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Orlando Balanta Álvarez es uno de los fundadores de Choculas Betsabeth.
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Tradición con sabor a chocolate

Orlando Balanta, líder de Choculas Betsabeth, promete pasar de ser un productor de cacao artesanal a convertirse en industrial, de la mano del proyecto Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca, implementado por la agroindustria azucarera, el Gobierno y las comunidades.

Por: Olga Sanmartín

En el norte del Cauca, específicamente en el municipio de Padilla, corregimiento Cuernavaca, sector Carreteras, nació una historia de tradición y emprendimiento como una herencia cacaotera de la región. Orlando Balanta Álvarez es uno de los fundadores de Choculas Betsabeth, empresa familiar que ha logrado transformar una tradición centenaria en un emprendimiento artesanal que promete convertirse en una industria sostenible, con el apoyo de la iniciativa ‘Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca’, una alianza entre Asocaña, el Ministerio de Agricultura y las comunidades de la región. Su producto estrella es el chocolate de mesa, 100% cacao artesanal, que crece en la finca familiar, sin aditivos, con fermentaciones precisas y aromas y sabores especiales. Balanta forma parte de la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca, (Aconc), que reúne a las comunidades afro de la región.

CAMBIO: ¿Cómo nació Choculas Betsabeth?

Orlando Balanta: Nació en honor a mi madre, Betsabeth Álvarez, como una tradición familiar que data de los padres de ella, y quien a sus 101 años de edad sigue siendo el corazón del emprendimiento. Mi mamá nos motiva, es inquieta y quiere que todos salgamos adelante y ese impulso es contagioso no solamente para nosotros como hijos, nietos y bisnietos, sino para todos los vecinos y toda una comunidad. Desde siempre, en mi casa el chocolate se preparaba para consumo propio y para obsequiar a familiares y amigos. Imagínese, yo me fui a Bogotá para ingresar a la Universidad Nacional en 1976, pero todo el segundo semestre de ese año se perdió haciendo trámites. Empecé a estudiar en febrero de 1977 y lo terminé en marzo de 1978. Así era la situación crítica de la universidad en ese momento. Cada vez que la cerraban, nos hacían un grave daño a los estudiantes de provincia. Perdí mucho tiempo estudiando Ingeniería Eléctrica y trabajando en Bogotá, hasta que regresé. No fue sino hasta 2013 que vimos el potencial que tenía la finca para convertirla en un negocio. Y arrancamos con la ayuda de varias personas y organizaciones como el grupo Semillas. En 2015, con la presentación de nuestro producto en Agroexpo, Choculas Betsabeth sorprendió por su calidad artesanal. Eso nos animó a seguir adelante.

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La producción de Choculas Betsabeth no se limita a elaborar chocolates artesanales. Actualmente emplean 62 familias.

CAMBIO. ¿Ustedes procesan el cacao para convertirlo en chocolate artesanal?

OB: Nosotros siempre hemos sembrado el árbol y lo hemos cosechado. En 2015 comenzamos a trabajar para lograr todo el encadenamiento, y finalmente logramos procesarlo y transformarlo en chocolate, con la ayuda del Invima y Vallenpaz, entre otras entidades. Después, con el apoyo de ‘Compromiso Rural’, programa de la agroindustria de la caña, avanzamos bastante. Llegamos a los mercados de toda la región y participamos en diversas ferias para promover un producto que se está vendiendo muy bien. Gracias a ese crecimiento en ventas, apoyamos a otras familias que están en la comunidad circundante de nuestra finca.

CAMBIO. ¿Cuál es el objetivo de Choculas Betsabeth?

OB: Aspiramos a llegar bastante lejos. Ya muchos nos conocen en el sector. Al exterior se han llevado nuestro producto y, cuando la gente viene de vacaciones, visita nuestra finca para comprarlo. Pasar de una producción artesanal a una semi-industrial, y eventualmente industrial, es lo que queremos lograr con la ayuda de la ‘Apuesta por el Desarrollo Rural Integral del Norte del Cauca’. En esta apuesta participamos activamente como comunidad.

CAMBIO. ¿Cómo es esa relación con la comunidad?

OB: La producción de Choculas Betsabeth no se limita a elaborar chocolates artesanales. Nosotros empleamos unas 62 familias, después de empezar con 38. A ellas les compramos el grano de sus fincas, el cual se suma al que nosotros cosechamos. Y es en nuestra finca donde hacemos todo el proceso de transformación que también requiere mano de obra. Hemos trascendido en el sentido de que ya constituimos la Asociación de Productores de Finca Tradicional del Norte del Cauca que tiene 1140 familias asociadas en 7 municipios. Adelantamos actividades con los jóvenes y con el Sena para formarlos en el arte de la chocolatería. Actualmente se capacitan 22 personas, de las cuales 13 son estudiantes de décimo y onceavo grado del Colegio Holanda, para que en un año y medio se conviertan en técnicos en chocolatería. También, con el apoyo del Sena, ofrecemos formación a madres cabeza de hogar para que puedan emprender en este sector. Todas ellas son del corregimiento Yarumales, vereda Los Robles. Es una carrera técnica de 40 horas de pura chocolatería, para que estas madres puedan visualizar otro negocio y puedan salir adelante.

CAMBIO. ¿Los jóvenes se sienten atraídos por actividades agrícolas como esta, en un entorno donde crecen los negocios ilícitos?

OB: Pues algunos terminan el bachillerato y se van a trabajar a los cañaduzales o al cargue de arena. Otros dan tristeza. Si son mujeres, ya a los 20 tienen dos y tres hijos y, si son hombres, se dejan inducir hacia el mal y luego se desvían hacia el vicio. Se están perdiendo esos muchachos. Entonces, si los encauzamos por este otro camino, con el apoyo de entidades como el Sena y con apuestas como esta de la agroindustria de la caña y el Gobierno, si les damos otra visión, otra mirada, ellos tendrán futuro.

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Orlando Balanta Álvarez es uno de los fundadores de Choculas Betsabeth.

CAMBIO. ¿Cuánto cacao producen actualmente?

OB: Un promedio de 1.500 kilos mensuales, que se vende a la Compañía Nacional de Chocolates. Nuestro objetivo es transformarlo todo. Nuestra meta es avanzar con todos estos productos y exportar. En la transformación del grano está el valor agregado. Aparte del chocolate de mesa, elaboramos un dulce de este cacao. Y de esa mazorca tierna, que es una almendra deliciosa, fabricamos vino artesanal, con sabor a champaña, que es una delicia. Y vamos a arrancar con la chocolatería. Esperamos que la gente llegue a la finca y nos visite.

CAMBIO. Podría ser una finca de agroturismo, pero la inseguridad es un impedimento...

OB: Esperamos que llegue la paz y entonces todos en el territorio nos dedicaremos al turismo. En la finca se da cacao, plátano, café, naranja, en fin, una cantidad de cosas. Entonces, allí el turista puede utilizarlo todo. Y vamos a empezar a educarnos para atender al público. Y que el turismo, en el futuro, genere ingresos no sólo para el que cultiva chocolate o café, sino para la comunidad en general. En la región hay ríos que son naturales y la gente puede nadar. También hay una familia que tiene gallinas y entonces se le puede preparar al visitante un sancocho delicioso. No nos podemos quedar estancados ¿Qué hemos de hacer? Capacitarnos para el turismo, con el apoyo del Estado y de todas las asociaciones para poder salir adelante. Queremos que la gente visite nuestra finca, conozca nuestros procesos y disfrute de la riqueza natural que ofrecemos. Eso sí, la paz en el territorio es esencial para el turismo y la prosperidad de nuestra región.

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