
'Las cuchas tienen razón' llegó hasta Berlín, y la intolerancia también
En la tarde del domingo pasado, en el Mauerpark de Berlín, se pintó el mural de mayor tamaño hasta la fecha –50 metros– con la consigna de ‘Las cuchas tienen razón’. La iniciativa fue llevada a cabo por un colectivo de artistas en el que participaron migrantes colombianos, así como ciudadanos alemanes y personas de otras nacionalidades que decidieron apoyar la causa y darle visibilidad internacional a la búsqueda que, por más de 20 años, han hecho las madres de las personas desaparecidas en La Escombrera a causa de la Operación Orión.
La pintada del mural, según el comunicado que sacó a la opinión pública el colectivo encargado de la acción de memoria y no repetición, se gestó a partir de donaciones, se hizo de forma independiente y ninguno de sus participantes tuvo a cambio remuneración alguna.
Fue, pues, otra acción de memoria que se suma a las que han tenido lugar, en el extranjero, en Santiago de Chile, Nueva York, Londres, Valencia, Barcelona. El matiz, que no es menor, es que el Mauerpark de Berlín queda sobre los restos del antiguo muro de Berlín, en la llamada Franja de la muerte. Es un santuario y un foco de resistencia sobre la memoria y la no repetición. Que Las cuchas tienen razón se haya pintado en los 50 metros de muro que la ciudad permite para expresiones artísticas y de memoria, es de gran valor simbólico y material.
La intolerancia y la intimidación llegó hasta Berlín
Si bien el mural en el Mauerpark estaba destinado a tener repercusión mediática tanto a nivel local como internacional, nadie se esperaba la amplificación que tuvo luego de que el senador Ariel Ávila trinara en sus redes sociales sobre el acontecimiento. En un acto desafortunado –y seguramente sin mala intención– el reconocido periodista y político incluyó en su trino el nombre de uno de los artistas que hizo parte del mural, así como el del periodista que le confirmó la realización del mismo: José Ospina Valencia.
Desde Berlín, Alemania #LasCuchasTienenRazon ❤️🇨🇴💪🇩🇪 pic.twitter.com/salNgMwHot
— Gio EstratoMedio (@GiovannyEnciso) February 2, 2025
Para ambos, hacerse visibles gracias al algoritmo y el alcance de Ávila tuvo la repercusión nefasta que en Colombia han sufrido quienes han participado de los actos de memoria sobre La Escombrera. Insultos, amenazas, difamación e intimidación.
José Ospina Valencia, periodista y politólogo, radicado desde hace 39 años en Alemania, con estudios en la Universidad Friedrich Wilhelm de Bonn y por casi 30 años periodista de la Deutsche Welle (DW), el gran medio público alemán para el exterior, le dijo a CAMBIO que en su larga trayectoria ha tenido que torear las amenazas de hombres poderosos e inescrupulosos afectados por sus denuncias –como un fiscal venezolano afiliado al Clan de Los Soles y un testaferro alemán del ELN–, pero que nunca había sufrido una zozobra como la de los últimos días. “Llevo dos días sin dormir”, afirmó.
Las cuchas tienen razón llegó hasta Berlín, y la intolerancia tambiénhttps://t.co/hQyYj9CGsV pic.twitter.com/KGQyaHNDAJ
— Cambio (@estoescambio) February 5, 2025
Y es que, a raíz de la publicación de Ávila, dos personas que se autoproclaman ‘antipetro’ han dedicado su tiempo y energía a intimidarlo. Además de atacarlo con vehemencia en las redes sociales y de tildarlo de terrorista y de paria, “siguiendo el canon del discurso de odio que ahora mismo impera en el mundo contra los migrantes”, le enviaron imágenes con una supuesta demanda ante la policía de inmigración alemana en la que se pide su deportación.
Al periodista, que antes de consolidar su carrera en Alemania trabajó como corresponsal, entre otros medios, para El País de Cali, y fue colaborador para Hora 20 de Caracol, le tocó ir a la policía de la ciudad en la que vive (y que pidió no revelar) para alertar a las autoridades sobre el caso y corroborar si, en efecto, hay una demanda en su contra. Aunque todavía no se lo han confirmado, los primeros hallazgos parecen dar cuenta de un montaje. Pero los días han sido largos y oscuros, pues las amenazas que ha recibido “en caso de regresar a Colombia” tristemente prueban, en palabras del periodista, que hacerse viral en razón de un acto de memoria puede ser condena de muerte.

Ospina afirma con desconcierto que no solo no hace parte del colectivo que hizo el mural, sino que no tenía intención de hacer un cubrimiento propio. Su contacto con Ariel Ávila para visibilizar el acto se explica, según nos dijo, en que tuvo la plena certeza de que era una acción legal bajo la Constitución alemana, se hizo de forma pacífica y respondió a un mensaje urgente: el de la memoria y el rechazo al negacionismo y la repetición.
La policía alemana, por el momento, no tiene los mecanismos para prestarle protección.
Lo cierto es que hacer memoria en el caso de La Escombrera sigue siendo un acto tan urgente como riesgoso. En Suba, en Cali, en Berlín.
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