
Petro, el presidente que rompe récords de viajes al exterior
El presidente Gustavo Petro
Mientras el mandatario acumula millas de avión (73 viajes internacionales), aumenta el distanciamiento con Estados Unidos y se deterioran las relaciones con vecinos como Ecuador. Corte de cuentas a los resultados de la política exterior del Gobierno. Reportaje.
Por: Armando Neira
Al presidente Gustavo Petro no le gusta estar en casa. No se trata de una metáfora sobre sus días y noches en la Casa de Nariño: el Palacio le parece “aburrido”, “frío” y un lugar donde incluso “asustan”, como ha dicho en varias ocasiones. Es una afirmación que se sustenta en sus numerosos desplazamientos al exterior.
Las cifras muestran que el mandatario se siente más cómodo viajando, como lo evidencian los 73 desplazamientos internacionales que ha realizado, en los cuales ha invertido 259 días. Esto equivale a casi nueve meses fuera del país desde que asumió el cargo, el 7 de agosto de 2022, hace tres años y tres meses.
En 2025, Petro se ha enfocado en viajes hacia Asia y el mundo árabe. Ir por el mundo es un sello de su gobierno. Durante su primer año, de acuerdo con cifras del Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE), realizó 24 viajes al exterior, superando en este mismo lapso los registros de Álvaro Uribe (19), Juan Manuel Santos (17), Iván Duque (16) y Andrés Pastrana (13).
Entre 1998 y 2002, Pastrana efectuó 57 viajes al exterior, razón por la cual la oposición lo llamaba “el presidente viajero”. Su sucesor, Uribe, en sus dos mandatos (2002–2010), hizo 135 viajes, con una predilección especial por Estados Unidos. Santos acumuló 138 desplazamientos internacionales también durante dos periodos consecutivos (2010–2018), muchos de ellos, decía, destinados a buscar apoyo para el proceso de paz.

La excepción fue Duque (2018–2022) quien hizo apenas 48 viajes durante todo su periodo presidencial; aunque, en su caso, al igual que el resto del mundo, debió permanecer en casa por la pandemia.
El representante de la oposición Hernán Cadavid, del Centro Democrático, ha examinado con detalle los desplazamientos tanto del presidente como de los altos funcionarios del Gobierno. Sin embargo, dice que en 2025 no ha recibido respuesta a sus solicitudes, ni mediante derechos de petición ni tutelas.

Entre agosto de 2022 y octubre de 2024, Petro efectuó 40 viajes oficiales con un costo superior a 7.870 millones de pesos. Sus comitivas han estado integradas, en promedio, por 28 personas; aunque a la COP 28, en Dubái, fue acompañado por 40 integrantes del alto Gobierno.
Lo que sí es público es que los destinos más frecuentes han sido Venezuela, Brasil, México, Estados Unidos y Catar. En 2024, por ejemplo, realizó 14 giras internacionales que sumaron 37 días fuera del país y representaron gastos por 3.185 millones de pesos, la mayor parte correspondientes al transporte aéreo. En promedio, cada viaje costó cerca de 196 millones de pesos.
Un presidente y un monarca
En un mundo globalizado, es natural que los mandatarios viajen. Sus detractores, sin embargo, lo acusan de tener un doble discurso y citan como ejemplo la reciente gira por Arabia Saudita, Egipto y Catar, donde inauguró embajadas en Riad y Doha. En ese viaje se fotografió sonriente con el rey saudí Salman ben Abdelaziz Al Saoud, de 73 años, uno de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna estimada en 18.000 millones de dólares, producto de sus 142 campos petroleros.
Este viaje coincidió con la ruptura entre el presidente Petro y el sindicato de la Unión Sindical Obrera (USO) de Ecopetrol, que le reclama que su política de no explorar más hidrocarburos pone en riesgo la estabilidad financiera de la compañía y la soberanía energética del país.
Los opositores, además, le reprochan que “pasee” por países como Arabia Saudita, acusado de crímenes contra la humanidad —asesinato de migrantes etíopes, ataques a ONG y torturas, entre otros— y de mantener políticas machistas y misóginas, mientras los problemas continúan en Colombia.

En su defensa, Petro ha sostenido que en sus viajes busca posicionar temas como el cambio climático y la política mundial contra las drogas, aunque algunos expertos en relaciones internacionales consideran que los resultados concretos aún son limitados.
La frecuencia de sus desplazamientos también ha reavivado el debate sobre la austeridad fiscal. Mientras el Ejecutivo impulsa reformas tributarias para aumentar el recaudo, el gasto en viajes presidenciales se disparó. La oposición cuestiona la coherencia entre su discurso de austeridad y su frecuente presencia en alfombras rojas internacionales.
¿Dónde está el piloto?
A los críticos también les preocupa que, mientras el presidente está fuera del país, la ley establece un orden de precedencia para que los ministros asuman las funciones de ministro delegatario. Petro ha pasado por alto esta norma y ha dejado encargados a Guillermo Alfonso Jaramillo (Salud), Gloria Inés Ramírez (Trabajo), Ricardo Bonilla (Hacienda) y Armando Benedetti (Interior), a quien se le expidió un carné en tiempo récord como militante de Colombia Humana para cumplir los requisitos.
Pero más allá de los números y del debate entre oficialistas y opositores, surge la pregunta: ¿qué tan productiva ha sido para Colombia la viajadera del presidente? Enrique Prieto Ríos, profesor de la Universidad del Rosario y visitante en la Universidad de Boston, afirma que Petro ha intentado posicionarse desde el inicio de su mandato con una agenda internacional activa, especialmente en temas relacionados con el medio ambiente, la protección de la biodiversidad y las nuevas formas de energía renovable dentro del marco de una transición justa.
Sin embargo, los acontecimientos provocaron un cambio en el libreto. De ese líder ambientalista que caracterizó la primera parte de su gobierno, se pasó a una segunda etapa en la que se convirtió en un crítico regional de los ataques devastadores del Gobierno de Israel en Gaza y, acto seguido, adoptó una postura contraria al presidente Donald Trump, buscando convertirse en un referente regional opuesto al magnate republicano.

Según Prieto, siendo Colombia un país relativamente pequeño pero relevante en la región, su proyección exterior es necesaria para mantener posiciones estratégicas. No obstante, persiste una crítica válida: los discursos de Petro en escenarios internacionales parecen desconectados de la situación interna. Da la impresión de que otorga mayor relevancia a los temas globales que a los domésticos, algo que se ha acentuado en los últimos meses.
Entre Maduro y Trump
En esta dinámica, las relaciones de Colombia se han alterado, por ejemplo, con países vecinos como Venezuela. El Gobierno nacional calculó que Nicolás Maduro sufriría una derrota en las elecciones y se perpetuaría en el poder. Con Maduro, el Gobierno argumenta que mantiene una relación pragmática, entre otras cosas porque la frontera de 2.219 kilómetros es porosa, habitada por ciudadanos de ambos países, y donde los actores armados ilegales prosperan con la coca y la minería ilegal.
Petro sostiene que no lo ha reconocido formalmente como presidente en las últimas elecciones, pero sí ha mantenido vínculos económicos y ahora se ha convertido en su defensor ante la fuerte demostración de poder en aguas del Atlántico por parte de Trump, que envió una flota de embarcaciones militares que se mueven con vientos marcados por una posible invasión.
Este hecho —junto con la situación en Gaza— ha provocado una confrontación sin precedentes con Estados Unidos. Tras el sorprendente discurso de Petro en una calle de Nueva York, en el que pidió a los miembros de las fuerzas armadas de ese país desobedecer a su comandante en jefe, los acontecimientos se desarrollaron de manera dramática: el retiro de su visa, la inclusión en la Lista Clinton, la publicación exclusiva por CAMBIO de una imagen de Petro vestido como presidiario y el condicionamiento de la cooperación en inteligencia militar evidencian una crisis sin antecedentes con el principal socio comercial de Colombia.
Además, está el tema de la descertificación. El memorando del Departamento de Estado, firmado por Trump, fue contundente: Colombia, junto con Venezuela, Bolivia, Afganistán y Myanmar, “fallaron de manera demostrable” en la lucha contra los estupefacientes durante 2024. Aunque se aplicó una exención (waiver) que permitía mantener parcialmente la cooperación, el documento responsabiliza directamente al liderazgo de Petro: “El incumplimiento de Colombia de sus obligaciones en materia de control de drogas durante el último año se debe exclusivamente a su liderazgo político”.
Se trata de un hecho extremadamente sensible, pues las exportaciones a Estados Unidos alcanzan los 8.811 millones de dólares, equivalentes al 31 por ciento del total, según el DANE. En promedio, más de 3.000 empresas colombianas exportan cada año productos a ese país, lo que representa el 35 por ciento de las ventas externas, de acuerdo con la DIAN. Lo que está en juego es de enorme trascendencia.
Persona non grata
En el vecindario, durante la administración Petro se han deteriorado las relaciones con Ecuador por el supuesto encuentro del presidente colombiano con alias Fito, líder de Los Choneros, durante una visita de Petro a ese país. La Presidencia de Colombia lo ha negado rotundamente.
Con Perú también hubo problemas por la intervención del presidente colombiano a favor de Pedro Castillo, quien fue encarcelado tras intentar un golpe contra el Congreso, al punto de que Petro fue declarado persona non grata.
El mandatario también ha mantenido confrontaciones ideológicas, especialmente en la red social X (antes Twitter), con Javier Milei (Argentina) y Nayib Bukele (El Salvador). Es innegable que la suma de estos hechos demuestra que Colombia se ha aislado de sus socios tradicionales en la región.

En este panorama, tampoco se ha consolidado una política exterior sólida en materia de comercio, seguridad o migraciones. La Alianza del Pacífico está estancada, no hay avances en la Comunidad Andina y los proyectos regionales carecen de coordinación.
Así las cosas, Eduardo Pastrana Buelvas, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, sostiene que la política exterior actual es precaria y carece de una estrategia clara. A su juicio, ha predominado la improvisación y una diplomacia excesivamente presidencial.
Según Pastrana, un liderazgo internacional requiere coherencia entre discurso y acción, así como aliados que respalden las propuestas. En el caso de Petro, aunque sus intervenciones en foros como la COP 28 o la COP 29 han sido elocuentes, no han derivado en acuerdos concretos. La falta de seguimiento y de resultados tangibles evidencia un liderazgo más retórico que efectivo.
A nivel regional, la integración latinoamericana sigue debilitada. Las cumbres, como la de la CELAC–Unión Europea en Santa Marta, se reducen a declaraciones simbólicas sin compromisos concretos. De hecho, esta cita, que pudo marcar un punto de inflexión para las relaciones de Colombia, fue calificada como “discreta” incluso por quienes alguna vez defendieron a Petro.
Una cumbre con resultados pálidos
“Los resultados fueron pálidos”, dijo el exministro de Comercio, Industria y Turismo, Germán Umaña Mendoza. “En la cumbre no estuvieron presentes los mandatarios de México, Chile ni, lógicamente, Argentina, Ecuador y Venezuela, aunque sí asistió el de Brasil”.
“Y, a propósito de entretelones —y no quiero pensar mal—, se rumora que la presencia del presidente de Brasil estuvo condicionada a intereses económicos”, agregó el antiguo coequipero de Petro.
Si amigos, en teoría, como Claudia Sheinbaum y Gabriel Boric no se hicieron presentes, y un socio como Luiz Inácio Lula da Silva acudió por un interés específico, el balance es bajo. Un hecho que se refleja en la foto oficial de los mandatarios: en primera fila, junto a Petro, estaban la canciller Rosa Villavicencio, la directora del DAPRE Angie Rodríguez y el ministro del Interior Armando Benedetti, en lugar de los líderes de semejantes bloques tan importantes.
En términos geográficos, abundan las preguntas de los expertos: ¿dónde está el salto cualitativo con China y la proyección de Colombia en la región Asia-Pacífico? ¿Dónde está el reforzamiento y la ampliación de la agenda? Es decir, ¿dónde hay una diversificación de la política exterior colombiana, tanto temática como geográfica?
Si bien desde Presidencia sostienen que se han profundizado las relaciones con Japón más allá de lo tradicional, las cifras muestran que la balanza comercial sigue siendo deficitaria. Con Corea, a pesar de contar con un TLC, el comercio ha disminuido. Con China, el intercambio es sustancialmente deficitario. Colombia sigue exportando principalmente productos mineroenergéticos —petróleo, carbón, ferromanganeso— junto con café, flores, banano y algo de aguacate.
Para los centros académicos que observan con lupa la gestión del Gobierno más allá de las fronteras, el mandatario ha acumulado viajes y discursos sobre medio ambiente y transición energética, pero estos no se han traducido en beneficios tangibles: ni nuevos socios comerciales, ni mayor inversión extranjera, ni proyectos tecnológicos o educativos. La política exterior, en suma, parece más discursiva que operativa.
Además, la personalización de la diplomacia —una “diplomacia de Twitter”, según algunos analistas— ha generado fricciones con otros países, en los que el presidente opina sin filtro.

En conclusión, los expertos afirman que la política exterior actual se caracteriza por la improvisación, el personalismo y la falta de resultados concretos. La ausencia de una estrategia coherente ha provocado tensiones con países vecinos y ha limitado la proyección internacional de Colombia, dejando la acción exterior sin rumbo claro y con efectos poco favorables para el país.
Sin embargo, los defensores del presidente Petro sostienen que tantos viajes sí han redundado en hechos tangibles y benéficos para Colombia, como el crecimiento del turismo. En 2024, el país recibió un récord de 6,7 millones de visitantes no residentes, un hito alcanzado gracias al aumento de vuelos internacionales y a los esfuerzos por diversificar la oferta turística, según el Gobierno.
Este logro, dice la versión oficial, está en sintonía con las promesas de campaña, en las que se aseguró que Colombia dejaría de depender del petróleo y el carbón para vivir de sus bellezas naturales.
“Muchos atacan los viajes, por allí y por allá, pero cada vez que hago bochinche en el mundo, atraigo turistas. Colombia es conocida”, dice Petro. “A Colombia ya no la conocen por Pablo Escobar; ahora el mundo la conoce por Petro”, concluye el presidente.
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