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Poder

Entre Trump y Petro la parálisis del país aumenta

Las tensiones que provoca Trump, la encerrona en que se encuentra Petro, y la incertidumbre en el mundo y en el país, presagian unos meses turbulentos con amenazas en la calidad de vida y la seguridad de los colombianos. Análisis de Ramón Jimeno.

Por: Ramón Jimeno

La tensión crece en Colombia. Las reacciones de Petro ante sus dificultades para impulsar sus reformas y los desajustes y parálisis en varios sectores asustan a unos, genera incertidumbre en otros y paraliza a los demás. En el mundo, la tensión también crece por las acciones desestabilizadoras de Trump. La economía de libre mercado está amenazada con la revocatoria de facto de las reglas y principios del comercio global; la amenaza de anexar Canadá, Groenlandia y recuperar el Canal de Panamá revive el imperialismo de comienzos del siglo XX. El abandono de los aliados europeos a su suerte frente a la Rusia neo-imperial de Putin, y el ataque frontal contra el “estado profundo” norteamericano, también asusta, genera incertidumbre y paraliza el mundo capitalista.

Colombia, a pesar de ser peso pluma en la geopolítica, enfrenta un set de riesgos por las acciones de Trump y por la dinámica repelente Petro-Rubio. Para evitar daños sociales y económicos el país podría diseñar un plan para prevenir y neutralizar los daños de un eventual deterioro de las relaciones. El afectado con las represalias no sería el Gobierno de Petro, sería la población por el deterioro en la calidad de vida por sanciones o por un frenazo comercial.

El fin de la ayuda humanitaria y de seguridad

La cancelación de los 400 millones de dólares de la cooperación Usaid y del programa de ayuda militar, junto con la devolución de centenares de migrantes ilegales, son los primeros coletazos de las medidas globales del imperio. ( ) El daño es grande, afecta programas de desarrollo humano que se necesitan, sin que sea fácil reemplazar su financiamiento. La parálisis operativa de la fuerza pública se prolonga, porque la gasolina y el mantenimiento de la flota de 17 helicópteros Black Hawk se pagaba con dineros de la ayuda suspendida y estas aeronaves son fundamentales para la movilidad de la tropa y el acceso a los territorios de conflicto.

Exportaciones, relaciones comerciales en la cuerda floja

Una eventual alza de tarifas a los productos agrícolas que van al mercado de Estados Unidos, como lo anunció Trump, implicaría una caída en el volumen y valor de las exportaciones sobre todo de flores y café. También se esperan mayores dificultades para negociar con Maduro, acabando la recuperación de la dinámica fronteriza. Las remesas (12.000 millones de dólares año) se podrían afectar con restricciones en los giros (como hacen con Cuba) o con tasas a las transacciones, desestabilizando los ingresos de miles de familias. El turismo, con una alerta de seguridad del Departamento de Estado ante el auge de las bandas criminales, también sería fácil de afectar.

Descertificar es una medida tibia con potencial desgarrador

La ausencia de acciones de la fuerza pública para sentar a las bandas en los procesos de la Paz Total, fortaleció a las bandas de narcos. El riesgo de la descertificación por el aumento de la producción de cocaína no es tan grave como hace 20 años. Pero si Rubio quiere molestar, puede imponer sanciones y forzar la reactivación de programas de erradicación forzosa que estimularían la violencia. Lo más grave sería el desprestigio internacional del país que espantaría la inversión extranjera. Colombia volvería ser una narcodemocracia a los ojos del mundo.

El control territorial de las bandas organizadas –que suman cerca de 8.000 integrantes– invita a Washington a reintentar la política de represión. La situación de Catatumbo, Cauca y Chocó –entre otras regiones– creó una oscura prosperidad y una nueva realidad social, económica y de seguridad que cambia el contexto. La reducción de las operaciones de las Fuerzas Militares y de Policía y el retiro forzado de centenares de oficiales entrenados para este tipo de conflictos, redujo el riesgo de ser narco y facilitó el auge de los cultivos y de la producción de cocaína.

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El vicepresidente JD Vance y el presidente Donald Trump. Crédito: Colprensa.

A lo que se debe sumar el control social que diez años atrás ejercían las Farc. Ahora son distintas bandas que imponen su orden social, pues necesitan que la población trabaje en los cultivos, la raspada, la producción y el transporte a puerto de la mercancía. De manera que reactivar la guerra narco si hubiera quien la financiara, es difícil. Ni siquiera hay la inteligencia de terreno necesaria, pues como se trata de bandas y mandos nuevos, el conocimiento de su modus operandi y de sus líderes es casi nulo. Perseguir militarmente a estos grupos, con el agravante de haber logrado un fuerte respaldo de la población, es complicado.

No se ve a Marco Rubio en ese lío, aunque la expansión de los cultivos llegó a 260.000 hectáreas que producen 2.600 toneladas de cocaína al año. A 1.000 dólares el kilo en Colombia calcule porque los narcos están de fiesta, las bandas armadas en expansión y los consumidores de cocaína en Europa y Asia creciendo. En Estados Unidos el consumo de cocaína se estancó. Las mafias mexicanas se diversificaron, el fentanilo es más rentable. Ahora son mafias europeas las que controlan la exportación de la cocaína colombiana por rutas sobre Ecuador, Paraguay y Brasil. A las bandas colombianas y a los campesinos cocaleros les queda una fracción del negocio. Los europeos que no tienen interés en intervenir militarmente prefieren resolver el problema como algo interno.

A las autoridades nacionales les tocará, en otro gobierno, recuperar los territorios perdidos y rescatar a la población condenada a cultivar coca. ¿Son menos violentas estas bandas? En la medida en que la fuerza pública no las presione, así es. A Trump parece no preocuparle la cocaína, pues ni se dio cuenta de las implicaciones de suspender la ayuda militar para mantener y mover equipos para las operaciones antinarcóticos, y está concentrado en disminuir el consumo de fentanilo que mata muchos más ciudadanos norteamericanos que la guerra contra la cocaína.

Las similitudes de dos gobiernos incomparables

Los dos gobernantes, Trump y Petro, agencian poderes y Estados tan diferentes, como es propio de ser del Norte o del Sur Global. Por supuesto, son gobiernos incomparables, aunque se parecen en que ambos quieren destruir el Estado que les estorba. Los ideólogos del trumpismo 2.0 consideran que en el Estado se incrustó una burocracia no elegida por nadie, que no rinde cuentas, que gobierna per se y para sí, y que se tomó parte del poder. Les impide a los presidentes gestionar los programas para los que el pueblo los eligió. Hay que destruirla, erradicarla, borrarla del mapa del poder.

Allá Trump avanza, minimizando el Estado con disciplina. Su objetivo es concentrar el poder presidencial, todo el poder del ejecutivo en las manos del presidente. Un poder unitario como lo han llamado los ideólogos. Manejar la rama ejecutiva sin interferencias del pasado. Los opositores trumpianos y sus víctimas en la burocracia, al igual que los empresarios, están paralizados ante la avalancha de normas y su decidida aplicación. Una amenaza que, si es real, ya ruedan los recortes estatales y miles de nuevos desempleados.

En Colombia Petro también tiene paralizados a sus opositores, pero de susto. Sin haber hecho nada revolucionario, salvo exhibir su nostalgia guerrillera con viejas banderas del M-19, sus medidas han producido pocos cambios. No ha logrado mover la burocracia y sus políticas naufragan unas tras otras dejando sinsabores y frustraciones que las marchas no curan. El gran cambio es que ha logrado desestabilizar varios sectores, el de los hidrocarburos, vivienda social, infraestructura vial, pensiones, salud, energía, entre otros y bajar la eficacia de los organismos del Estado. La afectación de las operaciones empresariales y de sus utilidades contribuye a salidas como la de Telefónica y Cemex, y a movidas como la venta del Éxito a un precio irrisorio, y por supuesto la caída de la inversión extranjera. Sin inversión no hay desarrollo y el Gobierno no tiene dinero para hacerlo, pero sí se espanta la inversión privada.

Por eso los empresarios, los viejos grupos económicos y sus medios de comunicación están asustados, paralizados, desconcertados. Están en un duelo narcisista porque ya no son las estrellas, no entran a Palacio como si fueran a su casa de campo en el centro de Bogotá. Nadie los escucha, no les responden llamadas, ni les dan citas, y si se las dan no las cumplen y si las cumplen no toman nota, y si toman nota no ejecutan nada de lo que acuerdan, hablan o prometen. Los empresarios, entusados y resignados a ser los donnadies en este Gobierno, se van a superar el huracán petrista en Nueva York o Miami, donde viven la verdadera revolución conservadora, de la que ojalá no aprendan mucho.

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Reunión entre el presidente Gustavo Petro y congresistas de Estados Unidos en 2023. Crédito: Colprensa - externos. Cristian Garavito/Presidencia.

La velocidad digital de Trump

Trump avanza a velocidad digital destruyendo el “estado profundo” que le incomoda. Sin dar tiempo a discutir, sus medidas se ejecutan de inmediato. Mientras los jueces estudian las demandas, los deportados –en su mayoría seguramente simples migrantes– aterrizan en la cárcel kafkiana de Bukele, se cierra Usaid, la Voz de América; la Secretaría de Educación se minimiza, los centros de seguridad nuclear se reducen y se recortan todos los presupuestos donde Musk no tiene intereses.

Trump despide funcionarios públicos como si tumbara bosques para hacer campos de golf, con un placer enorme. Decenas de miles de sus compatriotas han sido expulsados del paraíso (el Estado profundo) por pecadores, acusados de ineptos, corruptos, parásitos. Son usurpadores del poder, dice Trump inventando cifras de gastos, pérdidas y despilfarros para justificar el burocraticidio. Avanza en modo destroyer sin contrapeso por ahora.

Petro tuvo un grupo de millonarios para financiar su campaña, pero no se les ocurrió que era necesario financiar un programa de Gobierno. A los millonarios republicanos sí se les ocurrió y 100 organizaciones financiaron decenas de consultores para elaborar el “Proyect 2025, Presidential Transition Project, Mandate for leadership”. () Se trata de un equipo de expertos y exfuncionarios conservadores, coordinados por la Heritage Foundation, que trabajaron para que a Trump II no le ocurriera lo mismo que a Trump I (no hizo nada relevante). Ahora, el “anciano mercurial” sigue un programa tan detallado como una ruta de Waze, pero sin giros a la izquierda. Cuenta con un equipo leal que sabe administrar y sabe lo que tiene que hacer. Por eso el mundo está asustado.

La improvisación como principio de Gobierno

Petro, en cambio, después de dos años y medio, tiene el título de presidente, pero su Gobierno sigue en estado catatónico. Se autodiagnosticó, tras superar el aburrimiento en Palacio, con el mal del bloqueo institucional, que en su caso es crónico. Reniega porque no puede implementar los cambios que prometió, porque no logra consolidar un equipo leal e incondicional que no lo traicione, como cree que pasó con Francia, Gaviria, Ocampo, Bonilla, Rojas, Velásquez, Muhamad, Vélez, Reyes, González, y muchos y muchas más que lo decepcionaron. Benedetti no ha entrado en esa lista, porque es leal desde cuando dejó a Serpa para apoyar a Uribe, a Uribe para apoyar a Santos, a Santos para apoyar a Duque, y a Duque para apoyar a Petro. Hasta el último día de cada Gobierno al que adhiere, es leal. Por eso Petro lo admira y lo protege.

De todas formas, con medio gabinete en interinidad, es difícil aún para Benedetti pasar los trámites parlamentarios de los pocos proyectos que exhibe el jefe del cambio. Aun así, Petro asusta, paraliza, inmoviliza a sus opositores. Será el fantasma del que hablaba Marx que se aburrió en Europa y está de vacaciones por el país.

Del dicho al hecho Trump arrasa el Estado

Mientras Petro discursea, Trump dinamita las bases del Estado norteamericano y del orden internacional tomando el control absoluto del poder ejecutivo. Desconoce la autoridad de los jueces, pues en su teoría la justicia tampoco fue elegida para gobernar, y, por lo tanto, no debe torpedear las decisiones del ejecutivo. Pisotear a los congresistas no ha sido necesario, pues tiene una mayoría compuesta de peligrosos zombis republicanos. Cuando los demócratas se despierten (se espera que algún día ocurra el fenómeno) deben recuperar al menos la Cámara. Entonces Trump los tratará como muñecas de trapo desgastadas, abandonadas e inútiles, y los volverá pelotas de golf.

Los dos presidentes se parecen en las señales negativas que envían a la economía. Trump logró la mayor baja de los indicadores de la bolsa en varias décadas. La inflación debe subir con las nuevas tarifas que encarecen tantos productos importados, y el desempleo también debe crecer. La inversión allá y acá tiende a paralizarse mientras se aclara el sentido de las medidas del Gobierno. Petro logra, hasta ahora, algo parecido en cuanto a la parálisis y la incertidumbre, pero aún puede organizar un equipo que piense y diseñe las acciones para navegar la tormenta trumpiana que se avecina y evitar nuevos daños para los colombianos, que pueden ser evitables.

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