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Superlitio en 'Días perfectos'
Superlitio. De izquierda a derecha, Alejandro lozano, Armando González, Felipe Bravo y Pedro Rovetto.
Cultura

Superlitio y su nostalgia por aquellos días perfectos

‘Días perfectos’ es el nombre del nuevo álbum de la emblemática banda caleña Superlitio. Es un homenaje a su ciudad y a los tiempos en que ellos eran adolescentes.

Por: Eduardo Arias

Superlitio decidió regresar a las raíces. Y también a la nostalgia. En Días perfectos, su último álbum que acaban de lanzar en plataformas, los integrantes del grupo volvieron a utilizar la sala de ensayo como el punto de partida de sus composiciones, en vez de hacerlo frente a un computador. Un regreso a la manera como sacaron adelante sus primeros trabajos, que los convirtieron en el cambio de siglo en una de las referencias ineludibles de la música alternativa en Colombia.  

De este trabajo ya habían lanzado las canciones Loco de corazón, Estampida y Sal. Ahora es posible acceder a todas las canciones de un trabajo musical, un álbum conceptual que evoca los tiempos en que Felipe Bravo, Armando González, Alejandro Lozano y Pedro Rovetto, cuando los integrantes de la banda eran unos adolescentes en Cali, su ciudad natal.

Superlitio 'Días perfectos'

La portada del álbum, una fotografía de unos jóvenes que flotan sobre neumáticos inflados en el río Pance, evocan una sensación paz y tranquilidad que parece estar avasallada en estos tiempos por la saturación de lo digital. “Para nosotros, el río Pance es nuestro mar. Nosotros somos costeños sin playa, pero nuestra playa es el río Pance”, comenta Lozano, guitarrista del grupo. “Esa imagen en el río nos conecta con toda la idiosincrasia y con la sensación de placer”, agrega. Bravo explica que es una referencia a lo que añoran y consideraban que era una buena época. Advierte que no es una crítica sino un recuerdo de “cuando había momentos en los que aprovechábamos placeres simples. Desde esta perspectiva en este mundo hiperconectado sentimos que eran días perfectos. Que eran muy buenas épocas”.

Como dice a su vez Rovetto, lo primero que buscaron fue grabar un disco cuyas canciones nacieran con la banda tocando en el estudio y con menos apoyarnos menos apoyo en la tecnología. “Entonces, casi por un año largo estuvimos en la sala de ensayo tocando las canciones y dejando que la banda se las apropiara. Cuando sentimos que estaban en un buen punto las llevamos al estudio para grabarlas”, afirma. En discos anteriores buena parte de la creación la hicieron frente al computador y luego aprendían a tocarlas para poder presentarlas, ya acopladas, en concierto. Con Días perfectos quisieron regresar a sus orígenes.

Un álbum muy humano, con “el error del dedo”

Piensan que eso nutrió al álbum de un espíritu muy humano y su salida coincidió con la explosión de la Inteligencia Artificial, en la que una persona para crear música le da una instrucción a Chapt GPT, Gemini, Claude o cualquier otro sistema. “Nosotros, muy vieja escuela, en sala de ensayo y después llevándolo al estudio. Y lo otro es que antes de empezar a hacer las canciones sí nos preguntamos para qué hacer música”.

Esa pregunta los llevó a a recordar lo que oían de niños, de adolescentes: discos que les dejaban una sensación y ellos se quedaban con algo de los discos. Empezaron entre ellos a compartir álbumes de agrupaciones del pasado como Pink Floyd, Soda Stéreo y otras más contemporáneas “para cargarnos con esa música que deja algo después de ser escuchada, no tan efímera y pasajera”, dice Bravo.
A partir de allí comenzaron a trabajar el álbum. Antes de empezar a componer ya tenían un concepto claro de qué estaban buscando. “Cuando lo llevamos al orgánico como que todo se fue nutriendo, nutriendo y creciendo más y más”, añade.

El álbum es una mirada a un pasado, pero también ellos lo consideran como una invitación a la gente para que disfrute su música desconectándose y sacándole tiempo para escucharla con atención. “La música se volvió ruido de fondo, un accesorio, y antes, para nosotros, era un ritual. Cuando conseguíamos un disco nuevo sacábamos tiempo para escucharlo completo, descubríamos muchas cosas. Queremos informarle a los pelados y a la gente que eso existió y que podría volverse a practicar”, dice Bravo. “Y que eso genera sensaciones”, agrega Lozano. “Entonces el disco está enfocado a generar sensaciones en la escucha. No solamente la rumba o el TikTok de moda y el pasito para que te den likes, te den corazoncitos y así tú tienes una efervescencia efímera. Los discos icónicos de la historia se han creado tocándolos, pensando en qué quieres llevar, qué quieres hacer sentir a la gente y qué quieres sacar vos dentro de ti. Es un disco muy romántico en la concepción. Obviamente habla de muchos temas, pero es como la música desde el arte, principalmente”, advierte.

En el disco utilizaron los instrumentos básicos del rock (guitarra, bajo, batería acústica) y eventualmente percusión latina y tiple. “Sonidos muy rockeros, guitarras conectadas al amplificador, uno o dos pedales, nada muy elaborado, Queríamos que se sintiera la banda realmente tocando”, dice Rovetto.

En un momento se dejaron seducir con la idea de grabar todos en bloque en vez de hacerlo instrumento por instrumento, pero se presentaron unas circunstancias que lo impidieron. La electrónica que aparece en algunas de las canciones es muy de fondo. Y los pocos sintetizadores que se escuchan no son programados sino interpretados. “Con el error del dedo”, como dice González. “La imprecisión humana terminó dándole una densidad muy orgánica y un flow muy interesante. Porque hoy, con la tecnología, uno está muy acostumbrado a pegar toda la grilla. Cuantizar, dejar todo muy rígido. En este álbum fue todo lo contrario: ‘toquen, toquen’”, dice Rovetto.

Por ahora, sólo en plataformas

Días perfectos por ahora se publica en plataformas digitales. Pero están muy interesados en prensarlo en CD porque muchos seguidores del grupo coleccionan sus discos y los prefieren en un formato físico. “Siempre buscamos que quede algo físico de la música. Cuando se queda solo digital a veces se pierde algo. Si lo pongo me siento más obligado a oírlo completo y me pierdo en él”, dice Rovetto.

El vinilo les plantea retos mayores. Además de los costos, la capacidad de contener música de un vinilo no es muy grande, a menos que se comprima el tamaño de los surcos de tal mamera que se pierda profundidad y calidad en el sonido. Una posible solución es pensar en una edición de lujo como la del álbum Tripping Tropicana, que ocupa dos discos de 180 gramos cuyo valor comercial es de alrededor de 250.000 pesos. “El formato físico no es lo más barato ni el camino más indicado, pero sí genera ese fetiche”, dice Gonzalez. “. No son negocio, son romance”, agrega Lozano.

En este mes de mayo comenzaron a promocionar el álbum con un concierto el pasado 16, en Cajicá. El 21 se presentan en Tunja y el 23 en Bogotá. En el segundo semestre tienen la idea de seguir tocando en Bogotá, en Medellín y en la costa caribeña colombiana, aunque es difícil. Ellos arrancaron el año tocando en el Putumayo y los sorprendió mucho que el rock regional llegue allá y que haya gente que conozca las canciones. Como dice Bravo, “hay que seguir construyendo este mercado para que nos volvamos como México y como Argentina y como Brasil, donde la música nacional prima por encima de todo”.

Escuche aquí el álbum Días perfectos

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