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Un grupo de los becarios de Generación A, junto a sus familias, representantes de la Fundación Argos y de las tres universidades aliadas. Foto Cortesía.
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Generación A: el fondo educativo que transforma el acceso a la universidad en Antioquia

Un grupo de los becarios de Generación A, junto a sus familias, representantes de la Fundación Argos y de las tres universidades aliadas. Foto Cortesía.

El innovador programa, impulsado por la Fundación Grupo Argos y las universidades Eafit, CES y EIA, ya ha permitido que decenas de jóvenes estudien carreras profesionales con matrícula y manutención cubiertas. Estas son sus historias.

Por: Rainiero Patiño M.

Sara Sarmiento empezó a trabajar de manera informal a los 14 años. Quería aliviar la carga económica de su mamá, una madre soltera con cuatro hijos. En las canchas deportivas de San Francisco, el pequeño pueblo donde nació en el oriente antioqueño, solía vender micheladas, frutas o gaseosas. Después trabajó en cafeterías. Pero estudiar en una universidad siempre fue su gran sueño. No sabía qué carrera ni cómo lo iba a lograr, porque la economía familiar no era la mejor.

Por eso recuerda muy bien la llamada del 23 de enero de 2025 que le confirmó que era una de las beneficiadas de Generación A, el programa de la Fundación Grupo Argos y las universidades EIA, Eafit y CES que en dos años ha hecho que 39 jóvenes de Antioquia estudien gratis en estas tres universidades privadas, calificadas entre las de mejor desempeño académico en el país. Generación A es un programa de becas de educación superior que conecta a los jóvenes con oportunidades de formación profesional.

En San Pacho, como es conocido el pueblo, Sara estudió en el único colegio de bachillerato del municipio. Ahora tiene 19 años y cursa tercer semestre de Derecho en la Universidad CES, en Medellín. La noticia de la beca, dice, fue impactante, porque no sabía de la Fundación Grupo Argos ni que tenía ese tipo de proyectos. La psicóloga del colegio inscribió a todo el curso y de la lista fueron preseleccionados solo dos estudiantes. Luego vino un exigente proceso de pruebas y entrevistas.

Generación A funciona bajo el modelo de endowment educativo, el primero del departamento. Busca promover la movilidad social, fortalecer el capital humano, crear una alianza entre empresas y academia y desarrollar una herramienta escalable. También pretende romper el ciclo de pobreza mediante el acceso a la educación superior y la empleabilidad.

El fondo se inició con un aporte de 20.000 millones de pesos de la Fundación Grupo Argos y otros 20.000 millones en especie por parte de las tres universidades participantes. El banco JP Morgan administra los recursos y funcionan como un fondo de capital con una rentabilidad anual asegurada.

Sara Sarmiento, beneficiaria de Generación A, el programa de becas para los jóvenes de Antioquia. Foto Cortesía.
Sara Sarmiento, beneficiaria de Generación A, el programa de becas para los jóvenes de Antioquia. Foto Cortesía.

El endowment es un fondo de inversión perpetuo creado con donaciones. El capital inicial no se gasta y los rendimientos se usan para financiar becas. Estos recursos se invierten en una cartera diversificada —acciones, bonos, activos reales, capital privado e inversiones internacionales— y otra parte se reinvierte para proteger el valor del fondo. Así el capital crece, aumentan los rendimientos y se pueden financiar más becas. Este modelo es utilizado en universidades como Harvard y Yale, que han logrado rendimientos promedio cercanos al 11 por ciento anual durante dos décadas.

El impacto del programa se basa en tres elementos: pertinencia académica, con carreras alineadas con las necesidades actuales y futuras del mercado; empleabilidad, buscando conexión directa con el sector privado; y proyección de ingresos laborales para los egresados.

Una suma que multiplica

A Juan José Bustamante le preocupa la forma en que se cuentan las historias. Para él, los detalles son importantes. Creció entre los bellos paisajes de Jericó, en las montañas del suroriente antioqueño. Estudió en la Escuela Normal Superior, en donde se destacó por su rendimiento académico y sus buenas relaciones interpersonales. Pero el día de su graduación, en diciembre de 2024, salió muy triste, porque no tenía nada definido para su futuro.

Más allá de los diplomas por su buen desempeño, en el colegio no había ninguna posibilidad para ayudarlo. Pero una semana después del grado el rector lo contactó para hablarle de Generación A. El problema era que el plazo de inscripción vencía en pocas horas. Se empeñó en reunir todos los documentos: tramitó las notas de décimo y undécimo grado, voló a buscar las cartas de recomendación que pudo, consiguió el recibo de servicios públicos exigido y le sacó una copia al diploma de grado. Casi no durmió esa noche. Se postuló al día siguiente.

Días antes se había presentado al programa de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Antioquia, pero no pasó por el límite de cupos. Parecía no haber camino. Pero el 23 de diciembre, mientras caminaba a cortarse el cabello, recibió una llamada: cuando la voz al otro lado le dijo que era de la Fundación Grupo Argos, se devolvió corriendo a su casa. Había ganado la beca y tenía que presentarse a una entrevista.

Juan José vivía en Jericó con uno de sus hermanos mayores y sus padres, quienes tienen una pequeña microempresa de fritos. Cuando le confirmaron, no dudó en inscribirse al programa de Comunicación Social en Eafit. “Ha sido mi mejor Navidad”, dice.

Empezó sus estudios en el primer semestre de 2025. Se mudó a Envigado, estuvo con un hermano, después se pasó como pensionado a una casa de familia. “La experiencia con la Fundación Grupo Argos ha sido bonita desde el comienzo, los encuentros con los directivos y las familias, poder compartir sus historias”, cuenta.

Juan José dice que su gusto por las comunicaciones puede ser porque siempre se imaginó siendo muchas personas. Uno de sus textos sobre la minería en Jericó ya fue publicado en la revista Gaceta del Ministerio de Cultura. Afirma con emoción que Generación A le ayudó a dar un salto que le hubiese tomado más años y la posibilidad de entrar a una universidad que estaba por fuera de su alcance. Y se ríe cuando confiesa que de alguna manera también es como cumplir el sueño de su papá que quería estudiar periodismo y no pudo en su momento.

Juan José Bustamante, otro de los estudiantes que hacen parte del programa Generación A.
Juan José Bustamante, otro de los estudiantes que hacen parte del programa Generación A, Foto Cortesía.

“Es un acelerador social”

María Camila Villegas, directora ejecutiva de la Fundación Argos, dice que Generación A es, en una frase, un acelerador social. Cree que la articulación entre empresas y universidades por la educación es un círculo virtuoso que se ha fortalecido en Antioquia y en toda Colombia y del que hay que sentirse orgullosos. “Por eso Generación A: A de Antioquia, A de acceso y A de Alianza” explica.

La primera cohorte del programa son 18 jóvenes de 11 municipios de Antioquia (Abejorral, Andes, Bello, Copacabana, Itagüí, Jericó, La Estrella, Marinilla, Medellín, Rionegro y San Francisco). De los elegidos, 10 son mujeres y de ellas, cuatro eligieron carreras con participación histórica mayormente masculina, como Ingeniería Física, Diseño Interactivo y Biomédica. Más de la mitad de los becarios escogieron áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEAM), lo que representa un hito en la preparación de los próximos profesionales y su capacidad de responder a los desafíos globales.

En la segunda cohorte, fueron 21 jóvenes de 16 municipios (Marinilla, Girardota, Carmen de Viboral, La Estrella, Guarne, Rionegro, Sabaneta, Bello, Copacabana, Medellín, Santa Rosa de Osos, Sonsón, Itagüí, Apartadó, Turbo y San Luis). De los veinte elegidos, nueve son mujeres y cinco de ellas eligieron carreras STEAM.

El programa también busca responder a uno de los retos de las universidades privadas: la disminución de estudiantes y las barreras económicas de acceso. La idea es fortalecer su sostenibilidad y ampliar oportunidades.

Villegas explica que la selección de carreras también se basa en estudios sobre ingresos, tendencias del futuro y desarrollo tecnológico. El objetivo es identificar programas con mayor potencial para los jóvenes.

La idea es crecer el fondo con otras empresas, fundaciones y cooperación internacional, con la meta de llegar a 100.000 millones de pesos, para generar oportunidades permanentes de educación superior para jóvenes.

La convocatoria es para bachilleres de estratos 1 y 2 de Antioquia con buenos promedios y más de 300 puntos en las pruebas ICFES. Luego pasan a entrevistas y pruebas psicotécnicas. El programa cubre el 100 por ciento de la matrícula y manutención, algo clave para jóvenes que deben trasladarse desde municipios o zonas rurales a Medellín. Eso implica desafíos como vivir solos, adaptarse a un nuevo entorno y asumir responsabilidades a muy temprana edad. Además, reciben acompañamiento académico, social y en salud mental.

Jesús David Jaramillo, a quien también le gusta la música, estudia en la EIA de Antioquia por medio de la beca de Generación A. Foto Cortesía.
Jesús David Jaramillo, a quien también le gusta la música, estudia en la EIA de Antioquia por medio de la beca de Generación A. Foto Cortesía.

El sueño de estudiar, un fondo para crecer

Jesús David Jaramillo es el primer miembro de su familia que va a la universidad. Se graduó del colegio público San Juan de los Andes en diciembre de 2024. Con humildad dice que era un estudiante promedio, pero sus resultados en distintas pruebas muestran otra cosa. Sacó la mejor nota en las pruebas del Icfes y también pasó el examen de admisión de la Universidad Nacional para estudiar Ingeniería Química. La posibilidad de entrar a una universidad privada de alta calidad era algo que no estaba en sus cuentas.

Una amiga lo motivó a postularse a Generación A. Lo suyo es la ciencia, le interesa la ingeniería desde una perspectiva investigativa, descubrir nuevos métodos para hacer las cosas de forma más eficiente y lograr avances que ayuden al desarrollo de una comunidad. Cuando recibió la confirmación de la beca, quedó en shock. “A esas becas entra muy poca gente y yo me había inscrito sin muchas esperanzas. Tenía dos opciones: astronomía o alguna ingeniería” señala.

La realidad de acceso a la universidad es compleja en el país. En Colombia se gradúan aproximadamente 450.000 bachilleres al año, según datos oficiales del Ministerio de Educación. Pero el 60 por ciento de ellos no logran acceder a la educación superior. Y del grupo que entra a la universidad, solo 11 por ciento pertenece a los estratos 1 y 2. Lo que quiere decir que apenas el 4,4 por ciento de los graduados de esta población ingresa inmediatamente a educación superior.

En la otra orilla está el impacto que viven las universidades públicas por la caída de las matrículas universitarias. En Antioquia, por ejemplo, disminuyeron de 307.740 en 2019 a 283.206 en 2023. No es un problema aislado, el acceso desigual a la educación superior frena el desarrollo del capital humano y perpetúa desigualdades sociales.

Samuel Espinal, de la universidad EIA, plantea que Generación A es un ejemplo de la cooperación histórica entre empresa, academia y sociedad en Antioquia. Además, dice que el mecanismo de endowment garantiza la financiación de los estudiantes, y además permite consolidar un fondo permanente que puede seguir creciendo con la vinculación de otras empresas y actores.

María Camila Villegas, directora de la Fundación Argos. Foto Cortesía.
María Camila Villegas, directora ejecutiva de la Fundación Argos. Foto Cortesía.

Desde la perspectiva universitaria, Espinal subraya que Generación A se articula con los esfuerzos de filantropía educativa que las instituciones desarrollan para atraer talento y ampliar el acceso a la educación superior. En ese sentido, resalta que las universidades participantes fueron convocadas por su alta calidad académica y por su papel como instituciones al servicio de la sociedad. Para él, el programa también demuestra que las universidades privadas pueden contribuir a ampliar el acceso y a generar movilidad social dentro del sistema educativo.

Finalmente, Espinal analiza el impacto social del programa en términos de acceso y desarrollo regional. Señala que muchos de los jóvenes beneficiarios provienen de municipios donde, por razones económicas, geográficas o de oportunidades, difícilmente habrían podido ingresar a universidades de alta calidad.

El impacto es medible: un profesional universitario puede ganar hasta tres veces más que alguien que solo estudió hasta secundaria, y cada año adicional de educación aumenta el ingreso laboral en un promedio de 10 por ciento. A pesar de esto, la expansión de la educación superior ayudó a que más de ocho millones de colombianos entraran a la clase media en los últimos 20 años.

La entrega de becas educativas no es algo nuevo para el Grupo Argos. En los últimos 10 años la compañía ha beneficiado a 370 jóvenes colombianos. De estos, el 80 por ciento ha terminado sus estudios con empleo y el 55 por ciento logró sueldos de entre dos y tres salarios mínimos legales. De estos, 20 han realizado prácticas en empresas del grupo y ocho trabajan en el Grupo Empresarial Argos. Pero, lo más importante es que muchos egresados se convierten en soporte económico de sus familias y comunidades, impulsando el desarrollo local.

Sara está fascinada con sus estudios de Derecho y, también, sorprendida de cómo la universidad la ha ayudado a crecer como persona. Define lo vivido a partir de la beca como “una esperanza”, porque era algo que veía muy lejano de cumplir. Siente que esto tendrá un impacto muy grande para su familia. “Estamos apostando que tengo potencial y sé que mis hermanos también lo van a tener y van a ver en mí, como hermana mayor, que todo con esfuerzo se logra”, dice. Por ahora sueña con volver a su pueblo a poner en práctica lo que ha aprendido. Quisiera trabajar en la alcaldía, ser fiscal o cualquier cosa que ayude a otros, porque, “a fin de cuentas lo mejor de aprender es compartir el conocimiento”.

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