
Los difíciles días que vienen para la tributaria en el Congreso
El ministro de Hacienda, Germán Ávila Plazas, camino al Congreso a radicar la reforma tributaria este lunes 1° de septiembre.
¿Tiene el Gobierno el músculo político para sacar adelante un proyecto que busca recaudar 26,3 billones de pesos? El presidente del Senado, Lidio García Turbay, ya advirtió que “los colombianos no aguantamos más impuestos”. Análisis.
Por: Armando Neira
Pocas medidas son tan impopulares como aumentar los impuestos a la gente. Eso lo saben mejor que nadie los políticos profesionales, quienes construyen sus carreras diciéndoles a los ciudadanos lo que quieren escuchar. Por eso tienen claro que no es bueno decirles: “Necesito su voto y, de paso, pague en adelante estos impuestos”.
Esa es una de las mayores dificultades que enfrenta el Gobierno nacional para sacar adelante el proyecto radicado este lunes por el ministro de Hacienda, Germán Ávila. La iniciativa busca recaudar 26,3 billones de pesos para financiar el Presupuesto General de la Nación de 2026.
Presentar un proyecto de reforma tributaria en una cuarta legislatura resulta casi inviable. En este momento, las bancadas y los congresistas están volcados en sus campañas regionales, concentrados en asegurar votos para su reelección.
Pretender que una iniciativa de 26 billones de pesos tenga un trámite tranquilo en el Congreso desconoce en buena medida los intereses de las regiones y la lógica política de los partidos, que se verían forzados a gravar a sus propias bases electorales.
El proyecto podría enfrentarse, en primer lugar, a la oposición de partidos y congresistas que no comparten las propuestas o que ven amenazados sus intereses de cara a las próximas elecciones.
El ambiente en el Senado
¿Qué congresista aprobaría esta iniciativa en plena época electoral? Eso explica que el presidente del Senado, Lidio García Turbay, se haya adelantado a advertir que “los ánimos están bastante caldeados, estamos ad portas de unas elecciones y se podrán imaginar la confrontación ideológica y presupuestal que se viene”.

De hecho, añadió que es “lo más duro para nosotros como congresistas, porque cuando salimos a la plaza pública, puerta a puerta a buscar respaldo para elegirnos, es lo primero que nos critican”.
“Esto es ponerles más impuestos a los colombianos y no aguantamos más impuestos. No veo el ambiente político para una nueva reforma tributaria. Lo digo sin temor a equivocarme. Hasta las bancadas de gobierno me piden: ‘Presidente, por favor, ayude a que esa reforma no llegue aquí porque nos va a costar muchísimo’. Creo que la culpa la tiene la presentación de un presupuesto desfinanciado”, dijo hace unos días.
En el documento presentado por Ávila se incluyen ajustes al sistema tributario nacional, como modificaciones al impuesto de renta, el cobro del IVA y del impuesto al patrimonio, así como incentivos tributarios para proyectos de energías renovables y estímulos a la inversión en ciencia, tecnología e innovación. Una mezcla de garrote y zanahoria difícil de digerir.
Atrapados en dos relatos
Eso hace prever que desde ahora se verán dos relatos diametralmente opuestos. El del Gobierno nacional, que cuenta con todo el aparato comunicacional del Estado y un ejército de influenciadores —que durante esta administración han jugado un papel protagónico en transmitir los mensajes oficiales—, con el que se buscará argumentar la necesidad del proyecto.

Y el de la oposición, que se divide en dos frentes: quienes aspiran a llegar o confirmar su curul en el Congreso y quienes sueñan con llegar a la presidencia para reemplazar a Gustavo Petro. Eso explica la rapidez y la dureza de las reacciones:
“Urgente: Le pido al Congreso que hunda la reforma tributaria de Petro. De lo contrario, serán 26 billones de pesos para que el Gobierno compre las elecciones del 26”, dijo Vicky Dávila, candidata del movimiento Somos Colombia Valiente.
“Petro, ecópata y mitómano: predica sobre el cambio climático y presume de ambientalista, pero en su reforma tributaria —esa que vamos a rechazar— ataca directamente a los vehículos híbridos”, afirmó, por su parte, María Fernanda Cabal, del Centro Democrático.
“Propone eliminar los beneficios del artículo 468-1, que hoy permite una tarifa reducida del 5 por ciento para híbridos, sus motores, generadores y cargadores. Con su propuesta, estos quedarían gravados con el IVA general del 19 por ciento. El doble discurso de siempre: dice proteger el medio ambiente mientras castiga la transición tecnológica”, argumentó la aún parlamentaria que también tiene la mirada puesta en la Casa de Nariño.
Los tres factores de peso
Y es que el proyecto del Gobierno llega al Congreso en un contexto adverso marcado por tres factores de peso. Primero, en el ambiente gravita la sensación de que esta administración ha dilapidado el dinero público, como lo evidencia el escándalo de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD).

De hecho, el mismo día de la presentación, Sandra Liliana Ortiz, exconsejera presidencial para las regiones, fue acusada formalmente por su aparente responsabilidad en el entramado de corrupción, según la Fiscalía. Ella tenía su oficina cerca de la del presidente Gustavo Petro.
El escenario es favorable para el discurso de la oposición: desde Palacio se están robando el dinero de los impuestos destinados a los más necesitados. ¿Cómo controvertir semejante afirmación cuando además cercanos a Petro como Carlos Ramón González y César Manrique se encuentran prófugos de la justicia y con circular roja emitida por la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol)?
El segundo punto es la pobre ejecución del Gobierno, que en el caso del Ministerio de la Igualdad presenta un escuálido 1 por ciento de gestión. De ahí que Efraín Cepeda, conservador y expresidente del Senado, ya haya dicho que le cerrará la puerta a la reforma tributaria porque para él, aunque el Gobierno consiga la plata, no sabe cómo gastarla.
“Algunos voceros de izquierda sugieren que mantener a las personas en la pobreza asegura votos para su proyecto político. Esta miopía tributaria refleja un sesgo ideológico claro. Los colombianos y las empresas golpeadas tendrán en nosotros un vocero firme votando en favor de los colombianos y contra este gobierno ineficiente, que pretende recaudar más sin capacidad de ejecutar nada”, dijo Cepeda.
Gastar, gastar y gastar
Y el tercero es que el Gobierno sigue gastando como si las arcas estuvieran llenas, a pesar de las advertencias de muchos expertos. “Impulsar una reforma tributaria en un contexto en el que el Gobierno, lejos de reducir el gasto, lo incrementa, constituye una respuesta agresiva frente a la realidad fiscal y económica del país”, afirmó la analista María Jimena Escandón.

Ella prevé que, bajo estas condiciones, la viabilidad de la reforma es reducida, salvo que en el transcurso del primer y segundo debate se introduzca un ajuste sustancial orientado a recortar el monto planteado.
Para completar el panorama, el Gobierno nacional radicó el proyecto con el cual busca darle 26,3 billones de pesos adicionales al Presupuesto General de la Nación de 2026, cerca del 1,5 por ciento del PIB, según el Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Esto es un auténtico combo difícil de comprar en las actuales circunstancias.
“El primer reto es que las comisiones económicas le aprueben la ley de presupuesto; el segundo, que le pasen la tributaria”, dice el analista Gabriel Cifuentes.
Para Cifuentes, en el Senado —especialmente en la Comisión Cuarta— no existirían las mayorías ni siquiera para aprobar el presupuesto, razón por la cual este se cayó el año pasado y tuvo que ser decretado. “Si no hay mayorías para el presupuesto, menos las hay para una tributaria”.
Un camino tortuoso
A eso se suma que, si el Gobierno no está dispuesto a negociar el monto, no solo se le cierra la puerta al presupuesto sino también a la tributaria. “Pero, aun si negociaran el monto del presupuesto y lo ataran a una ley de financiamiento más acotada, en una cuarta legislatura y sin mayorías abundantes es difícil que pase los cuatro debates”, afirma este experto.
“El Gobierno nacional tendrá un viacrucis en el trámite de su última tributaria”, augura, entre tanto, el analista de la firma Orza, Gonzalo Araujo.
Para él, hay dificultades de fondo y de forma. En el primer caso, asegura que ningún partido se va a montar en una tributaria con tales pretensiones, ni respecto a las personas naturales ni a las jurídicas.

En cuanto a la forma, considera que la mayor dificultad del Gobierno a estas alturas es controlar la ponencia y tener asegurados los votos en primer debate. Eso sí, prevé que “el Gobierno usará el chantaje y el maltrato, que han sido su carta de presentación con el Congreso. No vemos para esta oportunidad ni los ánimos, ni el ambiente, ni la disposición del Legislativo para aumentarle al Gobierno el recaudo”.
¿Qué hará el Gobierno?
¿Todo está perdido para los propósitos del Gobierno? ¿Qué puede pasar? El experto Víctor Solano considera que el Gobierno deberá negociar con diferentes bancadas y congresistas, persiguiendo concesiones y acuerdos que permitan construir una mayoría que apoye el proyecto. Pero precisa que “no la tienen fácil”.
Por otra parte, sería normal ver a los gremios económicos y empresariales, así como a otros sectores afectados, haciendo lobby para que se modifiquen o eliminen los puntos más sensibles de la reforma.
De hecho, los primeros pronunciamientos han sido tajantes. Jaime Alberto Cabal, presidente de la Federación Nacional de Comerciantes de Colombia (Fenalco), dijo: “El Gobierno insiste en disfrazar una reforma tributaria bajo la llamada ‘ley de financiamiento’”.
Finalmente, Solano señala que tanto la polarización política como la complejidad de los debates tributarios pueden generar un ambiente de incertidumbre mayor.
“Aunque este Gobierno -dice él- tiene antecedentes en trivializar la discusión y ponerla en términos muy populistas para masificar la conversación”, es difícil que lo logre. Vender en este momento un relato de que unos riquitos, blanquitos, fascistas quieren seguir fregando al pueblo, es difícil de comprar cuando la audiencia siente que le están metiendo la mano en el bolsillo para sacarle su dinero.
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