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Susana Muhamad
País

“Estamos en clara desventaja frente a Daniel Quintero”: Susana Muhamad

El Pacto Histórico atraviesa días de incertidumbre porque el Consejo Nacional Electoral le está embolatando la personería jurídica como partido único. En diálogo con CAMBIO, la precandidata de izquierda expone su propuesta de seguridad para Colombia y advierte sobre la ventaja económica en la campaña del exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, quien —según ella— dispone de “mucha plata”.

Por: Armando Neira

De ascendencia palestina por parte de su abuelo, la bogotana Susana Muhamad (48 años) participa por primera vez en una campaña política a la Presidencia. “Es una experiencia intensa, emocionante”, dice. Forma parte de los 10 precandidatos que participarán en la consulta del Pacto Histórico el próximo mes.

—¿Quiere tomar algo?, se le pregunta en las oficinas de CAMBIO.  

—Sí, agua, por favor. De la llave… —aclara.  

Entonces, mientras la bebe, esta exministra de Medio Ambiente, que presidió con éxito la COP16 en Cali, explica con orgullo por qué el agua de los acueductos de buena parte del país es más rica y potable que la embotellada. “Colombia es de una riqueza extraordinaria, tenemos una naturaleza privilegiada”.  

CAMBIO: ¿Por qué cree que debe ser elegida presidenta de Colombia?  

SUSANA MUHAMAD: Creo que soy una mujer que puede unir al país alrededor de la oportunidad en el siglo XXI que representa su diversidad cultural y ecológica. El modelo de desarrollo actual —que se parece a un perro que se muerde la cola, basado en rentas de corto plazo y destrucción a largo plazo— genera una gran desigualdad.  

CAMBIO: ¿Qué haría usted?  

S. M.: En este momento de crisis climática, Colombia tiene una oportunidad estratégica que debemos aprovechar para cambiar ese modelo de desarrollo hacia uno que beneficie a toda la población y unifique la nación.  

CAMBIO: El presidente Gustavo Petro se ha propuesto reemplazar el petróleo por el turismo como motor económico. ¿Usted continuará con esa línea?  

S. M.: Sí. La transición en Colombia es muy compleja; este Gobierno la inició y hay que profundizarla. Yo lo haría en dos sentidos: garantizar la seguridad climática del país y construir economías para la vida.  

CAMBIO: ¿Qué significa la seguridad climática del país?  

S. M.: Una propuesta que implica cinco grandes metas: acceso y disponibilidad permanente de agua potable, incluso en crisis climática; soberanía y seguridad alimentaria, considerando que 14 millones de colombianos hoy sufren inseguridad alimentaria; transición energética justa; salud pública y protección universal ante desastres.  

CAMBIO: ¿Y qué es eso que usted llama las economías de vida?  

S. M.: Turismo, agroecología, reforma agraria, bioeconomía e industrialización basada en energías limpias. Colombia tiene un inmenso potencial en su biodiversidad que puede convertirse en una fuente de soluciones para la humanidad y de prosperidad económica para el país.  

CAMBIO: Usted, en particular, y este Gobierno, en general, insisten en el enfoque ambiental. ¿Por qué durante esta administración la deforestación ha avanzado tanto?  

S. M.: Hay que decir que este Gobierno va a consolidar, en sus cuatro años, la cifra de deforestación más baja en 23 años. Si se comparan años puntuales, puede haber subidas y bajadas, pero cuando se observa año tras año, son las cifras más bajas desde hace más de dos décadas. En 2023 fueron 79.000 hectáreas, la cifra más baja; en 2024 subió a 113.000, pero sigue siendo la segunda más baja en 23 años. Obviamente, ninguna hectárea deforestada es buena noticia, pero este Gobierno ha demostrado una tendencia a la baja. El siguiente gobierno debe profundizar esa reducción para alcanzar la meta de deforestación cero en 2030.  

CAMBIO: Para que usted pueda aspirar a la Presidencia, tiene que ganar la consulta del Pacto Histórico. ¿Cómo va esa competencia interna?  

S. M.: Yo no lo llamaría confrontación; creo que hay un espíritu colectivo. Estamos formando un nuevo partido político de unidad en Colombia.  

CAMBIO: Pero hay una competencia, y a propósito es difícil saber cómo va porque en este momento está prohibido publicar encuestas. ¿Cómo están manejando esta situación?  

S. M.: Es difícil porque en el Pacto la mayoría nos hemos formado haciendo política con las bases sociales, con el intercambio de ideas. Pero en esta situación estamos en desventaja frente a candidatos como Daniel Quintero, que tiene mucha plata, cuenta con empresas tecnológicas que le hacen seguimiento semanal con sus propios algoritmos, y por eso es tan visible en redes sociales. Nosotros, los que venimos del movimiento social, de la izquierda, que no hemos sido señalados de corruptos, que no tenemos esos recursos, estamos en clara desventaja frente a él.  

CAMBIO: ¿Considera que no fue un buen momento para prohibir las encuestas?  

S. M.: Creo que si el Estado va a prohibir publicar encuestas, debería financiar sondeos internos para todos los partidos. Las encuestas son una herramienta básica para tomar decisiones, una herramienta de la contienda electoral.  

CAMBIO: ¿Esa ley la firmó el presidente Petro?  

S. M.: Sí. Creo que se pudo hacer mejor. Hubiera sido más útil regular la calidad de las encuestas, exigir parámetros técnicos uniformes o, si se quería limitar su publicación, hacerlo solo en un período corto antes de la elección. Pero así como está, afecta la equidad electoral.  

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CAMBIO: A propósito de equidad electoral, ¿cómo se siente desde el Pacto Histórico la posibilidad de que el Consejo Nacional Electoral les niegue convertirse en un partido único?  

S. M.: Como una gran afrenta a la democracia. El CNE está bloqueando la participación del Pacto Histórico como partido unitario en las próximas elecciones, y no es solo un tema de personería jurídica. Es un intento de impedir que uno de los sectores mayoritarios del país participe en igualdad de condiciones.

CAMBIO: ¿En qué consiste ese bloqueo?  

S. M.: En 2022, el Pacto Histórico participó en las elecciones como una coalición de movimientos, porque en ese momento nosotros éramos un sector minoritario de la democracia colombiana y la ley permite que los sectores minoritarios hagan coaliciones. Pero ganamos las elecciones y nos convertimos en un sector mayoritario, la mayor bancada representada en el Congreso, la Presidencia de la República, y por lo tanto pasamos a ser mayoritarios. La ley no permite que los mayoritarios repitan coalición, pero sí ofrece un camino: la fusión de partidos en una sola personería jurídica. Eso es lo que estamos haciendo. Sin embargo, el CNE está negando ese proceso con argumentos jurídicos muy débiles, incluso cuando en el pasado ha aprobado procesos similares para otros partidos. Es una jugada para dividirnos.  

CAMBIO: ¿Qué pasa si no les aprueban la fusión?  

S. M.: No podríamos presentar una lista única al Congreso. Cada partido tendría que presentar su propia lista (Colombia Humana, Polo, UP, Partido Comunista), lo que fragmenta la representación: nos vamos a quemar todos. Eso, naturalmente, beneficia a los sectores tradicionales que quieren mantener la situación establecida.  

CAMBIO: ¿Por qué cree que el CNE está haciendo esto?  

S. M.: Es una venganza política del uribismo para cerrar el sistema democrático. Esto es un pésimo síntoma en momentos en que el autoritarismo avanza en el mundo.  

CAMBIO: ¿Para usted el CNE tiene una motivación política?  

S. M.: Por supuesto que sí. El presidente del CNE, Álvaro Hernán Prada, aparece implicado en el caso de los delitos por el cual ya fue condenado en primera instancia el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Esta es una retaliación.  

CAMBIO: ¿Pero quién está detrás de esto?  

S. M.: Es una jugada política de la derecha para frenar el avance del Pacto Histórico y así impedir que el pueblo decida libremente en elecciones. Quieren, según la expresión que ellos usan, “recuperar” el país, que en realidad significa volver a gobernar para el gran capital. Esa es su visión política, y están dispuestos a usar todo tipo de maniobras para lograrlo. Por eso, hago un llamado a todos los demócratas de este país porque esto que está haciendo el CNE no se puede permitir.  

CAMBIO: ¿Cuándo debería pronunciarse el CNE?  

S. M.: Antes del 26 de septiembre, que es la fecha límite para la inscripción de la consulta. Este retraso afecta toda la estrategia política. Tiene en vilo la campaña. Yo, por ejemplo, estoy apoyando precandidatos al Congreso en todo el país, pero si no hay lista unificada, se debilita la representación política del Pacto.  

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CAMBIO: Usted y otras personas del Pacto han sido muy críticas con Daniel Quintero. Pero, ¿por qué él está en la consulta del Pacto?  
S. M.: Es una decisión que yo no comparto. Siempre he dicho que el Pacto debe ser un partido de izquierda y progresista, con banderas claras. Quintero es un liberal con buen manejo de marketing político. Cumple tres condiciones: es antiuribista, apoyó el proceso de paz y respaldó la coalición del Pacto en 2022. Esas condiciones también las cumple Roy Barreras, por ejemplo. Él debería ir por su cuenta y, como Roy, presentarse en la consulta del Frente Amplio en 2026, pero no ahora.  

CAMBIO: ¿Él no es de izquierda?  

S. M.: No. Yo perdí esa batalla; él está dentro del Pacto. Ahora hay que ganarle en las urnas.  

CAMBIO: Además de que tiene muchos procesos judiciales abiertos…  

S. M.: Exactamente. No es solo por no ser de izquierda; es por su prontuario judicial. ¡Tiene más de 600 investigaciones! ¡Una imputación penal! Si él gana, el Pacto termina en una posición defensiva, justificando a un candidato que puede ser llamado a juicio penal en cualquier momento. Eso no es nada estratégico. Yo espero que el Comité de Ética del Pacto actúe.  

CAMBIO: ¿Qué siente usted cuando él la señala de formar parte del ‘Soviet del Park Way’?  

S. M.: ¡Maravilloso! ¡Presente el ‘Soviet del Park Way’! Lo saludamos, desde donde buscamos que el Pacto Histórico sea el partido del ‘oxígeno político’ de Colombia, con un código ético fuerte. Queremos transformar un sistema político que es la corrupción.  

CAMBIO: Hablando de la izquierda, ¿por qué cree que debe continuar en el poder después de Petro?  

S. M.: Porque empezamos una transformación estructural que no hemos terminado, aunque se ha avanzado bastante. En solo cuatro años se incrementó el salario mínimo sin que aumentara el desempleo. Al contrario, estamos en cifras históricas de empleo; impulsamos reformas como la laboral y la pensional, que empoderan a los trabajadores, quienes son los que sostienen la economía; revitalizamos el campo con la reforma agraria, le dimos voz al campesinado y reivindicamos la biodiversidad y la transición económica con justicia social, entre otras cosas.  

CAMBIO: ¿Qué pasa si la izquierda pierde las elecciones?  

S. M.: Volver al pasado, a la seguridad, a la bota militar como respuesta a los problemas del país, sería un retroceso.  

CAMBIO: Usted mencionó la seguridad y la asoció con la bota militar como una carga negativa. ¿Por qué a la izquierda le cuesta tanto asumir la bandera de la seguridad?  

S. M.: Para nada. Creo que la seguridad es una bandera fundamental. Lo que pasa es que la entendemos en otro sentido. Es una seguridad que se basa en los derechos de la gente, y no en imponer la fuerza para crear una percepción de seguridad violando esos derechos, como ocurrió durante la era uribista, con los 6.402 falsos positivos. Esa no es la seguridad que queremos.  

CAMBIO: Pero, como están las cosas, se estima que uno de los factores que va a definir las elecciones es la seguridad. ¿No cree?  

S. M.: Es muy posible. Ahora bien, después de la experiencia de este gobierno, yo propongo cinco pilares para avanzar en la seguridad del país.  

CAMBIO: ¿Cuáles son?  

S. M.: Primer pilar: enfrentar la economía ilícita y la presencia de grandes multinacionales del crimen. Para ello, propongo un pacto político y social en las regiones donde predominan las economías ilícitas —que, además, coinciden con las zonas de mayor biodiversidad y riqueza del país—. Si esas regiones siguen siendo arrasadas, el problema no es solo ambiental: es un problema de supervivencia para Colombia. Ese pacto debe incluir una inversión estratégica y constante del Estado, junto con las comunidades, para construir economías alternativas.  

CAMBIO: ¿Segundo?  

S. M.: Fortalecer la investigación criminal a fondo, incluso con herramientas de contrainteligencia. A diferencia de lo que hizo Trump —bombardeando una lancha sin saber quién iba a bordo ni qué pasaba—, aquí debemos llevar al crimen organizado ante la justicia. Tuve esta experiencia como ministra de Ambiente, cuando lideré el Consejo Nacional contra la Deforestación y los Delitos Ambientales. Lo que encontré fue un sistema de investigación criminal fragmentado, donde la Fiscalía actúa caso por caso, sin contextualizar. Mientras tanto, el crimen organizado opera como una gran estructura.  

CAMBIO: ¿O sea más inteligencia?  

S. M.: Hay que elevar el nivel de la investigación criminal al nivel del problema que enfrentamos. Y hay que seguir el rastro de la plata. ¿De qué sirve perseguir a campesinos cocaleros o a mineros ilícitos, dañándoles una retroexcavadora que ya saben cómo reparar, si no se va tras quienes se benefician de esos capitales? Solo en la Amazonía, el crimen organizado invirtió 5 billones de pesos en cinco años para deforestar. ¿Cómo contrarresta eso el Estado?  

CAMBIO: ¿Qué más?  

S. M.: Impulsar una fuerza pública que le abra espacio al Estado social de derecho, que proteja a la población y al Estado para hacer posible ese primer pacto social y político en los territorios. Tenemos una fuerza pública que, en algunos sectores, se vuelve cómplice de la mafia: es comprada, se corrompe, termina cuidando a los narcotraficantes. Por eso, este pilar incluye una reforma a la fuerza pública con una lógica basada en derechos. Y ahí viene el cuarto pilar, que es garantizar los derechos territoriales de las comunidades.  

CAMBIO: ¿Qué hacer con la Paz Total?  

S. M.: Ese es el quinto pilar. Al contrario de la derecha, que pide acabar con la Paz Total, yo propongo apostarle a una paz territorial, con mejor metodología y marcos jurídicos sólidos. Siempre debe haber una salida jurídica para que los actores armados se acojan a la justicia.  

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CAMBIO: ¿Qué defecto le ve al Gobierno del presidente Petro que usted corregiría si llegara a la Presidencia?  

S. M.: Transformaría la forma de hacer alianzas con el Congreso. También transformaría de fondo la importancia de la mujer, no solo en el Gobierno, sino en la política pública, con una agenda seria, transversal, con indicadores. Al final de mi gobierno feminista, las mujeres en Colombia deben haber ganado poder político. Y no me refiero solo a participar más en elecciones, sino a que su voz valga más en todas las instancias de la sociedad.  

CAMBIO: ¿Cómo le ha ido a la izquierda en esta experiencia de manejar el Estado?  

S. M.: Es un proceso de aprendizaje. Nos encontramos con un Estado nacional fragmentado, que dialoga poco con los territorios, que tiene poca capacidad de gestión y ejecución. No por culpa del presidente Petro, sino porque el Estado está configurado para los negocios del gran capital, no para los territorios excluidos. Por eso, en un gobierno mío también transformaría la forma en que el Estado se articula para llegar al territorio.  

CAMBIO: Muchas personas están desencantadas con algunas políticas y comportamientos del presidente Petro, entre ellos las mujeres, por el machismo tan rampante que se impuso desde la Casa de Nariño. ¿Por qué es tan difícil luchar contra el machismo en nuestra sociedad?  

S. M.: Porque el machismo es un sistema de poder. Y quienes detentan el poder no quieren soltarlo. Por eso siempre es una lucha social. A las mujeres, en todos los sectores, nos toca muy duro por la discriminación sistemática del poder, que sigue en manos de los hombres. Esa lucha social hay que empoderarla y legitimarla. En todos los partidos políticos —incluida la izquierda— la agenda de las mujeres es siempre lo primero que se sacrifica, lo que se esconde debajo del tapete. Se ve como un estorbo, como un ‘sonsonete’ que no quieren oír, que les incomoda.   

CAMBIO: Si usted gana, sería la primera mujer presidenta de Colombia…  

S. M.: Entonces impondría una agenda de las mujeres y, al hacerlo con la fortaleza de la organización social femenina, el país avanzaría. Tener al 50 por ciento de la población sin poder ejercer plenamente sus derechos, con cargas sociales desproporcionadas y sin voz, es tener a la mitad de la sociedad sin desarrollar su potencial. Y eso nos afecta a todos. Esta es una lucha sistemática, permanente, que hay que seguir dando. Si gano, no habremos dado un paso, sino un enorme salto hacia adelante.  

CAMBIO: ¿Esta es su carta de presentación: elegir a una mujer en Colombia?  

S. M.: No se trata solamente de elegir a una mujer. Se trata de empoderar una agenda de las mujeres. Por eso pido el apoyo para una mujer ambientalista y feminista para la Presidencia de Colombia.

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