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País

‘Ya nos sentamos a hablar en Catar con el Clan del Golfo’: Álvaro Jiménez

Álvaro Jiménez Milán, jefe de la delegación para las conversaciones sociojurídicas con el Clan del Golfo

El jefe de la delegación para las conversaciones sociojurídicas con el autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia explica a CAMBIO qué busca el Gobierno nacional con estos diálogos, que ya se iniciaron en el país asiático. Entrevista.

Por: Armando Neira

El politólogo Álvaro Jiménez Milán es el jefe de la delegación para las conversaciones sociojurídicas con el Clan del Golfo, autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia, el grupo armado ilegal de mayor crecimiento en los últimos años en el país.

De acuerdo con informes del Ministerio de Defensa, el Clan del Golfo tiene una estructura compuesta por seis bloques, 32 frentes y dos comisiones móviles, con 7.062 integrantes. De estos, 2.499 son combatientes y 4.563 integran redes de apoyo. Tiene presencia en 16 departamentos y 238 municipios, según la Fundación Ideas para la Paz. Entre sus comandantes están Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo, y José Gonzalo Sánchez Sánchez, alias Gonzalito, ambos con solicitudes de extradición por parte de Estados Unidos.

CAMBIO: El país se enteró de manera sorpresiva de que el Gobierno nacional va a sentarse a negociar con el Clan del Golfo en Catar. ¿Es así?

Álvaro Jiménez: En realidad, el Gobierno nacional mantiene procesos de interlocución con el Clan del Golfo desde diciembre de 2023.

CAMBIO: ¿Entonces lo nuevo es que las conversaciones se trasladan a Catar?

Á.J.: Dadas las decisiones del Gobierno y del presidente Gustavo Petro, desde hace más de año y medio, de lanzar una ofensiva contra este grupo, estos diálogos se estaban volviendo de muy alto riesgo, tanto para ellos como para nosotros. Por eso adoptamos esta medida: avanzar con seguridad.

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“El objetivo de todos los procesos es aliviar la crisis de violencia que viven las comunidades en las regiones y superar la debilidad –o casi inexistencia– de la presencia estatal, una situación que por décadas ha afectado vastos territorios del país”: Álvaro Jiménez. Foto: Alto Comisionado para la Paz

CAMBIO: ¿Seguridad para ellos?

Á.J.: Para las partes. No es un secreto que estas operaciones en Colombia han implicado bombardeos e incluso la muerte de algunos de sus integrantes más reconocidos, porque las acciones de las Fuerzas Armadas, como corresponde, no han cesado, sino que, por el contrario, se han intensificado.

CAMBIO: ¿Por qué Catar?

Á.J.: El Estado catarí y el Estado colombiano avanzan en su interés en fortalecer la relación bilateral y en trabajar conjuntamente en procesos de paz en la región. Catar tiene una instancia específica dedicada a la mediación, que depende directamente del emir. La política exterior de Catar hoy se fundamenta, en gran parte, en la mediación. Este enfoque es esencial para ellos.

CAMBIO: ¿Y a Catar qué le interesa de Colombia?

Á.J.: Colombia es vista como un actor valioso en el contexto global gracias a su experiencia en la construcción de paz y a los avances logrados con el apoyo de actores internacionales. Catar, junto con otros países, trabaja en la conformación de un grupo que respalda iniciativas de paz en distintas regiones del mundo. Por lo tanto, esta asociación con Catar trasciende lo puntual y se enmarca en una visión estratégica más amplia.

CAMBIO: ¿Cómo fue el proceso para llegar a este punto?

Á.J.: El presidente Petro visitó Catar este año, un hecho que fue bien recibido por los cataríes. Ese viaje es significativo y muestra la buena salud de las relaciones bilaterales. Hay empatía porque Catar es un actor clave en el respaldo al pueblo palestino, un tema central en la región, y en el que Colombia ha adoptado una postura clara y coherente, expresada directamente por el presidente, reafirmando una actitud firme y comprometida con esa causa.

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El Clan del Golfo tiene una estructura compuesta por seis bloques, 32 frentes y dos comisiones móviles, con 7.062 integrantes. De estos, 2.499 son combatientes y 4.563 integran redes de apoyo. Tiene presencia en 16 departamentos y 238 municipios, según el Ministerio de Defensa. Foto: Colprensa.

CAMBIO: ¿En qué casos Catar ha participado para ayudar a buscar la paz?

Á.J.: Catar ha participado en procesos exitosos, como el conflicto entre la República Democrática del Congo y Sudán. También ha sido clave en las negociaciones entre Israel y Hamás, en la liberación de personas secuestradas, y mantiene interlocución constante con Estados Unidos, incluso sobre temas como Venezuela.

CAMBIO: Vamos a la parte mecánica de los diálogos con el Clan del Golfo: usted es el jefe del equipo en representación del Estado. ¿Quién lo acompaña?

Á.J.: Desde julio del año pasado se definió un grupo negociador. Lo integran otras tres personas muy capacitadas, que conocen a fondo la realidad de los territorios y que tienen muchos años de experiencia en procesos sociales: Armando Custodio Wouriyu, Víctor Negrete Barrera y Águeda Plata Gómez.

CAMBIO: ¿Y del otro lado de la mesa? ¿Quiénes se van a sentar?

Á.J.: Hay delegados del grupo armado, cuyos nombres el país conocerá en su momento.

CAMBIO: Para el ciudadano de a pie de las capitales, ¿qué es el Clan del Golfo?

Á.J.: Es una organización criminal, un grupo armado organizado. En los últimos siete u ocho años ha tenido la mayor expansión territorial. Su economía se basa en el narcotráfico de cocaína, pero también en la minería ilegal, la explotación maderera, el tráfico de personas y la captura de economías legales mediante el control territorial.

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“El Clan del Golfo tiene un control territorial significativo, pero su lógica principal es económica. No responden a ideologías políticas como los grupos armados del pasado. Por eso, no podemos ver este diálogo con la mirada que se tuvo en años anteriores con otras organizaciones armadas ilegales. Son dinámicas distintas”: Álvaro Jiménez.

CAMBIO: ¿Controla amplias zonas del país?

Á.J.: Ha tenido presencia en al menos 11 departamentos. Pero una cosa es tener presencia y otra es controlar. No controlan 320 municipios como a veces se interpreta. Tienen, eso sí, influencia o dominio en algunas porciones de esos territorios, donde imponen normas de convivencia y control social mediante la fuerza.

CAMBIO: ¿Son paramilitares?

Á.J.: No los consideramos un grupo paramilitar. Tienen un control territorial significativo, pero su lógica principal es económica. No responden a ideologías políticas como los grupos armados del pasado. Por eso, no podemos ver este diálogo con la mirada que se tuvo en años anteriores con otras organizaciones armadas ilegales. Son dinámicas distintas.

CAMBIO: Con estas características, ¿cómo se puede llegar a un acuerdo con ese grupo?

Á.J.: El objetivo de estas conversaciones no es simplemente firmar un acuerdo. Es desatar procesos que garanticen tres cosas: la disminución de la violencia en las regiones, la transformación de las economías ilegales y la transición de estos grupos hacia una ciudadanía plena, pasando por la justicia, es decir: cárcel, verdad, reparación y no repetición.

CAMBIO: Pero si no van a firmar un acuerdo, ¿entonces para qué sentarse?

Á.J.: La historia nos ha demostrado que firmar un acuerdo no basta. Desarmar tampoco. Necesitamos construir Estado en territorios como Guaviare, la Amazonia, el Orinoco o el Chocó. La paz pasa por transformar economías ilegales que llevan décadas allí, garantizando alternativas sostenibles.

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“El Clan del Golfo es una organización criminal, un grupo armado organizado. En los últimos siete u ocho años ha tenido la mayor expansión territorial. Su economía se basa en el narcotráfico de cocaína, pero también en la minería ilegal, la explotación maderera, el tráfico de personas y la captura de economías legales mediante el control territorial”: Álvaro Jiménez. Foto: Colprensa

CAMBIO: Partiendo del hecho de que buscan iniciar procesos en territorios tradicionalmente olvidados, ¿no les cogió la tarde? ¿Pueden hacerlo cuando al Gobierno del presidente Petro le queda menos de un año?

Á.J.: Sí. Porque no estamos pensando en firmar, sino en iniciar transformaciones. Nunca es tarde para eso. Hoy hay avances en lugares como Nariño, donde se ha reducido la violencia gracias a procesos con los Comuneros del Sur (estructura que se separó del ELN en 2024, con la intención de llegar a un proceso de paz). Con ellos hemos trabajado con la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas con resultados positivos. La realidad de los distintos territorios es muy distinta a la que se ve desde Bogotá. Por eso persistimos.

CAMBIO: Pero, en estos propósitos, suman más los grupos que en el país no quieren negociar...

Á.J.: Con quienes insisten en la violencia, no habrá otros resultados que el enfrentamiento. Nuestras Fuerzas Armadas lo saben y así actúan. Pero quienes quieran avanzar hacia la paz encontrarán en nosotros un Gobierno siempre dispuesto al diálogo.

CAMBIO: Volviendo al Clan del Golfo: en plata blanca es una gran estructura de narcos. Para sentarse con ellos, ¿se requiere que en el Congreso pase la ley de sometimiento o ya existe un marco legal?

Á.J.: Tenemos un marco legal, la Ley 2272. Pero se requieren desarrollos, y a eso apunta el proyecto del ministro de Justicia, Eduardo Montealegre. Aun así, será el Congreso el que decida. Respetamos ese debate.

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El presidente de Colombia, Gustavo Petro, en una reunión con el emir de Catar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, durante la COP28 en Dubái, en diciembre de 2023. Foto: Presidencia de la República.

CAMBIO: Pero, ¿qué se puede dialogar con ellos además de que se sometan a la justicia?

Á.J.: Haremos todo lo que esté a nuestro alcance y que la ley nos permita. La obligación del Estado colombiano es persistir en la construcción de caminos que permitan superar las violencias. Hay sectores del país donde la gente sufre, y como Gobierno nos corresponde buscar salidas para poner fin a esta situación.

CAMBIO: Desde su experiencia, ¿por qué cree que seguimos atrapados en el fenómeno de la violencia?

Á.J.: Es una tragedia muy dolorosa. Lo acabamos de ver con el triste deceso del senador Miguel Uribe Turbay tras el atentado a bala sufrido hace dos meses. Ver a un padre que, 34 años después de haber llevado el féretro de su esposa con ese niño huérfano, ahora le asesinen a su hijo, es muy dramático. Por eso nuestro empeño en cerrar estos ciclos.

CAMBIO: Pero, según varios expertos, la paz total está hoy muy debilitada. ¿Cómo la evalúa usted?

Á.J.: Ha habido avances, especialmente en el Catatumbo y en Nariño. Sin embargo, enfrentamos retos enormes, como el grupo de Iván Mordisco, que sigue insistiendo en la guerra. Cuando un grupo asesina líderes indígenas y mantiene una lógica violenta, como en el Cauca, no hay espacio para el diálogo.

CAMBIO: ¿Entonces?

Á.J.: Donde los armados muestren voluntad, nosotros vamos y hablamos, porque no podemos condenar a comunidades a vivir generación tras generación bajo dinámicas armadas que no hemos logrado transformar ni como sociedad ni como Estado.

CAMBIO: Para que ahora sí el Clan del Golfo acepta sentarse a hablar, ¿pesó la presión del Departamento de Estado de Estados Unidos, que quiere declararlo grupo terrorista?

Á.J.: La decisión de Estados Unidos es soberana y la respetamos. Pero entendemos que el Clan del Golfo no solo es enemigo del Estado colombiano, sino también de muchos otros Estados, debido a su participación en economías criminales transnacionales. La autoría de los delitos ha cambiado mucho. Así como aquí puede haber delincuentes procedentes de México, en varios países se han reportado grupos armados conformados por colombianos. De ahí la necesidad de que los Estados trabajen coordinadamente para enfrentar estos fenómenos.

CAMBIO: Así como en procesos pasados hubo acompañamiento de la comunidad internacional, ¿en este caso se espera también esa participación?

Á.J.: Una característica constante en los procesos de paz en Colombia durante los últimos 20 años ha sido el rol activo de la comunidad internacional, y eso se mantendrá. Para nosotros, su papel es muy importante. No solo hablamos de quienes han participado hasta ahora, sino también de ampliar esa participación a otros escenarios, porque enfrentamos desafíos que van más allá de lo que ya conocíamos.

CAMBIO: ¿Y cómo son los tiempos? ¿Cuándo se puede afirmar que inician los diálogos? ¿Hay una fecha?

Á.J.: Desde diciembre de 2023 venimos trabajando y conversando con este grupo de manera más precisa. Todos los días hay procedimientos, interlocuciones y conversaciones en distintos frentes.

CAMBIO: Sí, ¿pero hay alguna fecha para la instalación de la mesa?

Á.J.: No puedo dar una fecha exacta. Nuestro esquema de trabajo es diferente: manejamos un alto nivel de confidencialidad en los procedimientos y en las reuniones. Pero tenga la certeza de que vamos a seguir conversando, como lo hemos hecho de manera persistente.

CAMBIO: Pero, ¿se puede decir que este mes o este año se sientan en Catar?

Á.J.: Ya nos hemos sentado.

CAMBIO: ¿En Catar?

Á.J.: Sí. Espero que comprendan el grado de confidencialidad que debo mantener, pero por ahora no puedo decir más. Solo que estamos avanzando, trabajando, y así seguiremos hasta el último día bajo el liderazgo del presidente Petro que es el director de la política de paz.

CAMBIO: Finalmente, esa Colombia profunda es realmente la tierra del olvido...

A.J.: Así es. Por eso, el objetivo de todos los procesos es aliviar la crisis de violencia que viven las comunidades en las regiones y superar la debilidad –o casi inexistencia– de la presencia estatal, una situación que por décadas ha afectado vastos territorios del país.

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