
La confianza en Colombia está en jaque: los principales banqueros del país hablan con CAMBIO sobre la actual coyuntura económica
Seis de los banqueros más importantes de Colombia hablaron sin tapujos con CAMBIO sobre sus preocupaciones por la política económica del país y el manejo que le está dando el Gobierno de Gustavo Petro. Mostraron inquietud por la falta de confianza que afecta la inversión y las apretadas cuentas fiscales.
El auditorio más grande del Centro de Convenciones de Cartagena volvió a llenarse: más de 3.000 personas asistieron a la tradicional cita anual que desde hace seis décadas cambia las agendas y los trajes de los banqueros, empresarios, académicos y políticos más destacados del país, y, vestidos con pantalones de lino, camisas frescas y vestidos de flores, los reúne en la costa Caribe a debatir sobre economía y política.
La versión número 59 de la Convención Bancaria giró en torno a un tema ineludible en Colombia: la preocupación por la coyuntura económica del país, la desconfianza que han generado las decisiones fiscales del gobierno de Gustavo Petro, el creciente deterioro de las finanzas públicas y hasta las medidas políticas que aumentan el nerviosismo.
Aunque el principal encuentro del sistema financiero nacional suele caracterizarse por su tono técnico, moderado y reflexivo, este año el ambiente estuvo marcado por una tensión palpable. La incertidumbre y las dificultades de encontrar un consenso, fueron protagonistas en conversaciones casuales en los pasillos, y también en un amplio escenario por el que pasaron algunas de las voces más influyentes del país. Para muchos, la actitud confrontativa del gobierno y la falta de diálogo han incrementado la percepción de riesgo, lo que ya golpea la inversión.
Más allá de las cifras, lo que realmente está en juego, según varios de los asistentes, es el equilibrio entre la estabilidad económica y el proyecto político del país. CAMBIO habló sobre esta turbulencia con los presidentes de los principales bancos de Colombia, quienes dieron detalles sobre sus temores y preocupaciones.
Para los banqueros, que suelen mantener bajo perfil y no hablar mucho de política, el Gobierno de Gustavo Petro está rompiendo la confianza en la economía y hay que recuperarla. Coinciden en que si no se tienden puentes de forma inmediata, se profundizará esa fractura que ya está amenazando con afectar el desarrollo de la Nación.
¿Se rompió la confianza?
La confianza es uno de los activos más frágiles que tiene una economía y también uno de los más determinantes. En Colombia, tradicionalmente ha sido la empresa privada la que ha jalonado el crecimiento económico, pero cuando esa confianza se ve afectada por temas políticos, el riesgo de desaceleración se vuelve una amenaza constante.
Es por eso que el hecho de que el principal banquero del país, heredero de la Organización Sarmiento Angulo y presidente de la Junta Directiva del Grupo Aval, Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez, manifieste una gran preocupación por lo que está pasando actualmente en Colombia, hace que resuenen ecos en toda la economía y se prendan las alarmas. Si bien el empresario evita señalar directamente al gobierno, el mensaje es claro: el entorno se ha vuelto hostil para la inversión privada y para el crecimiento del país.

Para Sarmiento Gutiérrez, la ausencia de grandes programas de infraestructura, un discurso oficial reiteradamente crítico contra el empresariado, la parálisis en las obras públicas, la falta de modernización y una cadena constante de protestas y bloqueos es lo que está minando la confianza.
A esa percepción se suma Jorge Villa, presidente del banco Itaú, quien no habla de temas políticos, tiene un tono muy diplomático, pero aún así no oculta su inquietud sobre la confianza en la economía colombiana.
“Debería estar mejor, la verdad —dijo en diálogo con CAMBIO— no estamos viendo muchos proyectos en el país en este instante y eso se refleja en indicadores concretos, uno de ellos es el bajo crecimiento de la cartera comercial”. Eso sí, Villa añadió que la esperanza está puesta en una reactivación más sólida que aún no termina de llegar.
Para Javier Suárez, presidente de Davivienda, “sin confianza no hay inversión” y por eso es indiscutible que se debe mantener la institucionalidad como un activo que se ha construido durante décadas en Colombia y que ha permitido que el país goce de buena reputación en los mercados internacionales.
Aunque reconoce que la situación fiscal del país limita la capacidad del gobierno para invertir, insiste en que el factor determinante para reactivar el crecimiento es recuperar la credibilidad en el rumbo económico. “En el sector privado, esa inversión dependerá de la estabilidad y la confianza, y es algo en lo que todo el país debe trabajar”, señaló Suárez, quien además advirtió que los retos de confianza no son exclusivos de Colombia, pero aquí se sienten con mayor fuerza por la incertidumbre política y económica.
'Sin institucionalidad, no hay confianza, sin confianza, no hay inversión'
Sobre el respeto a la institucionalidad se ha hablado mucho en los últimos días por cuenta de las decisiones políticas que está tomando el gobierno de Gustavo Petro. Los banqueros no se quedan atrás y se suman a ese llamado porque sin duda la inestabilidad democrática impacta en el comportamiento de la economía. Por eso, Mario Pardo, presidente del Bbva en Colombia, eleva el tono cuando se le pregunta si está rota la confianza en Colombia.

Pardo le dijo a este medio que “lo que estamos viendo es un debate muy fuerte sobre si se está poniendo en peligro la institucionalidad en Colombia. La institucionalidad es clave y la seguridad no puede limitarse solo a lo físico; también implica seguridad jurídica e institucional. Cuando estos pilares se ven amenazados, por discursos ambiguos, choques de poder o incertidumbre normativa, la confianza se resiente de forma inmediata”, advierte el banquero.
De todas formas, va más allá del plano local, ya que no es una situación exclusiva de Colombia: “Estamos en 25 países, y desafortunadamente en muchos de ellos las dinámicas políticas están mermando la confianza. Colombia no es la excepción”.
Según su percepción, los mensajes contradictorios, aquí como en otras economías del mundo, están debilitando las condiciones necesarias para que la inversión privada prospere. Por eso, su advertencia es clara: sin institucionalidad no hay confianza, sin confianza, no hay inversión y sin inversión, no hay crecimiento.
Por encima de los conceptos macroeconómicos, Juan Carlos Mora, presidente de Bancolombia, el banco más grande del país, advierte que la desconfianza tiene efectos concretos en la vida cotidiana de millones de colombianos. “Claro que los afecta”, responde, cuando se le pregunta si la desconfianza y, por ende, la falta de inversión impacta al ciudadano de a pie. “La falta de confianza genera menos oportunidades, avanzamos menos, hay menos empleo y menos actividad económica”.
Mora enfatiza en que el desarrollo no se mide únicamente en puntos de PIB, sino en las condiciones reales de vida: cuántos empleos se crean, cuántas familias pueden alimentar a sus hijos, educarlos o aspirar a una vivienda propia. En su visión, la desconfianza no solo retrasa la inversión sino que profundiza las desigualdades.
Todo confluye en una coyuntura política y en el ruido que está causando la convocatoria a una consulta popular por decreto para impulsar reformas sociales. Por eso, María Fernanda Suárez, presidenta del Banco Popular, el presidente de la República, el Congreso, las fuerzas, todos los sectores, tienen y deben respetar a cabalidad la Constitución. Para ella, cualquier ruptura es inconveniente para la estabilidad fiscal del país en el largo plazo.

“No es bueno anticiparse hasta que los hechos se den, pero la Constitución establece, de manera muy clara, cuáles son los pasos que deben seguirse en el momento en que se hace una consulta popular. Hay que respetar ese mecanismo, que es válido, pero también se deben respetar los pasos para aprobarlo” aseguró la banquera.
Medir la confianza es difícil, no deja de ser un sentimiento o una percepción, pero hay algunos ‘termómetros’ que permiten identificar qué tan bien o mal está un país. Hoy a Colombia le están cobrando intereses más altos en el mercado en comparación con otros países que tienen una calificación de riesgo similar o incluso menor. Es decir, al país le está saliendo más caro financiarse en comparación con otras economías de la región por ese problema de confianza, lo que ha terminado golpeando la inversión.
Se espantó la inversión
Como Sarmiento, otra opinión de peso es la de uno de los bancos más antiguos del país, Bancolombia, y su presidente está preocupado por la inversión. “La principal causa de esa baja inversión se llama desconfianza, no hay una certeza sobre lo que viene en el futuro”, le dijo a este medio.
Para el banquero, “la incertidumbre alrededor de la polarización y del tema político” está afectando la inversión y el problema de eso es que nos puede costar crecimiento a largo plazo y de paso, golpear el empleo o la inflación.
En esa misma línea está la advertencia de María Fernanda Suárez. La banquera considera que actualmente “hay unos niveles de incertidumbre bastante altos” y que eso se traduce en menor inversión. “Esa menor inversión genera menos empleo, lo que genera menos dinámica económica”, dijo también.
Tradicionalmente, la inversión en Colombia ha representado cerca del 22 por ciento del PIB, pero los últimos indicadores anuales muestran una caída a cerca del 17 por ciento, como proporción del PIB, un indicador preocupante. Para Sarmiento Gutiérrez, la falta de inversión es una alerta negativa en este momento y esa caída que se viene registrando en la inversión “es tremendamente perjudicial para un país”, alertó.
En el primer trimestre del año la economía colombiana creció 2,7 por ciento, impulsada en buena parte por el consumo y el gasto del gobierno, componentes económicos que el banquero, dice, tienden a ser efímeros.
“La caída en la inversión tristemente tiene que ver con una inflexibilidad presupuestal inmensa en Colombia. No hay espacio para invertir porque cada vez más el presupuesto se vuelve gasto, como el del pago de la deuda que ya es enorme. Ese es un problema grave”, dijo Sarmiento Gutiérrez.

Por otro lado, Pardo, de BBVA, piensa que la inversión debería estar mejor, y que el problema está en que no se están viendo muchos proyectos en el país en este instante. “Hay una sequía de nuevos proyectos”, lo que está golpeando las cifras del sector financiero.
El presidente de Davivienda ve otro problema en este frente y es algo que afana a todo el país, y son las cuentas fiscales. Su preocupación apunta a que si el déficit fiscal aumenta, eso hace que el gobierno tenga menor capacidad de inversión.
“Uno de los grandes inversionistas es el gobierno, pero si tiene menor capacidad fiscal tiene menos recursos disponibles para inversión. El buen manejo fiscal es importante porque abre espacios a la inversión”, comentó.

La compleja situación fiscal
Suárez no está solo. Probablemente la mayor preocupación de todo el sector económico en el país en este momento es la situación fiscal, ese delicado equilibrio que debe hacer el gobierno entre sus ingresos y sus gastos, y que hoy está descuadrado.
El año pasado, el déficit fiscal llegó a 6,8 por ciento, un dato preocupante no solo porque cayó luego de tres años en que venía recuperándose tras la pandemia, sino porque también fue mucho más profundo de lo que esperaba el propio gobierno, que tenía una proyección de 5,6 por ciento. Además, la deuda llegó al 60 por ciento del PIB.
El problema que se viene este año, aunque el Ministerio de Hacienda dice que mejorarán las cuentas, es que los expertos creen que seguirán el mismo rumbo de 2024. Esta semana el ministro de Hacienda, Germán Ávila, deberá presentar el marco fiscal de mediano plazo, un documento que año a año entrega el gobierno con las proyecciones económicas y fiscales a diez años. Los ojos de todo el mercado están en él.

“El marco fiscal es muy importante. Forma parte de la institucionalidad del compromiso a cumplir una serie de reglas, que en este caso es la regla fiscal, pero además nos preocupa su necesidad coyuntural, porque los mensajes que están llegando son de un deterioro fiscal muy significativo”, comentó el directivo de BBVA.
En palabras de Pardo, ante el mayor deterioro fiscal, los costos de financiamiento del gobierno aumentan, ese mayor costo se traslada al sector financiero y el sector financiero lo termina trasladando al sector real, a las personas y las empresas. No es un tema ajeno a la gente. Un mayor déficit fiscal supone un mayor tipo de interés y por tanto freno a la economía.
El banquero español, que se ha acostumbrado a los vaivenes de la economía colombiana, admitió que está atento a la presentación de la semana que viene y que confía, desea y le recomienda al gobierno que se ajusten a un déficit fiscal razonable.
Al igual que él, la presidenta del Banco Popular espera ese marco fiscal como “una señal importante” y como la oportunidad que tiene el gobierno para mostrarle al país que hay una senda de sostenibilidad de la deuda. “La sostenibilidad no es un tema que la gente debe pensar como algo técnico. La regla fiscal no es una barrera que no nos deja hacer planes. Necesitamos un país que produzca ingresos suficientes para todos los gastos que necesita hacer en los temas sociales”, comentó.

El presidente de Bancolombia pone la situación de una manera más sencilla: “Hoy estamos gastando muchísimo más de lo que nos está entrando. Si no bajamos el déficit, se va a seguir endeudando el país y llegará un momento en que los prestamistas internacionales no nos van a prestar más. Eso no puede pasar”.
Mora pidió al gobierno mantener ese equilibrio entre lo que recibe y lo que gasta “dentro de unos límites razonables para los mercados”.
El presidente de Davivienda le comentó a CAMBIO que confía en que el gobierno va a hacer “lo que le corresponde” para mantener esa credibilidad que tiene Colombia en los mercados como un buen pagador.
Los banqueros son personajes lejanos a la gente. Para algunos son enigmáticos, a otros les generan animadversión, representan el poder del dinero, capitalista y tradicional. Son una voz que no suele hablar alto, que prefiere las conversaciones en espacios cerrados y no es muy cercana a la gente. Sin embargo, su opinión pesa sobre la economía, y hoy están intranquilos.
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