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Germán Vargas Lleras, Bogotá, 19 de febrero de 1962 - Bogotá, 8 de mayo de 2026.
Poder

Germán Vargas Lleras, el último estadista del establecimiento

Germán Vargas Lleras, Bogotá, 19 de febrero de 1962 - Bogotá, 8 de mayo de 2026. Foto: Colprensa.

Estudioso, obsesivo y eficiente ejecutor, el país despide al símbolo de una generación de políticos irrepetible. Desde todas las orillas políticas le rinden homenaje a la memoria del exvicepresidente. “Un gladiador”, lo definió el presidente Gustavo Petro; “coequipero excepcional”, dijo Juan Manuel Santos.

Por: Armando Neira

Dice Mario Vargas Llosa en La civilización del espectáculo que la política actual se ha banalizado: se priorizan el entretenimiento, la imagen y la espectacularidad sobre las ideas, y se recurre al show porque estos invitan al bostezo, al aburrimiento de los ciudadanos.

—Yo no soy aburrido, soy serio, porque lo que hago es muy serio— decía el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, quien falleció a los 64 años de edad, este viernes 8 de mayo en Bogotá.

—Por eso yo no voy a reuniones sociales; a mí no me van a ver por allá porque no tengo tiempo.

Es probable que esa obsesión por el trabajo y la combinación de algunos hábitos de vida —dormía poco, fumó casi toda su vida y no paraba de tomar café— contribuyeran al deterioro de su salud.

Solo hasta cuando ocupó la vicepresidencia se alejó del cigarrillo y del tinto, y no por una decisión individual, sino porque los médicos se lo ordenaron por una cuestión de Estado.

En 2016 le detectaron un tumor cerebral que lo obligó a someterse a varias cirugías aunque, eso sí, solo hasta hace unas semanas dejó de escribir su columna dominical en EL TIEMPO, que había convertido en una trinchera de la implacable oposición. Para él, no había medias tintas. 

Un hombre de su tiempo

Vargas Lleras era un hombre de su tiempo. Contaba que empezó a fumar en su adolescencia, en una época en que todo el mundo lo hacía a cualquier hora y en cualquier lugar: en los ascensores, en los recintos cerrados y hasta en los salones de clase. “Por fortuna eso cambió y las nuevas generaciones no tienen que luchar contra esto como me tocó a mí”.

A propósito, perteneció a una generación de políticos de la que seguramente él será su último gran exponente: la del estadista que, para llegar al poder, era valorado por los electores con una frase que hizo época: “El país le cabe en la cabeza”.

“Yo no soy aburrido, soy serio, porque lo que hago es muy serio” decía el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, quien falleció a los 64 años este viernes 8 de mayo en Bogotá. Foto: Colprensa.
“Yo no soy aburrido, soy serio, porque lo que hago es muy serio” decía el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, quien falleció a los 64 años este viernes 8 de mayo en Bogotá. Foto: Colprensa.

Ese honor, que en su momento era decisivo para ganar elecciones, se lo ganó gracias a una trayectoria de varias décadas que comenzó a los 19 años, en 1981, cuando fue elegido concejal de Bojacá, Cundinamarca. Luego llegaron el Senado, los ministerios del Interior, Justicia y Vivienda, y finalmente la vicepresidencia junto a Juan Manuel Santos, entre agosto de 2014 y marzo de 2017, pero sobre todo una intensa vida recorriendo el país.

Había días en que visitaba cuatro lugares distintos, una agenda que cumplía sin pausa. En ese trayecto, impulsó un ambicioso programa de infraestructura y entregó 100.000 casas gratis a los más vulnerables. En Quibdó, por ejemplo, cuando viajaba le pedía al piloto que sobrevolara varias veces la ciudad porque quería darle un nuevo vistazo a las urbanizaciones que él había jalonado.

Se emocionaba al abrir por primera vez las llaves del agua en lugares donde antes no existía acueducto, y él era el primero en tomar un vaso, llenarlo y beber para demostrar que era potable, mientras los pobladores celebraban el acontecimiento entre gritos y aplausos.

“Gran parlamentario, ministro y vicepresidente. Fue un coequipero excepcional, con un conocimiento profundo del país y una inmejorable capacidad de ejecución al servicio de Colombia”, dijo el expresidente Juan Manuel Santos.

Amigo de Santos, enemigo de las Farc

Durante su gobierno, en varias ocasiones Santos destacó su “eficiencia” y “lealtad”. Esta condición, sin embargo, fue puesta en duda por muchos porque era evidente que a Vargas Lleras no le gustaba el proceso de paz con las Farc, principal bandera del gobierno.

Vargas Lleras desconfiaba de las Farc no solo por su cercanía con la mano dura, sino porque esa guerrilla lo había declarado objetivo militar.

De hecho, sufrió dos atentados. El primero, el 13 de diciembre de 2002, cuando era senador y recibió en su oficina del Congreso un libro bomba.

“Solo recuerdo un ruido demencial, un dolor infinito y mucha sangre. Mi mano derecha quedó, literalmente, colgando de un hilo y los dedos meñique, anular y parte del medio volaron en mil pedazos”, relató.

El segundo, en la noche del 10 de octubre de 2005, cuando salía de Caracol Radio tras debatir en el espacio Hora 20 y explotó un carro bomba. Hubo nueve heridos. El propio Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenko, máximo jefe de las Farc, reconoció la autoría de las dos acciones y pidió perdón.

“Por suerte o por la Divina Providencia, en varios episodios logré salvar mi vida solo por fracciones de segundos… o de centímetros”, aseguró en Hacer, cumplir, avanzar, el libro que publicó durante la campaña presidencial de 2018, cuando sus opositores machacaban en describirlo como un hombre dominado por la rabia.

—No soy malgeniado, soy exigente— se defendía.

La narrativa en su contra se consolidó después del coscorrón que le dio a uno de sus escoltas durante un acto público y que quedó grabado en video.

Sergio Fajardo, Gustavo Petro, Humberto de la Calle Lombana, Iván Duque y Germán Vargas Lleras durante un debate presidencial en las elecciones de 2018. Foto: Colprensa.
Sergio Fajardo, Gustavo Petro, Humberto de la Calle Lombana, Iván Duque y Germán Vargas Lleras durante un debate presidencial en las elecciones de 2018. Foto: Colprensa.

Aunque Vargas Lleras argumentó que reaccionó porque los escoltas de la Casa Militar, en su afán de protegerlo porque los antecedentes de los atentados eran una señal inequívoca, se sobrepasaban con algunos ciudadanos, como ocurrió ese día, el episodio quedó instalado en la memoria colectiva y contribuyó a que apareciera en las encuestas como uno de los políticos menos empáticos con la gente.

La realidad, el relato

Así, mientras él insistía en que podía manejar el Estado porque había demostrado altos niveles de ejecución y porque estuvo en primera línea para sacar adelante leyes como el Estatuto Anticorrupción, la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, el Programa de Vivienda Gratuita y la Reforma al Primer Empleo, para buena parte del país representaba a las élites tradicionales, nacido en cuna de oro.

Nieto del presidente liberal Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) y abogado de la Universidad del Rosario, tenía un carácter fuerte y no le temblaba la voz para mandar.

—Yo soy como los militares: sé mandar, pero también sé obedecer— decía.

Eso lo sabían en su partido, Cambio Radical, donde no se movía una hoja sin su autorización. “Hoy lo despedimos con profundo dolor, nuestro líder natural, servidor público incansable y una de las voces más firmes y determinantes de la política colombiana”, señaló la colectividad en un comunicado.

Su partida ha sacudido el escenario político como pocas veces al punto que logró un paréntesis en la campaña a solo tres semanas de las elecciones. “Es difícil encontrar líderes con sus condiciones integrales”, dijo el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien se distanció de él durante un tiempo cuando aceptó entrar al gobierno de Santos.  “Su partida ocurre en el momento en que la democracia más necesitaba de su verticalidad”, agregó.

En efecto, Vargas Lleras fue un hombre inflexible en la defensa de unos idearios políticos. Absolutamente contrarios a los de otros líderes, en particular de la izquierda, como el presidente Gustavo Petro o el senador Iván Cepeda, hoy primero en la intención de voto de varias encuestas.

Pero ellos también le reconocieron sus quilates. “Lamento la muerte de Germán Vargas Lleras”, escribió en su cuenta de X el presidente Petro. “Tanto en el Senado como en campaña se comportó como un gladiador. En general contradictor mío, lamento que su seriedad en el debate desaparezca. Le envío a su familia mi sentido pésame”, agregó.

En una línea similar se expresó el candidato del Pacto Histórico: “Expreso mi solidaridad y condolencias a la familia y a los seguidores políticos de Germán Vargas Lleras. A pesar de nuestras diferencias, tuvimos una relación cordial y respetuosa”.

Se marchó un líder disciplinado, convencido, vehemente, de estilo clásico, que vivía para la política las 24 horas del día, siete días a la semana; demasiado serio para estos tiempos de La civilización del espectáculo.

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