
‘La solución va más allá de la tierra’
Martha Lince, presidenta de la Junta Directiva de Procaña, habla con CAMBIO sobre los avances y los desafíos del sector azucarero en el norte del Cauca, así como sobre sus actuales relaciones con las comunidades.
Por: Olga Sanmartín
Luego de casi dos años de conversaciones de la Mesa de Diálogo del norte del Cauca, en la que participan la agroindustria de la caña, los trabajadores del sector, las comunidades afro, campesinas e indígenas, el Gobierno Nacional y organismos de derechos humanos, se anunció en octubre pasado un histórico acuerdo por la defensa de la vida, la convivencia y el territorio en esta región. Dicha alianza ha permitido que, en los últimos dos años, se bajen las tensiones sociales y se creen apuestas conjuntas por el desarrollo rural.
Martha Lince, agricultora con más de dos décadas de experiencia en el cultivo de caña de azúcar y presidenta de la Junta Directiva de Procaña, comparte en una entrevista con CAMBIO su perspectiva sobre los desafíos superados, especialmente en las relaciones entre azucareros y comunidades étnicas de la región. No obstante, también menciona los problemas persistentes que requieren el apoyo del Gobierno Nacional para ser resueltos.
CAMBIO: Las relaciones entre los cultivadores de caña de azúcar en el norte del Cauca y las comunidades del área de influencia han sido tensas. ¿Cómo están actualmente?
Martha Lince: Han avanzado de forma positiva. Hoy contamos con mecanismos como la Mesa de Diálogo del norte del Cauca que implementó el Gobierno, donde estamos tanto las comunidades como los gremios, el mismo Gobierno y organizaciones de derechos humanos, con el objetivo de lograr salidas conjuntas a esas tensiones. Estos espacios nos han permitido escuchar a las diferentes comunidades y liberar presiones desde la institucionalidad. Entre todos buscamos armonía y consensos, y escucharnos para lograr estrategias para un bienestar colectivo en el territorio. Y cuando se habla de bienestar colectivo, somos todos porque todos cabemos en el territorio.
CAMBIO: ¿Qué se ha hecho directamente desde Procaña para mejorar las relaciones con las comunidades?
M.L.: Hemos entendido la necesidad de tener una interlocución fluida con los diferentes actores legales del territorio, desde las autoridades hasta las comunidades. Por esta razón, hemos participado en los diferentes espacios de diálogo que en los últimos dos años se han implementado para contribuir a que bajen las tensiones en la región. En Procaña creemos que desde nuestras posibilidades debemos contribuir a mejorar la calidad de vida de quienes se encuentran en las zonas de influencia de esta agroindustria e impactar los territorios generando sostenibilidad social, para así contribuir a la anhelada concordia con acciones conjuntas. Al reconocer el papel de las personas en sus comunidades y sus diferentes formas de organización, podemos recuperar la confianza y lograr consensos para transformar los territorios que nos lleven a soluciones pacíficas.
En 2019, los ingenios y cultivadores de caña constituimos el Fondo Social de la Agroindustria de la Caña, una gran apuesta sectorial a través de la cual hemos buscado construir alternativas de desarrollo humano sostenible, en una región que es heterogénea y que tiene mucha riqueza cultural. Mediante ese Fondo Social y la Fundación Corazón de Caña apoyamos muchas iniciativas culturales y deportivas de la región y hacemos obras de infraestructura para la educación en el Valle del Cauca.
CAMBIO: ¿Y en el norte del Cauca?
M.L.: Desde Procaña creamos, en alianza con las fundaciones Caicedo González, de Río Paila Castilla, El Amparo y Mariana Hoyos Gutiérrez, el programa Aldeas, enfocado en rescatar la producción de alimentos a través de la huerta ancestral familiar para garantizar la seguridad alimentaria. Hemos beneficiado a 1.628 familias y a 4.619 personas en el Valle y en el norte del Cauca y se han producido más de 3.000 toneladas de alimentos. Damos apoyo técnico en el proceso de creación y mantenimiento de las huertas, hasta que las familias aprendan y puedan mantenerlas de manera autónoma. La intención es crear un centro de formación para que ellos asistan, así como llevar el conocimiento y la capacidad de instalar para que puedan aprender allí y también hacer consultas y resolver problemas. Y con el tiempo pueden llegar a crear una economía de trueque de productos de huerta. Eso es seguridad alimentaria.
Aldeas también mejora el relacionamiento con las comunidades, pero lo hacemos directamente nosotros, como agricultores. Que no vean al cultivador de caña como un enemigo es la columna vertebral del tema. Hacemos presencia porque nosotros también estamos en el territorio y queremos construir otra vez ese tejido social.
CAMBIO: ¿Cómo ha sido ese proceso de acercamiento a las comunidades desde Procaña?
M.L.: Hemos entendido que el departamento es heterogéneo pero muy rico culturalmente. El bienestar de estas comunidades es fundamental en la solución a este tema de violencia e inseguridad en el norte del Cauca. La tarea es entender cómo se organizan estas comunidades, cuál es el papel que juegan las personas, qué es lo que necesitan. Y esto nos permite lograr consensos para intervenir el territorio de la manera más adecuada posible, desde la visión de esas comunidades, no de la nuestra. Hay que descentralizar el tema de que yo mando la solución desde aquí, desde la ciudad. Es escucharlos y transformar el territorio con soluciones pacíficas donde se respeten los derechos de todos.
Por eso destinamos recursos del Fondo Social a otra gran apuesta que ya está en curso, que es Compromiso Territorio. En este programa también participan otros sectores económicos, como las empresas productoras de huevo y las de la Zona Franca, entre otros. Estamos uniendo esfuerzos. Cuando hacemos campañas individuales, el impacto no se nota. Todas las empresas tienen fundaciones de labor social pero, si hacemos algo unidos, en grande, entonces mayor será el impacto y mayor la solución.

CAMBIO: En 2014 comenzaron a ser invadidos predios cultivados con caña. Ya son más de 5.000 hectáreas tomadas en el norte del Cauca. ¿Qué consecuencias ha traído a los cultivadores esta situación?
M.L.: La coyuntura del norte del Cauca es un tema de violencia y de inseguridad permanente. Hemos visto vulnerados los derechos consagrados en la Constitución Nacional, que son el derecho a la vida, al trabajo, a la libre movilidad y al respeto por la propiedad privada. El meollo no sólo es el tema de las invasiones, sino que hay un contexto de falta de derechos fundamentales que no solamente afectan a los agricultores de caña sino a otros sectores económicos y la sana convivencia de las comunidades. La situación de violencia en el norte del Cauca impacta a todo el mundo.
Las invasiones han vulnerado el derecho a la propiedad privada, al trabajo y a tener tranquilidad en la zona. Creemos que hacen falta garantías por parte del Gobierno Nacional para que estas situaciones no se sigan multiplicando y que los agricultores que fueron invadidos vuelvan a recuperar la propiedad de la tierra. Desde 2014, por las invasiones, se han perdido cerca de 6.000 empleos. Han disminuido las invasiones, pero los grupos armados ilegales están secuestrando a los trabajadores, violentando a las comunidades. Las personas están viviendo en una zona donde en cualquier momento las matan y no pueden trabajar. Algunos dicen: “yo ya no quiero estar por allá”. Y con razón: nos han puesto explosivos en las vías, han secuestrado personas. Las comunidades están muy afectadas.
CAMBIO: En general, los invasores reclaman sus derechos ancestrales a la tierra. Dicen que ella ha sido robada por los azucareros. ¿Cuál es la respuesta a esas personas?
M.L.: Hay una mala información respecto a la propiedad de la tierra en el valle geográfico del río Cauca. No estamos hablando de latifundios y se ha quedado en la mente de los colombianos que son 13 familias las dueñas de los cultivos. No es así: el 75% de la propiedad de la tierra está en manos de 12.000 familias cultivadoras de caña de azúcar. No somos latifundistas ni tenemos una concentración de la tierra en nuestras manos.
CAMBIO: ¿Y el 25% restante?
M.L.: Es propiedad de los diferentes ingenios azucareros, pero, a diferencia de otras partes del mundo, acá la propiedad está en manos de los agricultores. Son 12 ingenios y 13 plantas. Y cada ingenio hoy en día tiene una gran cantidad de accionistas. Sobre la titularidad de la tierra, creo que en el valle geográfico del río Cauca es donde hay más claridad en títulos de propiedad, cosa que no ocurre en otras regiones en Colombia.
CAMBIO: ¿Y el Cauca?
M.L.: Las tierras sembradas en caña de azúcar en el Cauca disponen con claridad de títulos de propiedad. Varios cultivadores incluso han presentado estudios de propiedad de sus terrenos a la Agencia Nacional de Tierras. Y se devuelven 100 años. El departamento del Cauca necesita un desarrollo rural integral. No es la tenencia de la tierra lo que va a solucionar el problema de estas comunidades. Cuando hablo de desarrollo rural integral me refiero a infraestructura que mejore las condiciones de vida.
CAMBIO: ¿Cuál ha sido la mayor dificultad que han enfrentado en este proceso?
M.L.: Voy a utilizar una palabra de alguien más, y es que se ha tenido que “desterrizar” la situación del norte del Cauca. No es la tierra el problema. Entonces, cuando se concentran en la tenencia de la tierra es muy difícil avanzar, porque se vulnera el derecho de las personas que ocupan el territorio legalmente, con derechos de títulos de propiedad. A veces hay pretensiones de comunidades sobre algo que está legalmente adquirido. ‘Desterrizar’ el diálogo ha sido un obstáculo, porque la tierra sola no es la solución. ¿Usted qué hace con un pedazo de tierra? Se para ahí y termina por hacer unas viviendas y ahí se queda, sin producir, sin servicios, sin nada, con más pobreza. Entonces, es avanzar un poquito en entender que la solución va más allá de tener la tierra.
CAMBIO: ¿Qué apoyo han recibido por parte del Gobierno en ese proceso?
M.L.: Además de los aportes económicos que dará el Estado como parte del programa Apuesta Rural Integral por el Desarrollo Rural del Norte del Cauca, el Gobierno Nacional ha permitido el espacio de diálogo en la mesa de esa zona. Pero necesitamos seguridad, necesitamos justicia y recursos.
CAMBIO: ¿Cómo garantizar la sostenibilidad de los proyectos a largo plazo?
M.L.: Indiscutiblemente, es cuestión de tener disponibilidad del dinero. La ventaja, por ejemplo, del Fondo Social de la agroindustria de la caña, es que tiene recursos permanentes garantizados. A todos en el sector azucarero nos descuentan por derecha. Esa es la garantía de que podemos continuar impactando los territorios. Si no es así, en dos años queda todo tirado y se pierde la inversión. Pero en todo lo que aportamos y hagamos es importante la presencia del Gobierno Nacional.
*Contenido elaborado con el apoyo de Corazón de Caña.
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