
Las lecciones que le quedan a los países para evitar nuevos apagones energéticos
Mientras el mundo avanza hacia la generación de energía con fuentes más limpias, el reto es que los sistemas energéticos mantengan su confiabilidad y que el suministro de electricidad no falte en ningún momento. Pero en el último año varios países han tenido apagones y racionamientos de energía. Jorge Carrillo, presidente de ISA, empresa que está liderando las conversaciones en América Latina para prevenir nuevos apagones, compartió la experiencia de la compañía y los aprendizajes que le quedaron tras el apagón en Chile a principios de año.
La idea de un apagón aterra a cualquiera. Es estar a oscuras por horas, sin energía y sin comunicación. El fantasma de un racionamiento eléctrico que marcó, por ejemplo, a una generación entera de colombianos hace tres décadas ya no parece ser cosa del pasado. Varios países del mundo han vuelto a sentir los impactos de apagones masivos, con fallas en sus sistemas eléctricos que se extienden por horas y el temor de ‘quedarse a oscuras’ en cualquier momento está cada vez más presente.
Un racionamiento de energía es algo que los países no pueden permitirse en el siglo XXI. Hace un par de décadas eran menos los dispositivos, electrodomésticos y equipos que utilizaban energía, había menos habitantes en el mundo, tecnologías más sencillas y menos dependencia de la electricidad. Hoy la demanda de energía para los hogares, los comercios y la industria es mucho mayor. Vivir sin energía es una pesadilla: un imposible.
En febrero Chile se quedó a oscuras. Más de 19 millones de personas quedaron afectados por la falta de electricidad durante varias horas. El país, surcado por la cordillera de los Andes, se caracteriza por su particular geografía: es una nación larga, con su área metropolitana en el centro, mientras que la generación de energía solar y eólica se concentra en su mayoría en el norte del país, muy cerca de la frontera con Perú.
Desde esa zona solo hay una línea que conecta esa generación con el área metropolitana, y es de ISA, la empresa colombiana de transmisión de energía que también tiene también negocios en seis países de la región. En los últimos meses, ISA ha tomado la batuta en la discusión sobre cómo evitar nuevos apagones en la región y garantizar la confiabilidad de los sistemas energéticos hacia el futuro. El episodio de Chile dejó varias lecciones que hoy la compañía está transmitiendo a los gobiernos, los diferentes actores del sistema y los ciudadanos para evitar nuevos apagones en la región.
“Cuando ocurrió el evento, por esa línea se transportaba un tercio de la energía que se consume en Chile. La falla se debió a un mal funcionamiento de las protecciones, que son equivalentes a los fusibles en una casa. Como diríamos coloquialmente, se ‘saltó el taco’”, explicó Jorge Andrés Carrillo, presidente de ISA.
Aunque la empresa está construyendo desde hace un tiempo una línea de refuerzo para mitigar situaciones como esa, cuando sucedió el apagón en febrero, aún no estaba lista. “En ese momento—, recuerda Carrillo—, ISA logró recuperar su sistema en 40 minutos. El apagón duró ocho horas. Si no hubiera pasado esa falla, el sistema probablemente habría colapsado en los días siguientes, porque existía una debilidad estructural”.
Lo que sucedió en Chile fue una falla sistémica y el sistema energético chileno no pudo responder a la contingencia con la rapidez que se hubiese querido. “Este tipo de apagón debería durar apenas dos minutos, pero al no estar preparados, se prolongó más”, contó Carrillo, y añadió: “A raíz de lo sucedido en Chile, ISA está promoviendo una conversación regional sobre la importancia de la confiabilidad. Nos hemos convertido en una voz activa en ese tema, con el objetivo de evitar que esto se convierta en una tragedia en otros países, especialmente en Colombia”.
Una vulnerabilidad global
Dos meses después, en abril, Puerto Rico también se apagó y gran parte de los residentes de la isla caribeña quedaron sin electricidad. “Hubo un apagón masivo en Puerto Rico por una falla en la transmisión”, dijo la gobernadora de Puerto Rico Jenniffer González Colón, durante la crisis que afectó durante casi dos días al país y obligó a que hospitales funcionaran con generadores y se restringieran las actividades en comercios y empresas.
A los pocos días de ese episodio España y Portugal también vivieron un apagón. Durante horas los dos países quedaron paralizados: los comercios, restaurantes, colegios y centros de salud quedaron sin energía, mientras millones de personas seguían incomunicadas sin entender qué estaba pasando. Fue tal la magnitud que también se reportaron cortes de electricidad en el sur de Francia, Andorra e incluso partes de Alemania.
La empresa pública española responsable de las conexiones de energía, Red Eléctrica, admitió que se presentó una pérdida de generación lo que generó “una oscilación muy fuerte en los flujos de potencia” de las redes. La alta penetración de energía renovables como la solar o la eólica, que tienen momentos del día en los que baja su generación por algo tan sencillo como que no haya sol o viento, le pasó factura al sistema ibérico.
Según explicó Camilo Prieto Valderrama, investigador y profesor de energía y sostenibilidad de la Universidad Javeriana, el apagón masivo en España y Portugal se presentó por un problema de equilibrio en la red. Por eso Prieto subrayó la importancia de reforzar la resiliencia de nuestros sistemas eléctricos en un contexto de creciente electrificación y cambio climático.
“Una fuerte oscilación desestabilizó la conexión con el resto de Europa, aislando a España y Portugal eléctricamente. En sistemas de alta tensión, la estabilidad de la frecuencia es fundamental: cualquier desbalance brusco entre generación y consumo puede llevar a desconexiones automáticas para proteger infraestructuras críticas”, comentó el académico.

La transmisión: fundamental para la transición energética
Todos estos episodios de apagones y cortes de energía tienen causas similares. “Si uno analiza los factores comunes de los apagones con alcance nacional o con gran impacto regional, es la suma de la falta de preparación de los sistemas y de mucha dependencia de las energías renovables no convencionales. Por qué, si bien esa energía es limpia y más barata tiene un problema que se llama inercia, y es que es más difícil de gestionar”, explicó el presidente de ISA.
Hoy el mundo tiene una preocupación global y es cómo descarbonizar la matriz energética. Esto quiere decir, cómo producir más energía haciendo menos uso de combustibles derivados del petróleo o de fuentes fósiles como el carbón. En ese proceso, las fuentes renovables no convencionales, como los parques solares, la energía fotovoltaica, la eólica o la biomasa están ganando espacios.
Aunque esta es una transición necesaria y positiva, y las nuevas fuentes de energía tienen un rol fundamental para mitigar los impactos del cambio climático, hay varias inquietudes que los sistemas energéticos necesitan resolver. Uno de esos interrogantes es cómo garantizar una transmisión confiable.
“Puede haber todos los parques solares del mundo, pero si no hay por donde transportarlos la transición energética como la soñamos no va a pasar. No queremos ponernos del lado restrictivo, sino del lado habilitador. Cuenten con nosotros para que esto pase rápido y pase bien”, comentó Carrillo.
La experiencia de Chile le enseñó varias cosas a la empresa: “Hicimos una reflexión para ver qué nos faltaba, y encontramos elementos donde podemos mejorar —dijo Carrillo — Ya lo estamos haciendo, pero además comenzamos a decirle a todos los gobiernos y todos los agentes qué les falta a los sistemas para que sean confiable”.
ISA ha contribuido técnicamente a dar los insumos para el sector y está promoviendo conversaciones alrededor del tema. Según Carrillo, lo fundamental es que los sistemas se preparen de manera integral.
“¿Qué no queremos? que haya más apagones, ni de un minuto ni de ocho horas. ¿Tenemos la fórmula? La respuesta es sí, la tenemos. Lo importante es que esto quede en las agendas regulatorias y normativas y sobre todo de política pública”, dijo Carrillo.
Los temores para Colombia
Los colombianos tienen viva en su memoria lo que fue ‘El apagón’, once meses entre marzo de 1992 y febrero de 1993 en los que al caer la noche el país quedaba a oscuras. El apagón, que realmente fueron racionamientos eléctricos programados para que el sistema siguiera atendiendo a los colombianos, también dejó varias lecciones al sistema colombiano: se impulsaron las grandes leyes que siguen vigentes y le dieron institucionalidad al sector, se avanzó en cobertura eléctrica y en una mayor diversificación de las fuentes de generación, así como en la construcción de mayores redes de transmisión.
Sin embargo, el fantasma del apagón sigue presente. El año pasado Colombia sintió la tensión de un posible racionamiento de energía por el bajo nivel de los embalses, mientras su vecino, Ecuador, veía cortes de luz de varias horas al día. Sumado a los apagones en otros países, de nuevo están sobre la mesa los retos que tiene el país para enfrentar nuevas temporadas secas, la capacidad de nuevas fuentes de energía de complementar el sistema y el aumento creciente de la demanda de energía, con una oferta cada vez más estrecha.
“En Colombia no estamos en riesgo de un apagón nacional porque el sistema está bien configurado: 70 por ciento de nuestra energía es hidráulica, 26 por ciento es térmica, y en adelante habrá más solar y eólica. Sin embargo, hay vulnerabilidades y si no resolvemos los cuellos de botella en infraestructura urbana, como en la costa, podemos tener colapsos locales”, aseguró el presidente de ISA.
Según Carrillo, el sistema colombiano se caracteriza por tener buenos actores en toda la cadena, lo cual ha evitado problemas mayores. Aun así, hay regiones, como la Costa Caribe, que necesitan más infraestructura de transmisión y subestaciones. De no desarrollarse, otras zonas podrían terminar afectadas.

Las consecuencias de un apagón en Colombia serían mayores. El centro de estudios económicos Fedesarrollo realizó un estudio en el que indica que un racionamiento similar al que vivió el país hace tres décadas podría contraer la economía nacional en 1,5 puntos porcentuales, se perderían 230.000 empleos y podría llevar a 203.000 personas a la pobreza.
Otro estudio similar, publicado este año por el Banco de Bogotá, estima que el costo de una hora de racionamiento de energía en el país podría estar entre los 175.000 millones y los 204.000 millones de pesos, y los sectores más afectados serían la manufactura, la minería y el comercio, algunas de las principales actividades económicas y de generación de empleo del país.
“Mientras once países de la región se han apagado en los últimos dos años, Colombia no se ha apagado en más de 30 años”, resalta Natalia Gutiérrez, presidenta de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen). La dirigente gremial comentó que tener luz es un fenómeno tan cotidiano que nadie se pregunta cómo sucede y el país ha evitado los apagones gracias a la complementariedad entre las distintas fuentes de generación de energía con las que cuenta.
Pero la clave no está solo en cómo se genera la energía, sino en cómo se lleva o se transmite desde esas fuentes de generación a lo largo del sistema y, finalmente, cómo se distribuye a los usuarios.
Por eso las redes de transmisión son importantes, en especial en una coyuntura en la que los sistemas energéticos están transitando hacia otras fuentes de energía, como la solar y la eólica, que traen sus propios retos para garantizar que el sistema no se apague.
“Se pueden tener todos los parques solares que se quieran, pero si no hay cómo transportar esa energía, no sirve de nada. Nosotros habilitamos esa transición”, explicó el presidente de ISA. La empresa tiene desplegados 12.000 kilómetros de líneas de alta tensión en el país, pero el reto con las nuevas tecnologías, explica Carrillo, no es hacer más líneas para transmitir energía, sino aumentar la capacidad de esa infraestructura existente, así como almacenar energía.
Con todo esto, el temor por los apagones no es menor y es un riesgo latente, pero también son situaciones que se pueden prevenir o trabajar para estar preparados. La experiencia de varios países y lo que ocurre con otros sistemas energéticos ha dejado varios aprendizajes. Y si bien hay países como Colombia que llevan más de treinta años sin apagarse, los riesgos y el fantasma de un apagón están presentes.
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