
De la crisis a la oportunidad
Setas Katalejo captura la esencia de una historia de éxito, sostenibilidad e innovación. Con el apoyo de la agroindustria de la caña, este emprendimiento avanza y cultiva un cambio en la forma de percibir y practicar la agricultura en Colombia.
Por: Olga Sanmartín
En la zona rural de Tuluá, en el Valle del Cauca, la vida de Luz Enith Sua tomó un giro inesperado, pero triunfante ante la adversidad. Con dos niños, Khaterin (16) y Alejandro (14), esta bacterióloga se vio de repente enfrentada a un desafío de salud: el síndrome de Crup que afectaba a su hijo.
Desde los 5 años, Alejandro fue en efecto diagnosticado con esta condición, que le prohibía consumir alimentos procesados con químicos debido a que le producían graves alergias respiratorias. Más aún: el pediatra indagó la posibilidad de que fueran las carnes animales la causa de la dolencia, dado el uso extendido de componentes artificiales en la industria del ganado.
Y tenía razón.
La solución llegó de una amiga de Luz Enith, bacterióloga en España, quien sugirió el champiñón orellana, o seta ostra, como un sustituto proteico. En 2015, luego de recibir por correo semillas camufladas y con instrucciones precisas, y de cultivar las orellanas, ella pudo reemplazar las proteínas animales con las que Alejandro experimentó un crecimiento normal.
La noticia de este éxito se propagó y el pediatra comenzó a enviar a la casa de Luz Enith pacientes que necesitaban alternativas de la carne por razones de tratamiento. Inicialmente, ella comenzó con un modesto cultivo en el patio de la casa, que luego se expandió a tres invernaderos en la finca paterna.

En 2019, Luz Enith introdujo las orellanas en el mercado campesino de Tuluá y se convirtió en la única proveedora de setas frescas. Sin embargo, tuvo que enfrentar el desafío de diversificar la dieta de Alejandro. “Cuando por ejemplo íbamos a un asado y él no podía comer hamburguesas o perros calientes, se ponía muy triste y aburrido con su enfermedad. Me dije que era ilógico que un niño no sea feliz, por lo que busqué soluciones”, recuerda. Y encontró en Tuluá el restaurante Vive Mejor, en donde, en alianza con sus dueños, empezaron a ofrecer variantes de chorizo, salchicha, jamón y hamburguesas a base de orellanas.
Visión de futuro
El año 2020 trajo consigo la pandemia, lo que impulsó a la familia de Luz Enith a mudarse de Tuluá a la finca paterna, a media hora de la ciudad, por una carretera destapada. “Lo primero que hizo la covid-19 fue cerrar el comercio, y entonces venían personas a comprar 10, 15, 18 o hasta 20 bloques de setas. Precisamente, esa es una ventaja de las orellanas: la gente puede llevar los bloques para cultivar en sus apartamentos o en sus casas. Tendrán orellanas por tres meses, con cuidados mínimos y en cualquier habitación”, explica.
Ello le permitió expandir el cultivo de orellanas y consolidar su empresa. Luz Enith renunció a su trabajo como bacterióloga en una clínica de Tuluá y así nació Setas Katalejo, un nombre que fusiona ‘setas’ (flor del hongo), ‘Kata’ (por Katheryn, la hija) y ‘Alejo’ (por Alejandro, el hijo). El término ‘catalejo’ simboliza una visión de futuro, más allá de las circunstancias actuales.
Avance seguro
Sin embargo, los costos de producción eran muy altos y la labor se hacía compleja. “La gran ayuda llegó con el apoyo del programa ‘Compromiso Rural’ y de los ingenios azucareros”, señala Luz Enith. El emprendimiento recibió un capital semilla importante por parte de Asocaña y de uno de sus ingenios afiliados, que se tradujo en una máquina mezcladora del bagazo de caña, materia prima para el cultivo de las setas que también es donada por otro ingenio. “Es uno de los residuos vegetales de los cultivos que ya han dado su cosecha y que nosotros necesitamos: ese bagazo de caña es la cama de los hongos”, dice.
Dicha donación forma parte de un sistema de apadrinamiento que tienen los ingenios azucareros dentro del programa ‘Compromiso Rural’. “Ellos nos han acompañado para crecer, además, con talleres y clases con las que nos capacitan de manera escalonada, organizada, con paso firme. Uno cree que un emprendimiento es simplemente sacar un producto y no: también hay legislaciones, contabilidad, marketing. Es empoderarse para lograr llevar el producto al éxito”, afirma.
El programa ‘Compromiso Rural’ surgió de los escenarios de diálogo posteriores a la protesta social de 2021, y su meta es apoyar emprendimientos que abarquen la diversidad de la zona de influencia de la agroindustria de la caña.
“Gracias a él, producimos 450 kilos de orellanas al mes y la meta es pasar a 2.000 kilos mensuales”, dice Luz Enith.
Para lograrlo, la familia necesita una expansión gradual con más maquinaria e infraestructuras como invernaderos y ambientes controlados, algo económicamente inalcanzable para los campesinos. Por eso, la expansión a capitales como Cali queda en pausa hasta que estas barreras sean superadas. No obstante, Setas Katalejo envía el producto, por encargo, a varias ciudades del país. “Uno de los beneficios de participar en ‘Compromiso Rural’ han sido los contactos. Por ejemplo, El Chato, restaurante gourmet en Bogotá elegido entre los mejores 25 del mundo, nos compra la línea de setas de colores. El chef nos paga esas setas a muy buen precio para apoyar a la mujer campesina y con ellas ha preparado unos platos de mucho éxito”, agrega.
Setas Katalejo ha optado por promoverse a través de su sitio web y por WhatsApp y las redes sociales, y concentra por esta vía la venta exclusiva de sus productos frescos. Los embutidos de orellanas los comercializa el restaurante Vive Mejor, en Tuluá.
Una oportunidad para el campo
Además de comercializar su producto, Setas Katalejo dota a los campesinos, principalmente a las mujeres, invernaderos especiales para que dispongan de estructuras robustas para el cultivo de las setas sin limitarse por los caprichos del clima. Estos invernaderos se presentan como un salvavidas frente al cambio climático, al garantizar una producción constante, de entre 15 y 20 años, independientemente de las condiciones meteorológicas.
El fundamento de Setas Katalejo descansa en la premisa de que la demanda de hongos –ya sea orellanas, champiñones o ganoderma–, supera con creces la oferta en Colombia. Sin embargo, el verdadero obstáculo radica en la escasez de fungicultores, una carencia alimentada por la falta de infraestructuras controladas y adecuadas para el cultivo. “Muchos emprenden este camino, pero se ven abrumados por problemas y contaminación”, explica Luz Enith.
Pero ella tiene planes para cambiar el panorama y aspira a brindar una nueva oportunidad de empleo a muchos cultivadores potenciales. “Este es un llamado a los profesionales –dice–. Es una invitación a regresar al campo y revitalizar la agricultura con conocimientos tecnológicos”. Argumenta que el campo está huérfano de profesionales y que necesita desesperadamente tecnología agrícola avanzada.
Su enfoque es claro: llevar a los jóvenes de vuelta al campo, pero también darles a las mujeres campesinas la posibilidad de ser autosuficientes con un cultivo que pueden tener en sus casas y cuidar sin que demande mucho tiempo y que les permite su sustento con la recolección diaria de setas, una tarea que sólo demanda una hora al día. “Y si no quieren comercializarlas, nosotros garantizamos la compra de la producción”, dice.
Así, Setas Katalejo no sólo cultiva orellanas, sino que siembra un cambio cultural. Además, a través de cursos presenciales o virtuales busca transmitir su conocimiento y contagiar el entusiasmo por la agricultura. Su duración es de un mes, con clases de cultivo de orellanas y diseño de invernaderos, y se complementa con un año de acompañamiento para perfeccionar las habilidades y despejar las dudas surgidas durante la siembra y la cosecha.

El tiempo y esfuerzo requerido dependen del enfoque: producir bloques o simplemente fructificar. Con un énfasis especial en el autocultivo en ciudades, Luz Enith asegura que basta una hora por la mañana para recolectar las setas, lo que hace que este sea un emprendimiento viable incluso en entornos urbanos.
De allí la ambición de Setas Katalejo de establecer un proyecto con la agroindustria de la caña que involucre a mujeres campesinas con invernaderos. Su sueño es crear un centro de acopio y llevar sus productos a mercados más allá del Valle del Cauca, hacia toda Colombia, para satisfacer la creciente demanda de hongos. Para lograrlo, necesitan una máquina llenadora de bolsas, una transportadora y un motocarro para movilizar bloques. Así aumentarían su producción de 450 kilos a 2.000 kilos al mes.
Setas Katalejo no sólo cultiva hongos: siembra un cambio. Y ofrece a los colombianos alimentos saludables y una oportunidad de transformación en el corazón del campo. Es el renacer de una agricultura olvidada, un canto a la sostenibilidad y la innovación.
¿Cuáles son las propiedades de las setas?
- Más allá de ser una alternativa a la proteína animal, la orellana, con su composición de más del 70% de agua y el 30% de fibra, se promociona como un probiótico que hidrata y favorece la salud intestinal.
- Es un cultivo de proteína que demanda un mínimo consumo de agua y no requiere grandes áreas de tierra por ser una siembra vertical.
- El ganoderma, otro hongo cultivado por Setas Katalejo, se vende en polvo puro, y se destaca por sus propiedades medicinales que rejuvenecen las células.
*Contenido elaborado con el apoyo de Corazón de Caña.
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