
'Llueven cantos': cómo es el apoyo a la música contemporánea en Colombia
El músico y musicólogo David Feferbaum, pionero de la música electrónica en Colombia y cofundador del Centro de Documentación Musical, se pregunta por qué en Colombia, casi sin excepción, se les ha dado la espalda a sus compositores y por lo tanto destaca el lanzamiento del disco ‘Llueven cantos’, una compilación de obras de compositores colombianos contemporáneos.
Por: David Feferbaum
¿Qué hacer con quienes insisten en que todo tiempo pasado fue mejor? ¿Qué hacer con las inevitables comparaciones retrospectivas? Un caso atañe a la situación del compositor colombiano, en particular el que se dedica la música llamada contemporánea o de vanguardia, en cuanto a sus posibilidades de contar con entidades que le comisionen trabajos, con orquestas o conjuntos de cámara dispuestos a interpretar sus obras, o, finalmente, con que estas sean editadas y grabadas.
Lejos está la época en que la prensa nacional, como fue el caso de Mundo al día (1924-1938) que, según trabajo de Jaime Cortés Polanía, publicó 226 partituras de 115 músicos colombianos, o el de la revista Cromos que siguió el ejemplo, aunque falte el respectivo inventario.
Pero no sólo eran los medios, sino que también las empresas se vinculaban a promover nuestra creación musical como pudo ser el caso, para citar dos ejemplos entre muchos, de Bavaria, que comisionó obras, o de la Federación Nacional de Cafeteros, que además promovió concursos como el que ganaron Roberto Pineda Duque —con su Triple concierto para piano, violín y chelo con orquesta— y Fabio González Zuleta —con su cuarta sinfonía, titulada Sinfonía del café—, obras editadas en long play (LP) por la Orquesta Sinfónica de Colombia (OSC), bajo la dirección, como era de esperar, de Olav Roots (1910-1974), quien durante sus 25 años al frente de la OSC interpretó 137 obras orquestales de compositores colombianos en un total de 355 presentaciones.
Desde el punto de vista de ediciones discográficas, el desaparecido Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura) publicó entre 1976 y 1978, hace 50 años, cuando se creó el Centro de Documentación Musical, una colección titulada Música culta colombiana que, desafortunadamente, no continuó con el primer cambio de gobierno, como tampoco lo hizo la colección Música folclórica Vol. I - Costa Pacífica de Colombia, que solo vio el primer volumen de dos discos LP. Y así se podrían citar muchos otros ejemplos para mostrar cómo, 100 años después de Mundo al día, estamos bien lejos de lo que hubo, en especial teniendo en cuenta el crecimiento del país en habitantes, economía, número y nivel de compositores.
No estoy desconociendo aquí ejemplos tan importantes como el del Banco de la República, con su admirable colección de CDs Retratos de un compositor, que el año pasado lanzó tres nuevas grabaciones —Amparo Ángel, Moisés Bertrán y Guillermo Rendón—, el Vol. V de la serie Compositores de nuestro tiempo —que incluye las comisiones a Rodolfo Acosta, Damián Ponce de León y Luis Antonio Escobar—, o la V Convocatoria a Jóvenes Compositores “que impulsa la creación, la preservación, la apropiación y la divulgación del patrimonio sonoro del país” —con las obras Siete mil años en amarillo, de Luis Miguel Delgado, Canto del cielo antiguo, de Jhoan Sebastián Infante, Caleidoscopio, de Laura Pacheco, y Caronte, de Juan Manuel Mejía. Este logro del BR para promover a nuestros compositores es infinitamente mayor a lo que han hecho entidades que sí tienen per se la responsabilidad de hacerlo, como el Ministerio de Cultura —así le amplíen su nombre— y que, en términos comparativos, siguen mostrando un total desinterés e ignorancia respecto a la actual música contemporánea del país.
Aquí también sería necesario mencionar cómo la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia o la Orquesta Filarmónica de Bogotá olvidan que buena parte de su responsabilidad va más allá de ofrecer conciertos, abarcando la comisión e interpretación de obras orquestales. Por muchos años, la Orquesta Filarmónica de Bogotá ha lanzado arreglos de música popular, muy válidos en buen número de casos, o grabado con solistas extranjeros los conciertos de Beethoven —¡Roots, en su época, presentó 47 pianistas colombianos!—, haciendo a un lado su responsabilidad con los músicos nacionales. Es doloroso ver cómo se ignora, entre otros, a Guillermo Uribe Holguín, Fabio González Zuleta o Roberto Pineda Duque, pioneros de nuestra tradición sinfónica, así como a otros más recientes, como es el caso de Jesús Pinzón, o los numerosos jóvenes surgidos en este siglo.
Un oasis llamado Teatro Mayor
Este es sólo un rápido resumen comparativo. Pero, en la medida en que orquestas, directores y muchas otras entidades relacionadas con la música erudita no han asumido un papel activo frente a la creación musical, resulta por demás importante destacar cómo el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, al celebrar sus 15 años de actividades, decidió comisionar a los compositores colombianos Rodolfo Acosta, Carolina Noguera y Juan Antonio Cuéllar obras para el conjunto español Sigma Project, cuya grabación lanzó en concierto celebrado el 26 de octubre del año pasado.
Es más, estas comisiones, que constituyen un notable gesto de apoyo a la nueva creación musical colombiana, no son un ejemplo ocasional. Desde tiempo atrás el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en asocio con el Círculo Colombiano de Música Contemporánea, (CCMC), venía trabajando en otro valioso proyecto, el del CD Llueven cantos, que vio luz el pasado 18 de marzo en concierto celebrado para su lanzamiento.
En su nota a este disco, Ramiro Osorio, director del Teatro Mayor, señala que “no se trata únicamente de programar conciertos; se trata de respaldar procesos de creación, de ofrecer infraestructura, apoyo técnico y visibilidad a proyectos que, de otra forma, quedarían reservados a nichos muy pequeños… El apoyo institucional no es un gesto meramente logístico: es un reconocimiento del valor de la música contemporánea como parte integral de la cultura viva de un país. Es apostar por voces que desafían, que experimentan, que nos hacen escuchar de nuevo. La fusión de creatividad, investigación y performance que promueve el CCMC encuentra en el Teatro Mayor una plataforma que le permite trascender las fronteras geográficas y estéticas”.
En este lanzamiento, que no incluyó las mismas obras del CD, el CCMC ofreció un interesante panorama de nuestra música contemporánea actual, acorde con su declarado empeño de “agrupar a compositores, intérpretes, investigadores y gestores interesados en el campo de la música académica contemporánea en Colombia”.

El compacto presenta obras de los compositores Andrés Posada (1954), Melissa Vargas (1980), Sergio Cote (1987), Alba Potes (1954), Luis Fernando Sánchez (1982), Jesús Pinzón (1928-2016), Juliana Ortigoza (1994), Sara González (1996), interpretadas por El Ensamble CG, el Ensamble Baho, el Ensamble ul y el Ensamble Vasto, con la participación de Laura Cubides y José Gómez como solistas, y la producción y dirección artística de Rodolfo Acosta, Luca Gardani como ingeniero de grabación y mezcla, y el apoyo logístico y de producción de Rafael Llanos.
Hablar de cada compositor, cada obra y cada intérprete supera el espacio de esta nota. No obstante, quiero subrayar el aporte de Luca Gardani. El día en que se haga un balance de las muchas grabaciones de música contemporánea hechas en Colombia, será evidente que la altísima calidad y los extraordinarios estándares de audio que un significativo número de ellas posee, se debe a su valioso e incomparable trabajo.
En la primera parte, el concierto presentó obras de Luis Fernando Sánchez (1982), Gabriel Mora (1983) y Hernando Guzmán (1996). Para finalizar, el Ensamble CG interpretó obras de Jacqueline Nova (1935-1975), Germán Borda (1935), Jesús Pinzón (1928-2016) y Guillermo Rendón (1935-2026), respectivos pioneros de la música contemporánea en las décadas del 60, 70, 80 y 90, que no sólo sirvieron para recordar los casi olvidados 50 años del fallecimiento de Nova, sino para conmemorar los 10 del fallecimiento de Jesús Pinzón.
SI bien el CCMC mantiene, como lo he destacado en otros escritos, una actividad regular a lo largo del año, estos dos eventos pueden calificarse como trascendentales. Interpretar en esta ocasión a Jacqueline Nova, volver a escuchar al pionero Jesús Pinzón, recordar al recién desaparecido Guillermo Rendón o a Germán Borda —a quien hace ya muchos años no se escucha— hizo de este concierto un hecho significativo en nuestro devenir musical contemporáneo.
Creo que lo anterior aplica también al disco lanzado en esta ocasión, que nos ofrece una mínima pero importante mirada de lo que por años ha promovido el CCMC y realizado el Ensamble CG y los grupos que han compartido el enorme cambio en la creación musical a partir de los pasados años 90.
Gracias al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, al CCMC y a todos los compositores e intérpretes que hicieron parte de estos significativos acontecimientos.
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