
Hogares Saludables: una iniciativa que transforma vidas
Más de 10.000 mejoramientos realizados y 25.000 personas beneficiadas son la muestra del impacto real de esta iniciativa. Hogares Saludables, el programa de Cementos Argos, convierte la mejora del hogar en un camino tangible para fortalecer la salud, la convivencia y el bienestar comunitario.
En los barrios más vulnerables de Colombia, donde aún se camina sobre tierra y los baños son estructuras improvisadas, un proyecto silencioso está transformando vidas desde lo más esencial: el piso. “Nos enfocamos en reemplazar los pisos de tierra por superficies de concreto, mejorar las unidades sanitarias y adecuar las zonas de preparación de alimentos”, explica Rodrigo Quintero, director del programa Hogares Saludables, una iniciativa de Cementos Argos que, desde 2021, ha impactado positivamente a más de 25.000 personas y ha representado una inversión superior a los 35.000 millones de pesos.
Sin embargo, Hogares Saludables va mucho más allá de la infraestructura. Es, sobre todo, una estrategia de desarrollo humano. “La intención es desarrollar un modelo sostenible y escalable que dignifique las condiciones de vida de muchas personas en Colombia, pero también en todas las geografías donde opera nuestra compañía”, añade Quintero.
El impacto es tangible no solo en la calidad de vida, sino también en la construcción de paz. Crear entornos más dignos reduce factores de riesgo y vulnerabilidad social, y promueve comunidades más estables. “Al final, lo que estamos logrando es un cambio estructural en las personas, las familias y las comunidades, lo que contribuye a un desarrollo social real y sostenible”, agrega.
Entre 2021 y 2024, el programa ha llegado a comunidades de Medellín y su área metropolitana; Yumbo, en el Valle del Cauca; el Urabá antioqueño; Barranquilla, en el Atlántico; Cartagena en Bolívar entre otras regiones y ciudades del país.
Impacto en salud: evidencia científica y transformaciones reales
Para garantizar la rigurosidad del modelo y validar sus efectos, el programa fue sometido a una evaluación de impacto formal realizada por la Facultad de Economía de la Universidad de Eafit en alianza con el MIT. El estudio abarcó una muestra de 1.200 hogares de Cali, Medellín y Barranquilla.
Los hallazgos son contundentes:
- Al menos el 5 % de los hogares intervenidos por Hogares Saludables han decidido aumentar el tamaño de sus viviendas.
- 20 % menos episodios de fiebre en niños menores de seis años.
- 7.5 % de mejora en la salud mental de los participantes.
- 16 % manifestó sentirse con más energía y optimismo.
- 10 % de los hogares reportaron mayor participación familiar en las tareas domésticas.
- El 80 % de los jefes de hogar de las viviendas intervenidas participan completamente en el curso de construcción y habilidades para la vida.
- Un 31 % de los hogares tratados decidieron realizar reformas adicionales a sus hogares tras la intervención por Hogares Saludables.
- El 41 % de los hogares intervenidos se siente más cómodo invitando personas a su vivienda gracias a los cambios en la infraestructura de su hogar.
- Mejora general en la percepción de convivencia, fortalecimiento de las redes vecinales y hasta un 40 % de aumento en la percepción positiva hacia las empresas privadas, especialmente en ciudades como Cali.
Estos resultados demuestran que intervenir una vivienda no solo mejora una estructura física, sino que cambia hábitos, relaciones, estados de ánimo y, en última instancia, la calidad de vida de toda una comunidad.
Más que pisos: salud, dignidad y oportunidades
El programa no solo cumple una función estética y funcional, al hacer los espacios más agradables y aumentar significativamente la comodidad de las familias que habitan las viviendas, sino que también contribuye al mejoramiento de la salud, al prevenir la transmisión de enfermedades y potenciar el desarrollo cognitivo de los niños.
Además, incluye formación en construcción básica para al menos un integrante de cada hogar, lo que genera oportunidades laborales reales en sus propias comunidades. Este componente ha sido reconocido como una innovación social, al promover la empleabilidad, la participación femenina y la cohesión comunitaria.
Hogares Saludables parte de uno de los desafíos más urgentes –y a menudo invisibilizados– del desarrollo social: el déficit cualitativo de vivienda, que se refleja en hogares construidos con materiales precarios o sin condiciones básicas de salubridad.
El programa enfrenta este problema de manera directa y concreta, priorizando tres elementos clave que impactan la salud y dignidad de las familias: el reemplazo de pisos de tierra por pisos de concreto, la mejora de los baños y la adecuación de cocinas.
Un modelo replicable desde Colombia hacia el Caribe y más allá
Desde hace tres años, Hogares Saludables también opera en República Dominicana, gracias a una alianza con Hábitat para la Humanidad Internacional, ONG con sede en Atlanta. La metodología ha sido reconocida por su eficacia y su potencial de réplica en contextos similares. Con presencia en 16 países, Cementos Argos explora ya su expansión a nuevas geografías.
Más allá de los números, lo que Hogares Saludables está construyendo es una nueva forma de hacer desarrollo: desde la base, con los pies en la tierra –literalmente– pero con una visión transformadora. “Este programa no solo mejora las viviendas, sino que invita a las personas a construir un mejor futuro. Cada intervención es una oportunidad para transformar la vida de las personas”, concluyó Quintero. Y en ese proceso, ladrillo a ladrillo, piso a piso, se va construyendo una Colombia más digna, más sana, más unida.
Un cambio de vida
CAMBIO visitó la comuna 7 de Medellín, una de las zonas con mayores desafíos sociales de la ciudad, para conocer de cerca cómo el programa Hogares Saludables está transformando vidas desde adentro. Allí, entre calles empinadas y casas levantadas con esfuerzo, conocimos el hogar de algunas de las familias beneficiadas. Historias marcadas por la carencia, pero también por la esperanza que renace cuando el piso deja de ser de tierra, cuando el baño ya no es improvisado y cuando la cocina se convierte en un espacio digno. Son cambios sencillos en apariencia, pero profundos en impacto que, sobre todo, devuelven la sensación de hogar.
Álvaro: dignidad y alivio en medio de la enfermedad
A sus 56 años, Álvaro de Jesús Villa enfrenta una dura batalla. Vive solo en el barrio Aures II, en la comuna 7 de Medellín, y hace años debió dejar su oficio como estilista y barbero por un daño renal severo que hoy lo obliga a someterse a diálisis regularmente. “Soy estilista, hago cortes, pero por mi salud ya no puedo volver a ejercer”, explicó con voz serena.

Su único ingreso estable es un apoyo mensual de 100.000 pesos que recibe de la clínica para los pasajes hacia las sesiones médicas. El resto lo cubren sus hermanos, que lo ayudan con alimentación y servicios.
Antes de la intervención de Hogares Saludables, su vivienda estaba deteriorada y representaba un riesgo constante para su salud. “El piso tenía huecos, todo era de tierra, el baño sin cerámica ni lavamanos. El polvo estaba por todas partes y eso me afectaba mucho. No podía respirar bien y estaba en riesgo de infecciones”, contó.

Para alguien en su condición, cualquier infección puede ser fatal. “Con mi enfermedad, tengo que tener mucho cuidado con lo que entra a mi cuerpo. El polvo, la tierra... todo eso era un peligro”, explicó.
Gracias al programa, su piso fue renovado y el polvo, eliminado. Ahora respira con más tranquilidad. “Ya no tengo que barrer tierra todo el día ni siento que el polvo me entre a los pulmones. Estoy más tranquilo, más seguro”, dijo con alivio.
Aunque su condición de salud sigue, hoy se siente más protegido en su propio hogar. “El cambio ha sido muy positivo. Me siento mucho mejor”, concluyó con una mirada agradecida.

Luz Aleida: una historia de dignidad construida con las manos
A sus 52 años, Luz Aleida Osorio Granada ha aprendido a levantar su vida –y su hogar– con esfuerzo, coraje y mucha fe. Vive en el barrio Aures II, en la comuna 7 de Medellín, y desde hace años trabaja como auxiliar de parrilla en el sector informal, mientras su esposo, oficial de construcción, la acompaña en la lucha diaria.

Su historia está marcada por el desarraigo. Llegó al barrio después de ser desalojada por su padre al quedar embarazada. Con su esposo compraron un lote y, ladrillo a ladrillo, construyeron su vivienda. Hoy habita los dos pisos superiores del hogar que levantaron juntos; el primero lo ocupa una de sus hijas. Aunque se siente orgullosa de lo que han logrado, las limitaciones económicas no le habían permitido mejorar la cocina ni el piso del tercer nivel.

“Estoy muy feliz con mi cocina”, dijo con una sonrisa amplia. “Antes era muy pequeña, todo estaba amontonado. Ahora tengo espacio, puedo organizarme mejor, preparar ensaladas tranquilamente, todo se ve más bonito”. La transformación fue total. La antigua cocina, hecha con madera, tubos y un fogón improvisado, fue reemplazada por un espacio amplio, limpio y digno. “Me quedó hermosa. Las baldosas se limpian fácil, ya no me demoro tanto, todo está ordenado. Me da más tranquilidad y bienestar”.
Se enteró del programa gracias a una vecina, y su hija fue quien gestionó el contacto con el equipo. Pronto, la intervención fue una realidad. “Todo fue rápido y bien hecho. Los materiales llegaron a tiempo, los trabajadores fueron excelentes”, recordó.

Hoy, cuando habla de lo que significó esta mejora para ella, no duda: “¡Excelente! Calificó todo con un 10. Esta cocina es más que un espacio bonito, es salud, es higiene, es calidad de vida”.
Donelia: 45 años bajo el mismo techo… y una nueva esperanza
Donelia vive en el barrio Aures II de Medellín. Desde 1980, ella y su familia han habitado la misma casa, que con el paso del tiempo se fue deteriorando hasta el punto de volverse incómoda e incluso desmotivante. “La cocina era tan vieja que uno ya ni quería organizar nada”, recordó Donelia.

Con la llegada del programa Hogares Saludables, todo cambió. La intervención, que incluyó mejoras en la cocina, les dio no solo un espacio digno, sino también el impulso emocional para seguir renovando su hogar. “Uno se anima. Con ese empujón, empezamos a meterle más ganas”, contó.
Ahora la cocina es funcional, más segura para ella, y fácil de limpiar. “Antes me tocaba usar cepillo y jabón duro para dejar todo presentable. Ahora, con solo un trapo queda limpio”, dijo entre risas. Además, la mejora ha impactado su salud, comodidad y estado de ánimo. “Cuando el lugar donde vives mejora también mejora tu mente”.

Las visitas no dejan de sorprenderse: “¡Qué le hicieron a esta casa!”, le dicen. Y ella sonríe con orgullo. Pero más allá de lo estético, Donelia valora la transformación en su día a día: “Ahora sí provoca cuidar la casa”.
Con entusiasmo, también habla de su emprendimiento familiar de papas fritas, que ha crecido con las nuevas condiciones: “Ahora empacamos unas 600 al día. Todo es más rápido y eficiente”. Sueña con generar empleo y seguir aportando desde su hogar al bienestar de otros.

“Estos programas cambian la vida –dijo–. No solo mejoran las casas. Le devuelven a uno la energía para seguir adelante”.
La cocina de Eufrasia, una bendición que llegó a tiempo
Eufrasia Ofelia Herrera Restrepo tiene 81 años y vive en el barrio Fuente Clara, en Medellín. Desde hace casi tres décadas está pensionada, y tras la muerte de su hermana, vive sola con el apoyo incondicional de su hija. Su hogar, modesto y lleno de recuerdos, fue uno de los beneficiados por el programa Hogares Saludables.

La cocina, que por años fue funcional pero antigua, fue intervenida. “Nos dijeron que nos iban a arreglar la cocina, y me llevé una sorpresa. A mí me encanta una cocina bonita. Aunque sea pobre, me gusta todo lo que se hace”, contó con una sonrisa. Con el acompañamiento de los trabajadores y un poco de iniciativa propia, logró que el espacio quedara como ella soñaba: cómodo, limpio y digno.
Durante el proceso, Eufrasia sintió una conexión especial con quienes trabajaron en su hogar. Recordó con cariño a Éxodo: “Es un amor. Yo soy cristiana, y él también, entonces hubo mucha compatibilidad. A los visitantes hay que atenderlos bien”, dijo, recordando cómo les ofrecía jugo y hasta les cocinó cuando un día llegaron sin haber desayunado.
Aunque habían pasado años desde que hizo la solicitud, para ella todo llegó en el momento perfecto. “No sé si fue la petición de hace seis años o la de ahora, pero Dios me bendijo”.

Maneja su vida con disciplina y fe. “Yo tengo un cuaderno donde anoto todo. Sé vivir con lo que tengo. Aunque a veces no alcance para todo, yo estoy muy contenta”.
A Cementos Argos les expresó su gratitud: “Muy bueno que se hayan involucrado con este tipo de programas. Para muchas personas como yo, esto es una bendición”.
Cuando se le pregunta si cree que el programa debe continuar, no duda: “Si a mí me ayudaron, ¿cómo voy a ser egoísta y no querer que ayuden a otros? El mal que no quiero para mí, no se lo deseo a nadie”.

Para Eufrasia, cada mejora es mucho más que concreto: es dignidad, bienestar y esperanza.
María Esmerlinda: dignidad que florece a los 81 años
María Esmerlinda Gómez Castaño ha vivido gran parte de su vida en Fuente Clara, comuna 7 de Medellín. Con 81 años, depende del apoyo de su familia y enfrenta la vejez con entereza, en la misma casa que ha habitado por más de cuatro décadas.

Su cocina y su baño, antes improvisados y deteriorados, eran reflejo del abandono estructural que tantas familias enfrentan en silencio. “La cocina era de cemento, toda desportillada, con un pollo muy feíto… Pero así cocinaba”, recordó con humildad.
Cuando le dijeron que su casa entraría en el programa Hogares Saludables, no lo podía creer. “Ya había perdido la esperanza. Me dijeron que no, porque era prefabricada. Pero cuando vinieron y me confirmaron que sí… fue una alegría inmensa”.

Esa alegría vino con una tristeza profunda: perdió a su hermana justo en medio de la transformación. “Las alegrías no siempre son completas… pero aun con la pena, disfruto mucho mi cocina. Y doy gracias a Dios cada día”.
Hoy su baño es digno, su cocina hermosa, y su corazón agradecido. “Nunca había tenido algo tan bonito. Me siento feliz, es una gran satisfacción. Esto ha mejorado mucho mi calidad de vida”.

María Esmerlinda cierra su historia con una frase sencilla, pero poderosa: “Esto no es solo una remodelación. Es una nueva forma de vivir. Mi Dios les pague”.
*Contenido elaborado con apoyo de Cementos Argos.
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