado a nuestras responsabilidades, nos compromete a trabajar incansablemente por corregir nuestros errores, por desescalar el discurso que incita al odio y a la ira en público y en privado”, aseguró. Y exhortó a “erradicar el odio desde el lenguaje y el trato cotidiano (...); no más violencia desde el discurso de redes sociales, no más violencia en el maltrato por la diferencia de ideas”.
El periodista, especialista en análisis de medios de comunicación y columnista de La Silla Vacía, Carlos Cortés, escribió sobre el tema:
“Para el presidente, las reformas son una cuestión de ‘libertad o muerte’; sus contradictores son ‘nazis’, los empresarios son ‘enemigos del pueblo’ y las periodistas son ‘muñecas de la mafia’. Cuando le hemos cuestionado este discurso y el riesgo que entraña, responde que tiene derecho a su libertad de expresión. Desconociendo las obligaciones constitucionales que su cargo impone, Petro ha sido el principal protagonista de un escalamiento retórico, y sus bodegas de influenciadores a sueldo –muchos nacidos después del espiral de violencia que él mismo vivió– han desplegado su libreto de manera sistemática”.
En una serie de mensajes en X, su trinchera favorita para comunicarse, Petro escribió varios textos con una argumentación similar a la que ha esgrimido en los últimos tiempos y que dista mucho de sus discursos emotivos y fraternos cuando ganó las elecciones y cuando se posesionó. Entre los opositores hay dudas y dicen que es mejor esperar su próximo trino.
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