
Así se blindan las cifras del Dane: expertos responden a los cuestionamientos de Fenalco
La propuesta de Fenalco de convertir al DANE en un organismo independiente, al estilo del Banco de la República, desató un debate sobre la credibilidad de las estadísticas oficiales. Expertos explican el riguroso proceso que blinda los datos y por qué la entidad goza de independencia técnica.
Por: Juan David Cano
En el Congreso Nacional de Comerciantes 2025, el presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, puso en entredicho la independencia del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). “Hay datos que no cuadran con la realidad”, afirmó y propuso que la entidad sea transformada en un organismo autónomo, semejante al Banco de la República, para “evitar la manipulación por parte de cualquier gobierno”.

La declaración, más que un comentario de coyuntura, puso en tela de juicio la integridad de las cifras oficiales con las que el país mide el crecimiento económico, el empleo, la pobreza y la inflación. Además, reabrió una pregunta: ¿están realmente blindados los datos frente a presiones políticas o a los ciclos de los gobiernos de turno?
CAMBIO consultó a expertos que conocen de cerca el funcionamiento del sistema estadístico colombiano para saber qué piensan de lo dicho por el presidente de Fenalco.
Un debate que mezcla política y confianza pública
La actual directora de la entidad, Piedad Urdinola, no tardó en responder y afirmó que la verdadera fortaleza del Dane está en el rigor técnico que sustenta cada estadística. “Hoy el Dane es una entidad independiente, con más de 70 años de tradición técnica, reconocida en Colombia y en el mundo por la rigurosidad con la que produce sus cifras. Bienvenida la discusión que plantea Fenalco. La propuesta de equiparar su figura a la del Banco de la República ha estado sobre la mesa durante décadas, pero lo cierto es que 191 países operan bajo un modelo como el nuestro”, declaró.
Foto: Colprensa
El gerente de Cifras & Conceptos, César Caballero, aseguró que la polémica responde, más que a fallas técnicas, a la incomodidad que generan los datos en quienes esperan que confirmen sus propios diagnósticos. “Lo primero que hay que entender es que a los gobernantes no les gustan los datos cuando estos dicen que las cosas no van bien. Eso no es un tema solo de este presidente o de este país, eso le sucede a todo el mundo. Igual creo que los líderes gremiales, como Jaime Alberto Cabal, confían en el Dane cuando este refleja lo que ellos están pensando. Pero algunos de ellos, que me parece que de manera poco adecuada, manifiestan dudas cuando el Dane no refleja lo que esperan”, aseguró.
Las afirmaciones de Cabal dejan claro que la discusión no se limita solo a un cambio legal o administrativo. En el fondo, lo que está en juego es la credibilidad de las cifras oficiales, que toma décadas consolidar, y que puede erosionarse con declaraciones que insinúan manipulación.
El corazón del blindaje: la producción estadística
Un experto técnico del Dane explicó a CAMBIO que Colombia sigue el Modelo Genérico de Producción Estadística (GSBPM), promovido por las Naciones Unidas y adoptado por los países que buscan garantizar datos confiables y comparables.
Según el experto, el verdadero blindaje está allí: “El DANE tradicionalmente construye cifras y con el tiempo ha madurado mucho este ejercicio. Esto no se lo inventó Colombia ahora: es un modelo implementado por Naciones Unidas y que todos los países serios en medición económica deben seguir. Ese modelo, que aplicamos en el DANE, describe el proceso que debe seguirse para construir una cifra y garantizar su calidad e imparcialidad”, dijo.
El modelo se despliega en ocho fases sucesivas, que convierten cada operación estadística en un procedimiento documentado y auditable:
- Identificación de las necesidades: se define qué fenómeno debe medirse y por qué es importante, ya sea el comportamiento del empleo, los precios, la producción o cualquier otro indicador clave para el país.
- Diseño metodológico: se escogen los métodos de medición con base en estándares y manuales internacionales, como el Sistema de Cuentas Nacionales 2008 (SCN 2008) de la ONU, las guías del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial.
- Construcción de los instrumentos: se desarrollan los cuestionarios, encuestas y sistemas digitales que permitirán recolectar los datos.
Antes de usarlos, se prueban para evitar errores y sesgos. - Recolección de datos: se obtienen los datos en el terreno, a través de encuestadores, o mediante reportes de empresas y entidades.
- Procesamiento: Se limpian, depuran y organizan los datos para convertirlos en variables consistentes y utilizables.
- Análisis: Se validan los resultados, comparándolos con series históricas y asegurando que reflejen los comportamientos económicos y sociales reales.
- Difusión: se publican los resultados a través de boletines, informes técnicos y ruedas de prensa, sin importar si los datos son favorables o incómodos para el gobierno o los sectores económicos.
- Evaluación: se revisa si el proceso cumplió con los objetivos planteados, se identifican puntos por mejorar y se retroalimentan los futuros ejercicios.
El funcionario destacó que cada fase deja una huella documental, desde matrices que definen las necesidades hasta planes metodológicos, reportes de campo y protocolos de validación. “Cada operación estadística genera documentos que pueden ser revisados. Esa documentación permite que cualquier auditor verifique que se siguió el proceso”, explicó.
Además, que el Dane no improvisa metodologías ni fórmulas propias, sino que se ciñe a manuales técnicos que garantizan consistencia y comparabilidad: “En el caso del Producto Interno Bruto, por ejemplo, usamos el SCN 2008, los manuales de balanza de pagos, de comercio internacional de servicios y mercancías, y otros. Somos rigurosos en el uso de definiciones y clasificaciones que nos reconocen como un país serio en materia de estadísticas”.
Esa disciplina es también la razón por la que algunos reportes tardan más tiempo en publicarse. No se trata de demoras burocráticas, sino de la necesidad de cumplir con todas las fases y validaciones antes de divulgar los datos. Como remarcó el experto, “no podemos improvisar ni saltarnos etapas, porque eso comprometería la calidad y la comparabilidad de las cifras”.
Certificaciones, auditorías y control externo
El GSBPM es, para el Dane, el primer blindaje de las estadísticas oficiales. Al obligar a justificar cada decisión, registrar cada paso y mantener consistencia metodológica, limita la influencia de los vaivenes políticos y reduce el riesgo de manipulaciones. El segundo proviene de los sistemas de control externo. Este conjunto de revisiones, certificaciones y acompañamiento internacional funciona como una garantía adicional de que los números no dependen de la voluntad de quienes están en el gobierno ni de la dirección de la entidad.
El técnico explicó que, además de los procesos internos, cada una de las operaciones estadísticas está sujeta a evaluaciones externas periódicas. Estas revisiones pueden ser realizadas por organismos multilaterales, como la ONU, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, que velan porque los países sigan los estándares globales. A ello se suman las auditorías nacionales, que revisan la trazabilidad de los procesos y el cumplimiento de la ley.
Según él, esta supervisión externa es clave porque permite detectar fallas, mejorar procedimientos y, sobre todo, generar confianza pública en la calidad y neutralidad de las estadísticas. Las auditorías externas no evalúan el resultado numérico de los indicadores —es decir, no dicen si el PIB creció más o menos—, sino que revisan el cumplimiento de los protocolos técnicos y metodológicos, los mismos que garantizan que los datos no dependan de presiones coyunturales. Por todo lo anterior, no hay cabida para una intervención o injerencia del gobernante de turno, pues esto quedaría en las cifras.
El país, además, cuenta con un marco legal que respalda esta arquitectura de control. La Ley 2335 de 2023, señalada por la directora Piedad Urdinola como un hito en el fortalecimiento de la independencia técnica, también obliga a la entidad a mantener estándares de calidad y a rendir cuentas ante el Sistema Estadístico Nacional. En la práctica, esto significa que los productos estadísticos deben poder ser replicados y verificados por investigadores, académicos y organismos internacionales.
Los expertos subrayan que la existencia de mecanismos de revisión independientes es lo que termina de blindar las cifras frente a la desconfianza política. Gracias a ello, los usuarios —desde analistas económicos hasta agencias de cooperación internacional— pueden confiar en que los indicadores oficiales no cambian por decisión de un gobierno, sino solo cuando hay razones técnicas, metodológicas o actualizaciones normativas internacionales que así lo justifican.
La voz de los expertos independientes
César Caballero destacó que la institución es “una de las más prestigiosas de América Latina, junto con el IBGE de Brasil y el INEGI de México”. Reconoció que a lo largo de su historia ha cometido errores —como el cálculo del PIB en el gobierno de Pastrana o el cambio de metodología en la Encuesta de Hogares durante la administración Uribe—, pero enfatizó que “no han sido errores de manipulación, sino fallas humanas que se corrigieron y que el propio DANE ha reconocido”.
Para Caballero, las sospechas que surgieron tras las declaraciones de Fenalco no encuentran sustento en los hechos: “Yo, en este momento, no encuentro indicios de que haya manipulación. En la evaluación que acabamos de publicar en el Panel de Opinión, la entidad más creíble del gobierno nacional para los líderes de opinión es el Dane, precisamente por su credibilidad. Por eso creo que en esa suspicacia, Jaime Alberto se está quedando solo”.
Foto: Colprensa
El exdirector también destacó que el ecosistema en torno al Dane funciona como un control adicional: “Varias entidades privadas están permanentemente monitoreando y utilizando los datos del Dane. No lo hacen por desconfianza, sino porque necesitan esos datos. Si hubiera alguna manipulación evidente, se notaría”. A su juicio, esto demuestra que la fortaleza de la entidad no depende de la política sino de la rigurosidad técnica que sustenta cada cifra.
El experto en estadística Eduardo Freire, quien trabajó 25 años en la entidad y dirigió varios de sus departamentos, ofreció un respaldo similar. Recordó que el Dane es “una institución con más de 70 años produciendo información estadística para el país, y muy pocas agencias en el mundo tienen esa trayectoria”. Además, dijo que la independencia real de la entidad “proviene de su rigor, su oportunidad y la calidad con que entrega sus resultados”.
Freire enfatizó que el Dane siempre ha aplicado “las mejores prácticas recomendadas por Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, la OIT, la OCDE y otros organismos”. Por otro lado, mencionó que desde el año 2000 la entidad cuenta con un sistema de gestión de calidad certificado, y que en 2016 la OCDE revisó y aprobó las prácticas estadísticas del país como parte del proceso de ingreso a esa organización. “La mayor independencia que tiene el DANE proviene de su rigor y de la calidad con que entrega sus resultados. En los 25 años que trabajé allí, con distintos directores, nunca vi que la institución sufriera presiones o injerencias sobre los resultados”, afirmó Freire.
El experto explicó que muchas de las críticas surgen de un desfase entre las percepciones individuales y las mediciones objetivas que realiza la entidad. Recordó que las muestras que utiliza el DANE son enormes: “En la Gran Encuesta Integrada de Hogares se aplican cerca de 300.000 encuestas al año; en el IPC se visitan cerca de 80.000 fuentes de precios cada mes; y en las muestras económicas se trabaja con alrededor de 25.000 establecimientos”. Para él, las diferencias entre los datos oficiales y la experiencia personal de los ciudadanos o empresarios ”no significan manipulación, sino que reflejan la complejidad de los fenómenos medidos y la robustez de las muestras”.
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