
El alma literaria de Juan Antonio Roda
La exposición ‘Roda: de la A a la Z’ que se exhibe en la Sala Colpatria de la Universidad de los Andes reúne las siete series de grabado figurativo que elaboró el maestro Juan Antonio Roda entre 1971 y 1983, otras pinturas (entre ellas la primera y la última), y el libro del artista ‘Del ojo a la lengua’, una colección de grabados a las que Darío Jaramillo les escribió 26 poemas.
Por: Eduardo Arias
Es muy revelador ver reunidas en las paredes de una misma sala, y completas, las siete series de grabados figurativos que realizó Juan Antonio Roda. Y más si las acompañan, en una mesa de centro, un ejemplar desplegado de Del ojo a la lengua, libro de artista en el que Roda le pidió al poeta Darío Jaramillo que ilustrara unos grabados.
La exposición, llamada Roda de la A a la Z, reconoce la influencia de la literatura en su vida y también su obra. Su curadora es Marta Rodríguez. “Curar esta colección fue una experiencia maravillosa porque fui alumna de Roda y, por el amor que le tengo, es entrañable lo que implicó como maestro para mí. Ya había hecho otras curadurías de Roda y volver sobre sus grabados después de tanto tiempo fue muy emocionante. Yo no conocía Del ojo a la lengua: fue para mí todo un descubrimiento y me pareció muy bello y retador trabajar ese aspecto de un Roda literario”, dice ella. No es descabellado considerar a Roda como “un artista literario”. Además, estuvo casado con María Fornaguera, su compañera de la vida, una destacada escritora de literatura infantil y juvenil.

En esta exposición se reúnen las siete series gráficas en blanco y negro que Roda trabajó entre 1971 y 1983, así como otras obras a color, litografías, serigrafías y grabados, que no hacen parte de una serie particular y son casi inéditas.
Marcos Roda, hijo mayor del artista, participó en una visita guiada de la exposición junto con Marta Rodríguez, la curadora. Él recuerda cómo nació esa amistad entre su padre y el poeta. “Yo pienso que la relación entre Darío Jaramillo poeta y Roda grabador y ese encuentro en esos proyectos precisos nació de una afinidad de lectores. Ellos se conectaron muy bien en ese sentido de que la pintura es tan literatura como la literatura. Se hicieron muy buenos amigos, pero yo creo que amigos de lectura, amigos de ese ámbito”, dice. Marcos también es pintor, grabador y fotógrafo, y además ha escrito literatura. En su opinión, la pintura, el grabado y la escritura “son maneras distintas de decir cosas distintas, pero que se parecen en el fondo en que uno tiene un deseo de expresar y de decir cosas profundas de uno, de la vida, de lo que sea”.

Es por eso que Marta Rodríguez, como lo escribe en el catálogo, concibió la exposición como un libro ilustrado. Roda y Jaramillo se hicieron amigos en la década de los años setenta, y se unieron en dos publicaciones que son el origen de este homenaje. En 1988, Roda ilustró Poemas de amor de Darío Jaramillo y cinco años después Roda le pidió a Jaramillo que ilustrara con poemas una serie de sus grabados. Así surgió en 1993 Del ojo a la lengua, conformado por diez grabados de Roda y 26 poemas de Darío Jaramillo. “La cosa empezó con un interés concreto en Del ojo a la lengua, la serie de grabados de Roda en la que participé con textos. Por fortuna, y gracias a Ana y a Marcos Roda, que prestaron las obras, la exposición se amplió y adquirió un carácter histórico porque ahora se trata de mostrar todos los grabados del mejor grabador que ha habido en Colombia”, señala Jaramillo.
De escritor a pintor
Desde niño, Roda fue un lector voraz. Hasta los 30 años, su aspiración fue ser escritor (alcanzó a escribir en catalán la novela Ni la paz ni el reposo) y su encuentro con la pintura fue posterior. En una entrevista comentó: “Para mí siempre lo más importante fue la literatura: me costó mucho trabajo dejarla de un lado y dedicarme a la pintura”. Al llegar a Colombia en 1955, lo recibieron nada menos que los integrantes del Grupo de Barranquilla que se reunía en La Cueva, y Marta Traba lo calificó como uno de los grandes pintores junto con Alejandro Obregón.
La figuración en la obra de Roda podría considerarse como su aproximación más cercana a la literatura, ya que la abstracción suele ser relacionada más que todo con la música. Por esa razón, los grabados que realizó entre 1971 y 1983 son el material ideal para explorar la faceta literaria de Roda. Los mismos títulos de las series podrían serlo de alguna novela o colección de cuentos: Retrato de un desconocido, Risa, El delirio de las monjas muertas, Amarraperros, Los castigos, Tauromaquia y Flora.

Como recuerda Marta Rodríguez, “Roda empezó a grabar en los talleres de gráfica de la Universidad de los Andes, donde Umberto Giangrandi enseñaba a sus alumnas. En ese mundo figurativo se despliegan personajes e imágenes que son parte del mundo exterior y donde resulta más fácil hablar de un ‘artista literario’, de la existencia de una cierta narración”.
Así ocurre en Retrato de un desconocido, que en realidad combina las caras de seres anónimos con retratos de su padre, alguno de sus hijos y un par de autorretratos. En la serie Risa describe la risa de sus hijas e hijos niños y adolescentes “a través de imágenes a la vez alegres e inquietantes”. Los delirios de las monjas muertas es un relato gráfico de los trances eróticos de unas monjas muy bellas en el momento de morir. ¿Amor místico? ¿Amor carnal?
La serie Amarraperros se centra en los lazos que sujetan a unos perros, mientras que en Los castigos cuenta el mito de Sisifo. Tauromaquia es un comentario a veces desgarrado, a veces satírico, de esa España que tanto detestaba, la de la fiesta brava.
Flora, su última serie en blanco y negro, comenzó como un homenaje a la Expedición Botánica, muy celebrada en Colombia en 1983, y que, le dijo Roda en 1987 al diario El Tiempo, “se me volvió una indagación minuciosa de la flor, que al fin y al cabo es el aparato reproductor de la planta. El sexo de la planta, si es que a una flor le cabe la palabra sexual”. Esta serie marcó el regreso de Roda a la abstracción.
Vale la pena resaltar lo que escribe Marta Rodríguez: “Tres de las pinturas que complementan la exposición pertenecen a Darío Jaramillo y se acompañan con un ensayo del poeta en el que reflexiona sobre la convivencia con una pintura de la serie La lógica del trópico. Otra hace parte de la serie El color de la luz, y se trata de un grupo de óleos de menor formato en el que Roda trazó manchas negras buscando un cierto dramatismo, y de ahí su nombre: Pinturas negras. A juicio del poeta, estas son las mejores pinturas de Roda, en ellas llaman poderosamente su atención sus ribetes religiosos”. Y cita ella a Jaramillo: “A la manera de una capilla de culto al silencio (…) el silencio al que aspira la poesía por la vía de las palabras y más allá de las palabras”.

La exposición la cierran varias de las pinturas de la serie Santuarios, algunas de ellas inconclusas porque murió antes de poder terminarlas. “Llevan como nombre el título de una novela de William Faulkner, también autor de Mientras agonizo, libro que leía Roda antes de su muerte”, anota Marta Rodríguez.
A la entrada de la muestra se expone una pintura que abre la exposición y que fue realizada por Roda en 1945. Es una casa de campo de la época en que comenzó a acercarse a las bellas artes. A su lado se halla el último cuadro en el que trabajó el pintor. Una manera de explicar por qué la muestra se llama Roda de la A a la Z.
Esta exposición también es un homenaje a quien fue profesor y director de la escuela de Bellas Artes de la Universidad de los Andes entre 1961 y 1974.
Juan Antonio Roda
Roda: de la A a la Z
Sala Colpatria, Universidad de los Andes
Edificio C, Carrera. 1 N° 18a-12, Bogotá.
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