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Beatriz Helena Vallejo, directora Ejecutiva Fundación Ethos BT, Proyecto DIP.
Beatriz Helena Vallejo, directora Ejecutiva Fundación Ethos BT, Proyecto DIP.
País

Jóvenes Líderes DIP: la apuesta para que los jóvenes colombianos no caigan en desinformación

Más de 130 jóvenes de 40 municipios del país se formaron en pensamiento crítico y ciencias del comportamiento para combatir la desinformación a través del programa Jóvenes Líderes DIP, una iniciativa del Detox Information Project liderada por Ethos BT con el respaldo de Grupo Sura.

Por: Juan David Cano

En Colombia, el 59 por ciento de la población manifiesta preocupación por la desinformación que circula en internet, mientras la confianza en las noticias apenas alcanza el 32 por ciento, según el Digital News Report del Reuters Institute de la Universidad de Oxford. En un año electoral, con redes sociales convertidas en el principal canal informativo de los jóvenes, esa brecha entre lo que se consume y lo que es verificable se vuelve un problema que va mucho más allá de lo político: toca la salud mental, el liderazgo comunitario y la calidad de la democracia.

Es por ello, que desde hace más de cinco años, el Detox Information Project (DIP) trabaja precisamente en ese problema de la desinformación. La iniciativa, liderada por la Fundación Ethos BT con el respaldo estratégico del Grupo Sura, combina ciencias del comportamiento, comunicación y tecnología para ayudar a personas y organizaciones a construir entornos informativos más saludables. Su programa bandera con población joven, Jóvenes Líderes DIP, cerró su cohorte 2025 con más de 109 participantes seleccionados entre más de 500 postulaciones, provenientes de 40 municipios del país, con presencia internacional de jóvenes de Venezuela, Ecuador y México.

Para el Grupo Sura, impulsar este tipo de iniciativas es parte central de su compromiso con la construcción de ciudadanía. “Creemos que una ciudadanía mejor informada es la base de democracias fuertes, transparentes y participativas. Impulsar proyectos como DIP es una forma concreta de invertir en pensamiento crítico, capacidades ciudadanas y confianza social”, afirma María Mercedes Barrera, gerente de comunicaciones y desarrollo sostenible del Grupo Sura y directora ejecutiva de la Fundación Sura.

Al frente del proyecto también está Beatriz Vallejo, directora de Ethos BT, quien lleva años estudiando cómo los sesgos cognitivos y el comportamiento humano determinan la forma en que las personas consumen y comparten información. En conversación con CAMBIO habla sobre por qué los jóvenes son el foco del programa, qué herramientas les dan para enfrentar la desinformación, cómo este fenómeno afecta su salud mental y qué viene para DIP de cara al proceso electoral y poselectoral de 2026.

CAMBIO: ¿Qué es el programa Jóvenes Líderes DIP y por qué se enfocaron en los jóvenes?

Beatriz Vallejo: Llegamos al interés de trabajar con jóvenes porque hemos venido observando distintas cifras que hacen relevante enfocarnos en esta población. Por ejemplo, cuando se analiza la relación de la población joven con la democracia, aproximadamente un 60 por ciento aprueba el sistema democrático. Es la mayoría, sí, pero sigue siendo una proporción importante la que no lo aprueba o no sabe. Dentro de ese 40 por cientos hay jóvenes que no están seguros, pero es una cifra que nos alerta y nos preocupa.

También sabemos que los jóvenes consumen muchas horas de información en línea y que su principal fuente de información son las redes sociales. En redes sociales circula más desinformación que en otros medios informativos, y hay ciertos temas que nos preocupan especialmente. Por eso dijimos que, para ser más efectivos en lo que hacemos, debíamos enfocarnos en un segmento poblacional concreto.

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Crédito: Formación Jóvenes Líderes DIP 2025

Además, es una población muy interesante: están apasionados por aportar al país, están preocupados por su futuro y hay mucho que hacer ahí. Y quiero decir algo importante: no se trata de generar la sensación de que los jóvenes son el problema. Todas las personas, jóvenes o no, pueden caer en la desinformación y debemos encontrar soluciones para toda la sociedad. Nos enfocamos en jóvenes porque consumen principalmente información en redes sociales y porque tienen características particulares que nos hacen querer trabajar con ellos de manera puntual. Pero no son los únicos que enfrentan este fenómeno,

CAMBIO: ¿Cómo se logra el objetivo de mitigar la desinformación a través del programa Jóvenes Líderes DIP?

B.V.: La mejor manera de abordarlo es entender muy bien los contextos. Esta es una de las enseñanzas fuertes de las ciencias conductuales y de las neurociencias. Si queremos solucionar un problema comportamental como este, cómo consumo información, si decido o no compartirla, en qué información caigo y en cuál no, tenemos que entender que es un problema de comportamiento humano. Tiene que ver con cómo las personas toman decisiones.

Para solucionar ese tipo de comportamientos, primero debemos entender los factores de raíz que llevan a que una persona caiga o no en la desinformación. Entonces, el primer paso es investigar y comprender cuáles son las razones por las cuales las personas caen en desinformación, qué las motiva, qué factores influyen y qué características tienen. Cuando entendemos muy bien eso y cómo se comporta la desinformación en el cerebro de las personas, podemos diseñar mejores soluciones. Ese es el proceso que hemos seguido nosotros: investigar a fondo y, después, diseñar soluciones.

CAMBIO: Este año recibieron más de 500 postulaciones. ¿Qué perfil de joven estaban buscando, cómo fue el proceso de selección y a cuantas personas han llegado hasta ahora?

B.V.: Bueno, hasta ahora hemos tenido dos cohortes: una a finales de 2024 y otra a finales de 2025. En este momento estamos cerrando el proceso de la cohorte 2025. Entre las dos cohortes hemos formado un poco más de 140 personas. Solo el año pasado se postularon un poco más de 500 personas, y en total, entre ambos años, hemos recibido más de 800 postulaciones.

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Crédito: Formación Jóvenes Líderes DIP 2025

¿Quiénes se postulan? Jóvenes de 140 municipios del país, con iniciativas en temas de democracia, cultura, salud y medioambiente. Son jóvenes que ya están liderando o quieren liderar proyectos en sus comunidades. Tienen entre 14 y 28 años, están bastante repartidos entre hombres y mujeres, con un poco más de participación femenina, y provienen de 27 departamentos. Son jóvenes maravillosos, con muchas ganas de transformar sus comunidades y de aprender.

CAMBIO: ¿Qué tipo de formación reciben esos participantes? ¿Qué significa, en la práctica, formarse en pensamiento crítico y ciencias del comportamiento?

B.V.: Es una formación muy intensiva y tiene esos dos componentes que mencionas. Primero, entender cómo funciona nuestra mente: cómo operan los sesgos y por qué, en consecuencia, caemos en la desinformación. Es una invitación a mirar hacia adentro y comprender cómo funciona nuestra cabeza al tomar decisiones y cómo eso puede hacernos vulnerables frente a la desinformación. Cuando uno entiende eso, se vuelve mucho más hábil para detectar esos momentos en los que los sesgos pueden influir en nuestras decisiones.

En segundo lugar, les enseñamos habilidades muy concretas para detectar desinformación: cuáles son sus características y cómo identificar señales de alerta. Hacemos ejercicios prácticos para que puedan ver, en tiempo real, la diferencia entre una información que parece manipulada y una que no. No buscamos que se conviertan en chequeadores expertos, para eso existe el periodismo, pero sí que desarrollen mayor habilidad para detectar contenidos dudosos. Ahí entra el componente de pensamiento crítico.

Y el otro gran diferencial es la formación en ciencias del comportamiento. Las metodologías de ciencias del comportamiento permiten tener mayor incidencia en las comunidades, porque muchas de las problemáticas que estos jóvenes quieren resolver tienen que ver con el comportamiento humano: cómo lograr que otros jóvenes participen en democracia, que reciclen, que cuiden su salud mental o que tomen mejores decisiones en temas de salud sexual y reproductiva.

Lo que buscamos es darles herramientas basadas en evidencia para que, sin ser expertos en ciencias del comportamiento, puedan entender mejor cómo funciona el comportamiento humano y aplicar esos conocimientos en su liderazgo cotidiano. Así pueden diseñar proyectos con mayor probabilidad de éxito en sus comunidades y fortalecer, de manera directa, su capacidad de liderazgo.

CAMBIO: Hablando precisamente del comportamiento, el programa habla también del impacto emocional de la desinformación. ¿Cómo afecta esto la salud mental de los jóvenes?

B.V.: La fuente principal han sido los mismos jóvenes. En la primera cohorte aprovechamos para hacer un ejercicio de investigación y realizamos grupos focales con ellos. Queríamos entender cómo percibían, en su día a día, el impacto de la desinformación. El tema que reiteradamente más mencionaron fue el efecto sobre la salud mental. A veces pensamos en desinformación solo en términos políticos. Y sí, la desinformación política, sobre todo en épocas electorales, genera estrés y ansiedad. Está generando en muchos jóvenes una percepción de no futuro y mucha incertidumbre frente a lo que viene. Esa percepción de falta de futuro tiene impactos importantes en su bienestar.

Pero no es solo la desinformación política. También está toda la desinformación relacionada con tendencias sobre el cuidado de la piel, la salud, la alimentación, la apariencia física y la salud mental. Sigues a una persona que dice que debes hacer ayuno tres días; otra dice que debes consumir grasas durante varios días; y así circula una enorme cantidad de información contradictoria sobre el cuidado del cuerpo y la salud.

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Crédito: Formación Jóvenes Líderes DIP 2025

Lo que los jóvenes manifestaron es que esa sobrecarga y variedad de información está afectando fuertemente su salud mental. Por eso decidimos convertir este tema en uno de los ejes del programa y diseñamos una herramienta para ayudarles a entender cómo la desinformación impacta su salud mental.

CAMBIO: ¿Y por qué los jóvenes caen en desinformacion?

B.V.: Lo que hemos visto es que los jóvenes no necesariamente caen más que otros grupos, pero sí lo hacen por razones distintas. Por ejemplo, en el caso de los adultos mayores, muchas veces comparten desinformación por falta de habilidades digitales. En los jóvenes, en general, esas habilidades digitales suelen estar más desarrolladas, lo cual puede ser una fortaleza. Sin embargo, los jóvenes tienen menos experiencia de vida y eso puede hacer que les cueste más cuestionar, comparar y contrastar la información con referentes de la realidad. Esa menor experiencia puede hacerlos más susceptibles a ciertas técnicas de manipulación, como la simplificación excesiva de problemas complejos.

Si una persona joven no ha tenido mucha exposición a cómo funcionan sectores como la economía, la salud o el sistema de pensiones, y recibe un mensaje que simplifica la realidad y promete soluciones inmediatas, por ejemplo, acabar con la pobreza de un día para otro, puede resultarle más persuasivo. No es que los jóvenes sean intrínsecamente más vulnerables, sino que tienen características distintas que los hacen vulnerables de manera diferente a otros grupos, como los adultos mayores. Por eso las soluciones también deben ser distintas según la población.

CAMBIO: Usted mencionó una nueva herramienta enfocada en salud mental que van a presentar. ¿Podría contar más detalles sobre esta y cómo puede acceder la ciudadanía?

B.V.: La ciudadanía puede acceder a través de la página web del DIP. Allí tenemos varias herramientas para ayudar a no caer en desinformación en distintos temas. Entrando a www.somosdip.com. En la sección de herramientas van a encontrar una nueva, enfocada en salud mental. Es una herramienta interactiva: las personas hacen un recorrido corto en el que encontrarán videos, opciones para seleccionar y distintos contenidos diseñados para generar mayor conciencia sobre el impacto de la desinformación.

CAMBIO: ¿Qué impactos concretos han identificado con la estrategia?

B.V.: Contamos con testimonios y señales muy claras de lo que ha venido ocurriendo. Por ejemplo, varios jóvenes nos han escrito diciendo que esta ha sido una de las formaciones más valiosas que han recibido y que las herramientas que adquirieron les han resultado muy útiles. También hemos recibido mensajes de jóvenes de distintos territorios que quieren llevar el programa a sus municipios. Nos dicen: “Quiero formar a más jóvenes en mi territorio, ¿cómo hacemos para que el programa llegue acá?”. Hemos recibido solicitudes de lugares como Villavicencio y Medellín, entre otros. Esa es la información cualitativa que tenemos hasta ahora.

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Crédito: Formación Jóvenes Líderes DIP 2025

CAMBIO: De cara a 2026, ¿qué esperan lograr? ¿Cuáles son los principales hitos que se han propuesto alcanzar?

B.V.: Estamos muy concentrados en las elecciones y en el proceso poselectoral. En ese marco, hay varias líneas de trabajo. La primera es que acabamos de realizar un sondeo con población joven: participaron alrededor de 560 personas de todo el país. El objetivo es entender, de manera más robusta y cuantitativa, qué factores comportamentales pueden influir en que un joven se comprometa con el desarrollo futuro del país y en que caiga o no en la desinformación. ¿Para qué nos va a servir? Para diseñar mejores estrategias, no solo desde nuestra organización, sino junto con otras organizaciones de la sociedad civil que trabajan con jóvenes. La idea es compartir esta información con organizaciones y con jóvenes líderes.

En segundo lugar, queremos acompañar el proceso poselectoral. El país viene atravesando una fuerte polarización desde hace varios años, y las contiendas electorales con polos tan marcados generan mucha división, especialmente en redes sociales. Se ve en la narrativa pública y en los niveles de deshumanización entre unos y otros. Para construir una democracia sostenible, necesitamos bajar los ánimos y acompañar a la ciudadanía para que, independientemente de quién gane, se acepten los resultados, se defiendan las instituciones democráticas y las instituciones electorales. Si no lo hacemos, la democracia se vuelve cada vez más insostenible. Estamos muy enfocados en usar la ciencia del comportamiento para ayudar a que, sin importar el resultado electoral, podamos seguir construyendo país.

CAMBIO: ¿Y cuáles han sido los mayores retos que han identificado a lo largo del proyecto?

B.V.: Este es un tema muy relevante, que afecta a toda la sociedad y que está poniendo en jaque los sistemas democráticos en Colombia y en todo el mundo. Me refiero a la desinformación. Pero es un tema que mucha gente no siente como propio, porque se percibe como algo lejano. Es muy fácil lograr que un joven entre a TikTok y quiera consumir información sobre lo que le interesa: su apariencia física, el deporte, la música. Pero lograr que una persona se interese en dedicar unos minutos al día a fortalecer su pensamiento crítico, a entender por qué es importante tener una mente más abierta, no juzgar tanto, escuchar opiniones contrarias y aprender a identificar la desinformación, es muy difícil. Porque todo el mundo piensa que quienes caen en la desinformación son otros. Eso es parte de nuestros sesgos. Y la verdad es que todas las personas caemos en la desinformación.

Entonces, nuestro principal reto ha sido ese. Yo pienso que hemos hecho un buen trabajo en ese sentido, porque hemos logrado, de alguna manera, volver este tema, que podría ser percibido como aburrido, más sexy. Hemos desarrollado cosas distintas, interactivas; hemos llegado a mucha población y hemos posicionado estos temas en la agenda pública nacional de manera muy fuerte.

Hoy casi todas las personas que hablan de desinformación ya están hablando de sesgos, de evidencia, de ciencias del comportamiento. Eso es algo que hemos ayudado a posicionar. Pero todavía tenemos mucho camino por recorrer para lograr que toda la población entienda que este es un tema que le compete.

CAMBIO: ¿Y qué esperan lograr en los próximos años? ¿Cuál es la visión del proyecto?

B.V.: En el largo plazo, un reto de este programa y de lo que nosotros hacemos es seguir llegando a más rincones de Colombia. Seguir innovando. Una de nuestras obsesiones es innovar, y cuando digo innovar es crear soluciones que funcionen, que podamos probar que funcionan, que se puedan escalar y generar conocimiento de calidad para Colombia y para el mundo.

Seguir teniendo publicaciones académicas, como lo hemos hecho antes, no solamente un programa aquí, sino también investigación pura y dura para generar soluciones que funcionen en el mundo real. Entonces, seguir ese camino. Seguir llegando a más población en Colombia.

Y con los jóvenes puntualmente, involucrarlos de fondo en esta problemática. En el sondeo, y te adelanto algunos resultados, lo que podemos ver es que a los jóvenes les preocupa mucho el futuro, pero, por ejemplo, sienten que otros jóvenes no quieren votar. Los jóvenes quieren votar, pero sienten que otros jóvenes no. No todos ven un buen futuro en Colombia, no ven que puedan realizar su futuro profesional. Sienten que quienes más participan en política son otras personas distintas a ellos. Todos estos factores, cuando uno estudia comportamiento humano, se materializan en que ellos tampoco lo hagan. Si yo quiero votar, pero siento que la mayoría de jóvenes a mi alrededor no quiere votar, lo más probable es que yo no vote. Entonces son creencias y tendencias que tenemos que cambiar.

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Crédito: Formación Jóvenes Líderes DIP 2025

Los jóvenes tienen que darse cuenta del gran poder que tienen en sus manos hoy. No pueden seguir pensando que el futuro es algo que viene después. La acción es hoy. Tienen que salir a votar hoy, no cuando tengan 40. Tienen que participar hoy, tomar acción hoy, ser responsables al consumir información hoy, porque hoy están tomando decisiones sobre lo que les va a pasar mañana y en el futuro. No pueden esperar a más adelante. Es un cambio de chip que tenemos que lograr. Y para eso seguiremos trabajando.

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