
Contratos, presiones, conspiraciones y paranoia: el detrás de cámaras del caso Angie Rodríguez
Hay una versión oficial de la controversia de turno: una gerente que habló de más, un Gobierno que indaga denuncias y una historia a la que se le quiere bajar la caña. Luego está la otra versión: la de la Ruta del Arroz, los recursos millonarios, las contradicciones, los vacíos y los intereses políticos dentro del Fondo Adaptación de los cuales nadie en el Gobierno ha querido explicar a fondo. Esta es esa historia.
Por: Mateo Muñoz
Un funcionario del Fondo Adaptación atinó a calificar –con crudeza– que la situación en la entidad es una especie de “tiroteo de agravios”. Para él, que reitera cada diez frases la petición de reservar su identidad, en ese cruce de señalamientos alzar la cabeza puede producir que un proyectil termine con su carrera profesional, temporal o definitivamente. “Hay una cacería de brujas en la que uno ya no sabe a quién saludar y a quién no para evitar que te metan en un complot”, dice.
El clima es de zozobra. Para la mayoría de funcionarios y contratistas no está claro qué pasó en la última semana. ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes son los malos? ¿La gerente se va o se queda? ¿Usted sabe si el espía es realmente el espía? ¿A quién espiaban y para qué?
Las preguntas circulan a voz baja o en mensajes temporales de WhatsApp porque la paranoia es tal que la mayoría de funcionarios sienten que alguien los está vigilando. Mientras tanto, la cabeza del Fondo, Angie Rodríguez, ha dedicado la mayor parte de estos ocho días a dar entrevistas, organizar sus denuncias –así como el arsenal probatorio que dice tener– y a navegar en la tormenta política que ella misma desató con su gira de medios. Tanto es así que su parada más reciente fue en la Casa de Nariño, en donde se vio frente a frente con el presidente, quien aún no se decide si sacarla o mantenerla en el cargo.
Son tantas las versiones, los nombres, las hipótesis y las preguntas, que para entender el cómo y el porqué de este escándalo fue necesario pasar los rayos x para revelar las entrañas de una guerra visceral que nunca se ha ido del Gobierno de Petro.
Los sospechosos de siempre
El pasado 16 de abril hubo una debacle en el Fondo Adaptación. Subgerentes e integrantes de sus equipos entraron a una sala de juntas pensando en que había una reunión de trabajo para evaluar proyectos, revisar metas o indicadores. La sorpresa fue mayor cuando los recibió una cámara destinada a grabar la sesión y a Rodríguez hablando de la existencia de espías, una red de corrupción y un plan de sabotaje interno en su contra. A todos se les tenían listas sus cartas de renuncia, con nombre y cédula y el espacio en blanco para firmar.
La mayoría de los presentes accedieron a poner su firma en los documentos; unos para demostrar lealtad y otros simplemente para evitar la confrontación. Unos más se opusieron a renunciar sin que hubiera voluntad para hacerlo y otros simplemente corrieron con una suerte momentánea de que sus datos personales estaban mal escritos en las cartas. Nadie sabía con certeza el origen de la ira de Angie Rodríguez y sus graves señalamientos contra su equipo directivo.
Lo cierto es que aquella reunión fue producto de dos semanas de máxima tensión para Rodríguez, quien desde el 6 de abril empezó a recibir mensajes anónimos en su celular de una persona que aseguraba tener información de quién la estaba espiando, así como de otros datos que, según el misterioso interlocutor, podrían causarle graves problemas. Las pretensiones pasaron de 50 a 20 millones de pesos, cifra que la funcionaria accedió a pagar.
CAMBIO conoció que, según información preliminar en manos de la Fiscalía, el extorsionista (o uno de ellos) sería una persona que actualmente está privada de la libertad en el centro penitenciario de Fusagasugá, Cundinamarca, por hurto de menor cuantía. Aparentemente, y por alguna razón aún por determinar, este personaje fue entregando a cuentagotas fotos de un celular con supuestos chats que darían cuenta de una conspiración contra la funcionaria.
Al principio, y guiada por conjeturas, Angie Rodríguez consideró que quien estaba detrás del complot era el senador Alexander López Maya. Según fuentes consultadas por este medio, esa hipótesis inicial se sustentó en dos factores. Por un lado, que el subgerente de proyectos de la entidad, Jonathan Duque, trabajó con López en el Departamento Nacional de Planeación. Para el entorno de Rodríguez, Duque y el senador querían quedarse con la gerencia y por ello buscaban cómo sacarla de ahí.
Por otro lado, está el ya conocido distanciamiento entre Alexander López y Carlos Carrillo por diferencias políticas en el Polo Democrático. Según las conjeturas iniciales y algo acrobáticas de Angie Rodríguez, López tendría la intención de enemistarla con Carrillo para avivar el fuego de su pelea y así provocar que salieran del Gobierno. De hecho, en ese momento la funcionaria contactó al director de la UNGRD y le mostró las pruebas que hasta entonces tenía en su poder provenientes del extorsionista. Su objetivo era abrir una tregua con Carrillo para conocer su impresión sobre las supuestas conversaciones y explorar la teoría de la conspiración que ponía a López como el cerebro detrás del complot. Carrillo nunca respondió.

Funcionarios del Fondo Adaptación le contaron a CAMBIO que el subgerente Duque nunca ha tenido intención de quedarse con la gerencia de la entidad y que su perfil siempre ha sido evidentemente técnico alejado de componendas políticas. Igualmente, todos resaltan su larga trayectoria anticorrupción en entidades como Planeación Nacional, tanto es así que el año pasado fue la misma Angie Rodríguez quien invitó a Duque a acompañarla en el Fondo y dejar su cargo como contralor delegado para las regalías. Sus credenciales más recientes son las de haber investigado nuevos casos de desfalco a las regalías como el que hoy tiene a Aremca en la mira de la Fiscalía.
El senador López no se ha pronunciado al respecto. Sin embargo, este medio pudo confirmar que, a la fecha, la hipótesis que lo vinculaba al escándalo ya fue descartada por Rodríguez y por ello su nombre no está mencionado en las denuncias que la funcionaria interpuso en la Fiscalía.
Por otro lado, respecto al subgerente Jonathan Duque, fuentes del Fondo Adaptación le contaron a CAMBIO que, si bien se negó a firmar la carta de renuncia, su continuidad está en vilo por no sentirse a gusto con los hechos de las últimas semanas en las que alcanzó a ser señalado de hacer parte de un complot sin prueba alguna. Pero, además, la figura de Duque se habría vuelto incómoda para algunos intereses ligados al contrato de la Ruta del Arroz, un convenio por más de 30.000 millones de pesos, entregado inicialmente a la Fundación San José, y que ahora esa institución quiere ceder.
Este medio conoció que Duque y su equipo han realizado alertas sobre el rumbo que está tomando este contrato, así como gestiones, al menos llamativas, que estaría haciendo Mario Felipe Maldonado, asesor jurídico cordobés vinculado recientemente al Fondo Adaptación y asociado en el departamento al senador Julio Elías Chagüi.
“En algún momento funcionarios con conocimiento de causa dijeron que Maldonado se ha involucrado en el contrato diciendo que tiene instrucciones directas de la gerencia del Fondo y que él está encargado de gestionar a los interesados en recibir la cesión de la San José”, dijo una fuente en la entidad.
Esas supuestas labores se estarían haciendo sin el conocimiento del subgerente Duque quien, al enterarse de la situación, decidió encender las alertas en los niveles directivos del Fondo.
Aunque Maldonado no se ha pronunciado al respecto, el senador Elías ha negado desde diciembre pasado cualquier vínculo con gestiones indebidas en contratos para La Mojana. Por ese entonces, Carlos Carrillo ya lo había señalado con nombres y apellidos de estar detrás de la cesión del proyecto.
“Si esos contratos son míos, por qué llevo dos años de mi vida denunciando mis propios contratos. ¿O simplemente Carrillo cogió mi nombre y el de mi hermano, que son sonoros en la prensa, para crear una cortina de humo?”, le dijo el congresista a este medio.
Los ruidos de influencias políticas en el Fondo Adaptación han llegado hasta la Casa de Nariño. Según conoció CAMBIO, desde hace varias semanas (pero sobre todo después del destape de Angie Rodríguez), al mismo presidente Petro le han llegado versiones sobre la entrega de varios contratos corbata en el Fondo Adaptación a fichas de senadores de algunos partidos políticos. De hecho, el año pasado y previo a su salida del Dapre, el mandatario ya había confrontado a Rodríguez señalándole de tener vínculos con el paramilitarismo por su cercanía con Jorge Rodrigo Tovar, congresista e hijo de Jorge 40.
Justamente, en la última semana, tanto en medios de comunicación como en redes sociales ha circulado información al respecto. Por ejemplo, el intento de nombrar a Juan Sebastián Aroca, amigo del congresista, en enero de este año, justo antes del inicio de la Ley de Garantías. Hecho reportado por Caracol Radio y confirmado por CAMBIO.
“En Palacio se sabe que hay que darle juego a algunos sectores políticos, eso es normal. Lo que le preocupa al presidente es que se haga con personas muy lejanas al proyecto”, dijo una fuente de la Casa de Nariño.
Rodríguez ha evitado referirse públicamente a qué tipo de relación tiene con Tovar. Personas cercanas a la funcionaria aseguran que son buenos amigos desde que estaba como directora del Dapre y tenía entre sus funciones el relacionamiento entre la Presidencia y el Congreso. Además, creen que el rumor de un romance entre los dos ha sido impulsado por, entre otros, Juliana Guerrero y Raúl Moreno (hoy jefe de despacho) para desacreditar a Rodríguez.
La teoría final… hasta ahora
Al descartar a Alexánder López y Jonathan Duque como ideólogos de un plan para sacarla del cargo, Angie Rodríguez apuntó sus sospechas hacia quien era una de sus manos derechas en la entidad. Impulsada por la información que le transmitió el extorsionista, la gerente del Fondo Adaptación concluyó que el supuesto espía que le ha filtrado información a sus enemigos estaba justo a su lado.
CAMBIO conoció que se trataba de un joven contratista que venía de trabajar con Rodríguez en el Dapre y estaba constantemente a su lado. Esta persona renunció al Fondo el 16 de abril pasado ante las primeras suspicacias de la funcionaria considerando que no tenían ningún fundamento y que era imposible recomponer la relación profesional por las sospechas, aparentemente, infundadas.
El señalado espía ha aguardado con sus abogados por una respuesta de la Fiscalía sobre en qué proceso está mencionado y de qué manera y así tomar acciones legales contra Rodríguez por presunta injuria y calumnia para limpiar su nombre.
“Me causó mucha sorpresa saber que era él quien Angie señalaba de espía. Era su mano derecha y nunca le conocí un vínculo con Carrillo o personas cercanas a él”, apuntó una fuente en el Fondo Adaptación. Lo mismo señaló un congresista del Pacto Histórico que conoce al joven. “Eso no me lo creo, no tiene ni pies ni cabeza”.
A pesar de la incredulidad en varios sectores sobre la teoría del espía, Angie Rodríguez le entregó los soportes de esa y otras denuncias al presidente Petro el pasado 27 de abril. De hecho, CAMBIO conoció que en el paquete de pruebas hay casos de igual gravedad que la funcionaria ni siquiera ha tocado en su reciente gira de medios.
Aunque el mandatario tiene un profundo malestar con su exmano derecha, el que se encargó de gestionar el encuentro fue el ministro del Interior, Armando Benedetti, quien hasta el año pasado defendió a capa y espada a Angie Rodríguez en su confrontación con Carlos Carrillo. Benedetti estuvo presente durante la hora y media en que Petro y la gerente del Fondo se vieron frente a frente.
La mediación sirvió para que, por el momento, Angie siga en su puesto y no le haya sido exigida su renuncia.
La historia de Angie Rodríguez puede terminar en los próximos días con una renuncia pactada, con garantías de seguridad negociadas en privado y con un comunicado que hable de “decisiones institucionales” sin mencionar nada de lo que realmente pasó. Ese es el desenlace que más le conviene al Gobierno. El problema es que un escándalo no se cierra cuando se va la persona que lo destapó. Se cierra cuando se responden las preguntas que dejó abiertas. Y esas preguntas, por ahora, siguen sin respuesta.
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