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País

Petro, el presidente de los 55 ministros y 120 viceministros

Aspecto de una reunión del gabinete del presidente Petro.

Con la salida de Laura Sarabia y la entrada de Rosa Villavicencio a la Cancillería, el mandatario se convierte en el presidente que más ha modificado su gabinete en las últimas décadas. Análisis.

Por: Armando Neira

“Mi tiempo en el Gobierno ha terminado”, dijo Laura Sarabia, la más antigua integrante del equipo de gobierno del presidente Gustavo Petro, al anunciar su salida de la Cancillería. A continuación, informó que Rosa Villavicencio sería su reemplazo.

Con este movimiento, el presidente Petro suma 55 ministros y 120 viceministros. Este nivel de rotación lo convierte en el presidente con más cambios de gabinete en décadas recientes.

Solo en la Cancillería han pasado Álvaro Leyva, Luis Gilberto Murillo, Sarabia y ahora Villavicencio. A pesar de estas modificaciones, los problemas no se solucionan a la misma velocidad.

Así, por ejemplo, incluso antes de asumir el cargo, el presidente había dado instrucciones para que los pasaportes fueran elaborados exclusivamente por el Estado colombiano. Al margen de la polémica con la empresa Thomas Greg & Sons, motivada por las dudas —razonables o no— del jefe de Estado sobre esa compañía, su orden no se ha llevado a cabo.

Por el contrario, hoy están encendidas las alarmas porque la Imprenta Nacional no estaría preparada para asumir esta tarea en menos de dos meses.

“En cuanto a la trazabilidad de los documentos, consideramos desde la Cancillería que la Imprenta no está lista y necesita un tiempo de transición para que lleguen las máquinas y se fortalezcan las capacidades”, dijo Sarabia antes de marcharse.

El tema de los pasaportes no es el único. Colombia atraviesa hoy una situación extremadamente delicada en sus relaciones con su principal socio comercial, Estados Unidos, tras el llamado a consultas de sus respectivos embajadores, un hecho que no ocurría desde 1903, durante la separación de Panamá.

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El presidente Gustavo Petro en una reunión reciente con sus ministros. FOTO: Juan Cano - Presidencia de la República

Aunque el embajador Daniel García-Peña ya regresó a Washington, el problema de fondo no se ha solucionado. Sarabia pasó, para citar un caso, y nunca logró obtener una cita con su par Marco Rubio. ¿Se podrá sentar en una misma mesa Villavicencio con él para trazar la hoja de ruta de las relaciones bilaterales?

Tiempo de aprendizaje

Un exministro del gobierno de Petro, que prefiere reservar su nombre, afirma que, en condiciones normales, deben transcurrir al menos dos meses desde la llamada del presidente ofreciendo el cargo, pasando por el empalme y la conformación del equipo de confianza, para que el trabajo comience a desarrollarse de manera eficiente.

Pero no solo se trata del funcionamiento de los ministros, encargados de ejecutar las políticas públicas en los territorios, sino también de lo que ocurre al interior de la propia Casa de Nariño, donde los cambios en el personal también avanzan a velocidad de crucero.

El Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre), que estructura el funcionamiento del despacho presidencial y su círculo más cercano de asesores, ha tenido cinco directores: Mauricio Lizcano, Carlos Ramón González —hoy prófugo de la justicia—, Laura Sarabia, Jorge Rojas Rodríguez y Angie Rodríguez.

Algunos relevos han sido sorprendentes, como el de Rojas, uno de los más antiguos y leales compañeros políticos del presidente Petro, quien solo duró cinco días en el cargo. Salió luego de que el mandatario afirmara, en un consejo de ministros televisado, que “por poco acaba con el gobierno”.

En este caso, además, hay una inestabilidad en los equipos de trabajo porque, claro, cada uno de los directores llega con su equipo y despide a buena parte de los anteriores. Toda una contradicción en un gobierno que se esforzó al máximo por una reforma laboral que diera estabilidad a los trabajadores.

Razones para preocuparse

“La rotación ministerial no es una buena noticia, al menos no en los niveles que se han visto en este gobierno, donde ningún ministro ha durado tanto como la administración misma”, dice Gabriel Cifuentes. El analista considera que hay varias razones por las que esto resulta preocupante.

Primero, porque la alta rotación genera traumatismos institucionales: cada nuevo ministro debe atravesar un proceso de aprendizaje y, con frecuencia, cambia a su equipo técnico, lo que impacta el desarrollo de las políticas.

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Un exministro del gobierno de Petro, que prefiere reservar su nombre, afirma que, en condiciones normales, deben transcurrir al menos dos meses desde la llamada del presidente ofreciendo el cargo, pasando por el empalme y la conformación del equipo de confianza, para que el trabajo comience a desarrollarse de manera eficiente.

Segundo, porque refleja inestabilidad dentro del equipo de gobierno y transmite un mensaje político negativo.

Tercero, porque en estos años se ha deteriorado la calidad técnica del gabinete; en lugar de priorizar funcionarios competentes —aunque no en todos los casos— se está optando por un equipo que le dice sí a todo al presidente.

Y es que un gabinete no solo debe ejecutar un plan de gobierno, también debe asesorar con criterio, servir de contrapeso y marcar límites. Esa función tácita de contención se pierde si quienes ocupan los cargos no tienen la capacidad ni la autonomía para ejercerla.

De hecho, esta alta rotación revela lo difícil del ambiente interno en el gobierno. Si las relaciones fueran armónicas y el funcionamiento adecuado, el gabinete no se renovaría con tanta frecuencia. Es también un indicador de falta de articulación interna.

20 ministros que no duraron siquiera un año

Esta tesis es compartida por la analista María Jimena Escandón, para quien 20 de los ministros no duraron siquiera un año, lo que refleja una profunda inestabilidad institucional que afecta directamente la continuidad y ejecución de las políticas públicas.

Ella anota que esta alta rotación impide consolidar equipos técnicos, debilita la implementación de reformas, frena el avance de programas estratégicos y, por supuesto, reduce la posibilidad de que los programas lleguen a la población más necesitada.

Además, evidencia una ruptura institucional que desgasta la capacidad técnica, deteriora la gobernabilidad y distrae el foco de las necesidades del país. De igual forma, reduce la credibilidad nacional e internacional y proyecta una imagen de improvisación en el ejercicio del poder. “En términos de política pública, además de triste, es preocupante, debido a la baja capacidad de transformación y desarrollo en la implementación de proyectos que generen desarrollo país”, sostiene.

El analista Carlos Arias recuerda que esta situación de constantes cambios refleja lo que ocurrió en Bogotá cuando Petro fue alcalde mayor. “Petro no sabe liderar para gestionar y ejecutar. No sabe conformar equipos, y por eso traslada sus propios errores a sus colaboradores, evadiendo su responsabilidad y creando la percepción de ser un incomprendido o un traicionado”, afirma.

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La alta rotación en el equipo de ministros genera traumatismos institucionales: cada nuevo ministro debe atravesar un proceso de aprendizaje y, con frecuencia, cambia a su equipo técnico, lo que impacta el desarrollo de las políticas. FOTO: Juan Cano - Presidencia de la República

El constante cambio en su gabinete no se debe solo a la incompetencia de algunos de los nombrados —aunque en ciertos casos la falta de conocimiento ha sido evidente—, sino a un patrón repetitivo de gobierno.

La inestabilidad en su equipo impide articular un trabajo de mediano y largo plazo. Las políticas públicas no son de corto alcance: requieren planificación, ejecución y seguimiento a indicadores.

La hora de los activistas

Además, la curva de aprendizaje de un ministro o director puede tomar entre dos y tres meses en el caso de un funcionario con la suficiente experiencia. Más aún si se designan activistas sin formación técnica en lugar de profesionales expertos en cada sector.

“55 ministros en menos de tres años no permiten generar procesos sostenibles. En el mejor de los casos, los funcionarios solo logran apagar incendios o ejecutar órdenes apresuradas, incluso incurriendo en errores o posibles ilegalidades por cumplir con lo que al presidente se le ocurra”, afirma Arias.

Mientras que el analista Pedro Viveros señala que la permanencia de un ministro no garantiza buenos resultados en la gestión pública, ya que hay casos de funcionarios que, pese a su duración, no han sido eficientes.

Sin embargo, en un gobierno de cuatro años, considera fundamental contar con buenos funcionarios que se mantengan el tiempo suficiente para lograr resultados.

Para este experto en la actividad política, en el gobierno del presidente Petro, la forma apresurada y poco estratégica con la que se manejan los cargos ha impedido esa evaluación. Esto deja más la sensación de improvisación que de vocación en la selección de perfiles.

¿El poder para qué?

“Gobernar no es solo alcanzar el poder, sino también saber conformar un equipo competente. Y en eso, con tantos cambios, este gobierno ha demostrado ser incompetente”, asegura Viveros.

Por su parte, el analista Gonzalo Araújo sostiene que los gobiernos populistas autoritarios, en sistemas presidenciales multipartidistas de coalición como el colombiano, tienden a tener baja estabilidad en sus gabinetes, debido a la fragmentación y debilidad de sus alianzas.

“Además, suelen estar encabezados por líderes que imponen una visión que choca con el orden jurídico y el diseño institucional”, asegura Araújo.

“De ahí —concluye este experto en política y comunicación— que la mayoría de los exministros hayan pasado por el Gobierno sin pena ni gloria, y que varios funcionarios deban enfrentar en el futuro cercano decisiones de órganos de control, donde quedará en evidencia la improvisación y el dogmatismo, por encima del cumplimiento de las normas y los requisitos técnicos del sector”…

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