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Ariel Ávila, senador de la República por el partido Alianza Verde. Foto: Colprensa.
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“Antanas Mockus ya no está; al Verde hay que reconstruirlo mirando al futuro”: Ariel Ávila

Ariel Ávila, senador de la República por el partido Alianza Verde

En entrevista con CAMBIO, el senador reflexiona sobre la grave crisis que afronta la Alianza Verde, que –según prevé– terminará inevitablemente en una escisión. “Es un partido en transición de liderazgo”, dice. Además, explica por qué considera que se debe votar por Iván Cepeda.

Por: Armando Neira

Ariel Fernando Ávila Martínez (San Bernardo, Cundinamarca, 5 de junio de 1983) acaba de ser reelegido como senador de la república en representación del Partido Alianza Verde, colectividad que, paradójicamente, vive un proceso de fragmentación que él califica como definitivo. Investigador, escritor, activista político y ahora ha asumido una nueva tarea: llevar al centro la campaña presidencial del candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda.

CAMBIO: ¿Qué es lo que está pasando en los verdes?

Ariel Ávila: En el Partido Alianza Verde hay un triple problema, una triple crisis, una triple transición. Es una situación más compleja de lo que muestra la discusión mediática, que suele centrarse solo en el respaldo o no a Petro. Es algo más profundo y, si no se separan los procesos, no se distingue con claridad lo que está pasando.

CAMBIO: ¿Y cuáles son esos tres caminos que aparentemente se cruzan?

A.A.: Primero, el Partido Verde está en una transición interna de liderazgo. El antiguo liderazgo de Antanas Mockus ya no existe; no es una valoración, es una realidad. Ya no hay ningún mockusiano al frente de la colectividad. El liderazgo de Carlos Ramón González, hoy en grave situación judicial y huyendo del país por el caso de la UNGRD, tampoco está. Tampoco está el sector de Claudia López, que no solo tuvo malos resultados en las consultas, sino que además se ha debilitado en las encuestas y ya renunció. El sector de Sergio Fajardo tampoco está.

CAMBIO: ¿Se quedó sin sus líderes más valiosos?

A.A.: Digamos que es un partido en transición de liderazgo. Ese viejo Partido Verde ya no existe. La realidad muestra que Mockus ya no está y que, más allá de la nostalgia de algunos, el Verde tiene que reconstruirse mirando hacia el futuro.

CAMBIO: Pero, ¿qué queda del Verde?

A.A.: Diría que quedan varias tendencias. Está la del gobernador Carlos Amaya, que en este momento es mayoritaria. Está la tendencia en la que estoy yo, más progresista de centroizquierda. Y hay sectores más cercanos a la derecha, como el de JP Hernández.

“El problema de algunos partidos es que no aprendieron a hacer oposición o a gobernar.
“El problema de algunos partidos es que no aprendieron a hacer oposición o a gobernar. Ser gobierno implica negociar, ceder y construir mayorías. Es un trabajo complejo, artículo por artículo, palabra por palabra. En la oposición es más fácil: se puede rechazar todo. Pero gobernar implica tomar decisiones difíciles para lograr avances”: Ariel Ávila. Foto: Colprensa.

CAMBIO: ¿Y eso hizo explosión en la noche de este lunes?

A.A.: Se pidió una división que técnicamente se llama escisión, es decir, una separación de varios de sus integrantes que tomarían su propio camino, en medio de un proceso que viene desde hace tiempo.

CAMBIO: ¿No es una crisis nueva?

A.A.: Para nada. Llevamos cerca de dos años en esta crisis. Es tan profunda que el partido no ha podido realizar un congreso que debía haberse hecho hace dos años, y estamos al borde de que el Consejo Nacional Electoral nos imponga una multa por no hacerlo.

CAMBIO: Pero ¿cuál es en el fondo el punto de quiebre?

A.A.: Es un tema de fondo: antes éramos oposición y ahora somos gobierno. En ese contexto, hay sectores que se sienten cómodos siendo gobierno. Algunos han ocupado cargos y dignidades políticas; otros no. Yo, por ejemplo, fui presidente de la Comisión Primera en mi primer periodo, gracias a que somos gobierno.

CAMBIO: ¿Y quieren seguir siendo gobierno?

A.A.: El sector que es gobierno quiere seguir siéndolo. Y encuentra afinidad ideológica en el caso de Iván Cepeda, en unos más que en otros. Esa también es parte de la crisis: una parte del Verde está en el gobierno y quiere permanecer allí.

CAMBIO: Pero en ese ejercicio hubo casos escandalosos como los de Iván Name, Sandra Ortiz y Carlos Ramón González, protagonistas del mayor caso de corrupción de este Gobierno, el de la UNGRD. ¿Hay autocrítica sobre eso?

A.A.: Naturalmente que sí. No solo porque hay personas absolutamente transparentes que rechazan cualquier acto de corrupción, sino porque eso nos afectó gravemente. Hay un sector que quiere desligarse de eso y otro que insiste en que no todos son responsables. En el caso de la UNGRD hubo autocrítica, claro, pero también hay quienes creen que fue una responsabilidad individual y no colectiva.

CAMBIO: ¿Los que quieren salirse rechazan esa corrupción?

A.A.: No necesariamente. Hay quienes dicen: “Eso que hicieron ellos no somos nosotros; que respondan ante la ley”, pero quieren seguir siendo gobierno. Es un partido en crisis de identidad y de imagen.

CAMBIO: ¿Creen que la situación que vive el Verde es un efecto de la polarización?

A.A.: Sí. Como el país está polarizado, al partido le pasó lo mismo que a otros; el sistema se lo disputan el Pacto Histórico y el Centro Democrático, y nosotros quedamos en medio de esa tensión y terminamos ahogados.

CAMBIO: ¿Hasta que estalló todo?

A.A.: Por eso, en la noche de este lunes ocurrió lo que ocurrió. Pero no es un hecho aislado; es el resultado de varias crisis simultáneas. Esta discusión durará al menos un año. En unos cinco meses veremos cómo queda el partido.

CAMBIO: ¿Y por qué tanto tiempo?

A.A.: Porque el partido debe hacer un congreso, probablemente entre agosto y septiembre. Allí se definirá si se acepta o no la salida de JP Hernández, qué pasa con figuras como Cathy Juvinao, entre otros temas. Es decir, el partido aún debe depurarse.

CAMBIO: ¿Y qué queda?

A.A.: Hablo por mi tendencia, que es de centroizquierda. Es minoritaria, pero relevante. Aun así, dentro de mi propio sector hay quienes no quieren seguir en el partido. Al Verde todavía le faltan decisiones importantes para definir su futuro.

CAMBIO: Es un caos. ¿El partido hoy tiene sede?

A.A.: Sí. Tenemos una sede histórica desde hace unos 20 años, frente al Concejo de Bogotá. Funciona como la sede de un partido normal. Y no solo eso. Es una organización que, además, tiene un manejo financiero relativamente ordenado. En muchos partidos no se pagan los salarios a tiempo; aquí, en general, eso funciona bastante bien, y hay que reconocerlo.

CAMBIO: Pero, entonces, ¿por qué hay tantas diferencias?

A.A.: Esa es una de sus características. Es un partido que da mucha libertad: pudieron convivir figuras como JP e Inti Asprilla. No tiene una disciplina para perros como el Pacto Histórico o el Centro Democrático, pero eso mismo nos hace ver divididos e incoherentes. Nuestra mayor fortaleza se convirtió en nuestra mayor debilidad.

CAMBIO: ¿Quién es hoy el presidente del partido?

A.A.: Hay una copresidencia. Son tres personas, pero quien lidera principalmente es Rodrigo Romero, excongresista santandereano. Es un hombre que genera confianza en todos los sectores del Verde y ha liderado este partido, que es caótico y contradictorio. La otra copresidencia es la de Navarro Wolff. Y recientemente se sumó la copresidencia del sector animalista, en cabeza de la senadora Ana Carolina Espitia Jerez.

CAMBIO: Y el papel de Antonio Navarro, ¿cuál es?

A.A.: Es una figura de autoridad moral, muy respetada, que escucha.

CAMBIO: ¿Cuál es hoy el ideario del partido?

A.A.: Creo que el ideario es el mismo. El debate se centra en cómo participar en el Gobierno. El Verde sigue siendo ambientalista, animalista, promotor de la paz, defensor de la educación pública y contrario a la corrupción, a pesar de los casos ocurridos.

“El problema es cuando vemos a gente cercana involucrada en eso.
“El problema es cuando vemos a gente cercana involucrada en eso. Hacer oposición es dar patadas a todo, gobernar implica una búsqueda diario de consensos. Por ejemplo, JP tuvo un papel mediático, como pocos, porque continuó haciendo oposición”: Ariel Ávila. Foto: Colprensa.

CAMBIO: Pero, ¿qué han logrado?

A.A.: Muchas cosas. Para no hablar de mí, Andrea Padilla Villarraga es una líder animalista cuya voz se ha hecho sentir en diversos escenarios, y eso es fundamental. En mi caso, además de la defensa de la paz, lidero un proyecto para reconocer el agua como derecho fundamental. En ese sentido, el partido mantiene su ideario.

CAMBIO: ¿Por qué les costó tanto ser Gobierno?

A.A.: Es de lo más difícil: aprender a gobernar, porque veníamos de ser solo oposición. En esa lógica, los casos para denunciar de corrupción y burocracia eran discursos que teníamos bien aprendidos. El problema es cuando vemos a gente cercana involucrada en eso. Hacer oposición es dar patadas a todo, gobernar implica una búsqueda diaria de consensos.  Por ejemplo, JP tuvo un papel mediático, como pocos, porque continuó haciendo oposición.

CAMBIO: ¿Qué figuras tienen en el Gobierno?

A.A.: Antonio Sanguino, ministro de Trabajo, está como cuota del sector oficialista del partido. Y dentro del mismo movimiento hay quienes lo observan con lupa. La debilidad del partido también es su fortaleza: permite opinar con absoluta libertad.

CAMBIO: ¿La escisión es un hecho? ¿Qué tan honda será?

A.A.: Es posible que surjan varios partidos verdes. Es un tema legal complejo. Habrá que ver qué pasa. No es fácil, porque la norma no permite decisiones rápidas ni otorgar reconocimiento legal con facilidad. El Verde, tal como se conoció, ya no va a existir. Habrá un nuevo Verde, y hacia agosto o septiembre veremos cómo será.

CAMBIO: ¿Usted está conforme dentro del partido?

A A.: Hay realidades políticas. Me pueden gustar o no quienes tienen el poder en el partido, pero si cuentan con mayorías y me superan en las votaciones internas, hay que aceptarlo y seguir adelante.

CAMBIO: El electorado les ha cobrado sus errores, ¿cierto?

A.A.: En estas elecciones sacamos seis senadores; en coalición, 11, pero antes éramos 11 como partido. En la Cámara obtuvimos ocho, también a la baja. Es natural que el electorado evalúe. Las crisis y las peleas influyen; yo lo sentía en la calle. Me decían: “Ariel, usted es buen senador, muy estudioso, pero ese JP, esas Catis…”. Entonces, mucha gente no votaba por mí para evitar respaldar la lista. Y creo que a ellos les pasaba lo mismo. Esa falta de definición ideológica es muy complicada. De ahí que el partido tenía que tomar decisiones.

CAMBIO: Usted dice que la polarización se los tragó. Ahora busca llevar el centro a la campaña de Iván. ¿Cómo se compagina eso?

A.A.: Es una decisión política. La polarización, como la vivimos hoy, va a continuar al menos dos periodos electorales más. El partido va a sufrir, con Abelardo, con Paloma, con Cepeda, con el que sea. Tenemos que tomar decisiones porque el país está en un momento en el que no se puede ser neutral.

CAMBIO: ¿Por ejemplo?

A.A.: Si aparece alguien diciendo, como Abelardo, que va a “destripar la izquierda” o defendiendo el fracking, como Paloma, y una visión excluyente de la familia, y nosotros creemos en los derechos de los pueblos étnicos y de la comunidad LGBTIQ, hay que tomar postura. Por coherencia, en mi caso, respaldo a Iván Cepeda.

CAMBIO: ¿Era la única opción?

A.A.: Le doy un ejemplo. Fui uno de los pocos congresistas que se pronunció contra el genocidio en Palestina. Un conocido me dijo que no hablara de eso porque podía afectar apoyos políticos. Le respondí que no me iba a quedar callado. Cuando mi hijo crezca, quiero poder decirle que tomé posición. Aquí pasa lo mismo. En este momento no podemos permanecer al margen. La duda no es una opción.

CAMBIO: Una definición en medio de la crisis.

A. A.: Entiendo la crisis de identidad del partido, pero por encima está el país. Por eso tomé la decisión de apoyar elproyecto de Iván.

CAMBIO: ¿Qué significa y por qué cree que es necesario que Iván se acerque al centro?

A.A.: Iván ya alcanzó su techo en la izquierda y necesita crecer en el centro. Ese crecimiento puede ser de cinco, seis o hasta diez puntos. El electorado de centro busca certezas. El voto de izquierda es más aspiracional; el de centro también puede serlo, pero prioriza la estabilidad. Quiere cambios, pero graduales y seguros. Nuestro trabajo es decirle a Iván que el centro no lo acompañará en propuestas como una constituyente…

CAMBIO: ¿Cepeda lo escucha?

A.A.: Iván es muy inteligente y receptivo. Le he dicho que debe hablarle a la clase media y darle garantías de estabilidad económica y fiscal. Ese es nuestro trabajo: acercarlo al centro.

CAMBIO: ¿Cuántos puntos tiene hoy Iván en las encuestas?

A.A.: Según sus encuestas internas, cerca de 45 puntos. Yo creo que está entre 38 y 41. Si llega a 45, la segunda vuelta sería sencilla. Si se queda en 40 o menos, será más competitivo.

CAMBIO: ¿Puede acercar al centro para replicar el modelo electoral de Petro en 2022?

A.A.: Sí, creo que puede atraer un número importante de votos y ganar. Le doy un 70 por ciento de probabilidad, pero dependerá de su estrategia hacia el centro.

CAMBIO: Usted insiste mucho entre hacer oposición y gobernar, ¿Cuál es la diferencia más notoria?

A.A.: Es muy distinto. El problema de algunos partidos es que no aprendieron a hacer oposición o a gobernar. Ser gobierno implica negociar, ceder y construir mayorías. Es un trabajo complejo, artículo por artículo, palabra por palabra. En la oposición es más fácil: se puede rechazar todo. Pero gobernar implica tomar decisiones difíciles para lograr avances.

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