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País

El uribismo insulta a Santos durante los homenajes a Uribe Turbay

Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos.

El expresidente Uribe Vélez dijo que la presencia del premio Nobel de Paz le causó “tormento”. Gabriel Vallejo, director del partido Centro Democrático (CD), se sumó a la arremetida. ¿La razón? Haber asistido a la capilla ardiente en honor al senador y candidato presidencial asesinado. ¿Qué significa esta escalada verbal?

Por: Armando Neira

La situación es tan sorprendente como en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, la obra de Robert Louis Stevenson. La dirección del Centro Democrático (CD) invita a construir un país donde prime el consenso y las formas civilizadas de hacer política, para que nunca más vuelvan a ocurrir hechos tan espantosos como el asesinato del joven senador y aspirante presidencial Miguel Uribe Turbay. Sin embargo, acto seguido, insulta a un expresidente por presentar su respetuoso saludo a la familia en la capilla ardiente.

El exmandatario Juan Manuel Santos asistió, en la noche de este lunes, en compañía de su esposa, María Clemencia, a la sede del Congreso para expresar su sentido pésame por el deceso de Uribe Turbay, ocurrido en la madrugada como consecuencia de las heridas de bala sufridas en el atentado del pasado 7 de junio, mientras participaba en un mitin en el barrio Modelia, en Bogotá.

De inmediato, el expresidente Álvaro Uribe Vélez escribió: “En esta hora de dolor, aumenta mi tormento ver en la pantalla de la distancia la hipocresía de Santos, que devolvió el poder a los criminales”.

A su mensaje se sumó Gabriel Vallejo, director del CD, quien afirmó: “Duele ver al determinador de Odebrecht visitar la cámara ardiente de Miguel Uribe como si nada, mientras hay un hombre inocente condenado y preso injustamente por un juicio promovido por sus adversarios políticos”.

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Ciudadanos asisten al Congreso de la República para rendir homenaje póstumo al senador Miguel Uribe Turbay, cuyo cuerpo permanece en cámara ardiente en el Salón Elíptico, en medio de muestras de respeto y reconocimiento a su trayectoria política. FOTO: Colprensa - Catalina Olaya.

En los comunicados oficiales del partido también se califica la presencia de Santos como “ofensiva”, “estremecedora”, “responsable del pacto de impunidad con los criminales”, “traidor”.

Santos: el país necesita grandeza

Santos respondió: “Expresidente Uribe, lo invito a dejar atrás el odio. Hoy, más que nunca, el país necesita grandeza y ejemplo de ambos”.

Uribe replicó, también desde su cuenta de X: “No sea hipócrita. Usted le devolvió el narcotráfico y el poder de asesinar a los criminales. No llore por Miguel, que usted tiene bastante culpa. Y para consolidar la entrega del país al narcoterrorismo, usted se hizo elegir con la trampa, la mentira y el dinero corrupto de Odebrecht”.

Al margen de la discusión sobre las responsabilidades de Santos en los hechos que Uribe le atribuye, ¿puede un colombiano decirle a otro —sea cual sea su orientación política— que no llore por Miguel? ¿Es aceptable que una persona que ejerce un liderazgo tan importante le exija a otra no expresar sus sentimientos en una de las jornadas más tristes de los tiempos recientes?

La solicitud, en principio, va en contravía del llamado de María Claudia Tarazona, esposa de Uribe Turbay, quien en todo momento se ha mostrado resiliente y ha pedido reconciliación en medio del dolor nacional: “Rechazo cualquier acto de violencia o venganza por la muerte de Miguel. Ojalá se haga justicia por una Colombia que merece vivir en paz”, expresó visiblemente conmovida.

El caso no es un episodio más de confrontación entre dos concepciones políticas divergentes. Se trata de una página que muestra las enormes dificultades para desescalar el lenguaje en medio de un estado alarmante de polarización, donde diversos sectores imploran sosegar los ánimos y actuar con reflexión para evitar que el atroz crimen desemboque en algo aún peor.

Las palabras de monseñor Rueda

Uno de los abanderados en esta, hasta ahora, frustrada cruzada, es monseñor Luis José Rueda, arzobispo de Bogotá, quien oficiará este miércoles la ceremonia de despedida de Uribe Turbay en la Catedral Primada.

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Imagen de este lunes en la noche cuando al Salón Elíptico del Congreso de la República ingresa el féretro del senador y aspirante presidencial de la oposición Miguel Uribe Turbay. FOTO: Colprensa - Lina Gasca.

Para el prelado, “hay que construir una cultura de encuentro, diálogo, reconciliación y respeto a la vida. Todo lo que podamos hacer para desarmar la palabra y tener una palabra fraterna, esperanzada y justa. No por destruirnos entre nosotros. Este no es el momento para construir más odio”.

“Este debe ser un momento para llamar a todos los colombianos a rechazar toda forma de violencia. No es tiempo de dividirnos, sino de unirnos”, agregó el clérigo.

Pero, ¿por qué es tan difícil mostrar empatía en medio de esta situación? Un vistazo a esa tribuna de los tiempos actuales, como son las redes sociales, muestra una sociedad profundamente fracturada y en donde la hostilidad corre al instante.

Entre figuras de la derecha, por ejemplo, hay mensajes que critican la ausencia del presidente Gustavo Petro en la capilla ardiente, mientras en simultánea le advierten que no tiene nada que hacer allí por ser “uno de los responsables” de lo sucedido. Incluso le dicen que, de acercarse, lo chiflarán.

Paz, violencia y lenguaje

Omar Rincón, analista de comunicación masiva y docente universitario, afirma que el problema para llegar a este punto de confrontación verbal radica en que “el lenguaje no se ha transformado en Colombia, a pesar de que se firmó el acuerdo de paz”.

“La gente dice que quiere la paz, que todos queremos vivir en convivencia, pero usamos un lenguaje violento que es parte de la historia del país”, asegura.

Rincón señala que en estos procesos de confrontación el lenguaje se usa para descalificar, denigrar y anular la diversidad, es una herramienta más para doblegar al oponente.

Y se muestra pesimista sobre el futuro. “Mientras no seamos capaces de usar un lenguaje de respeto para disentir, es casi imposible pensar en la paz”.

Estas formas de comunicación que se usan desde las altas esferas del poder se replican en las bases de la sociedad. Para este experto, descalificar a otro por odio, discriminación, raza, sexualidad o género ya es un acto profundamente violento y subraya que en Colombia la constante es usar un lenguaje muy precario, muy poco sutil.

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Juan Manuel Santos Calderón, expresidente de la República y premio Nobel de Paz. FOTO: Colprensa.

Para él, es una enorme contradicción con lo que se afirma en la teoría: “Decimos que hablamos el mejor español del mundo, pero nuestras palabras suelen ser muy limitadas”.

La forma y el fondo

En este caso, las formas son tan importantes como el fondo. Las buenas maneras políticas parten del reconocimiento de los contradictores como sujetos válidos para la competencia democrática. Más aún en un partido que aspira a retornar al poder.

En Colombia, la política está atravesada por mafias, heridas abiertas, visiones excluyentes y autoritarias, y los actores políticos en la campaña electoral proponen pasar la página para construir un país mejor.

¿Qué se puede esperar, entonces, del Centro Democrático, en caso de que llegue a ganar las elecciones? ¿Cómo actuará con sus contradictores si se toma como ejemplo el episodio vivido por el expresidente Santos, que se acercó de manera respetuosa a saludar a una familia destrozada?

Pero, ¿cómo lograr desescalar el lenguaje con respuestas como la del uribismo a Santos por ir a saludar a la familia de una víctima de la violencia?

Gabriel Cifuentes, analista, es tajante: “Es imposible”.

Y explica: “Las palabras de Uribe son una falta de mesura irresponsable, emocional, salida de tono, impropia de un exmandatario. Traza causalidades donde no las hay, desdibuja el rol de líder y no entiende el momento por el que atraviesa Colombia, que en gran medida debe su desgracia a la polarización”.

Para Cifuentes: “Es una actitud lamentable, impulsiva, que manda un pésimo mensaje. Puede generar un efecto bola de nieve en su audiencia, que forja su criterio en lo que diga su líder. Uribe ha perdido su compostura y su altura moral y política. Reprochable bajo todo punto de vista”.

El desenlace del odio

Carlos Arias, también analista, señala que hoy las emociones están exacerbadas por el dolor, y esto requiere un proceso psicológico: “Hay un proceso de negación inicial, no solo en las familias, sino en el espectro ideológico afectado, que rechaza cualquier situación. La perogrullada sería tener mayor conciencia personal y de país”.

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Desde las cuentas oficiales del partido Centro Democrático se ha criticado con dureza al expresidente Santos por asistir a la ceremonia de despedida del joven líder asesinado, Miguel Uribe Turbay. FOTO: Colprensa.

“En la historia, la conciencia debe operar para ponderar lo que hoy es conveniente para Colombia: construir un discurso y una interrelación entre actores políticos que desescalen lo que podría ser una contienda política muy sangrienta, con riesgos de manipulación violenta desde los extremos”, advierte.

Arias dice que si no se desescala el discurso, la construcción de propuestas viables para sacar al país de sus problemas históricos y actuales —incluyendo los dejados por este gobierno— va a sucumbir.

Así, por ejemplo, considera que el centro desaparece porque lo recoge solo un minúsculo grupo con conciencia política y cultural, y el escenario quedará reservado exclusivamente para los extremos.

Pero, más allá de la pelea en las redes sociales, ¿tienen algún impacto las ofensas de Uribe contra el premio Nobel de Paz? Por supuesto que sí.

Y sus impactos están relacionados con educación ideológica, histórica, y con el impacto de las bodegas y las noticias falsas, que manipulan emociones y generan expresiones políticas.

La única forma de responder a cómo desescalar el conflicto es con conciencia cultural y política, con narrativas que reconstruyan, desde la política pública, los sistemas de creencias y el tejido social colombiano.

Entre tanto, la sociedad va a asistir perpleja y sorprendida a los pedidos de mesura y serenidad, para de inmediato insultar porque sí, como en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

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