
Norte de Santander siembra futuro: la ofensiva que busca garantizar el derecho a la alimentación
La Secretaría de Agricultura del departamento lanza una agenda que va más allá del aumento de cosechas: fortalecer las capacidades productivas, garantizar ingresos dignos y consolidar una gobernanza alimentaria que proteja el derecho a la alimentación, estrategia que llegó a 27 de los 40 municipios de Norte de Santander.
En Norte de Santander, donde miles de familias rurales dependen día a día de lo que logran producir, la seguridad alimentaria dejó de ser un concepto técnico para convertirse en una urgencia territorial. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural tiene lista una agenda que busca algo más profundo que aumentar cosechas: asegurar el derecho humano a la alimentación adecuada, entendido como la posibilidad real de acceder a alimentos suficientes, seguros, nutritivos y culturalmente pertinentes.

La hoja de ruta está enmarcada en la Observación General No. 12 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, un estándar que obliga a garantizar disponibilidad, acceso, estabilidad y adecuación de los alimentos. Y es justamente ahí donde se concentra la apuesta departamental.
Producción fortalecida: el primer eslabón de la seguridad alimentaria
Con una inversión cercana a $15.000 millones, la Secretaría ejecutará proyectos en 27 municipios, beneficiando directamente a 706 familias productoras. El foco: fortalecer líneas agrícolas, pecuarias y piscícolas que garanticen alimentos básicos y diversifiquen la dieta local.
- Agrícola (14 municipios, 476 productores): impulso a cultivos autosostenibles que mejoran la disponibilidad de alimentos.
- Pecuario (13 municipios, 180 productores): ganadería de doble propósito para asegurar proteínas como leche y carne.
- Piscicultura (5 municipios, 50 productores): producción local de pescado para autoconsumo y mercado.
La estrategia incorpora infraestructura clave como sistemas de riego y tanques tipo australiano, fundamentales en un territorio expuesto a variaciones climáticas y fenómenos como El Niño. La meta: que las cosechas no dependan del azar del clima.
Producción con sentido económico: ingresos dignos para garantizar acceso
En Norte de Santander no basta producir más; es necesario que los productores puedan vivir de lo que producen. Por eso, los proyectos incluyen mecanismos que fortalecen la sostenibilidad económica de las familias rurales.
Alianzas productivas
Dirigidas a pequeños productores, estas alianzas facilitan inversión productiva y capitalización rural, abriendo la posibilidad de mejorar rendimientos y calidad, y con ello, el ingreso familiar. Cuando aumenta el ingreso, aumenta la capacidad de comprar alimentos diversos y de calidad.
Circuitos cortos de comercialización (Mercados campesinos)
Aquí la transformación es doble:
- El productor recibe más por lo que vende.
- El consumidor paga menos.
Reducir la intermediación no solo mejora los márgenes económicos, sino que crea relaciones de confianza y promueve un consumo más consciente y local, un componente esencial de la suficiencia alimentaria.

Gobernanza alimentaria: la articulación que sostiene al territorio
La seguridad alimentaria no depende solo de sembrar y vender; requiere instituciones que hablen entre sí y productores informados, acompañados y protegidos.
La Secretaría de Agricultura está impulsando una red de articulaciones que refuerza cada eslabón del sistema:
ICA – Gobernación: asistencia técnica y certificación para garantizar inocuidad y sanidad en los alimentos producidos.
FINAGRO y Banco Agrario: acceso al crédito y al Incentivo a la Capitalización Rural (ICR).
FNG/FAG: garantías para pequeños productores sin necesidad de hipotecar predios.
Mesa de Compras Públicas (Ley 2046): asegura un mercado estable para la Agricultura Campesina, Familiar y Comunitaria, destinando el 30% de las compras estatales a estos productores.
Mesa Agroclimática: boletines y alertas para que los agricultores tomen decisiones informadas frente a la variabilidad climática.
Además, la reactivación de instancias como los Consejos Municipales de Desarrollo Rural (CMDR) y el CONSEA permite que campesinos, asociaciones y autoridades discutan, decidan y prioricen. La participación, en este modelo, no es un trámite: es un derecho.
Un año decisivo para el campo nortesantandereano
El 2025 se proyectó como un punto de inflexión para el departamento. La suma de inversión, infraestructura, crédito, mercados, acompañamiento técnico y participación ciudadana conforma una estrategia integral que no solo fortalece la producción, sino que protege el derecho a la alimentación desde sus múltiples dimensiones.
En un país donde el hambre sigue golpeando zonas rurales, Norte de Santander envía un mensaje claro: la seguridad alimentaria no se improvisa, se construye desde el territorio, con sus productores, sus instituciones y sus comunidades.
*Contenido elaborado con apoyo de la Gobernación de Norte de Santander.
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