
‘Sería ideal que el Ejército y el M-19 reconozcan lo que pasó en el Palacio de Justicia, pero no hay que esperarlo para construir memoria’: Helena Urán
En entrevista con CAMBIO, la politóloga habla sobre el lanzamiento de la fundación Carlos H. Urán, que trabajará por la construcción de memoria histórica en Colombia. A 40 años del ataque al Palacio de Justicia, Urán Bidegain dice que el reconocimiento es clave para entender lo que pasó. Sin embargo, advierte que la sociedad civil no debe esperar a que llegue para actuar.
Helena Urán Bidegain sostiene que la ciudadanía debe asumir la tarea de construir memoria: comprender las atrocidades ocurridas durante la violencia política y resignificar los lugares donde se cometieron. A punto de cumplir 40 años del ataque al Palacio de Justicia, se lanzó la fundación que lleva el nombre de su padre, Carlos Horacio Urán, magistrado auxiliar del Consejo de Estado que salió vivo del edificio y terminó ejecutado extrajudicialmente, según la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En medio de la violencia política, la fundación busca dar un nuevo significado a esos lugares.
CAMBIO: ¿Cuál es el objetivo de la fundación?
Helena Uran: La fundación busca lograr alcanzar la conciencia de la gente en cuanto a la defensa de los valores democráticos a partir del trabajo de memoria histórica. Esto quiere decir que los episodios de violencia política que han ocurrido aquí -y nos vamos a centrar primeramente en Bogotá- sirvan para sacar lecciones de ese pasado sobre cómo debe funcionar un Estado de Derecho. Me refiero a la necesidad de que la ciudadanía se comprometa con la construcción de un país. Hablemos, por ejemplo, del caso del Palacio de Justicia: sí, sucedió hace 40 años, pero tiene que ver con sus derechos hoy en día; no está aislado a su vida diaria, incluso.
Cuando uno entiende cómo suceden ciertos hechos de violencia y tiene toda la información completa, entonces cada ciudadano puede empezar a sacar desde su propio criterio conclusiones y, en el mejor de los casos, a reaccionar y exigir instituciones sólidas. Pero cuando se oculta la información, cuando no hay conocimiento pleno del pasado y no hay ninguna conciencia sobre ello, entonces hay abuso de poder.
CAMBIO: ¿Cómo puede hacerse ese trabajo de memoria en un país donde, en casos como el ataque al Palacio de Justicia, se ha dado un ocultamiento deliberado de la verdad?
H.U.: Precisamente eso lo que queremos revertir: el abuso de la memoria para controlar a la ciudadanía, en vez de que la memoria se utilice como una herramienta democratizadora. Desde la sociedad civil no podemos dejar esto en manos de los poderes políticos. Podemos hacer muchas cosas y eso lo que busca la fundación. Desde luego, necesitamos aliarnos con la Academia, con los medios de comunicación, con el sector cultural. Hay mucha información que podemos encontrar y que no pasa necesariamente por lo que dictaminen los poderosos. Sí, hay archivos que no se han desclasificado como los del Palacio de Justicia, que son esenciales dentro del trabajo de memoria, pero no es lo único. Los archivos nos ayudan a llenar ciertos vacíos, pero la fundación va a trabajar en tres ejes y exclusivamente en violencia política.
El eje investigativo se centra en informes forenses, en expedientes judiciales, en reportes de prensa, testimonios, videos, tal y como se hace una investigación. Esto después tiene que ser traducido en expresiones culturales y de pedagogía democrática, que es el segundo eje e incluye exposiciones fotográficas hasta performance e intervención en el espacio. En este último caso no me refiero no a resignificación de lugares porque como fundación no podemos, por ejemplo, transformar una instancia militar, pero sí podemos ir concientizando a la gente de por qué es importante resignificar espacios de horror y de tortura en lugares de memoria.
Por ejemplo, quisiéramos trabajar en El Nogal para que, en placas, figuren los nombres de todas las personas que perecieron allí (por el atentado). También están los espacios de reflexión como debates y foros. Todo está relacionado para que las expresiones artísticas toquen lo emocional y el alma, que es lo que queda herido cuando pasa este tipo de violencia política, pero que lo racional también esté, para que ponga en contexto lo sucedido. Necesitamos llegar al alma y eso no lo logran ni los periodistas, ni los expedientes judiciales ni la academia. Necesitamos a la cultura. Y el último eje es la comunicación, la divulgación de los dos primeros ejes. También busca generar y producir contenidos propios con la finalidad de hacer incidencia política y social.
CAMBIO: Hemos visto que actos simbólicos que organizan las víctimas se convierten en discusiones políticas. En Colombia, ¿sabemos hablar de memoria?
H.U.: Creo que hay esfuerzos, pero el potencial para construir memoria es mucho más amplio. Esto se ha quedado en dos planos. Uno, en el de ser abusado con fines ideológicos y políticos, en donde quienes arman los relatos, deciden qué entra en el relato, qué sale y manipulan así a la sociedad. El segundo plano es la construcción de memoria desde las víctimas que se queda, a mi manera de ver, en un plano reivindicativo nada más. Tenemos que pasar de lo reivindicativo a la construcción real de memoria. Tiene que haber una estrategia para que realmente abarque a toda la sociedad, porque, si no, se sigue viendo como un tema solamente de víctimas o se sigue abusando desde el poder. En la fundación queremos que la memoria no sea construida solo en estos dos planos, sino que realmente sea una herramienta para construir el futuro.
CAMBIO: Mencionas el trabajo que se ha hecho en Alemania. Hemos visto procesos de construcción de memoria de sociedades que vivieron dictaduras que se han interesado de una manera más activa en entender lo que sucedió, pero en Colombia no hemos hecho nada así, no ha sido política de Estado, sino que ha dependido de las víctimas...
H.U.: Exacto. En Colombia ni siquiera hay una política de memoria. Cuando he planteado la carencia de espacios de memoria, personas que trabajan en esa área me han dicho que acá sí hay una red enorme. Yo les he dicho que no desconozco iniciativas de la sociedad civil de poner un mural, por ejemplo, pero ¿Cuántas instancias militares, penitenciarias o policiales han sido resignificadas?
Buena parte de la responsabilidad de la violencia política tiene que ver con el Estado y los paramilitares, y los espacios son muy importantes a la hora de construir memoria porque es otra forma de entenderla, no solamente a través de la narración, sino de poder vivir y sentir cómo esos lugares fueron utilizados para estos hechos horrorosos. Nos permite hacernos las preguntas sobre cómo puede ser aceptable que en un Estado de Derecho esos lugares -que son pagados con nuestros impuestos- fuesen utilizados de esa manera. Y, en consecuencia, esforzarnos incluso un poco más en entender cuál es el funcionamiento de la policía, del Ejército, de la inteligencia, de estos sitios.
También, debemos preguntarnos por qué mientras en tantos países del mundo sí se ha hecho este esfuerzo y esta transformación, en Colombia hay tanta resistencia.
CAMBIO: El lanzamiento de la fundación se da a unas semanas de que se cumplan 40 años del ataque al Palacio de Justicia. Son 40 años de dolor, de incertidumbre, de saber que hubo ocultamiento de la verdad. ¿Cuáles deben ser los pasos para seguir?
H.U.: La fundación se da a pocos días de que se conmemoren los 40 años y lleva el nombre de mi papá, porque es lo que le da su misionalidad: una persona que defendió el estado derecho, que defendía los derechos humanos, que se comprometió con la justicia. Eso es lo que queremos construir a partir de la memoria histórica. Pero la fundación no es solo para el caso del Palacio de Justicia. Yo quiero replicar cosas que he hecho a título personal en cuanto a la búsqueda de la desclasificación de los archivos, a temas simbólicos como los retiros de las condecoraciones a militares o el debate público con Petro por el uso de símbolos o la incidencia en la Corte Suprema para que pusieran una placa (recordando a las víctimas). Eso me llevó a hacer la fundación: me di cuenta de que todo lo que estaba haciendo era como suelto y que sería bueno darle estructura y ponerlo en práctica en función de otros.

CAMBIO: El Palacio de Justicia sigue siendo caso clave, pero en ese momento se vivieron represiones y desapariciones que implicaban a unidades militares…
H.U.: Aunque no quería que la Fundación se situara solamente en un caso, después me di cuenta de que el caso del Palacio de justicia es clave y útil para poder aprender del pasado ya que se trató de un ataque a uno de los tres poderes del Estado. En ese momento los procesos que se estaban investigando quedaron truncados, que eran justamente relacionados con violaciones a los derechos humanos. De los procesos relacionados con extradiciones había copia, pero en los que tenían que ver con el Estatuto de Seguridad, con la responsabilidad de la fuerza pública, solo había copia o en el Ministerio de Defensa o en los tribunales de la Justicia Penal Militar. Esos procesos se perdieron. El Consejo de Estado ya había emitido la primera sentencia condenatoria a la fuerza pública por un caso de tortura y lo había pasado a Corte Suprema para la investigación penal. Y venían muchos casos más. Todo eso quedó bloqueado, de manera que las familias que venían pidiendo justicia por temas de tortura nunca lograron tener respuesta. Y tampoco, como sociedad, pudimos lograr dimensionar qué pasó durante el Estatuto de Seguridad. Entonces, es otro escenario que quedó absolutamente sepultado con el Palacio de Justicia y esa fue una época de represión y de tortura casi de tipo dictatorial.
CAMBIO: ¿Van a trabajar con organizaciones de víctimas sobre lo que pasó en esa época como las desapariciones atribuidas a la Brigada 20?
H.U.: Nosotros vamos a unirnos al trabajo que se viene haciendo de otra manera. Nosotros no vamos a ser una organización de víctimas. No es un tema de reivindicación, sino de democracia. Es entenderlo como una herramienta para generar pedagogía en la sociedad civil sobre cómo debe funcionar un Estado de Derecho. Entonces, el caso del Palacio de Justicia es clave, reitero, porque en las discusiones te das cuenta de que la gente ni siquiera sabe cómo funciona un Estado de Derecho: la gente legitima la masacre, los asesinatos y las torturas por el hecho de que entró primero la guerrilla. Y en un Estado de Derecho, que entre primero un grupo terrorista, no le da luz verde a la fuerza pública para que después desaparezca y ejecute a civiles e incluso a guerrilleros que salieron vivos y estaban en estado de indefensión. El caso del Palacio es clave también porque genera mucha controversia, la gente siente que tiene que tomar partido y queremos sacarlo de ahí.
CAMBIO: La confrontación en este caso del Palacio de Justicia abre la puerta a las discusiones sobre los valores democráticos. También tendría que ser el momento de los reconocimientos, pero esto no parece factible en este país...
H.U.: Yo no creo que ellos vayan a reconocer o que vayamos a tener una verdad plena. Eso nunca se da. Hay verdades fácticas como estudios forenses que demuestran que una persona fue ejecutada. Tenemos vacíos que sería muy útil llenar con los aportes que hagan estas personas, pero también tenemos los archivos secretos de Estados Unidos sobre el Palacio de Justicia y por eso he insistido en su desclasificación.
Creo que hay muchas personas en la institución castrense que saben que el camino es que ambos actores armados reconozcan lo que pasó, pero hay un tema de doctrina militar que los tira a no aceptar. Y lo mismo pasa con el M-19: su militancia se los impide. Los dos quieren presentarse como héroes, pero ellos saben que ese es el único camino. Pero como ninguno está apuntando a la reconciliación, nos mantienen a la sociedad civil en esa confrontación. Nosotros no podemos esperar a que ellos lo reconozcan. Nosotros tenemos que también actuar. En Alemania se habla de 'coraje cívico' y yo siento que en Colombia falta mucho eso. Es hacerse uno cargo de la realidad en la que vive.
Nosotros no podemos esperar a que ellos lo reconozcan. Nosotros tenemos que también actuar. En Alemania se habla de 'coraje cívico' y yo siento que en Colombia falta mucho eso. Es hacerse uno cargo de la realidad en la que vive.
CAMBIO: Públicamente, militares lo niegan, pero en privado aceptan que es hora de admitir. Lo ideal es que el Ejército y los militantes del M-19 pidan perdón al país…
H.U.: Claro, que el Ejército y el M-19 reconozcan lo que pasó en el Palacio de Justicia sería lo que nos permitiría avanzar como sociedad. Lo que no lo ha permitido es esa actitud de los dos actores de defender a toda costa su heroísmo, incluso sacrificando la maduración emocional y democrática de la sociedad frente a lo que sucedió. Pero ellos solamente piensan en cómo defender su relato épico. Obvio eso permitiría entender a profundidad lo que sucedió. Ahora, ¿Quién va a dar el primero paso? Esperaría que Petro.
CAMBIO: Hay varios militares condenados como Arias Cabrales, pero parece imposible que hoy el Ejército admita lo que pasó hace 40 años…
H.U.: Ellos son parte de una institución y actuaron dentro de un sistema. Entonces, mientras la cabeza de esa institución no reconozca y no se desmarque de esas personas que acabas mencionar, lo están avalando. Y ellos como institución deberían de reconocerlo. Hubo un acto de reconocimiento en el 2014, cuando la Corte Interamericana condenó al Estado colombiano. La hizo en nombre del Estado el expresidente Santos, pero fue algo hecho a regañadientes y no basado en un compromiso para que las cosas fueran a mejor. Lo digo porque, durante ese acto de reconocimiento, al final entró una comitiva del Ejército como en una demostración clara de poder. El problema es que ellos no han entendido el poder que tiene el reconocimiento. Creen que reconocer los hace más pequeños y reconocer les da estatura moral y más credibilidad de la sociedad civil y así se lo dije al presidente de Acore, al general (Guillermo) León. Pero volvamos a tu pregunta: Para pasar a otro estadio, ¿necesitamos el reconocimiento de ellos? Sería lo ideal, pero no tenemos que esperarlo para que nosotros como sociedad civil actuar y construir memoria.
CAMBIO: ¿Qué esperas del presidente Petro?
H.U.: De esperar, en este momento, poco. De Petro como tal no he visto que él haya tenido, en este caso en concreto, ninguna disposición. Yo creo, viendo unos archivos y entrevistas de Carlos Pizarro, que, si no lo hubieran matado, otro habría sido el desenlace y la comprensión frente a la responsabilidad del M-19 en el Palacio de Justicia. Hay unas entrevistas (de la época en que recibieron la amnistía) a Navarro Wolf y a otros, en las que les preguntaban si a las Fuerzas Armadas también se les debería eximir de responsabilidad jurídica. Navarro dice que sí, que ninguno de los que estuvieron allá debían tener consecuencias jurídicas. Es decir, que acá no hay responsables y tampoco hay víctimas. Eso es un llamado a la impunidad.
Por otras entrevistas que he visto de Pizarro, pienso que él hubiera sido mucho más responsable. Él también dice: 'los hombres del Palacio somos nosotros y nosotros vamos a contar realmente lo que pasó'. Eso lo vamos a ver en un documental que se llama Fragmentos de otra Historia que sale el primero de noviembre, realizado por Laura Vera y Cesar García. Ellos utilizan de manera honesta los archivos que hay en Señal Memoria sin ninguna intervención política. No es una versión oficial.
CAMBIO: ¿El presidente Petro nos sigue debiendo una postura sobre el ataque? ¿Un acto de contrición? Se esperaba mucho cuando llegó a la Presidencia y no hay, de oficio, una manifestación…
H.U.: No creo que la haga. Acorde a su tono en estos años, no lo veo.
CAMBIO: Hay un proceso en curso en la JEP, a petición suya, para que la Casa del Florero, el Cantón Norte y Cementerio del Sur se transformen en sitios de memoria. ¿Cómo ha sido recibido esa petición que ya lleva más de un año en trámite?
H.U.: Hice esa solicitud porque veía esta impunidad espacial. Es decir, que la sociedad sigue conviviendo con esos lugares como si no hubiera pasado nada, esa naturalización del horror. En cualquier parte del mundo esto se hace a través de órdenes administrativas, pero en Colombia no ha pasado tampoco nada ni en este ni en los anteriores gobiernos. Entonces me fui a la justicia transicional para que, con medidas de satisfacción o restaurativas, se estudie el tema. Para mi gusto, esto ya lleva demasiado tiempo.
La petición de resignificación la hice también para la Casa del Florero como centro de operaciones y ahí sí creo que será posible porque he tenido conversaciones con su directora y ya ha tenido un cambio inmenso de postura. Pero la mayor dificultad está en la petición que hice para las caballerizas, como el antiguo Batallón de Inteligencia Charry Solano. Y yo siento que los magistrados deben tener mucha más fuerza en este trabajo y no esperar a ver si los militares les dan permiso o no, porque para eso está la justicia. Ya dijeron que en caballerizas (en el Cantón Norte) no se puede por seguridad. Es obvio que van a tener excusas. Hay maneras de hacerlo. Se podría abrir un espacio, sobre la Séptima, que se abra como un parque público y que allí se erija un muro con los nombres de las personas que fueron torturadas allí, por ejemplo.
Mi solicitud es en relación con el Palacio de Justicia porque solo la puedo hacer en ese caso, pero en ese lugar pasaron cantidad de personas. Entonces esto es para un número mucho mayor. Ojalá se pudieran hacer exposiciones sobre violencia de género porque esos lugares también fueron escenarios de violencia sexual. Se pueden hacer muchas cosas. Es un espacio dispuesto para la ciudadanía para hablar sobre eso, pero en función del futuro y cómo nos imaginamos una sociedad operante. No podemos esperar a que los militares nos digan que no se puede.
CAMBIO: Es un reto muy grande porque en teoría estamos en postconflicto, pero en la práctica no..
H.U.: El miedo es uno constructo, pero es cierto que en Colombia a la gente también la matan. Cada vez menos, no es como antes, quizás más en las regiones que en Bogotá, y eso paraliza. Pero construir democracia requiere un esfuerzo. Yo incluso veo en escenarios judiciales ese temor a la institución castrense, la dificultad de hablar sobre la responsabilidad de estos señores. Pero el poder civil siempre está por encima del poder militar. Esta es una pelea difícil, pero necesaria si realmente queremos que este país sea mejor.
‘Deshacer los nudos’: nuevo libro se lanza el 4 de noviembre

Urán Bidegain lanzará el próximo 4 de nombre el libro Deshacer los nudos, que versa sobre el camino que la politóloga emprendió entre los relatos alrededor al ataque al Palacio de Justicia y cómo el poder político ha abusado de la memoria como instrumento de control. El libro se lanzará el 3 de noviembre en las instalaciones del Gimnasio Moderno a las 7 de la noche.
Con ocasión de la conmemoración de los 40 años de este ataque a la justicia colombiana, la fundación Carlos H. Urán realizará varios eventos. El jueves 6 de noviembre, se llevará a cabo en el Gimnasio Moderno el foro ’40 años del asalto al Palacio de Justicia: juristas y periodistas ante la verdad y la memoria’, que reunirá voces del derecho y el periodismo para revisar lo ocurrido, sus consecuencias y las lecciones por asumir.
El viernes 7 de noviembre en la Plaza de Bolívar se hará una intervención simbólica: cuarenta floreros, música en vivo y acciones escénicas recordarán el dolor y la ausencia, pero también la memoria que se niega a desaparecer.
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