
‘Este es un verdadero laboratorio de paz’
Entrevista a Claudia Calero, presidenta de Asocaña y líder de la Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca, que logró, por primera vez en Colombia, una alianza entre empresa privada, Gobierno Nacional y comunidades étnicas en medio de la polarización política, la inseguridad, la desconfianza y los conflictos entre comunidades y azucareros. La directiva revela el trasfondo de un proceso complejo que podría marcar el camino hacia la reconciliación y el bienestar social.
Por: Olga Sanmartín
La noticia sobre la firma de la Apuesta por el Desarrollo Rural Integral por el Norte del Cauca circula desde mayo de este año como un avance fundamental para el desarrollo sostenible y el bienestar de 1.170 productores de cacao, café especial y panela, en el norte del Cauca. No es para menos: por primera vez y en medio de tensiones políticas, violencias, inseguridad, pobreza y conflictos entre comunidades étnicas y entre estas y el sector azucarero, se logra un acuerdo concreto entre empresa privada, Gobierno Nacional y comunidades. La inversión total es de 60.000 millones de pesos, destinados a las tres etapas concebidas para el proyecto. El sector privado pondrá la mitad de los recursos, mientras que el Gobierno lo hará con la otra mitad. Para este primer año, la inversión asciende a 13.000 millones de pesos.
Para lograrlo, Asocaña, impulsora de este acuerdo, tuvo que romper esquemas, cambiar paradigmas, comprender la filigrana del lenguaje y vincularse con sus vecinos del norte del Cauca. CAMBIO entrevista a Claudia Calero, presidenta del gremio, sobre el trasfondo de este proceso, largo y demandante, que se perfila como una solución concreta para una mejor convivencia, un gana-gana y un ejemplo a seguir por gremios y Gobierno.
A comienzos de octubre pasado, los integrantes de la mesa de diálogo presentaron al país nuevos avances de este programa: un acuerdo en defensa de la vida, la convivencia y el territorio, firmado por las comunidades negras, campesinas, indígenas, los trabajadores y gremios del sector azucarero y el Gobierno Nacional. Este acuerdo es el fruto de dos años de diálogos que han permitido bajar las tensiones en esta zona del país.
CAMBIO: En mayo anunciaron la Apuesta por el Desarrollo Rural del Norte del Cauca y en octubre un acuerdo histórico por la convivencia en esta región. ¿De qué se tratan estos anuncios?
Claudia Calero: Son el resultado de más de dos años de trabajo y diálogo, que se iniciaron con prevenciones y dificultades, pero también con mucha voluntad. En el marco de la Mesa de Diálogo del Norte del Cauca hemos aprendido a confiar en el otro y a reconocernos. Esta es una mesa en la que estamos la agroindustria de la caña y sus trabajadores, las comunidades negras, campesinas e indígenas, el Gobierno Nacional y organismos de derechos humanos nacionales e internacionales, apostándole a encontrar puntos en común que nos permitan unir esfuerzos por el bienestar de la región. Le estamos mostrando al país que sí es posible el trabajo conjunto entre comunidades, sector público y empresarios y esto se formalizó en octubre pasado con la firma del ‘Acuerdo por la defensa de la vida, el territorio y la convivencia en el norte del Cauca’, un hito que hace dos años no imaginábamos posible y que demuestra el poder del diálogo, que ha sido clave para bajar las tensiones, proteger la vida y mejorar la convivencia en esta región en la cual queremos permanecer. En ese mismo sentido, en mayo pasado firmamos la ‘Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca’, un convenio entre el Ministerio de Agricultura, Asocaña y las comunidades negras y campesinas, para impulsar cadenas de café, cacao y panela en nueve municipios, a través de empresas comunitarias. Sin duda, vemos con mucha esperanza lo que está pasando en el norte del Cauca.
CAMBIO: ¿Cómo nació la Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca?
Claudia Calero: Lleva tejiéndose muchos años. Nosotros entendimos que el diálogo con las comunidades del norte del Cauca debía ser directo. Han sido muy importantes los ejercicios anteriores con apoyo de diferentes entidades y que nos enseñaron estrategias, dinámicas, instrumentos, metodologías y más. Sin embargo, es en la medida en que uno haga este tipo de dinámicas de forma directa, con un diálogo estructurado desde la alta gerencia hasta los equipos en terreno, que estas situaciones empiezan a tornarse diferentes.
CAMBIO: ¿O sea que Asocaña, como gremio, hizo un análisis, una reflexión que condujo a cambiar la estrategia y la postura que había tenido el gremio a lo largo de la historia frente a las comunidades del norte del Cauca?
C.C.: Sí, nosotros hicimos primero un diálogo interno para poder abordar el conflicto, y de esta manera determinar cuáles eran las acciones que deberíamos emprender como actores que también hacemos presencia en el norte del Cauca. Primero teníamos que entender la realidad del territorio y, segundo, y no menos importante, determinar con qué actores nos íbamos a relacionar, cuáles eran sus posiciones, sus intereses y, por supuesto, sus aspiraciones. Era un diálogo ‘multiactoral’ y pluriétnico en un territorio donde convergíamos todos, con intereses diferentes pero también con coincidencias. Y como gremio, lo primero que teníamos que alinear era nuestra comunidad, que es donde podemos generar una gobernabilidad. Me refiero precisamente a los actores del sector azucarero. Ese ejercicio lo hicimos antes de iniciar cualquier acercamiento.

CAMBIO: ¿Cuándo dieron el primer paso para ya acercarse a las comunidades con una estrategia consecuente con la realidad de esos grupos étnicos?
C.C.: El proceso comenzó en 2018. Voy a marcar hitos: en 2014 empezaron las invasiones a la propiedad privada de los azucareros en el norte del Cauca: fueron 200 hectáreas. En 2018 se presentaron otras invasiones y en 2021 ocurrió el estallido social, que también nos marcó la ruta para poder hacer ese relacionamiento. Fue en 2021 cuando nosotros dijimos: ‘¡Patos al agua!’. Ya estábamos preparados como gremio, ya habíamos entendido una serie de situaciones, y en ese contexto empezamos a hacer un abordaje por actor. Por supuesto, también entendiendo que en este territorio del Cauca hay un consejo interétnico e intercultural. En julio de 2022 se incrementaron las invasiones a la propiedad privada de los azucareros, un tema que nos desestabilizó muchísimo. Y con ocasión de la implementación por parte del Gobierno de la mesa de diálogo del norte del Cauca, empezamos a hacer un abordaje para entender cuáles eran las motivaciones de las comunidades. Debemos reconocer al Gobierno que esta mesa sentó a todos los actores y fue muy interesante ver cómo cada uno la aprovechó para poder comunicarse.
CAMBIO: En el marco de la mesa, ¿cómo logró Asocaña devolverle la confianza a unas comunidades que llevan décadas oyendo promesas incumplidas por parte de los gobiernos?
C.C.: En esa mesa, las diversas comunidades comenzaron a exponer los reclamos por esas ausencias de todos los actores de los que ellos esperaban la generación de algún desarrollo. Entonces, esos reclamos recurrentes forjaron los espacios para que se pudiera conversar sobre aquellas coincidencias en las que podíamos trabajar juntos, pero también sobre las divergencias o tensiones que no nos permitían acercarnos. Y allí fue cuando se empezaron a dar reuniones con cada uno de los actores de la mesa. Comenzamos a determinar los temas que podíamos trabajar juntos. Lo primordial de este ejercicio es trabajar primero en lo que se puede construir, sin dejar de lado aquello en lo que no se concuerda. Para generar confianza, es primordial empujar y desarrollar las acciones que permiten unir esfuerzos.
CAMBIO: ¿Cómo se determinó lo que era de interés común?
C.C.: Detectamos que había áreas en donde podíamos trabajar transmitiendo nuestros conocimientos, utilizando instrumentos de política pública. Supimos que nosotros también podíamos ayudar a estas comunidades a fortalecerse o a desarrollarse, por ejemplo, recurriendo al mecanismo de obras por impuestos. De manera simultánea, teníamos que acudir al marco de nuestros conocimientos para determinar cómo apoyar esa generación de empresas comunitarias respetando sus usos y costumbres. Fue allí cuando identificamos que en la comunidad afro había apuestas muy importantes, que no partían de cero, por ejemplo, en la producción de cacao. Pero se necesitaba que ese cacao fuera más que el cultivo y lograr su transformación. Hay procesos artesanales que sabíamos que, si lográbamos concentrar los mayores esfuerzos, podrían llevarse a otro nivel. Teníamos que saber cómo lograr que se articularan los diferentes productores de cacao para lograr una producción escalonada, libre de plagas y enfermedades, productiva, respetando los usos y costumbres. Desde la visión afro en las fincas de cacao también puede haber plátano, cítricos, caña de azúcar, etc., lo cual nos llevó a entender cuáles eran esas perspectivas y esos conocimientos ancestrales de esta y las otras comunidades.
CAMBIO: Ustedes hablaron con los líderes comunitarios y directamente con el pequeño cultivador.
C.C.: Sí, pero también con terceros que tuvieran esa experiencia y que ayudaran particularmente a Asocaña a fortalecer estas acciones. Vuelve y juega: es que no mandamos al amigo a enamorar a la novia, sino que lo hicimos directamente. Es lo que debe hacerse para fortalecer ese relacionamiento.
CAMBIO: Todo el proceso se dio en medio del incremento de las invasiones a fincas azucareras en la zona.
C.C.: Sí, las invasiones se incrementaron desde 2018 hasta 2022. Cuando empezamos con este convenio, siempre insistíamos en que nos pusiéramos de acuerdo en cómo sería el relacionamiento en el territorio. Cómo hacer para que pudiéramos, entre todos, frenar aquellas cosas que generan tensión. Y allí comprendimos que este acercamiento no era una garantía para que todo saliera color de rosa, pero sí generó las bases para poder hablar de esas divergencias. Y fue allí cuando tocamos temas y dijimos: ‘Hagamos un memorando de entendimiento para la convivencia’. Toda una filigrana de palabras para que a todo el mundo le calara la idea. Porque la palabra que yo podía usar desde el sector privado no era la que le caía bien a la comunidad indígena, afro o campesina, por ejemplo. Se dijo claramente: ‘Ustedes en sus declaraciones se refieren a nosotros de tal manera y eso nos resiente’, y viceversa. Lo de una mejor convivencia empezó por el lenguaje. En el cómo teníamos que referirnos al otro para sentarnos y hablar de esas cosas que nos generaban tensión.
CAMBIO: Usted ha afirmado que esta apuesta es un verdadero laboratorio de paz. Hubo un ejercicio pedagógico. ¿Hubo asesoría de alguien?
C.C.: Fue un trabajo de equipo muy engranado con nuestros colaboradores en los ingenios azucareros. Fueron muchas horas de conversación, muchas horas para poder entender al otro y, también, para tragar los sapos y comprender que los tiempos del uno no son los tiempos del otro. ¿Qué por qué no firmamos al comienzo el convenio de convivencia? Porque todavía no era el momento. Para las comunidades no era importante el papel. En cambio, para el sector privado era muy importante un acuerdo firmado por las partes, porque esa es la mentalidad y ese es el círculo en el que nosotros nos movemos. Todas las comunidades tienen sus particularidades y es lo que nosotros pudimos identificar después de esta experiencia.
CAMBIO: Este Gobierno está realizando una entrega importante de tierras en diferentes partes del país, pero ustedes han insistido en que no se hace nada con tierras, sino mediante proyectos de infraestructura. ¿Podría frenarse esta apuesta concebida a largo plazo porque, por ejemplo, no hay carreteras para sacar los productos?
C.C.: Sí, se puede frenar en caso de que a esta apuesta no se le suman otras necesidades que deben cubrirse. La infraestructura es absolutamente necesaria. Nosotros no podemos hablar de unos encadenamientos productivos si no tenemos la garantía de vías para entrar los insumos y sacar los productos. No podemos hablar de éxito en esta apuesta si no llevamos unos mecanismos que permitan a esta población dar una continuidad en materia de educación. O si no tenemos acceso a crédito, porque inicialmente estamos en un proceso de consolidación, pero para crecer se necesita crédito.
Nos interesa el desarrollo productivo, por supuesto, de encadenamientos, pero a esto también le debemos sumar infraestructura, transferencia de tecnología y visión financiera que impidan que tengamos nuevamente esos malos desarrollos que se acabaron porque no tuvieron sostenibilidad.
CAMBIO: Para el primer año se están invirtiendo 13.000 millones de pesos. La mitad la pone el Gobierno y, la otra mitad, Asocaña…
C.C.: Así es. Y tenemos proyectada una inversión total conjunta de 60.000 millones de pesos para crear empresas comunitarias sólidas y exitosas. Para que las comunidades adquieran conocimientos en el manejo de finanzas y productividad no es posible lograr resultados si no se saben cuáles son los costos de levantamiento del cultivo, cada cuánto hay que sembrar, de qué forma escalonada se debe hacer, cuáles son los productos agrícolas que toca sembrar para generar flujo de caja y garantizar la sostenibilidad. Eso es lo que estamos mirando. Ahora bien, Asocaña no puede lograrlo sola: nosotros producimos azúcar y derivados, no sabemos de cacao o de café. Lo que sí sabemos es quién sabe y quién lo hace. Y por eso es un hito esa alianza importante con Fedecacao, Fedecafeteros y Fedepanela. Y más adelante haremos una alianza con Fedearroz, porque estamos trabajando con los indígenas en apuestas para ese cultivo. Toda esa institucionalidad privada también es necesario tenerla ordenada y armonizada.
CAMBIO: ¿Cuál es el aporte de esas federaciones?
C.C.: Específicamente es en transferencia de tecnología y en consolidar conocimientos para estas comunidades.
CAMBIO: En este momento están en proceso de mejorar los cultivos en el norte de Cauca para garantizar un producto de primera calidad. ¿Cuál es el segundo paso?
C.C.: El segundo paso es paralelo. Estos cultivos van a generar un producto agrícola que tiene que ser transformado, por lo que debemos pensar en cuáles son los insumos, las necesidades a cubrir y los desarrollos que tenemos que introducir en el tema industrial. Es importante que esta apuesta, que implica tres etapas, tenga garantías de su desarrollo. La infraestructura tecnológica para el procesamiento se hace en esta segunda etapa, para lo cual debemos garantizar la participación del Gobierno Nacional. Adelantamos alianzas con estas entidades gremiales del orden privado nacional y, por supuesto, también estamos empezando a hacer gestiones a nivel multilateral para lograr la sostenibilidad. Hay otro tema supremamente importante y es que debemos tener garantía de la comercialización, para lo cual nos hemos apoyado en entidades que nos están asesorando y con ellas podemos llegar a las comunidades de modo que la comercialización pueda desarrollarse.
CAMBIO: ¿El cacao, la caña panelera y el café, siendo los productos elegidos para esta apuesta, tienen una demanda suficiente, dentro y fuera de Colombia para garantizar que estos productores puedan industrializarse un poco y vender en el exterior?
C.C.: El que compra azúcar, pide cacao. Entonces, vemos que a nivel internacional el cacao de Colombia es altamente apetecido. Cuando se tenga una producción sostenida, altamente calificada, con productos de muy buena calidad y certificados, esas líneas de comercialización y de clientes que tenemos para el azúcar, son clientes que llegarán a los productores de cacao. En la medida en que las comunidades tengan certeza de la adopción de esos conocimientos, ayudan a la gestión del crédito y del financiamiento. Esto, repito, no es sólo de Asocaña, es una articulación de muchos esfuerzos, donde Asocaña apoya y gestiona y es el más interesado en que se haga esa articulación, porque nosotros vivimos allí, pero esto es la suma de muchos.
CAMBIO: La seguridad es quizás la talanquera más grande que enfrenta en este momento esta apuesta. ¿Cuál es la situación actual en la zona?
C.C.: Yo sí tengo que decirlo: es muy complicada. Tan sólo del 8 de agosto al 4 de septiembre pasados tuvimos cuatro trabajadores secuestrados, que ya están en libertad, pero son cuatro trabajadores de toda una comunidad que tiene miedo y zozobra de ir a trabajar. Con una consideración importante: cuando yo me refiero a trabajadores se debe comprender que son parte de las comunidades, porque nosotros tenemos empleados afros, indígenas y campesinos de la misma zona, a los que les da miedo ir a laborar. Líderes sociales, jóvenes, niños, niñas y adolescentes están siendo violentados y asesinados por los grupos armados ilegales. Según datos de la Defensoría del Pueblo, de enero a junio se tiene un registro de 159 casos de niños reclutados, de los cuales 125 son en el Cauca. Le estamos quitando esperanza al campo. Si no hay justicia que llegue de la mano de la seguridad, no podemos hablar de desarrollo ni mucho menos de paz. Nosotros estamos haciendo estos desarrollos productivos y encadenamientos de la mano de las comunidades, pero se requieren garantías para que podamos llegar al campo, y para que las personas puedan ir y volver a su lugar de trabajo.
CAMBIO: Ustedes han hecho una solicitud directa no solamente a través de los medios o de escenarios como el foro de CAMBIO, en la que piden garantizar la seguridad de las comunidades en el Cauca. ¿El Gobierno ha dado alguna respuesta concreta?
C.C.: De forma recurrente, nunca hay una conversación sin que traigamos a colación este tema. Estamos esperando que se materialicen las soluciones. Pero lo cierto es que los hechos y los datos nos demuestran que aún no las hay. A indicadores como los mencionados de niños reclutados y personas secuestradas se le suman, por ejemplo, muchos hurtos: no hay un día en que no ocurra un hurto a alguno de nuestros trabajadores, y ya van 175 tan sólo en este año.
CAMBIO: Volviendo al tema de las invasiones, ¿cuál es la situación de las tierras invadidas en toda la zona de influencia de la industria azucarera?
C.C.: Aunque no ha habido más invasiones a la propiedad privada en los últimos dos años, todavía hay 5.000 hectáreas que están ocupadas o en las que los propietarios no pueden ejercer sus actividades productivas. Le hemos pedido al Gobierno soluciones a este asunto, porque el propietario que no quiere vender necesita que se le retorne su propiedad para poder retomar su negocio. Para esta zona, el Gobierno ha dado soluciones de tierras para las comunidades y hay que preguntarse: ¿la tierra para qué? La tierra debe estar acompañada de proyectos, de encadenamientos que permitan hacerla próspera, porque lo que las comunidades necesitan es mejorar su calidad de vida.
CAMBIO: La Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca está proyectada a 10 años, con una inversión de 60.000 millones. ¿Se puede garantizar esa continuidad?
C.C.: Esto es un riesgo, sin duda alguna. Por eso insistimos en que estas apuestas deben ser políticas de Estado y no de gobierno. Hoy entendemos que esa gestión en territorios debe ser auténtica y directa y no debe ser expuesta a intereses externos. Los más interesados en que esto se dé somos nosotros y las comunidades que estamos en el territorio. Por lo tanto, con toda certeza, seguiremos poniendo nuestra voz para que el programa permanezca, de gobierno en gobierno, y se convierta en una política de Estado.
*Contenido elaborado con el apoyo de Asocaña.
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