
Harold Aroca: detalles de un crimen sin resolver
Harold Aroca García, de 16 años, fue hallado muerto en la parte alta del barrio Los Laches, en Bogotá. Llevaba cinco días desaparecido. Su cuerpo tenía múltiples golpes e impactos de bala en la cabeza. Para las autoridades, su muerte fue producto de un ajuste de cuentas entre bandas, una hipótesis que su familia rechaza.
Por: Javier Patiño C
La mirada de Carolina García Clavijo se pierde al ver salir el féretro de su hijo. Toma aire para intentar contener las lágrimas por la pronta partida de Harold. En medio de su dolor, recibe el abrazo de María Eugenia Cruz, su amiga inseparable desde hace más de diez años.
“No va a quedar impune su muerte. Te voy a cumplir la promesa de dar con los responsables de lo que le hicieron a nuestro Harold. Ellos no pueden seguir haciendo el mal”, dice María Eugenia, entre lágrimas.
La última semana ha sido para la familia un tiempo de tristeza e incertidumbre en la búsqueda de la verdad sobre lo ocurrido con el joven, quien era ejemplo para su madre y sus dos hermanos.
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“Él quería cumplir su proyecto de vida. Soñaba con estudiar barbería para enseñarle al hermanito. A mi mamá quería regalarle una moto, y también decía que quería irse para la Armada. Yo le dije que lo íbamos a apoyar, pero que debía terminar de estudiar”, recuerda Fabián Rodríguez, familiar de Harold.
Desde temprano, Harold asistía al colegio distrital Los Pinos, donde cursaba octavo grado. Había llegado hacía tres meses desde Cali para vivir cerca de su padre, quien reside desde hace varios años en Bogotá. Aunque sus padres estaban separados, mantenían una relación cordial por el bienestar del joven.
Su verdadera pasión, sin embargo, era el fútbol. Todas las tardes entrenaba en una escuela ubicada a 20 minutos, en el barrio El Parejo, donde se destacaba por no faltar a ninguna práctica.
El día de la desaparición
La vida de Harold cambió drásticamente la tarde del martes 5 de agosto, a las 3:30 de la tarde. Ese día, su madre recibió una llamada en la que le informaban que su hijo había sido abordado por hombres armados antes de ingresar a su escuela de fútbol.
Pocos minutos después, llegó a su celular un video en el que se veía a Harold con pantaloneta roja y camiseta oscura intentando huir. Un hombre lo sujetaba por la espalda mientras otros tres lo rodeaban y lo intimidaban con armas.

Carolina, líder social en la zona, contactó de inmediato a su amiga María Eugenia, quien le ayudó a comunicarse con la Secretaría de Gobierno, la Defensoría del Pueblo y el Gaula. Sin embargo, algunos vecinos le advirtieron que no acudiera al CAI de Los Laches, pues había rumores de que ciertos uniformados tendrían nexos con redes de microtráfico.
Las primeras pesquisas apuntaban a que una estructura ilegal se había llevado al joven y a que le había quitado su celular, posiblemente para exigir algo a cambio.
Horas y días de incertidumbre
La familia organizó grupos de búsqueda, pegó avisos y difundió su fotografía en redes sociales. El jueves 7 de agosto, el Gaula realizó una operación en la parte alta de Los Laches, que terminó en un enfrentamiento armado con una banda de microtráfico, pero no hallaron pistas de Harold.
Las autoridades confirmaron que en la zona operaban dos estructuras dedicadas a la venta de drogas sintéticas, en disputa desde hacía semanas. El domingo 3 de agosto, un joven había sido asesinado, hecho que originó una hipótesis: Harold habría presenciado ese crimen y comentado en el colegio que sabía quién era el responsable. Esto pudo convertirlo en objetivo de una de las bandas.
La esperanza de hallarlo con vida se mantuvo hasta el sábado 9 de agosto, cuando Carolina recibió un mensaje en redes: “Su hijo está por el bosque”. La mujer acudió al CAI para pedir apoyo, pero la respuesta la dejó atónita: le dijeron que en esa zona había seguridad privada del acueducto y que, de estar allí, ya habrían informado.
El hallazgo
Decidida a seguir su instinto, Carolina se dirigió al bosque. El terreno estaba cubierto de vegetación y la lluvia dificultaba el paso. En medio de la espesura, encontró el cuerpo de Harold, con signos de violencia, impactos de bala en la cabeza y la ropa rasgada. Al parecer, llevaba varios días en el lugar.
Sin señal en el celular, la única forma de alertar fue con disparos al aire, lo que permitió que las autoridades llegaran al sitio. Durante la inspección, hallaron en el bolsillo de su pantaloneta un papel con la frase: “Eso le pasa por sapo”. Para la familia, esta evidencia confirma que fue víctima de un ajuste de cuentas.

Lo que más indignó a los familiares fue la actitud del coronel Carlos Torres, comandante de la Policía en Santa Fe, quien, según ellos, se reía y tomaba fotos del cuerpo. La situación generó una fuerte discusión que tuvo que ser controlada por otros uniformados.
“La actitud del coronel nos generó muchas dudas. Desde el comienzo ponía excusas para acompañarnos y, en nuestra opinión, no nos permitió encontrar rápido a Harold”, declaró un familiar que pidió mantener su identidad en reserva.
Versión oficial
El coronel Carlos Torres aseguró que se conformó una “burbuja investigativa” entre la Policía y la Fiscalía para esclarecer el homicidio y capturar a los responsables. “Las primeras hipótesis indican que podría tratarse de una retaliación entre dos estructuras delincuenciales dedicadas al tráfico de estupefacientes, que estarían instrumentalizando a este menor de edad”, afirmó en un video.
Carolina rechaza esta versión: “Si él hubiera estado metido en eso, yo no estaría en esta lucha por justicia. Fue una víctima”.
El caso continúa en investigación. Las autoridades esperan obtener en las próximas semanas información más precisa sobre lo que ocurrió con Harold Aroca García.
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